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viernes, 10 de abril de 2020

Manipulación de virus en laboratorios y guerra biológica (bioterrorismo)



Por Rubén Alexis Hernández:
Mucha controversia ha generado el origen de la actual pandemia por el coronavirus COVID-19, de inusitada atención mediática global, y aprovechada inmoral e indebidamente por los Estados y las élites para ejecutar medidas sumamente impopulares en diversos ámbitos y para experimentar la ejecución de un control social global mediante la famosa cuarentena colectiva obligatoria o aislamiento social, a pesar de que se evidencia claramente que la morbilidad y la mortalidad de la infección ocasionada por el famoso virus es baja en comparación con las de enfermedades a las que ni los Gobiernos ni las empresas de “comunicación” han prestado ni de cerca la misma atención.


Patologías como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, la diabetes, el sida, la obesidad y hasta ciertos tipos de gripe, afectan a centenares de millones de personas y matan o incapacitan anualmente a varios millones en todo el mundo, y no obstante jamás han tenido la atención global que se le ha dado al COVID-19.

Es inevitable, de acuerdo a lo señalado en el párrafo anterior, preguntarse por qué tanto revuelo mundial por la pandemia del COVID-19. Y caemos en cuenta que China, nación en la que se originó la enfermedad causada por el coronavirus en cuestión, tiene laboratorios de   bioseguridad de alto nivel con virus de mediana y elevada peligrosidad para los humanos, pero también los tiene Estados Unidos, potencia que intenta hacer todo lo posible por no perder su hegemonía global a manos del gigante asiático.

En este sentido, ¿se puede utilizar un virus como arma biológica, evidentemente creado o manipulado en laboratorios para su uso intencional?, ¿es posible la guerra biológica y el bioterrorismo como tal?, ¿se está llevando a cabo, con el COVID-19 como protagonista, una guerra biológica o ensayo de ella de Estados Unidos contra China o viceversa, o entre las dos como parte del enfrentamiento multidimensional entre ambas potencias, que incluso involucra a los aliados de Estados Unidos, a los de China y a buena parte de los países del planeta?

En primer lugar, hay que aclarar que un virus no puede ser creado por el ser humano, pero es bien conocida la manipulación de numerosos virus conservados en laboratorios para diversos fines, tal como en el caso de la elaboración de vacunas. De manera que es más que evidente que hemos estado experimentando con virus en conservación desde hace décadas, y en dicho proceso los científicos han sido capaces, por ejemplo, tanto de atenuar la patogenicidad como de generar mutaciones que derivan en cepas virales de gran peligro para la salud del hombre. En teoría la ciencia trabaja por el bienestar de la humanidad, y se cree que los científicos bajo ninguna circunstancia hacen daño a la humanidad, toda vez que andan justificando los experimentos con virus de alta peligrosidad, con argumentos como el de la necesidad de investigar diversos tratamientos para las patologías virales y de elaborar vacunas mejores e idóneas contra nuevos tipos de virus, y el de que en los laboratorios se maneja un alto nivel de seguridad para evitar accidentes que permitan la salida de los patógenos.

Ahora bien, en la realidad cabe advertir que los científicos como el resto de la humanidad, salvo los ermitaños, viven y desarrollan su ámbito educacional-profesional-laboral en un contexto ideológico, económico, político y social a escala local y global. De manera que no responden a la supuesta objetividad e imparcialidad que caracteriza en teoría al conocimiento científico en general, sino a una serie de circunstancias que al fin y al cabo influyen en la concepción de vida de cada ser humano y determina qué necesidades desea satisfacer éste y cuáles son sus intereses.

Y así como hay médicos y otros científicos vinculados con el estudio de la  salud humana, que ciertamente actúan de buena fe, la mayoría, por desgracia, lo hacen de mala manera, respondiendo a los intereses mezquinos y egoístas derivados del capitalismo, y se sabe que las investigaciones de numerosos hombres de ciencia han sido patrocinadas por Gobiernos y por corporaciones e instituciones vinculadas de diversas formas con las élites locales y globales, y en este sentido deben complacer a sus amos políticos-ideológicos-financieros, sin importar que muchos de sus estudios en realidad sean poco útiles o beneficiosos para la mayoría de la humanidad.

La historia nos muestra numerosos ejemplos al respecto de los científicos vendidos al sistema de poder dominante. Es evidente, en consecuencia, que no pocos científicos que han experimentado con virus han sido apoyados por individuos poderosos e influyentes en las  diversas políticas estatales, con una mentalidad perversa en lo relativo a su visión del mundo, y por tanto no es de extrañar que se hayan manipulado virus con intenciones malignas, bien para el uso de Gobiernos o de particulares. Por cierto que se han documentado casos de supuestos accidentes con virus de alta letalidad en laboratorios de bioseguridad de gran nivel, algunos en los que ha salido al exterior el microorganismo, situación en la que obviamente ha habido la participación consciente de uno o más científicos.

