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miércoles, 20 de enero de 2021

Parar la muerte como homenaje de No violencia contra la mujer

 Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:  

El 25 de noviembre representa un día de conmemoración concreta de las luchas sociales contra la violencia ejercida sobre las mujeres y asociadas al género.  Mary Wolstonecraft (1759-1797) en su libro de la vindicación de los derechos de las mujeres sentaba las bases de la lucha concretas y en contexto de mujer señalando que era tiempo de efectuar una revolución en el comportamiento de las mujeres y de restaurar la dignidad perdida. Anunciaba la parcialidad de la civilización negando a las mujeres, reduciéndolas a un mundo sin educación para ellas y a la existencia de falsas escuelas y no vacilaba en condenar que las estrategias sociales estaban concebidas para hacerlas débiles y desgraciadas con el fin de ponerlas a merced de las múltiples agresiones, discriminaciones y violencias.  

Nada de lo señalado hace 200 años parece haber cambiado, al menos en Colombia, aunque quizá si en mucho en otras latitudes, más progresistas y avanzadas donde la racionalidad ha logrado hacer de los derechos su principal esencia a seguir, y convertidas en un valor esencial de la cultura las conquistas por las libertades y el respeto por la libre elección de las mujeres y los hombres sobre sus conductas y maneras de ser. 

En Colombia no, la apropiación del poder por mafias y estructuras mafiosas no ha permitido cambiar nada, más bien reforzar la discriminación, la humillación, el odio que termina en violaciones, vejámenes de unas elites sin límites sobre todo lo demás empezando por las mujeres, sus mujeres, sus objetos. Las cortes de justicia reproducen el espíritu patriarcal y los gobernantes y tomadores de decisiones se señalan en masculino y del respeto a la propiedad manan la mayoría de males y vicios y hacen que los hombres que más violencia promueven sean tratados como semidioses.  

Del siglo XIX al XX hubo cientos de movilizaciones de mujeres contra la guerra, contra el hambre, contra la enfermedad, el racismo, la exclusión y la opresión, hasta llegar en 1979 a las naciones unidas que mediante la convención sobre la eliminación de la discriminación de todas las formas de la violencia contra la mujer, alentó nuevas agendas que confluyeron en 1981 en el movimiento feminista latinoamericano que acogió el 25 de noviembre como fecha de referencia contra la violencia ejercida contra las mujeres, como un homenaje a las tres hermanas Mirabal activistas y defensoras de los derechos de las mujeres asesinadas en 1960 en la Republica Dominicana. 

Las presiones sociales aumentaron hasta lograr que en 1993 la ONU emitiera una resolución que incluyó la declaración sobre la eliminación de violencia contra la mujer, que sirvió de base para que en el año 2000 la Asamblea de las Naciones Unidas acogiera de manera definitiva la fecha del 25 de noviembre como día internacional, instando a asumir de manera obligatoria a los estados, gobiernos y organizaciones para que a año a año coordinen actividades orientadas a elevar la conciencia pública sobre la gravedad de esta violencia y la necesidad de erradicarla.  

Esta violencia es prevenible, abominable, inhumana, miserable y tiene dos caras, de un lado se presenta a través de actos particulares de orden criminal del que solo dos de cada tres países han tomado posición prohibiendo y castigando la violencia doméstica, “en 37 todavía no se juzga a los violadores si están casados o si se casan posteriormente con la víctima” y en otros 49 todavía no hay protección de la violencia doméstica. Y la otra cara inexcusable, prevenible, esta sostenida por actitudes criminales de estados y gobiernos que con indiferencias, negaciones de la paz, abominación por los derechos, sumidas en el autoritarismo y la arrogancia hacen llamados a la guerra, propician la barbarie y promueven las espirales de odio y sometimiento sobre determinados sectores sociales, en los que una vez puestos las mujeres, niñas y adolescentes en situación de debilidad por pobreza, marginación y olvido son atacadas de múltiples maneras.  

La violencia basada en genero define una violación de derechos humanos y con base en los hechos se ha dicho por ejemplo que “si en Colombia el 64,1 por ciento de las mujeres y el 74,4 por ciento de los hombres han sufrido algún tipo de agresión por parte de sus parejas, queda claro que la violencia de género en el país es una verdadera epidemia, sobre la base de que es un fenómeno prevalente en la mayor parte de la población”, esto determina que existe un problema estructural, cuya vertiente intrafamiliar genera maltrato, agresión, violación y negación por parte de hombres que ejercen patrones machistas y misóginos de los que se desprende su crueldad y la otra es la vertiente política y social provocada por la discriminación, el odio, la sevicia de conductas patriarcales expresadas con la negación de la existencia política de las mujeres y con ellas de toda oposición, el racismo, la xenofobia. 

