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martes, 31 de agosto de 2021

Los rentables dividendos de la política

 Por Juan Pablo Cárdenas S. 

Los próximos procesos electorales de la política chilena van a determinar quienes lleguen a La Moneda, definir cuáles serán los nuevos senadores y diputados de la República, además de los centenares de consejeros regionales cuya elección quedó pendiente después de los recientes comicios de gobernadores, alcaldes, concejales u otros. Oportunidad en que se determinaron, también, los 155 integrantes de la Convención Constitucional.

Debemos ser uno de los países con más representantes del “pueblo”, en relación al tamaño de nuestra población de poco menos de 20 millones de habitantes. Asimismo, pocos ciudadanos del mundo deben demostrar tanto interés por constituirse en autoridades políticas, preocupación que en otros estados se limita a los partidos políticos que nunca, por lo demás,  suelen ser tantos como aquí, donde fácilmente se pueden contar más de treinta agrupaciones de derecha, centro e izquierda, si es que todos estos pueden ser catalogados de esta manera.

En los últimos días, de todas las primarias, consultas ciudadanas y conciliábulos cupulares terminaron resultando nueve postulantes presidenciales y miles de candidatos al Congreso Nacional, en toda una onerosa faena que se catalogó de “fiesta de la democracia”, pero que en total no comprometió a más de tres o cuatro millones de personas de los de 12 o 13 que estuvieron convocados. En este sentido, la epifanía se concentró en los que están interesados en lograr un cupo electoral, así como en las programaciones televisivas especiales, pero no logró interesar a la inmensa mayoría de chilenos estresados por el desempleo, el trabajo mal remunerado, la pandemia y los peligros de una cotidianeidad en que campean el crimen organizado, los narcodelitos y tensiones sociales cada vez más virulentas en la Araucanía y otros puntos del territorio.

 A lo anterior, y sirva también como explicación, hay que sumar que el estado chileno gratifica muy bien a quienes llegan La Moneda, al Poder Legislativo, a los municipios, a las embajadas y a ese conjunto de instituciones y empresas del Estado que disponen de administradores de carácter político que no se derivan necesariamente por sus méritos. Aunque es justo aclarar que en los últimos años se han implementado leyes y prácticas tendientes a que a los altos cargos de la llamada burocracia sean definidos por concursos y procedimientos más serios y formales. Sin embargo, como estamos en Chile, sabemos que con la ley han surgido las trampas para vulnerar lo convenido.

Ser parlamentario, edil, embajador o estar incorporado a la planilla ejecutiva y los directorios del Banco del Estado, de Codelco y otros organismos resulta un enorme beneficio para quienes, además, retienen muchas veces sus cargos por cuatro, ocho o más años. Como ha sido varias veces comprobado, un parlamentario o un ministro en Chile puede ganar más que un colega en Estados Unidos, Alemania y los países más ricos y poderosos de la Tierra, pero además de su sueldo, sabemos que la posesión de muchos de las altas funciones facilita a sus titulares aprovechar apetecidas oportunidades de negocios, cuando no acceder a esas coimas que las grandes empresas disponen para cogobernar con el Ejecutivo, el Parlamento e influir en las decisiones judiciales. Las remuneraciones de los altos cargos del Estado sobrepasan por lo menos cinco veces el ingreso promedio de los trabajadores chilenos y mucho más, todavía, cuando se trata del salario mínimo. Brecha que no existe, por supuesto, en las democracias serias y acaso en las mismas dictaduras del mundo.

Cuento aparte es formar parte de las cúpulas uniformadas, donde la malversación de los caudales públicos, sobresueldos y privilegios previsionales y de salud, por ejemplo, son el pan de cada día. Es cosa de sumar cuántos militares, altos policías y otros están imputados actualmente por sus fraudes al fisco y otras prácticas de corrupción en una siniestra realidad que involucra e integra también a muchos civiles que tienen directa relación con nuestros institutos armados, relación que es muy placentera para muchos los políticos. Ya nadie se atreve a decir que Chile es un país probo en relación a otros de América Latina y del mundo. Quedaron, ciertamente, muy atrás aquellos años en que hubo gobernantes que abandonaron pobres del palacio gubernamental, renunciaban a su dieta parlamentaria y se demostraban insobornables en relación a las propuestas públicas y la contratación de empresas encargadas de desarrollar obras de infraestructura o viviendas populares. Ha quedado demostrado que construir un hospital o un colegio resulta mucho más caro en Chile que en muchos otros países de la Tierra. Cuando no culminan en puentes, grupos habitacionales, carreteras, líneas férreas y otras que colapsan en muy poco tiempo a causa de la falta de probidad de los constructores nacionales y extranjeros siempre al acecho del erario fiscal.

A todo nivel social existe ansiedad por alcanzar cargos públicos. Incluso ahora no faltan los grandes empresarios como Sebastián Piñera que manifiestan su interés por un ministerio o escaño legislativo. Ello se demuestra en la enorme oferta de candidatos, entre los cuales no pocos se cambian de partido o creado otros a objeto de obtener cupo en las papeletas. Precisamente entre los propios candidatos presidenciales se puede descubrir tal mutabilidad, lo que se explica también en la consistencia ideológica y falta de proyecto histórico de las colectividades. Si hasta tenemos postulantes sin programa alguno y otros que hasta ofrecen dinero y viajes de resultar electos. Ni qué decir los que quedaron “colgados de la brocha” como se dice, al decidirse militar en algunos referentes que los utilizaron y posteriormente se sacudieron de ellos. Se sabe que dos ex candidatos presidenciales que buscaron nuevo domicilio político para extender sus pretensiones electorales han quedado en la orfandad misma.

