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miércoles, 11 de octubre de 2017

CUBA.- EEUU- Se descubren las mentiras de Donald “fake News” Trump

Por Néstor García Iturbe:

Todos suponen que el presidente de Estados Unidos  es una persona inteligente y no puede ser engañado como un tonto. Lo realmente grave sería, como al parecer está sucediendo, que el presidente sea un tonto, que  fácilmente se deja engañar por cualquiera de sus asesores y en base al engaño, toma decisiones de importancia , tanto para la política interna, como para la política exterior de Estados Unidos.



El señor Trump ha protestado en un buen número de ocasiones sobre las noticias falsas, “Fake News”, que se divulgan sobre su persona, asesores, miembros de su gobierno y acciones que el mismo realiza, sin embargo, al parecer, cuando se trata de utilizar  “Fake News” para sustentar alguna decisión tomada  por su administración, o sugerida por alguno de sus asesores, no tiene limitación en hacerlo, haciéndose la ilusión, de que nunca se conocerá la verdad, complemento implícito de la tontería que caracteriza su forma de pensar.  La verdad siempre se conoce.

La propuesta de incrementar la hostilidad hacia Cuba, reclamada por Marco Rubio y algunos dentro de la Mafia Miamense, necesitaba un pretexto que pudiera ponerse en las manos de Trump, para que este pudiera mostrar su “fortaleza de criterio”, su “ejecutividad presidencial” y la facilidad con que es engañado y manipulado por  cualquiera que considera su aliado, categoría que no abunda entre las personas que lo rodean o pertenecen a su propio partido.

Así fue como se comenzó a conformar el pretexto para iniciar un grupo de acciones que pudieran utilizarse con el objetivo de  afectar el nivel de relaciones existentes entre Cuba y Estados Unidos, fomentar desconfianza, y tomar medidas que afecten la economía de Cuba y de los cubanos.  Volver a los tiempos de Bush y hacer ver que el culpable del retroceso es el gobierno cubano. No fue casualidad que el primero que habló del “rayo invisible” fuera Marco Rubio.

Pero como dijimos anteriormente, la verdad se abre paso y es importante que  sean las propias agencias de prensa estadounidenses las que nos muestran los fallos cometidos por los enemigos de Cuba, para que no pueda pasar por la mente de alguien, que lo dicho es un “invento cubano”.  Con los de Marco Rubio ya tenemos bastante.


sarahnes@cubarte.cult.cu

sábado, 30 de septiembre de 2017

Un diálogo legítimo

Por Carolina Vásquez Araya:

No cualquiera puede tomar decisiones en una mesa de diálogo, si esas decisiones afectan a otros.

Para emprender una iniciativa de diálogo político con el peso y la legitimidad indispensables, las partes también deben gozar de una credibilidad a toda prueba. Porque nada hay más absurdo que un diálogo entre actores cuyos intereses particulares no solo dominarán la escena, también harán imposible la consecución de resultados positivos para todos. Por esta razón no tan simple, los llamados al diálogo efectuados en estos días por el Presidente de Guatemala Jimmy Morales y el sector empresarial organizado, han despertado fundadas sospechas en amplios sectores de la ciudadanía –de uno y otro lado del espectro- al aparecer teñidos de acuerdos ocultos y de supuestas pretensiones de compromisos con los protagonistas más conflictivos del momento.



Buenas intenciones han pavimentado el camino del infierno desde siempre; promesas incumplidas y una labia electoral -eficiente herramienta de decepciones y fracasos- son el panorama archiconocido por una ciudadanía resistente a tragarse esa misma píldora. Por lo tanto, quizá el tan mentado diálogo deba ceñirse a los principios básicos que lo definen como un “trato en busca de avenencias” y no como una plataforma discursiva para legitimar lo ilegítimo ni engañar a una población cansada de falsedades. Para ello el elemento esencial es la presencia de ciudadanos conscientes, responsables y representativos de los intereses comunes a la población.

La integración de una mesa de diálogo vendría a constituir, por lo tanto, una ventana a través de la cual la ciudadanía participaría como una protagonista fundamental y no una espectadora impotente ante decisiones en las cuales no tendría arte ni parte. Las aspiraciones legítimas de la sociedad son muy claras: transparencia, justicia, seguridad y respeto por el mandato constitucional, el cual pasa usualmente en cada administración del Estado como una mera opción y no como una gorda responsabilidad.

Los filósofos griegos practicaban el diálogo como un ejercicio intelectual de enorme trascendencia en la vida de sus pueblos; el diálogo como base del quehacer democrático sentó sus bases en esa elevada forma de compartir y dirimir contradicciones para así elevar de manera consecutiva el nivel de la resolución de conflictos, como modo de superar diferencias dentro de un ambiente de paz y concordia. Por lo tanto, el diálogo como herramienta para alcanzar consensos jamás debe basarse en  intereses espurios ni en la defensa de privilegios para unos pocos.

En un diálogo nacional los ingredientes necesarios son la honestidad, el respeto, el conocimiento profundo de los temas a abordar, la preeminencia del interés común y la marginación absoluta de los intereses particulares. Todo ello asumiendo como el enfoque principal a las urgentes necesidades de la mayoría de la población, la más necesitada de servicios básicos, justicia, educación, empleo, salud, vivienda y alimentación. Cualquier otra prioridad en esta mesa representaría una desviación interesada y un sesgo opuesto al bien común.

La pregunta siguiente sería ¿De qué modo integrar una mesa de diálogo capaz de cumplir con esos objetivos? ¿Quiénes podrían integrarla con legitimidad y solidez? ¿Se respetaría un semejante foro desde los centros de poder? Las respuestas están en los distintos estamentos de la sociedad civil, en sus líderes naturales y en las organizaciones comunitarias. En otras palabras, en el pueblo mismo, de cuya representatividad parece haberse iniciado un proceso de rescate durante las últimas semanas y cuyos derechos han sido duramente amenazados y puestos a prueba. Su lugar en la mesa es uno de esos derechos y solo le falta asumirlo con toda la propiedad del caso.

La sociedad tiene derecho a un importante lugar en la mesa del diálogo nacional y debe ocuparlo.


elquintopatio@gmail.com