 Una causa que no se puede omitir en esta violencia evitable está en el paulatino desmonte de los acuerdos de la paz pactada, que permitió volver a posicionar en la agenda pública la dualidad de la guerra y de la paz, y favorecer la muerte, esa que se expresa en masacres, asesinatos selectivos, violaciones sexuales como botín de barbarie, y que engendra polarización, engaño y destrucción de la tranquilidad y la convivencia, de la que sus mejores creadoras son las mujeres, madres, esposas, hermanas, mujeres a secas. La prevención de esta violencia sistemática y perversa pasa por la implementación de los acuerdos de paz y el desmonte del lenguaje ofensivo y guerrerista de los altos cargos del estado, del que se valen matones y maltratadores para justificar sus acciones y ridiculizar a sus víctimas.  

Como lo ha señalado ONU mujeres, “la violencia contra las mujeres provoca una amplia variedad de problemas físicos, mentales y sexuales, incluida la muerte; y que afecta a familias y comunidades enteras” y no resultan despreciables las cifras de la tragedia que enluta a unos y ofrece réditos políticos a otros.  

Entre enero y septiembre de 2020 Codex daba cuenta de alrededor de 630 mujeres asesinadas y cerca de 20.000 mujeres víctimas de agresiones. Cerca del 10% de las mujeres asesinadas eran lideresas sociales, es decir luchadoras sociales en defensa de derechos, y desde la firma del acuerdo de paz (que completó 4 años) sus negaciones, objeciones y desafueros por parte del gobierno han impedido afianzar la convivencia y alimentado la violencia. La tendencia sostenida de impunidad supera el 93%. 

Solo desde que inicio la pandemia el 25 de marzo se documentan 167 asesinatos de mujeres a causa de la violencia machista, ejercida por hombres narcisistas, con una imagen devaluada de sí mismos (elespectador.com, 11 de noviembre). “‘Nos están matando’, ‘paren la guerra contra las mujeres’, ‘ni una menos’, consignas que se escuchan en manifestaciones y que exigen cambiar esta realidad para las mujeres en Colombia y América Latina” …. (elespectador.com).  

mrestrepo33@hotmail.com 

martes, 3 de septiembre de 2019

La nueva insurgencia y el reto social




Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Quizá no se conozca en la historia de los conflictos armados recientes, el caso de una guerrilla que haya hecho tanto para desarmarse, ni de un gobierno, que haya hecho tanto para obligarla a desistir de ese propósito. Las FARC, se acabaron y nació de allí la FARC, en singular, como partido político, que no logra posicionarse en ningún lugar de la política y la movilización social. Aprendió a sobrevivir a los ataques de la derecha, que lo recrimina y aborrece, pero tampoco logró asumir liderazgo en la izquierda. Electoralmente fallaron las cuentas y solo le quedaron las diez curules del pacto de paz, acordadas para senado y cámara, que apenas si le permiten unos pocos minutos al aire en el parlamento, controlado por el partido en el poder, que reniega de no haberlos exterminado y trata de usarlos como chivos expiatorios de todos los males padecidos y por padecer, y les impide hablar y actuar con el tono de su discurso construido durante varias décadas.



Es el derecho a la paz y no solo los acuerdos lo que se ha incumplido. Tampoco se ha cumplido el orden constitucional que obliga a crear condiciones para sobreponer los actos de paz sobre los de la guerra. Tampoco hay esfuerzos serios (más allá del papel firmado pero incumplido), por fortalecer políticas de estado para que los derechos tengan sentido, recursos y disposición institucional para que sean realizados por la población colombiana. El estado de derecho esta resquebrajado y se vive en un naturalizado estado de cosas inconstitucional, presente en sus millones de desplazados, victimas, desempleados y adicionales con las crecientes desapariciones forzadas, asesinato sistemático de sus líderes sociales y excombatientes y corrupción en todo su furor instalada por dentro de la estructura del estado. La cotidianidad es de violencias está desbordada y es arropada por la arrogancia del poder, que no ve, no escucha y no atiende las urgencias de la mayoría de población que clama oportunidades para vivir con dignidad. Esas son apenas unas pocas razones objetivas para perder o ganar la esperanza en la construcción de paz estable y duradera.