Es iluso pensar que ante tanto postulante aumente sustantivamente la concurrencia a las urnas, a no ser que se reestablezca el sufragio obligatorio. Seguramente, se van a mantener o variar muy discretamente los altísimos índices de abstención, en un país que en el pasado hasta podía ufanarse del gran espíritu cívico de su población. Porque hoy son contadas las excepciones de los dirigentes que tienen propuesta y efectiva vocación de servicio público.  A lo anterior, consignemos la desvergonzada dispersión de los sectores autodefinidos como izquierdistas o progresistas , lo que hace muy probable que termine favoreciendo la continuidad de la derecha en el Gobierno.

viernes, 4 de diciembre de 2020

La ilusión del parlamentarismo y la descentralización

 Por Juan Pablo Cárdenas S.

Al menos dos teleseries de Netflix de muy buena crítica y acogida nos han ilustrado sobre el funcionamiento de los regímenes parlamentarios europeos, dándonos la idea de que, en Chile, a propósito de una nueva Constitución, podríamos sacudirnos de un presidencialismo tan autoritario y establecer una institucionalidad en que lidere el Congreso Nacional más que La Moneda. De esta forma, podríamos también liberarnos de aquellos gobernantes que lo hacen mal y pierden y mucho apoyo ciudadano durante su gestión

Aunque se dicen llamar mandatarios (que obedecen a los intereses de la nación), la verdad es que en gran parte de nuestro Continente tenemos jefes de estado que hacen lo que les place cuando reciben la manda presidencial y no pueden ser removidos mediante golpes de estado o procesos judiciales que pueden tardar demasiados años, pese a haber desertado de sus promesas y cometido actos severos de corrupción.

Muchos pensamos que con el Estallido Social Sebastián Piñera debió renunciar a su cargo, toda vez que en las encuestas es evidente que no goza de un insignificante apoyo ciudadano. Tampoco los parlamentarios han estado dispuestos a promover una acusación constitucional en su contra ante el serio descalabro de nuestra economía, las graves violaciones de los Derechos Humanos y el desprecio que incluso le expresan los partidos oficialistas o de la derecha política. Por muchos menos despropósitos observamos que otros gobernantes de la Tierra son removidos y no se esperan las nuevas elecciones presidenciales para que cesen en sus cargos.

Pero nos da la impresión de que carecemos de las condiciones propicias para que las mayorías parlamentarias puedan designar y sustituir a los presidentes de la República. Cómo tampoco concebir un gobierno de mayoría, o incluso de minoría, en un país en que actualmente tienen representación en el Poder Legislativo al menos veinticuatro referentes políticos, sin considerar sus distintas tendencias o “sensibilidades” internas. Cuando tenemos una Ley Electoral tan laxa que permite la fundación y refundación constante de partidos políticos, a la orden del día siempre de toda suerte de caudillismos, cuyo objetivo común ya no es ideológico sino quedar bien posicionado para las próximas votaciones populares.  Permanentes pactos y sus pactos que se arman y desarman según las calculadoras electorales. Sumado a esto la influencia del dinero y el cohecho de los poderosos grupos de interés y presión, entre las que destacan las grandes empresas nacionales y extranjeras.

El descrédito de la actual clase política chilena se explica fundamentalmente en sus malas prácticas que obviamente no se compadecen con el interés ciudadano. La Pandemia ha evidenciado todavía más esta lacra y crisis.

Da la impresión que el parlamentarismo solo podría ser viable con dos o tres partidos ejes en que, por supuesto, cohabiten democráticamente los distintas intereses y expresiones de la población, como sucede en Dinamarca, Inglaterra y otros países. Para citar los ejemplos que tenemos más a la vista a propósito de estas exitosas seriales políticas de la televisión. Por cierto, que en Chile habría que ser un verdadero experto para descifrar la multiplicidad de siglas de la Izquierda e, incluso, entender la atomización existente también en la Derecha, donde se supone existe un elevado consenso en el propósito de velar por la vigencia del régimen neoliberal y favorecer lo que las cúpulas empresariales le instruyen a gobernantes, legisladores y jueces de la República.

Hoy en Chile, lo que reina es la dispersión y la ambición desatada. Todos los días observamos en la prensa y redes sociales la proclamación de nuevos candidatos presidenciales que ya se hace imposible enumerar, a la vez que los partidos y movimientos sacan cuentas y proclaman toda suerte de postulantes para los próximos comicios parlamentarios, municipales y de gobernadores regionales. Algunos de los cuales competirán, primero, en elecciones primarias mientras que el grueso será designado a dedo por las directivas partidarias. En las que la voz de los no militantes enfrenta una barrera inexpugnable salvo que se trate de un deportista, cantante o alguien de la farándula televisiva que pueda sumarles votos a sus listas.

Casi por un ochenta por ciento, la ciudadanía voto en el reciente plebiscito para excluir a los legisladores de la próxima Convención Constituyente, pero esta decisión soberana ya está siendo burlada por todo el espectro partidista. Da pena o indignación observar cómo los nombres de los más prominentes y legítimos personajes del llamado mundo social van haciéndose agua y reciben un portazo de parte del Servicio Electoral, como de los partidos si estos se mantienen renuentes a militar o simplemente carecen de los medios para recopilar las adhesiones y firmas necesarias para competir en las elecciones dispuestas para que el pueblo por primera vez elija a sus representantes más genuinos. En la misión de trazar el rumbo institucional del país y de nuestra supuesta democracia que, como sabemos, hasta aquí se niega a ser “participativa”.