Entonces, ¿es posible emplear virus como arma biológica? No solo es posible sino que de hecho han sido empleados desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de la era cristiana, tanto de forma inconsciente como conscientemente. La guerra biológica con virus, bacterias y otros microorganismos como protagonistas ha sido una realidad a la par de la guerra convencional y de otros tipos de conflicto en el mundo entero.

Y las bajas han sido muy numerosas, tal como en el caso de las epidemias de viruela de la América hispánica, causantes de la muerte de millones de indígenas, cortesía de los colonizadores españoles, quienes supuestamente contagiaron de forma no deliberada a los nativos. En términos generales desatar una guerra biológica o emplear virus con fines terroristas (bioterrorismo) por Gobiernos o por particulares, no es algo complicado; sabiendo que los científicos modifican virus en sus laboratorios, fácilmente se han podido, por ejemplo, utilizar ciertas cepas para infectar unos pocos individuos, quienes a su vez han podido infectar a muchos más, y así sucesivamente.

Es una realidad, por tanto, que virus en conservación muy peligrosos para el ser humano pueden ser manipulados y modificados en laboratorios, o bien liberados intencionalmente, y aunque se supone que en teoría la ciencia trabaja exclusivamente para el bienestar de la humanidad, la verdad es que diversos microorganismos pueden emplearse para ataques biológicos, y de hecho durante la historia ha sucedido en numerosas ocasiones.

En el contexto de la actual pandemia no podemos asegurar que el COVID-19 sea efectivamente una cepa utilizada intencionalmente como arma biológica por Estados Unidos,  por China,  por algunos de los aliados de ambos, o por ciertas corporaciones, bien con el propósito de dar un golpe de autoridad en el liderazgo planetario, o de forzar y justificar ante la opinión pública un reordenamiento global en base al capitalismo (¿Nuevo Orden Mundial?); pero lo que si es cierto es que la pandemia ha caído como anillo al dedo para el Statu Quo capitalista y la preservación de sus intereses. Estados Unidos lucha por no quedar rezagado frente a una China y una Rusia que empujan cada vez con más fuerza en el concierto internacional, y los Gobiernos nacionales han aprovechado el bioterror para desarticular a las sociedades, para destruir pequeñas y medianas empresas y para ocasionar más pobreza y miseria en complicidad con la élite económica.
ruhergeohist@yahoo.com

miércoles, 21 de agosto de 2019

La inútil obsesión por instaurar la cadena perpetua



 Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
 
Al mismo tiempo que el Congreso de la República aprobó la pena máxima de 60 años de cárcel, también reconoció como delitos la presión, la amenaza y el soborno a testigos en procesos penales. De lo primero se puede establecer que 60 años de cárcel son per-se una cadena perpetua, conforme a la esperanza de vida de 76 años y el ingreso a la cárcel a partir de los 18 años de edad. El objetivo de una cadena perpetua desborda la justicia y se mete en la venganza. Se necesita tener una ideología autoritaria para creer hacer pudrir a alguien en el encierro acaba una tipología de delito atroz. Quienes llegan a la cárcel aprenden a reproducir la vida biológica, a ser muertos que sueñan que están vivos como en el poema, y sobreviven en precarias condiciones, sin comida sana, sin aire limpio, sin orinales, sin derechos, sin garantías para humanos (muy distantes de los privilegios de unos pocos abrigados en guarniciones o establecimientos públicos).


Mientras el presidente anuncia traer al debate social la cadena perpetua, creyendo que el encierro definitivo resuelve los problemas el jefe del partido de gobierno es llamado a juicio por el otro cuerpo de delitos asociados al soborno a testigos y deja oír que solo le teme a dios, en coherencia con las elites que desde hace doscientos años evitan el pecado aplicado por la ley divina, pero manipulan pruebas y eliminan testigos en la ley penal. Como sea los dos tipos de actos criminales, los de cadena perpetua y los otros, son parte de un sistema social circular, del que las elites compuesta por políticos, funcionarios, togados y empresarios, son corresponsables de las causas del horror que victimiza a niños y niñas y de la barbarie de la guerra que enfermó a la sociedad y descompuso algunas de sus partes que ya están podridas.