Del seno de este panorama y no del fracaso o vaso medio lleno de la implementación de los acuerdos depende el tipo de luchas humanas, sean civiles o armadas. De ahí y no de las cenizas de un pasado reciente es que emergió la noche del 28 de agosto la noticia y video promocional de una nueva guerrilla, que anuncia retomar las armas y promover el sueño de la patria libre de Bolívar como lo indican sus señales graficas que completan la escena del regreso a las armas. No es una disidencia, son antiguos armados, que habiéndose desarmado regresan, se desmarcan totalmente del partido al que pertenecieron y de las reglas fijadas por la constitución y las leyes colombianas, y afirman que hay suficientes causas para validar su levantamiento en armas contra el estado, conforme a lo previsto como derecho de rebelión.

Quienes se presentan allí son viejos y experimentados guerrilleros. Los que aparecen en la foto configuran un estado mayor, secretariado o dirección colectiva, que reclama su condición de actor político, que desde la ilegalidad disputara la legitimidad del estado y, tratara de afectar el bien jurídico que es la constitución vigente, al amparo y subordinación de las reglas del derecho internacional humanitario. Quedan sin vínculo alguno con la justicia especial de paz y sus hechos y acciones de guerra serán los que le permitan a la sociedad calificar que tipo de insurgencia son, nada es previsible salvo que son armados de verdad. Al producirse una ruptura total con el orden constitucional vigente su adversario es el estado y en particular afirman que sus objetivos serán las elites, que gobiernan, controlan y ejercen el poder coactivo, represivo y de manejo de las políticas, las finanzas públicas y la hegemonía de las decisiones. Así ven ellos las cosas y en consecuencia actuarán buscando que su pensamiento convenza para ser vanguardia.

Le corresponde a la sociedad seguir construyendo la paz estable y duradera, sin dejarse provocar ni seducir, por quienes acuden a gritar y a rechazan la guerra en la retórica, pero la alientan sosteniendo ejércitos privados, ponen recursos para ejecutarla y llaman a cobrar venganza y despertar heridas y rencores. A la sociedad le corresponde a través de sus organizaciones civiles, sociales, académicas y defensoras de derechos, demostrar con hechos de paz, que hay otras formas de lucha y movilización que hacen innecesaria e indeseable la lucha armada. El problema está en demostrarlo con modos de acción contundentes, con organización y unidad de propósitos comunes, desmontando egos que impiden avanzar en colectivo, y no cayendo en la lógica de la paz derrotada. Son cientos, miles de experiencias de paz que tienen como base la defensa y construcción de justicia y dignidad sin guerra. Hay que retomarlas. Indígenas, campesinos y estudiantes, son quienes mejor han logrado instalar en la defensa de la vida y de la paz renovados modos de acción y movilización.

La insurgencia civil más contundente tendrá que darse con las elecciones que vienen en octubre 27, de lo que ocurra dependerá el destino de la nación y las maneras de vivir en Colombia. Los votos tendrán que orientarse hacia los mejores seres humanos, a personas de incuestionable honorabilidad, de talante ético y compromiso real con la paz y el respeto a los derechos de las comunidades, abiertos defensores del bien público y del estado de derecho, sin vínculo con ningún actor de la guerra. En las urnas tendrá que escribirse el mensaje que se le quiera enviar a los nuevos alzados en armas. Si el proceso electoral sigue siendo propiedad de las elites y los ganadores fueran los mismos corresponsables de la guerra, la nueva insurgencia armada tendrá futuro y una pista despejada para cobrar su victoria.

Los que no tienen partido, ni obedecen a centros de dirección e inclusive ya no confían en nadie, campesinos, obreros, mujeres, indígenas, estudiantes, que podrían agarrar un arma, pero no quieren o no pueden, tienen la palabra y la posibilidad de hacer mucho para transformar este país y saben que el momento es ahora, justo en este limbo que va del regreso a la guerra (con un nuevo actor del conflicto armado) y de la paz embolatada entre marañas jurídicas que impiden implementar el pacto político suscrito.
     