Tampoco es posible concebir en esta dispersión política la posibilidad de que Chile se dé una constitución federal, cuando desde la Capital se definen prácticamente todos los recursos y políticas públicas, pese a que es desde las regiones donde más se recauda para el erario nacional. En efecto, la diversidad geográfica y cultural del país importa un bledo en nuestro exacerbado centralismo. Regiones, provincias, ciudades y pueblos valen más bien como meras circunscripciones y distritos electorales, cuya suerte está muy condicionada por número de sufragantes, más que por sus recursos naturales o incluso estratégicos. De esta forma, las zonas del extremo norte y del sur, por ejemplo, se ven muy menoscabadas frente a lo que ocurre al otro lado de los Andes donde se practica el federalismo y los recursos fiscales con distribuidos en todo el país teniendo en consideración, incluso, objetivos de seguridad nacional y soberanía.

De otra forma, no se explicaría que nuestra Araucanía sea la zona más atrasada del país, se haya convertido en un verdadero polvorín y hasta se perciban en aumento los viejos aires independentistas. La misma suerte que tienen aquellos pueblos que son colindantes con Perú y Bolivia o pertenezcan a nuestros territorios de ultramar. Más cerca de Asia que del Continente geográfica y culturalmente.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

viernes, 21 de agosto de 2020

Chile y los beneficiarios del Coronavirus



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
El estallido social de octubre del año pasado fue el acto de rebelión popular más masivo y radical de toda la historia chilena. Muchos millones de personas de todas las condiciones sociales, por las más diferentes causas, salieron a las calles y se enfrentaron con las fuerzas policiales y militares en un proceso que estuvo a punto de lograr la caída del gobierno de Sebastián Piñera, la clase política representada en el Parlamento y provocar el derrumbamiento de todo el orden institucional heredado de la Dictadura y sacralizado por los gobiernos que le sucedieron. Según lo dispuesto por el mismo Dictador que posteriormente fueron las nuevas autoridades a rescatar a Londres cuando iba a ser juzgado por un tribunal internacional.


El Covib 19 ha cobrado muchas víctimas en Chile y en el mundo, pero muchos saben que afectó el proceso de rebelión que día a día cobraba bríos en el país, dándole un magnífico respiro y tregua a La Moneda y a muchos políticos que ya preparaban sus maletas completamente desacreditados por ese cúmulo de despropósitos, abusos y corrupciones descubiertos ampliamente por el pueblo.

Los medios de comunicación, especialmente los canales de TV, les pusieron cámara y micrófonos a diversos parlamentarios, partidos y opinó logos prácticamente desaparecidos y sumidos en el más profundo descrédito. Podríamos decir que muchos de ellos resucitaron ante la opinión pública, aunque poco se sabe si lograrán recuperar su imagen y vigencia, toda vez que el propio Jefe de Estado sigue cayendo estrepitosamente en las encuestas y se le prodigan los caceroleos y otras formas de protesta en todo el país, aún bajo los estados excepción, la atemorizante presencia represiva en ciudades y pueblos y las cuarentenas “sanitarias” que permiten cautelar el orden público o el llamado estado de derecho.

Habría que se muy incauto para asumir que estos meses de emergencia pandémica van a conjurar la movilización social. Por el contrario, los chilenos se preparan para participar en el plebiscito constitucional y las otras elecciones que deben seguirle. Por lo mismo que aparece muy poco probable que el Gobierno, sus adláteres y cómplices de la supuesta oposición logren una nueva postergación de estos comicios pretextando que todavía no se controla la propagación del virus.

Cualquier intento de frenar este proceso sería la más estúpida provocación, aunque sabemos que los poderes amenazados por el cambio político, económico y social que se avecina son capaces de cualquier componenda y llevar a cabo los más crudos horrores, tal como lo hicieran en 1973. Por algo hay quienes ya ensayan acciones en la Araucanía contra el pueblo mapuche, por más de 500 años de lucha emancipadora y que hoy se constituye en el principal foco de resistencia del país.

Sumidos por el miedo que les provocara el Estallido Social del 18 de octubre, y con la rapidez de un rayo legislativo, gobierno y partidos de derecha a izquierda convinieron un acuerdo para la realización de una consulta popular que debiera abrogar la constitución pinochetista de 1980 y abrirle paso a una convención constituyente íntegramente conformada por representantes directos de la nación; esto es sin la presencia de parlamentarios o emisarios gubernamentales. Aunque en estos últimos meses, por la exhibición que les han dado los medios, varios de éstos intentan que prospere una forma mixta de constituyentes. Esto es de personas elegidas directamente por el pueblo, además de representantes designados por los partidos y los poderes del Estado.

Nada hace pensar que esta última posibilidad pudiera concretarse. El repudio ciudadano a la política es demasiado contundente, todavía, pero estamos ciertos que ya revolotean algunos operadores desarrollando una campaña del terror, advirtiéndonos lo que podría suceder si la izquierda lograra mayor gravitación y, además de la nueva Constitución, se propusieran avanzar hacia una reforma más integral del sistema que nos rige. Derrumbando, por ejemplo, el vergonzoso y abusivo sistema previsional, un modelo salud que discrimina brutalmente entre pobres y ricos, además de insistir en las consabidas demandas por una educación inclusiva y de calidad para todos los jóvenes y niños. Especialmente después de develarse las mentiras oficiales que nos hablaban de muchos menos indigentes y discriminados de los que realmente existían, de muchos más trabajadores desocupados o con sueldos precarios, como de una casta de multimillonarios como no se ven en los países más ricos del planeta. Además de los privilegios e impunidades que todavía gozan los militares y los cargos superiores de “representación popular”.

La más nítida forma de ponerle cortapisas al plebiscito y al proceso constituyente es el impúdico y extemporáneo afán de algunos caudillos en proponerse para integrar un nuevo parlamento o, incluso, suceder al actual mandatario. Discurriendo desde ya alianzas electorales para amarrarse a las instituciones públicas o acceder a los altos cargos. Proliferación de precandidatos para la carrera presidencial porque simplemente se les antoja, sin que medie siquiera alguna encuesta que los tenga bien posicionados ante la opinión pública. Toda suerte de alcaldes, por ejemplo, que ya estaban descontando los días que les quedaban en sus cargos y que ahora, gracias a la pandemia, sienten la oportunidad de seguir escalando cargos públicos y hasta llegar a colgarse la banda presidencial.

