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domingo, 3 de noviembre de 2019

Chile. Jornada 13 del alzamiento popular: Piñera cruje



Por Andrés Figueroa Cornejo:

Cuando corre la jornada treceava del alzamiento popular en Chile, no existe agrupación ni partido político capaz de liderar la movilización. Sólo existen convocatorias anónimamente viralizadas o firmadas con publicidad. Pero se trata sólo de convocatorias, de anuncios de puntos de encuentro. Esto es, resulta imposible en términos reales, que alguna fuerza en particular o grupo de interés, por bienintencionado que sea, pueda arrogarse el acaudillamiento de una pueblada cuya fortaleza se sostiene principalmente en la juventud, en estudiantes, trabajadores menores de 30 años, en escolares feministas que enarbolan la bandera mapuche, en quinceañeros animalistas y veinteañeros eco-luchadores. Por supuesto que participan diversas generaciones de pueblo empobrecido y profesionales precariados. En esta nota sólo se releva al sujeto social predominante. Que de jubilados en la miseria también se aplanan las calles del país.


Este 30 de octubre, el aún presidente Sebastián Piñera informó que los encuentros internacionales APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) y COP25 (Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU) ya no tendrán por sede a Chile. Algunos gobiernos habían anunciado días antes que no asistirían a las cumbres multinacionales debido a las protestas populares.

Del mismo modo, el peso se deprecia verticalmente respecto del dólar y las acciones de las empresas que cotizan en los casinos bursátiles se desploman a diario. El disruptivo retorno de Chile a Latinoamérica, en todos los sentidos, pero sobre todo financiera y económicamente, adelantan el despliegue de la crisis mundial en curso, y cuyo pico se pronosticaba para el año venidero. La imagen país y su atractivo para la inversión capitalista, desapareció en menos de dos semanas. La paz social que requiere el gran empresariado para su reproducción y ganancia, comienza a extinguirse. Piñera y su administración se vuelve un escollo para los grandes grupos económicos. Pero los ricos no tienen amigos, sino que intereses. Por tanto, si Piñera, aun siendo de los mismos, pone en riesgo sus utilidades, pues se cambia.

Las causas de la crisis social y la exposición nítida de la lucha de clases, se han situado genéricamente en la desigualdad social y la ausencia de derechos sociales y humanos garantizados. Al respecto, el académico marxista argentino Rolando Astarita, en un artículo reciente señala que, “el crecimiento capitalista en Chile genera riqueza, y en relación a esa riqueza, la pobreza aumentó. Es que la pobreza se define en relación con la riqueza general de la sociedad. Y en particular, en relación a la riqueza concentrada en la clase dominante”.

En el mismo texto, Astarita cita a Marx cuando el filósofo habla de períodos en los cuales aumenta el capital productivo: “Una casa puede ser grande o pequeña, y en tanto las casas circundantes sean igualmente pequeñas, la misma satisface todos los requisitos sociales que se plantea una vivienda. Pero si se levanta un palacio junto a la casita, esta se reduce hasta convertirse en una choza”.

La explicación aplica en algunos segmentos medios de la sociedad chilena que, ciertamente, no remuneran el salario mínimo, ni el promedio nacional de los sueldos que es apenas un poco superior al mínimo. Al respecto, debido al liberalismo ortodoxo impuesto desde la segunda parte de los 70’ del siglo XX, en Chile las mercancías en forma de bienes y servicios saturan todas las relaciones sociales existentes. Todo tiene valor de cambio o debe comprarse o venderse. En consecuencia, es el propio pueblo en su auto movimiento quien debe conquistar esos derechos sociales, sin que tengan que ser costeados por los salarios o ingresos (la relación entre trabajo en relación de dependencia y el trabajo informal es prácticamente mitad y mitad), los cuales ya están deprimidos sustantivamente por la deuda doméstica.

Siempre en el campo de las causas del alzamiento popular y la hegemonía de la juventud en ella, al menos cabe dejar planteado que el régimen capitalista específico del país, al sostenerse, tanto por efecto como premeditadamente, sobre una alienación y disciplina miento social altamente sofisticado y represivo, produce su propia negación. La juventud se observa así misma carente de porvenir, distópica, muy lejos de la épica que alimentó a la generación de jóvenes que lucharon contra la dictadura. Esta vez se trata de menores de 30 años que nacieron a la consciencia en medio de una crisis civilizatoria y de horizonte de sentido. Amanecieron existencialmente secuestrados por el calentamiento global, la guerra armamentista atómica y la más feroz incertidumbre; su tratamiento como segmento de mercado; su condición de súper explotado.

Por otra parte, y más allá de considerar que las asambleas constituyentes son procesos que se implementan luego de resolver el problema del poder (como lo ilustra la historia, tanto en América Latina, como en el mundo), cualquier transformación estructural para conquistar parcialmente el bienestar de las grandes mayorías, tiene como condición la caída del régimen de Piñera.
En tanto, la humanidad desarmada de los pueblos de Chile está llamada a procurarse su más pronta auto organización y autodefensa racional básica.