Aunque no resulte fácil acusar a las elites de violaciones directas, han sido artífices de la presión, violencia, explotación y marginación de niños y niñas abusados y asesinados, gracias a su condición de debilidad que los mantiene expuestos a múltiples agresiones, sometidos al riesgo cotidiano de continuar padeciendo otras violencias, reclutamiento para oficios criminales o estar disponibles a merced de mafiosos que sacan ganancia de la humillación.

El gobierno se aferra a la obsesión del populismo punitivo americano y equivocadamente cree que mediante la judicialización y el castigo sin retorno a la vida social podrá recuperar la convivencia y el respeto a la vida y dignidad humana, sobre todo para el grueso de población excluida, marginada, a la que en las políticas públicas desconoce y niega. La impunidad superior al 95% y el ánimo vengativo de la pena perpetua, le quita el sentido como herramienta disuasiva de la criminalidad.

El gobierno al politizar la pena olvida que las causas de la tragedia son muy hondas y exigen más estudio y comprensión de la realidad del país, para evitar la mala copia de fórmulas ajenas que no fijan valores si no temores, a la vez que confunden y distorsionan la capacidad de la justicia real, imparcial, que se requiere en el contexto nacional de desigualdad, violencia, saqueo y miserias que se repiten.

El debate por la cadena perpetua propuesto por el gobierno, no es social, ni informado. Es una trampa jurídico-política, que sigue la lógica de manipulación de la conciencia indignada del mismo sector de población victimizada. Que es la misma que cree en la paz pactada que el gobierno le esconde y que ha venido enterrando a un líder social y a un niño asesinados cada día. La reacción espontánea ante sucesos repudiables que tocan el fondo de sus corazones, no puede ser aprovechada por el poder, para hacer llamados a estar de acuerdo con reglas nuevas que ocultan tanto las causas como a los responsables de la ideología que acecha y ataca a los débiles y de paso desaparece al estado de su condición de responsable de la tragedia colectiva de deshumanización y barbarie.

El gobierno y el partido en el poder no pueden pretender poner en la agenda publica el llamado a usar el derecho penal como artefacto de venganza, ni aprovecharse del dolor para convocar al repudio, al odio o al linchamiento a delincuentes. Su papel es crear democracia para cerrarle espacios al crimen. La cadena perpetua en el siglo XXI, es una obsesión de los Estados Unidos, que a 2009 mantenía a más de 140.000 personas en esta situación, incluidos 2500 menores de 18 años (proyecto sentencia ONG) justificados en la naturaleza excesivamente punitiva de su sistema de justicia, que los hace pensar que con cada sentencia mandan un mensaje disuasivo, que sin embargo nunca les ha dado resultados como lo muestra su promedio cercano a una masacre diaria en su país, en el que también la pena de muerte es la mancha reluciente de su condición de estado legalmente asesino. Seguir la obsesión ajena lleva a creer que el gobierno y el partido en el poder no buscan que el estado sea respetado, si no temido y eso no es justicia si no venganza, inocencia violentada por lo siniestro.

El gobierno sabe que su obligación es proteger y Unicef le recuerda que “los niños y las niñas que viven en la pobreza sufren una privación de los recursos materiales, espirituales y emocionales necesarios para sobrevivir, desarrollarse y prosperar, lo que les impide disfrutar sus derechos, alcanzar su pleno potencial o participar como miembros plenos y en pie de igualdad en la sociedad”.

A 2017 eran 869.000 niños explotados laboralmente (U del Rosario, elespectador.com) y las condiciones no han cambiado, habitan la calle, carecen de oportunidades de escuela y vida digna, y que con una educación abierta, inclusiva y de calidad, podrían modificar el curso de su camino a ser víctimas del horror y evitar que se repita la tragedia. Los niños y niñas que viven la niñez en contextos de pobreza y sin derechos, tienen mayor riesgo de ser humillados porque “igualmente existe una fuerte asociación entre pobreza y desnutrición, mortalidad, abandono escolar, soledad, trabajo infantil, exposición a situaciones de riesgo y otras circunstancias que constituyen obstáculos para el bienestar y el desarrollo de los niños y las niñas en sus primeros años” (Mustarf, 2002), modificar esas condiciones es la tarea del gobierno, nunca amenazar con  ayudar a pudrir más lo que está podrido.

P.D. Los hornos crematorios eran para desaparecer los muertos y evitar que a los militares les reclamaran por sus crímenes, dijo alias el Iguana, ex jefe paramilitar en audiencia de agosto de 2019. Así mismo indicó que en el Catatumbo habría entre 50 y 100 fosas comunes de asesinados por ellos. 

mrestrepo33@hotmail.com