Pasaron los tiempos que en Chile se requería demostrar un gran liderazgo, contar con sólidas convicciones y loables propósitos para postular a la primera magistratura. Hasta los más peleles en la política hoy manifiestan sus audaces pretensiones, alentados seguramente por el pésimo nivel de los últimos mandatarios aquí como en todo el mundo. Es ya un lugar común decir en Chile que, de no ser un renombrado futbolista, lo más promisorio y lucrativo es convertirse en autoridad comunal y nacional.

Y los partidos políticos, tal como se ve, andan a la caza de figuras artísticas, deportivas y hasta de las faranduleras de la televisión para integrar sus nóminas y allanarse sufragios. Desgraciadamente, lo que sí se sabe, es que hay ciudadanos dispuestos a otorgarles sus votos, sumidos como están en la ignorancia y la falta de valores cívicos. Por lo demás, debemos reconocer que el cohecho encuentra muchos alicientes en los rezagos y desigualdades que avergüenzan a Chile.

Lo sensato sería que el mundo político y especialmente las organizaciones sociales se organicen y velen, primero, por la realización del Plebiscito, cuando ya hay muchos, como dijimos, que buscan postergarlo o desbaratarlo. Que la unidad para derrotar al actual sistema institucional no se debilite por las pretensiones de aquellos aventureros y oportunistas intencionadamente alimentados en su egolatría por los medios de comunicación.

Por algo es que uno de los más fueros pinochetistas, José Antonio Kast, está tan animado en dar por asentada su futura competencia presidencial con algunos “comunistas” y otros izquierdistas. Buscando desalentar, además, a los empresarios y al mundo del centro derecha en el proceso constituyente y animarlos, cuando se haga necesario, a otra asonada golpista para impedir el triunfo del pueblo en las urnas. Soliviantando para ello a las Fuerzas Armadas, a los gremios patronales y apelando al capital extranjero enseñoreado en toda nuestra actividad productiva.

Sabemos que, en los partidos políticos, aún en los que se dicen progresistas, no decantan las distintas posiciones. Las de aquellos que están claramente por la unidad y el cambio y las de quienes, como en otros episodios de nuestra historia, se retacan y se hacen presa de los más reaccionarios y que, precisamente en estos días, han logrado infiltrar el patético gobierno de Piñera. Empeñados en seducir a los más mojigatos y oportunistas, de la mano del Coronavirus y el terror a la democracia que muchos tienen, efectivamente. Aunque se resistan a reconocerlo.
En efecto, ya pueden sentirse en Chile los tambores de la traición.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

jueves, 18 de junio de 2020

Chile porque no recuperar lo nuestro



Po Eduardo Contreras:
Corría el año 1929 cuando el Oficial de la Fuerza Aérea, comandante Arturo Merino Benítez creó la llamada Línea Aeroportuaria de Chile, especialmente para la ruta Santiago Arica. Esto constituye el antecedente primero y concreto de lo que fue durante años nuestra línea aérea estatal. Fue en 1932 cuando se cambia su denominación y se da vida formal a lo que fue LAN, la Línea Aérea Nacional, que llegó a transformarse en un elemento de fundamental importancia para la vida y el desarrollo nacional.


Hasta que la dictadura de los militares, de la derecha y de los grandes empresarios la privatizó en los años ochenta del siglo pasado. Fue en el año 1983 que se le dio la condición de sociedad de responsabilidad limitada, pasando en 1985 a la calidad de sociedad anónima. Más de medio siglo de avances y de contribución efectiva a la economía nacional se perdían en favor de los grupos económicos nacionales. Para eso impusieron la dictadura. Enriquecerse inmensamente al precio de la sangre de miles y miles de compatriotas.

Desde 1994 más del 90% de las acciones pertenece al mismo grupo de sus actuales dueños, sin olvidar que por algunos años también la empresa tuvo como accionista al empresario pinochetista Sebastián Piñera, el del escándalo del Banco de Talca, el mismo que los chilenos de derecha han hecho presidente en dos ocasiones con las consecuencias de todos conocidas.
Continuando con la historia de esta empresa, el año 2010 LAN se fusionó con una empresa aérea brasileña y pasó a denominarse LATAM...

Y bien, llegados a nuestros difíciles días de pandemia, la empresa atraviesa por una crisis económica compleja. Las circunstancias que se vive en el mundo entero como consecuencia de la gravísima crisis sanitaria afectan a LATAM como a otras empresas similares en el mundo. Es el caso, por ejemplo, de Al Italia en Italia y de Lufthansa en Alemania. Pero allí la solución lógica, esperable, económica y políticamente correcta. que se ha decidido en ambos países es la estatización de las empresas.

Pero, claro está, nosotros estamos en Chile y aquí gobiernan los grupos económicos.
Y entonces pareciera que se admite como solución que sea el Estado el que en lugar de recuperar lo suyo, vaya en ayuda de los empresarios.

Chile no es Italia, ni siquiera la Alemania de la Sra. Merkel. Por eso la consigna y el camino acá en nuestro país es que salvemos a estos grupos económicos, que apoyemos a los co- dueños de LATAM.

No importa el resto del país. No importan nuestros pequeños o medianos empresarios Mucho menos importan los trabajadores, los pobladores, los campesinos, los pensionados y jubilados, ni las clases medias y ni que hablar de nuestros pueblos originarios. Para los pobres, para los modestos, a lo más unas cajitas a nombre del señor de La Moneda. Pero los grandes recursos son para los grandes empresarios.