P.D. No hay que dejarse robar la esperanza sentencio el papa Francisco y en todas las paredes retumba ese eco. La universidad, que es mi lugar de existencia así lo reclama, así lo espera y hacia allá orienta todas sus fuerzas, esfuerzos y disposición de lucha desde las artes, las ciencias y las humanidades. La universidad pública colombiana no está subordinada a ningún partido político, ni organización social, ni representa ideas hegemónicas de poder, y es ahí donde hace diferencia para no dejar que se esfume el derecho humano a la paz y para no caer en la angustia de las violencias. La universidad nunca va a tirar tiros, sus ideas e imaginación siempre serán más contundentes que la fuerza del fusil y más alentadoras que los odios y las pasiones con las que la guerra envilece y mata en vida.    

mrestrepo33@hotmail.com

viernes, 25 de mayo de 2018

Esta Vez al Pueblo le Toca


Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Esta vez el pueblo tiene un horizonte con sentido de cambio, promovido por el cansancio que no divide y aísla, si no que suma y multiplica en contra de las elites, empeñadas en sostener el linaje,  concentrar las riquezas, engañar con un estado partido en dos cabezas, la del rey mago y la del jurista, e imponer la estratégica disposición a mentir y hacer creer que son invencibles. No es un cansancio a solas, es un cansancio que rejuvenece, dinamiza, que rompe la indiferencia y se manifiesta con optimismo en las las calles y lo hará en las urnas. Las cifras dirían que el 100% de la gente común, que trabaja para satisfacer sus más elementales derechos, que sufrió en carne propia el dolor de la guerra, que debe a los prestamistas por  su “apoyo a la guerra” 3000 dólares por persona, que dedica la mitad de su precario salario a pagar servicios que debían ser públicos, que se rebusca para apenas sobrevivir o conseguir un empleo. Esa gente, es el pueblo, cansado de las elites y esperanzada en que la vida y el afecto vuelvan a ser más importantes que las mercancías, el odio y la humillación.



Cansancio por el linaje que impone una manera de vivir y de morir
 En los últimos cincuenta años la presidencia ha sido ocupada por 10 familias y el 71% de los últimos 14 periodos lo han ejercido solo 5 familias. Son linajes en el poder, los Lleras ejercieron 3 presidencias; Santos 2; Pastrana 2; Uribe, 2; López, 1. Los restantes 5 presidentes fueron ministros de estas mismas 5 familias. El círculo del linaje del poder es cerrado. Alberto Lleras entregó la presidencia a su sobrino Carlos Lleras, que con fraude la entregó a Pastrana que fue su ministro de gobierno, y este la entregó a López, también ministro de relaciones exteriores de Carlos Lleras e hijo de otro presidente (López Pumarejo). Uribe la recibió de Pastrana hijo (siendo registrador el padre de su candidato Iván Duque) y se la entregó a su ministro de Defensa J.M Santos, sobrino de Eduardo Santos que había respaldado a Guillermo Valencia que antecedió a Alberto Lleras.

La concentración del poder político es hermético y está mezclado con el poder económico y el control militar a través de linajes (línea de antepasados ilustres) que se turnan en un riguroso pacto, para conservar su pureza política (se casan entre ellos, intercambian cargos y contratos, conciertan alianzas y también delitos). Las elites deciden por los derechos ajenos, imponen valores, conductas y maneras de ser, pensar y estar en el mundo. Comer tres o más veces al día sin contratiempo, disponer de agua potable y energía sin interrupciones, tener alta tecnología en su casa, ir a las universidades y colegios de alta calidad sin dificultad, acceder a salud y citas inmediatas con los mejores médicos o recibir una justicia correcta con debido proceso y garantías sin demora, es totalmente normal y nunca han pensado en que en estas cinco décadas han acumulado responsabilidades que pasan tanto por el fracaso del país como nación soberana, como por la imparable desigualdad y la tragedia de barbarie ya vivida con mas de 225.000 asesinados y 50.000 desaparecidos, pero también desempleo, hambre, miseria, violencias y trastornos mentales, originados en esa desigualdad.

El  linaje más destacado es el de la familia Lleras, que ha ocupado tres veces la presidencia de Colombia. Dos veces Alberto Lleras, que instauró las acciones cívico–militares (Decreto 1381 de 1963, que sirvió de base a las cooperativas de seguridad convivir de Uribe y al proyecto paramilitar), fortaleció las garantías del despojo intensivo de la riqueza petrolera y minera del país y sus ministros Barco (Agricultura) y Betancourt, (Trabajo) después fueron presidentes. En 2009 Álvaro Uribe y su Ministra María del Rosario Guerra emitieron una estampilla en su honor. Después de Alberto Lleras fue presidente su sobrino Carlos Lleras, que mediante un proceso electoral fraudulento le arrebató la presidencia a Rojas Pinilla y la entregó a Misael Pastrana (su ministro) que 25 años después convirtió a su hijo Andrés en Presidente. En 1978 Carlos Lleras recibió el apoyo de los grandes productores agrícolas, la banca y los medios escritos el tiempo y el espectador, para ser otra vez presidente, pero perdió con Julio Cesar Turbay, apoyado por la televisión, la clase media emergente y los cafeteros. El linaje Lleras está plasmado en el billete de máxima denominación (100.000 pesos) con la efigie de Carlos Lleras y otros destacados familiares de este linaje dicen hacer política y periodismo “objetivo”: Consuelo Lleras, congresista, política; Felipe Zuleta Lleras, embajador, periodista de Blu Radio y el espectador; Marcela Lleras, periodista; Carlos Lleras de la fuente, congresista, embajador, periodista.

