Por Carlos Flanagan:
Para el debate
Del 29 de noviembre al 1º de diciembre, se llevó a cabo en
la sede del Instituto Sanders, ubicada en Burlington, Estado de Vermont, EUA.
el lanzamiento de la llamada Internacional Progresista, promovido por Bernie
Sanders (Senador por ese Estado) y Yanis Varoufakis (ex Ministro de Finanzas
del gobierno de Syriza en Grecia, cofundador del DIEM 25 – Democracy In Europe
Movement 2025, en el año 2016).
"Hay una guerra global en marcha contra los
trabajadores, contra el medio ambiente, contra la democracia, contra la
decencia. Una red de facciones derechistas se está extendiendo a través de las
fronteras para erosionar los derechos humanos, silenciar la discrepancia y
promover la intolerancia. Desde 1930 la humanidad no se enfrentaba a una
amenaza así”.
Así comienza su manifiesto fundacional, que propone la
conformación de una alianza global progresista que haga frente y detenga no
solamente al avance de la derecha más reaccionaria; tanto en los principales
países de Europa como de América del Sur, sino además a sus planes de
organización y coordinación a nivel internacional, como por ejemplo la
“Internacional Nacionalista” que promueve Steve Bannon, o reuniones como la
“Cumbre Conservadora de las Américas” realizada en Foz de Iguazú el pasado 8 de
diciembre.
Afirman que para lograr este objetivo no se puede seguir
planteando una política de status quo que fracasó estrepitosamente y en
definitiva abrió las puertas a la derecha en la mayor parte de la UE y A.
Latina.
Proponen una red global de las izquierdas que pongan en el
tapete la necesidad de ir a un “Green New Deal” similar al “New Deal” (Nuevo
Acuerdo); las medidas implementadas por Franklin D. Roosevelt para enfrentar
las consecuencias de la crisis capitalista de 1929, seguida de las acordadas en
1944 en la Conferencia de Bretton Woods (creación del FMI, valor fijo del oro
en dólares y tipos de cambio fijos de los países firmantes frente al dólar).
Este “Nuevo Acuerdo Verde” sería la base para volver a una
economía mundial de cuidado del medio ambiente, fomento de la producción y el
empleo digno, para erradicar la pobreza y la explotación. Y para ello además,
reformar organismos como el FMI, el Banco Mundial y otros.
En una primera instancia nadie puede estar en contra de una
declaración que abriga tan buenas intenciones para la humanidad.
De inmediato surge la pregunta de cómo llevarlas a la
práctica.
¿Reformar a Frankenstein?
En principio, algunas propuestas como la de reformar el FMI
y el Banco Mundial, suenan un tanto utópicas o candorosas; sobre todo para los
pueblos que en cada país hemos sufrido sus terribles políticas de “ajuste”,
aplicadas por gobiernos serviles siempre a costo y en detrimento de los
trabajadores, para beneficio de los capitalistas locales; y en su correlato
macroeconómico internacional, manifestadas en la expoliación de los países
dependientes por parte de los principales países capitalistas.
Este último fenómeno mencionado es el llamado desarrollo
desigual y combinado, inherente en todo tiempo al sistema capitalista como tal;
y llevado a su extremo en el marco de las crisis cíclicas del mismo debidas a
la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
Por lo tanto, no existe para nuestros países una “vía al
desarrollo” consistente en tomar como modelo a alcanzar a los países “desarrollados”,
haciendo bien los deberes que nos indican sus organismos internacionales tal
como ellos (y sus gerentes nativos en cada país) nos lo han hecho creer durante
décadas.
Por el contrario, en épocas difíciles, la presión aumenta y
el mencionado desarrollo desigual y combinado, se complementa con un
vaciamiento compuesto y sincronizado en nuestros países: el económico y el
democrático (en este último se incluyen los llamados “golpes blandos” ya
descritos en artículos anteriores).
Pero en definitiva, y sin haberse hecho público a la fecha
el texto íntegro de la declaración, lo sustancial no es discutir algún párrafo
del mismo, citado por la prensa, sino de reflexionar sobre la iniciativa en sí
misma y qué actitud asumir respecto a ella.
La iniciativa y sus impulsores
Este llamamiento a crear una red global de reflexión para la
adopción de acciones mancomunadas contra el avance del neoconservadurismo y la
ultraderecha y por la preservación de la paz mundial – cada día más amenazada -
ya de por sí es positivo.