No hay dineros para mejorar Salarios, Salud, Educación, Trabajo, Vivienda, Previsión Social, etc…, pero los hay para los grandes empresarios. No importan los miles de cesantes, no importa que haya muchos que no tienen dinero para comer o para comprar remedios.

Lo sorprendente es que el Estado chileno, su Gobierno, no se plantee en absoluto la recuperación de la que fue su Línea Aérea como hacen en circunstancias similares gobiernos que ni siquiera son gobiernos de Izquierda. Al contrario, no habrá recursos para los trabajadores ni para los empresarios medianos o pequeños. Pero los grandes son los grandes y ellos mandan, son parte esencial del sistema, del modelo de sociedad.

Es entonces que parece aconsejable meditar este asunto. ¿Y por qué no recuperar para el Estado lo que fue del Estado?  ¿Por qué no estudiar una fórmula de participación estatal chilena en LATAM?

Es preciso resolverlo ahora, mañana será tarde.
eduardocontreras2@gmail.com

miércoles, 27 de mayo de 2020

Piñera entre tumbos y protestas



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Alemania y Francia están acordando un común y multimillonario esfuerzo para hacer frente a las consecuencias de la pandemia tanto en el plano de la salud, la cooperación científica y la recuperación de sus economías. Los veintisiete países de la Comunidad Europea se alistan también para hacer lo mismo teniendo como objetivo primordial que sus naciones vuelvan a recuperar sus empleos, pero, sobre todo, su poder adquisitivo a fin de estimular la producción, el comercio y el consumo. Repiten lo que hicieron el Reino Unido y otros países después de la Segunda Guerra Mundial, esto es repartir dinero directamente a sus poblaciones antes que llenar los caudales de los bancos destinados a créditos que carguen de más deudas a las familias.


En Chile, Sebastián Piñera lo que hace es adoptar medidas que, hasta aquí, no se demuestran solventes para frenar la infección con el Covid 19, según los más recientes resultados. Todo parece ser que su gobierno busca deslindarse de la suerte de las demás naciones latinoamericanas, como si nuestras fronteras naturales pudieran frenar por si mismas el avance de la epidemia. Las autoridades de gobierno, soslayando que esta crisis sanitaria es gravísima y compromete a todo el orbe, más parecen preocupadas de competir con nuestros vecinos con virulento mal gusto y falta de fraternidad.  Ignorando, por supuesto, cómo Venezuela, Cuba y otros países sometidos a un drástico bloqueo internacional, muestran logros que son reconocidos por destacadas universidades estadounidenses.

Casi lo único que podría agradecérsele a las autoridades chilenas es la disposición manifestada para que todos los emigrantes retornen lo más próximo posible a sus respectivos países, ahora que el desempleo tanto los afecta y porque se trata de personas que, por lo general, viven en la extrema pobreza. En los primeros balances oficiales, La Moneda y el Ministerio de Salud se regocijaban de tener cifras de infectados inferiores a la de los argentinos, brasileños, bolivianos y peruanos, por ejemplo, hasta que los éstas empezaron a aumentar y han debido someter a los chilenos se a cuarentenas cada vez más estrictas, aunque muy contraproducentes en cuanto al proclamado” distanciamiento personal” que se pide entre las personas.

La soberbia de Piñera se jactó de las tardías medidas adoptadas antes por los propios países más ricos y desarrollados, soluciones que finalmente aquí no han tenido muy presente una realidad social y económica que dista de parecerse a la del Primer Mundo. En efecto, imponer estos confinamientos a comunas y barrios de nuestro país puede ser hasta contraproducente, especialmente allí donde impera la vulnerabilidad social y el hacinamiento. Además de que el encierro deja sin sus ingresos a millones de personas que ahora padecen hambre, una feroz angustia e incertidumbre sobre el futuro. Situación muy distinta a la de los suecos, por ejemplo, en que un 52 por ciento vive solo y bajo un techo digno; o a la del promedio de los habitantes del continente que representan al menos el 48 por ciento en la misma situación. Además de tener todos asegurados sus subsidios y haber recibido recursos y asistencia médica mucho más que eficaz si se la compara con lo que ocurre en América, África y Asia.

Pocos dudan que la pandemia es la que le dio continuidad al gobierno de la derecha, después de aquellas jornadas de explosión social que pusieron prácticamente en jaque al Ejecutivo y al Congreso Nacional, esto es a prácticamente toda la clase política. Sabemos que la emergencia sanitaria replegó el duro e irrefrenable levantamiento del pueblo, en la promesa de que apenas se superara la pandemia continuaría la lucha y se llevarían a cabo un plebiscito, las elecciones municipales y, de seguro, la instalación de una Asamblea Constituyente.

Además, por cierto, de imponer soluciones económicas urgentes para echar abajo el sistema previsional vigente, los abusos de las isapres de salud, la corrupción política y tantos otros despropósitos a la luz del capitalismo salvaje impuesto por la dictadura pinochetista y sacralizado por sus sucesores supuestamente democráticos que siguieron gobernando con la Carta Básica de 1980 y sus leyes autoritarias y represivas.

Bajo un régimen en que ha primado la complicidad de los grandes medios de comunicación, al mundo le costó entender que en Chile estuvieran tan soterradas las inequidades y la frustración popular. Muchos de los aplaudidores internacionales de la “transición chilena a la democracia” debieron expresar su estupor ante aquellas protestas que movilizaron a millones de trabajadores, estudiantes y chilenos de la más variada condición económica y social. Así como ahora, más temprano que tarde, deberán asumir que la pertinaz voluntad de Piñera de permanecer en La Moneda e implementar sus erráticas medidas contra la pandemia arriesga que agote la posibilidad de una salida política consensuada y pacífica. Durante esta primera semana de confinamiento obligatorio del Gran Santiago ya se están haciendo incontenibles las barricadas y los enfrentamientos con las policías y los militares que el Régimen mantiene en las calles fuertemente armados.