 Cansancio con expropiadores y despojadores
 Las cifras del despojo de la riqueza del país a manos de las elites, son contundentes. La mitad de la tierra (52%) le pertenece a menos de 100.000 personas (menos del 1%: 0.002 %, portafolio.com.co) y se sigue concentrando. Es el país más saqueado del continente. Una tercera parte es de las elites políticas, la otra de inversionistas y multinacionales y lo que queda de narcotraficantes. Acabada la segunda guerra mundial, proclamados los derechos humanos universales y asesinado Gaitán las elites reinventaron la guerra y sobre los cadáveres de 300.000 asesinados legalizaron impunidad, tierras, aguas y riquezas, en un proceso que completó Uribe entre 2001 y 2010, con la última gran feria de la concentración de la tierra que produjo un país de expropiados (en cambio del de propietarios que había prometido) que favoreció el crecimiento de la desigualdad, elevándose el índice Gini en la propiedad de la tierra que pasó del 0,80 al 0,86 (1 es el máximo nivel de desigualdad, eltiempo.com, 8/04/2011); dio lugar a una incomprensible maraña de confusión sobre la posesión de más de 20 millones de hectáreas usurpadas por paramilitares y; permitió  que se posicionaran como hombres supe poderosos del campo Luis Carlos Sarmiento (asesorado por el actual fiscal general) que se hizo también al control de la banca que sostiene las inversiones allí y otros como Azucareros (Caicedo, Eder, Ardila Lulle); Palmicultores; Álvaro Uribe; Lafourie; Víctor Carranza (lasillavacía.com, 09/09/2013). En cifras concluyentes el 1% de la población concentra el 40% de toda la riqueza del país (portafolio.co), y hace de Colombia el segundo país más desigual de la región en la distribución del ingreso (eltiempo.com, 27/01/2018).

Cansancio del Estado con dos cabezas para engañar y distraer
Para garantizar su hegemonía las elites tienen dividido al estado en dos cabezas, la del rey mago y la del jurista (Georges Dumezil). El rey mago para controlar la política y el jurista el derecho, como partes sustanciales del estado de derecho. Cuando advierten riesgo a su cómoda posición, las juntan en una sola cabeza capaz de atacar y agredir sin compasión. La cabeza del rey mago está orientada por el presidente Santos, que prisionero del pacto de linaje, es portador de un nobel de paz huérfano de legitimidad por su incapacidad para condenar el genocidio sobre palestina, la memoria borrada de las víctimas, el asesinato de líderes sociales o emprender la defensa del acuerdo de paz firmado y a cambio ofrece a inversionistas globales un país libre de guerrillas para que vengan tranquilos a hacer negocios, profundizar el  despojo y expropiar la poca riqueza colectiva que queda (Amazonas, Choco, Minería, Agua). El rey mago cercano del linaje Lleras protege a su candidato que  desconfía de la paz y pone en campaña los resultados obtenidos durante 3 años usando una chequera del estado que deja obras publicas inconclusas unas (túneles), cuestionadas por sobornos y corrupción otras (vía al mar vínculos a odebrecht), que se caen (puente chirajara) y vivienda con subsidio (Torres en Tunja).

La cabeza del jurista está orientada por Uribe el hombre de la guerra, que en su gobierno fue el rey mago. Astuto en la estratagema de combinar miedo y ley. Desacredita a la misma justicia (JEP) pero la aprovecha para sacar a los suyos de la cárcel (Rito alejo del Rio, otros). Su candidato, es hijo de Iván Duque, que fue Gobernador de Antioquia, Ministro de Minas y Energía recordado por su desprecio ante la eminente tragedia de Armero, cuando señaló de “dramatismo extremo” el temor de la gente y también reconocido porque fue el Registrador Nacional que en el gobierno de Pastrana, dirigió el proceso electoral que convirtió a Álvaro Uribe en presidente, en medio de denuncias de fraude, ingreso de recursos ilegales (100 millones de Enilce López, “La Gata”, actualmente encarcelada) y apoyo directo de los paramilitares. El record propio del candidato resalta consejerías bancarias internacionales, irrelevancia en su paso por el senado y completa con investigaciones en su contra por reuniones con el empresario Duda Mendoza de Odebrecht junto a Iván Zuluaga.