Si a ello le sumamos el perfil de sus convocantes y el
contenido de sus principales afirmaciones, no hay duda en que hay que apoyarlo.
Tanto Sanders como Varoufakis afirman que el punto de
partida debe ser el de la autocrítica sobre los errores cometidos por la
izquierda.
Sanders plantea el error de las políticas de “status quo”
llevadas adelante por la socialdemocracia, causantes de este avance derechista.
Varoufakis por su parte, en un reportaje a la BBC, ante una
pregunta, hace algunas afirmaciones discutibles pero interesantes como para ser
tenidas en cuenta como insumos en un debate político que aún nos debemos en
nuestra región:
La izquierda estuvo en boga hasta hace poco tiempo. Buena
parte de América del Sur estaba gobernada por políticos considerados
progresistas. Estados Unidos tenía a Barack Obama, que está a la izquierda en
comparación con Donald Trump. ¿Qué ha cambiado?
“Obama no estaba a la izquierda. Obama trabajó para llevar
de nuevo Wall Street a sus momentos de gloria.
Y en América Latina, los líderes hicieron un trabajo
excelente en redistribuir la renta. Pero no hicieron nada para redistribuir la
riqueza.
A menos que la izquierda encuentre formas de cambiar la
distribución de derechos de propiedad no podemos considerarlo una revolución.
Es un revés temporal para la oligarquía. Y de ahí la oligarquía vuelve para
vengarse”.
Cómo y para qué integrarse
Los grupos de izquierda y los movimientos sociales ya tienen
experiencia acumulada en integrarse a diversos proyectos y foros de
coordinación internacional, con distinta suerte.
En un escenario político adverso en la mayor parte de los
países de nuestra región, no es juicioso apresurarse en obtener una membresía
más a un nuevo proyecto, sin un estudio previo que evite superposiciones de
instrumentos y tareas ya de por sí desgastantes.
Tampoco se trata de crear falsas oposiciones a priori con
instrumentos en los que participamos.
Por lo tanto, habría que plantearse un estudio del tema en
varias etapas:
1) obtener
toda la información disponible o en su caso solicitarla a los convocantes en
cuanto a un mayor detalle no sólo de los fines que se proponen, sino de qué
formas organizativas estarían planteadas, para luego ver si la nueva propuesta
es viable a los efectos prácticos y no es redundante con otras ya existentes.
2) En el
caso en que no lo fuere, analizar en el seno de la CARIFA (Comisión de Asuntos
y Relaciones Internacionales del Frente Amplio) la mejor forma de adhesión a la
misma; si como Frente Amplio de Uruguay o como Foro de Sao Paulo.
3) Si lo
segundo se entendiera más conveniente (de lo cual estoy convencido), que el FA
en tanto Secretaría del Sur del FSP, planteara en el Grupo de Trabajo esta
propuesta.
A modo de conclusión
Sería muy positiva y bienvenida una instancia real de
intercambio de experiencias y coordinación internacional de acciones políticas
posibles y concretas (en pie de igualdad, lejos de viejos y conocidos
eurocentrismos); siempre que la misma fuera efectiva en fijarse metas realistas
y comprobables en su ejecución. Ya no es de recibo crear más instancias
formales que finalmente no dejan de ser otros inútiles torneos de oratorias y
declaraciones finales de buenas intenciones.
Pero tan importante como la formulación de esta iniciativa,
ha sido el planteo inequívoco de ambos convocantes en cuanto a la necesidad
ineludible de una previa autocrítica profunda de las izquierdas en todos los
países, que analice su actuación y de cuenta de los reveses políticos sufridos
en los últimos años.
Sólo en América del Sur, a principios de este siglo supimos
tener siete países con gobiernos progresistas. Hoy sólo quedan tres.
Hace ya un tiempo que el Foro de Sao Paulo debería haber
iniciado este proceso de discusión autocrítica interna, sin declaraciones
finales. Un balance genuino y profundo, partiendo de la base de una postura de
humildad y de reflexión rigurosa; sin concesiones para con los errores e
insuficiencias puestos de manifiesto en nuestros procesos de cambio, que hicieron
que en su mayoría los mismos fueran efímeros y fácilmente reversibles.
En principio, está todo bien con la propuesta de una futura
Internacional Progresista; pero lo primero es lo primero. Y todavía seguimos en
deuda con nosotros mismos.-
Miembro del Partido Comunista de Uruguay.
carlos.flanagan@gmail.com
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