Es evidente que un pueblo sin pan, techo y trabajo hará todavía más explosiva la convivencia social, de tal manera que, contrariamente a lo sucedido en otros países, sus gobernantes quedarán todavía más desacreditados frente a la opinión pública. Consideremos que, al decir de las encuestas, el país en más de un setenta por ciento no le cree a sus autoridades, así como que el propio Piñera cuenta apenas con un 20 o 25 por ciento de aprobación, si es que se le puede dar crédito a los sondeos, después de evidenciarse las mentiras oficiales sobre el verdadero avance de la pandemia.

Por otro lado, los chilenos han tomado conocimiento de que su Estado tiene ingentes recursos no solo para hacer frente a la emergencia sanitaria sino para encarar otras lacras mucho más catastróficas, incluso en materia de salud. Nada se dice oficialmente en cuanto a que los muertos por el cáncer, pestes o epidemias propias del invierno superan con creces a los infectados por el Covid 19. Salvo reconocer que en estos últimos meses la lista de espera para las cirugías y otros tratamientos en los hospitales se ha ido acrecentando y promete ser un problema de mayor envergadura, y que ya era crítico antes de diciembre último.

Los propios datos económicos que se ocultaban hasta hace algunos meses nos dan cuenta de que las enormes reservas del país en la banca extranjera han sido intocadas todavía. Que todo lo dispuesto en liquidez por el gobierno es producto solo de meros ajustes presupuestarios, esto es de recursos con los cuales se mermará lo que necesita la educación, la investigación científica y las obras públicas. Tanto así que no se ha tocado tampoco para nada los ingentes recursos asignados a las FFAA, cuyas ramas en todo este tiempo siguen recibiendo aviones, barcos, tanques y los más distintos pertrechos para la guerra y los lúdicos pasatiempos de los efectivos militares.

Algunos ex ministros de los gobiernos de la Concertación se han obligado a reconocer el monto real de nuestras reservas, después de que sus gobiernos le negaron sistemáticamente recursos a la superación de la pobreza, el mejoramiento de la educación pública y el fomento al trabajo productivo y justamente remunerado. Además de tolerar la usura bancaria y empresarial que le traían recursos a sus campañas electorales, siempre en connivencia con la derecha política y los inversionistas privados y extranjeros.

Todos los días, Piñera y quienes siguen asistiéndolo apelan a la unidad nacional, pero sin dar paso alguno hacia lo sucedido en otros países, que han integrado al menos a los esfuerzos por combatir la pandemia a sus opositores políticos como referentes sociales. Consta la forma en que La Moneda se ha relacionado a patadas con los alcaldes del país, el Colegio Médico, los gremios y sindicatos. Todo esto, cuando hay algunos voceros de partidos otrora progresistas que claman por ser acogidos por el gobierno y las bancadas legislativas de la centroderecha. Seguros que el descrédito creciente de la política los obliga a enfrentar el porvenir electoral y la protesta social con “sentido de clase”, haciendo caso omiso a esas diferencias que tuvieron en el pasado. Incluso con el pinochetismo más virulento.

Pero la tozudez de Piñera incluso ha ahuyentado de su lado a varios colaboradores y tiene irritadas a las directivas políticas oficialistas que se conduelen de los tumbos que da el Gobierno en materia de salud y calculan que bajo el confinamiento social se está gestando una rebelión todavía más iracunda que el 18 de octubre pasado.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 18 de marzo de 2020

Porqué Piñera debe irse


Por Juan Pablo Cárdenas S.:
(en memoria de Mariano Puga, el cura obrero)
“¡Que se vaya! tituló en una de sus más exitosas ediciones la revista Análisis cuando el país demandaba la salida de Pinochet. La irreverente portada causó la furia del Dictador y de allí se sucedieron todo tipo de amedrentamientos a la prensa disidente, como aquellos requerimientos ante los tribunales y las fiscalías militares en contra de los periodistas y colaboradores de esta y otras publicaciones. Hoy son cientos de miles las pancartas, rayados murales y diversas formas de demanda popular para que Sebastián Piñera cese en su cargo de La Moneda en medio de la mayor crisis de nuestra historia.

Ciertamente que el escuálido respaldo popular del actual presidente, la protesta incesante de la población y los altos y peligrosos grados de confrontación social en cualquier democracia en serio ya habrían ocasionado la renuncia o la destitución del primer mandatario. Sin embargo, lo que tenemos en Chile no es un régimen de soberanía popular sino una postdictadura todavía regida por los rasgos autoritarios de la Constitución de 1980, el poder económico y una clase política insensible a las demandas de la población, además de devenir en corrupta.

Es cosa de leer las encuestas y recorrer las calles para apreciar el balance que el pueblo hace de la gestión de un jefe de estado obstinado que fue elegido por mucho menos de la mitad de los ciudadanos y que, para colmo, hoy recibe la rechifla mundial por sus espeluznantes acciones contra los derechos humanos de nuestros habitantes.

El ministro de Interior ha declarado recién que “la democracia se basa en el respeto a las reglas del juego”, haciendo caso omiso que la principal característica de este régimen es su fidelidad a la voluntad soberana del pueblo, frente al cual el gobierno, el parlamento y las instituciones del Estado deben direccionar sus propósitos y acciones. Tarea en que las Fuerzas Armadas y policiales deben estar encomendadas a proteger su población y velar por el orden público, muy contrariamente a lo que está sucediendo con una represión criminal que se ejerce cotidianamente contra los chilenos que protestan y se movilizan contra un sistema profundamente desigual. Bajo el imperio de la concentración de la riqueza, el trabajo precario y la expoliación de nuestras materias primas y riquezas en manos de los intereses foráneos.