 Los candidatos de las dos cabezas del estado de élites, responden a defender el linaje y el control del estado como su despensa, empresa y fortín. Los dos candidatos coinciden en la defensa de la guerra como recurso para mantener la desigualdad y sus fórmulas a vicepresidencia fueron ministros de defensa (Ramírez y Pinzón) expertos en victorias reales o imaginadas para ganar o ganar como sea.

 Cansancio por la mentira de creerse invencibles
A boca de plaza pública, universidad, fábrica, campo de cultivo, sede sindical o congreso indígena, las encuestas dicen que las elites no son invencibles. El 100% ratifican con sus voces de excluidos, marginados, inconformes, victimas, jóvenes y viejos, esperanzados en la vida con dignidad y, con  sentimientos de cansancio y con conciencia y compromiso social, que están dispuestas a cambiar la lógica del poder y tomarlo por su cuenta. En la calle, la gente ha demostrado que no es posible que las elites ganen el proceso electoral, salvo que ocurriera un fraude, que tampoco habrá de ocurrir esta vez, porque hay más gente despierta y vigilante, que observa y no es corruptible ni sobornable. Las elites, por fuera de los medios y las encuestas que controlan son débiles, no logran posicionar en la realidad material sus promesas de campaña y tampoco logran ocultar su desprecio por los otros.  

Las encuestas son herramientas de cálculo y credito político, pero no de análisis científico, ni producen resultados que se puedan convertir a leyes. Las encuestadoras son empresas de interés privado, contratadas en el mercado de servicios de la información por particulares que buscan medir la tendencia de un fenómeno, no la realidad del fenómeno, mediante enfoques descriptivos basados en la máxima de que el cliente tiene la razón. Encuestadoras y medios de (des)información tienen dueños e intereses propios y les resulta mas seguro y rentable trabajar para los patrones de siempre.

Las elites no son invencibles, aunque para hacerlo creer hagan lo que sea, nieguen las grandes movilizaciones o caigan en el crimen o el fraude, como ocurrió en dos ocasiones anteriores para impedir la voluntad del pueblo. Mataron a Gaitán para impedir otra realidad e hicieron fraude para derrotar al general Rojas. Pero la realidad tiene memoria y no se repite. Menos ahora que el pueblo ha recuperado su facultad y capacidad para irrumpir y romper el mito y crear otra manera de ejercer el poder y reafirmar su destino. No habrá tercera vez, ni cábalas de muerte ni fraude que cumplan su propósito, porque la gente, -la otra gente-, la que ha sido históricamente negada, sabe resistir, decidir y comprender su despojo por la violencia de elites que seduce o reprime y ataca sin piedad.

En presente hay una lucha política entre la libertad de las elites por mantenerse en el poder, como siguiendo la palabra del Furher que prometía un Tercer Reich para mil años, contra la dignidad de un pueblo que quiere cambios para que la vida vuelva tener más valor que las mercancías. Al pueblo esta vez le toca porque entendió que si el país tiene por dentro las partes que producen su enfermedad, de ese mismo cuerpo ha de salir su medicina y esta vez aparece decidido a preferir que antes que seguir siendo la victima de la violencia suave del exterminio, que operan las cabezas del estado por contagio o reacción en cadena con llamados a “cerrarle la puerta” a los otros, sean  despojados, izquierdistas, inconformes, jóvenes o creadores de derechos y esperanzas, coincide en que es la hora justa para ser invencibles y contundentes en las elecciones del 27 de mayo y generosos en la victoria que lleve a derrotar a las elites, a la desigualdad, la violencia, el temor y la miseria.

50.000 personas son el 100% manifestando su compromiso e intención de voto por el cambio y contra las elites en la plaza de Bolívar, anunciando esperanzas de poder de un pueblo en urnas, aunque los datos de 1500 en encuestas manipuladas y manipulables sin contexto ni realidad digan otra cosa. La gente en las calles, plazas y grandes movilizaciones es la realidad, hace cosas que nunca cabrán en la lente y las páginas de los medios oficiales y las empresas encuestadoras. ¡¡A la carga¡¡

mrestrepo33@hotmail.com