Es insoportable el olor de la sangre de tanto pobre asesinado, torturado, violado, desaparecido, baleado, tuerto y malherido por las municiones del monopolio de las armas del Estado.
La resistencia continúa y el final es abierto.
periodistafigueroa@gmail.com

sábado, 3 de agosto de 2019

Los jóvenes viejos



 Por Manuel Holzapfel G.:

“Hay jóvenes viejos y viejos jóvenes, y en éstos me ubico yo”, dijo el presidente Salvador Allende a los estudiantes de la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre de 1972. “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil”, sentenció de manera preclara ante centenares de jóvenes mexicanos que escucharon absortos, uno de los mejores discursos que se hayan hecho, sobre la relación entre juventud y revolución.


El encuentro, fue parte de la gira internacional que incluyó su memorable intervención ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, y las visitas posteriores a Argelia, Unión Soviética y Cuba.  A sólo nueve meses del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la situación del gobierno popular era muy compleja, debido a la intervención directa del imperialismo norteamericano, que no escatimó esfuerzos de toda índole para detener la vía chilena hacia el socialismo y recuperar el cobre nacionalizado por Allende.

47 años después, Venezuela enfrenta los embates del imperio, que ha repetido la estrategia desestabilizadora aplicada en Chile para conseguir lo mismo: apoderarse de las mayores reservas de petróleo del planeta y destruir la Revolución Bolivariana del comandante Hugo Chávez, hoy liderada por el presidente Nicolás Maduro. Los hechos son evidentes, pero en Chile algunos oportunistas que un día fueron parten de la Unidad Popular e incluso del gobierno, niegan los profundos lazos que unen los procesos de Allende y Chávez. Peor aún, desconocen la huella criminal de Estados Unidos, en la crisis venezolana y se han unido a la campaña de desprestigio, que busca generar las condiciones para una intervención militar del imperio.

El informe espurio de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, es el mejor ejemplo de la traición de la izquierda concertacionista al legado de Allende. Es el propio compañero presidente, quien les habla y desenmascara en su ruindad, desde aquel 2 de diciembre en Guadalajara, cuando agradeció a los estudiantes mexicanos “por comprender el drama de mi patria, que es como dijera Pablo Neruda, un Vietnam silencioso; no hay tropas de ocupación, ni poderosos aviones nublan los cielos limpios de mi tierra, pero estamos bloqueados económicamente, pero no tenemos créditos, pero no podemos comprar repuestos, pero no tenemos cómo comprar alimentos y nos faltan medicamentos, y para derrotar a los que así proceden, sólo cabe que los pueblos entiendan quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos”.

Ya sabemos, a qué poderoso “amigo” se arrimaron aquellos que tienen el descaro de autoproclamarse allendistas y aplauden el informe sobre derechos humanos de Venezuela digitado por funcionarios de Trump, que lleva la rúbrica de la ex presidenta chilena.   

Pero no sólo de la Concertación le han “prestado ropa” al informe de Bachelet. La crítica certera que hizo al documento el alcalde comunista de Recoleta, Daniel Jadue, generó polémica al interior del Partido Comunista de Chile, y oh paradoja, fue una joven ex dirigenta estudiantil la que lo validó. “No voy a desconocer el informe de la Alta Comisionada de DDHH, me parece que es lapidario. Efectivamente arroja situaciones sumamente graves”, señaló la diputada Camila Vallejo. Con ello, se desmarcó de la posición oficial de su partido, que criticó el informe porque "no se expresa ninguna condena a los intentos de golpes de Estado y a las amenazas permanentes de intervención militar en Venezuela".

Finalmente, Jadue en una actitud lamentable, pidió disculpas a Bachelet y la prensa mercurial festinó con la denominada polémica generacional al interior del PC. La joven diputada Karol Cariola lo explicó así: “no somos una máquina ni un robot. El partido debe experimentar un proceso de transformación donde se encuentren las nuevas y las viejas generaciones para fomentar nuevos y diversos liderazgos y revitalizar nuestras ideas”.

Lo lógico, es que, en ese proceso de transformación, dado que como dijera Allende, ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica, los jóvenes del partido radicalicen su lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Lamentablemente, la posición de Camila Vallejo, al validar un informe vergonzante redactado en Estados Unidos, como parte de su estrategia de intervención en Venezuela, va en sentido contrario. Su lealtad y la de otros militantes comunistas con Michelle Bachelet es inaceptable por su complicidad directa con la estructura dominante y el imperialismo norteamericano.

Como planteó Salvador Allende, “hay que entender que la lucha es solidaria en escala mundial, que frente a la insolencia imperialista sólo cabe la respuesta agresiva de los países explotados”. Si no lo entienden claramente los jóvenes, estamos en presencia de una casta de jóvenes viejos, que en el mejor de los casos serán bien intencionados, pero siempre sumisos y útiles al poder imperial.   

holzburu@vtr.net