Más de cuatro meses de continua insurrección, caos, víctimas fatales y miles de presos políticos constatan el descontento popular y el fracaso e todas las autoridades en ofrecer soluciones a ese despertar irrefrenable de un país ya harto de abusos de todo tipo y de esperar por más de treinta años que se consolidara la democracia y la justicia social. Porque, a excepción de unas pocas voces del Parlamento, el conjunto de los legisladores, los partidos políticos y los medios de comunicación hegemónicos se escandalizan de lo que parece realmente más prudente antes que la crisis siga profundizándose. Esto es que Piñera decida irse para que la violencia no conduzca al país a una de lamentables ocasiones ya vividas, como la guerra civil, las asonadas militares y los miles de muertos y desaparecidos.

Desgraciadamente, lo que aparece más razonable es tildado como una propuesta extremista y un atentado contra nuestra supuesta democracia. Incluso la clase política opositora, y consciente del daño que le significa al país el gobierno de Piñera, ha sacado del sarcófago a varios políticos para que propicien, otra vez, una salida negociada con el Gobierno. Esto es esos mismos acuerdos que entonces fueron impuestos y financiados por el Departamento de Estado Norteamericano para evitar el derrumbe de la Dictadura, garantizar la impunidad de Pinochet y darle continuidad a su régimen económico y social. Lo que ahora ha terminado por crispar al país.

Un grupo de ex concertacionistas, ebrios de figuración pública, conspiran de nuevo con la Derecha, los grandes empresarios y empiezan a golpear las puertas de los cuarteles para hacerle frente al estadillo social y desbaratar la posibilidad de que, con o sin plebiscito y asamblea constituyente, el país apruebe unas nueva Carta Fundamental, seguido de terminar con los privilegios que goza menos del 0.5 por ciento de la población. Es decir, se le dé ejecución a una agenda social que le ponga término al sistema previsional, la educación discriminatoria, la salud elitista y la represión de los derechos de nuestros pueblos autóctonos, entre otras justas demandas.

Ante la presión social, el Poder Legislativo discurrió proponerle al país un itinerario institucional con la esperanza de apaciguar el malestar, pero sin convicción política alguna en cuanto a que, por fin, prosperara un régimen democrático de mínima solvencia. Pero lo que no lograron percibir estos legisladores es la posibilidad de que en consulta electoral los millones de chilenos puedan constituir una convención constituyente que arrase con las pretensiones de quienes quieren darle continuidad al régimen actual, incluso recurriendo al poder de veto que tendría cualquier reforma si ésta no reúne los dos tercios; según el abusivo quórum convenido por los defensores y encantados del legado pinochetista. Recién se dan cuenta que la explosión social no solo es contra el Ejecutivo sino contra el conjunto de una casta política que durante los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría se hicieron los sordos frente al mandato popular e incumplieron flagrantemente sus propias promesas electorales.

De esta forma es que ahora se proponen amarrar a Piñera en su cargo y ver la forma de interrumpir el proceso constituyente, aunque sea a pretexto de la pandemia del Coronavirus, fenómeno ampliamente manipulado por las autoridades y que les ofrece infundirle pánico a la población a la posibilidad de contraer este mal en los lugares de votación, las concentraciones públicas, las universidades y los medios de transporte. Como si en todo el mundo y en Chile no fueran inmensamente más los que a diario padecen y mueren por las epidemias del hambre, de los virus mucho más letales, las fatídicas esperas por atención médica hospitalaria, los conflictos armados y la criminalidad.

Esperamos que el pueblo no se deje engañar. Más bien confiamos en que los chilenos saben que la violencia callejera y el vandalismo son hábilmente tolerados y estimulados por los que quieren oponerse a los cambios. Que como en otros momentos de nuestra historia, las policías no se proponen neutralizar a los delincuentes o a los narcotraficantes sino a los que protestan pacíficamente. Así como infiltrar a los incautos de la política, estimular las divisiones políticas y alentar lo que mejor saben hacer: los cruentos golpes de estado y sus posteriores campos de concentración y exterminio, así como la venta de nuestra soberanía territorial al capital foráneo.

No deja de ser extraño que, en su última desfachatez, Piñera haya reconocido que su gobierno tenía pleno conocimiento que durante el estadillo de octubre pasado se iba a atacar algunas estaciones del Metro de Santiago. Curioso, ¿no?

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

martes, 19 de noviembre de 2019

Todo un feble “arreglo político”



Por Juan Pablo Cárdenas:
Nadie puede tener certeza de lo que pueda suceder después del acuerdo político de los partidos que conforman el parlamento chileno destinado a plebiscitar en abril próximo la posibilidad de una nueva Constitución y el mecanismo para definirla. Damos por descontado que la ciudadanía va a optar por una nueva Carta Fundamental, pero tenemos muchas dudas respecto del organismo que se escoja para redactar el nuevo texto; porque ello dependerá de cómo se promueva y se venda publicitariamente la idea de una asamblea o convención constituyente, integrada solo por representantes electos por el pueblo, o bien se opte por la entidad propiciada por la derecha, integrado en un  50 por ciento por representantes del Congreso Nacional más la mitad de ciudadanos surgidos de las urnas.


De lo que ya no habría duda es que el ente que finalmente resulte tendrá que aprobar cada acápite de la nueva Constitución con un quórum mínimo de dos tercios, lo que augura un casi un imposible desafío para legitimar este nuevo texto. No olvidemos que desde el año 1980, la Carta Fundamental heredada por Pinochet solo pudo ser sometida a dos reformas por nuestro parlamento justamente por el alto quorum que el mismo texto exigía para ser reformado. Situación que ahora se repetiría y haría bien difícil obtener mayorías tan sólidas a la hora de definir la institucionalidad que los chilenos quieren consolidar. Cuando persisten diametrales diferencias en el país entre los que buscan un estado subsidiario o, por el contrario, un estado soberano respecto de la propiedad de sus riquezas fundamentales y capacidad de iniciativa económica. Tal como entre una institucionalidad que asume la educación, la salud, la vivienda y la previsión social como derechos del pueblo, y no la deje a merced del mercado, el régimen neoliberal y los inversionistas privados o extranjeros.

Al acometer estas decisiones, bastará que solo un tercio de los chilenos constituyentes asuman una posición al respecto para desbaratar la posición mayoritaria. Por lo mismo que la tarea será ardua y muy difícil de agotarse en tan solo un año de plazo, a juzgar por los tiempos definidos para ello y apurados por las urgentes soluciones que se les deben dar a las demandas públicas. No olvidemos que hemos tenido que soportar por cuarenta años una constitución ilegítima en su origen y ejercicio. Pese al triunfo del NO contra Pinochet, la persistente demanda popular por los cambios y la voluntad de muchos legisladores que una y otra vez se estrellaron con estos quorum, las resoluciones del Tribunal Constitucional y la falta de solvencia y consecuencia de los sucesivos gobiernos que se rindieron al legado del Dictador en ésta y tantas materias.

No es sorprendente la positiva reacción “de los mercados” después de este acuerdo entre las directivas partidistas, si se considera, por ejemplo, que la recuperación de riquezas básicas como el cobre y el litio, aunque fueran apoyadas masivamente, le darían amplio margen a las empresas nacionales y extranjeras para asegurarse el quórum mínimo a fin de que no prospere ni una reforma sustantiva. Y ya sabemos cómo éstas, o las AFP y las isapres no trepidan en sobornar a quienes toman las decisiones cuando se les hace necesario defender sus intereses.

No dejemos de lado, tampoco, que fue el estallido social el que nos puso a las puertas de un gran cambio en el país. Es decir, la enorme movilización que cumplió cuatro exitosas semanas a lo largo de todo el país, en la cual los chilenos le dijeron basta al Gobierno de Sebastián Piñera, pero también al conjunto de la clase política. Como consta que entre los millones de compatriotas movilizados todos los días no se pudieron apreciar las banderas o pancartas de los partidos. Aunque la rebelión de pueblo mapuche contra el Estado, sin embargo, desplegó la mayor cantidad de banderas junto al pabellón tricolor.

Tampoco podemos soslayar que, en estas protestas, si bien la nueva Constitución fue intensamente demandada, en lo principal el pueblo reclamó mejores salarios y pensiones, resolver el déficit de la salud y el precio abusivo de los medicamentos. Dejando en evidencia la profunda inequidad que existe entre los habitantes de nuestro país. Esto es, entre la pavorosa opulencia de un puñado de privilegiados y explotadores y la inmensa mayoría de trabajadores que sufre las más drásticas e injustas carencias. O la desesperanza de los jóvenes, de los estudiantes endeudados de por vida y la de esos 500 mil que no estudian ni trabajan.

Un grado de injusticia social de la cual no solo es responsable la administración de Piñera sino todos los gobiernos anteriores que tenían por misión construir una democracia participativa y un régimen económico social solidario. Además de la recuperar nuestros recursos naturales, imponer el respeto al medioambiente y ponerles término a los privilegios de la casta militar, tanto o más cuestionada por las corrupciones del poder empresarial y político. A todo lo cual se debe consignar, también, todos los pendientes de la verdad, justicia y reparación por los crímenes cometidos por el último Régimen Militar, sumado a la barbarie acometida hasta nuestros días contra el pueblo mapuche y otras minorías étnicas.

No vaya a ser cosa que el proceso constituyente acordado en esa desesperada y maratónica sesión de las cúpulas políticas vaya a supeditar las urgentes demandas sociales a la posibilidad solo de darnos una nueva Constitución. Más bien, creemos que si el actual gobierno y los parlamentarios no implementan con suma urgencia una real agenda social lo que podría fomentarse es el rápido retorno de nuevas protestas y más radicalizaciones. Como verdaderamente una verdadera guerra civil y fratricida, posibilidad que empezó a insinuarse en los últimos días con esa violencia ciertamente brutal e incontrolable que no trepidó en avanzar hacia los barrios más pudientes, que llegó a incendiar iglesias y edificios patrimoniales y hasta se atrevió a disparar contra los cuarteles policiales y militares.

Sabemos que el proceso constituyente, que algunos todavía festejan, ha dejado profundas heridas en los propios actores que lo acordaron, tanto en sus propias bases partidarias como en todo el movimiento social que fue excluido de las negociaciones. Una discriminación que puede conspirar mucho contra la intención de quienes pusieron la firma de este acuerdo. Claro: las dirigencias políticas, en su desarraigo de la realidad y crónica falta de prolijidad, pasaron por encima de movimientos tan prestigiados como No+AFP, no+TAG, los gremios de la administración pública, los colegios profesionales, las organizaciones de DDHH, la propia Central Unitaria de Trabajadores, las federaciones estudiantiles y otras múltiples y legitimadas instituciones ciertamente han resultado más convocantes que los partidos políticos.
En nuestro deber de informar lo que apreciamos, ya sabemos que la protesta vuelve a encenderse en algunos barrios de Santiago y regiones.

Pareciera que Sebastián Piñera, cuya renuncia se seguirá exigiendo como condición sustantiva de la paz, busca la oportunidad histórica de revertir sus deplorables atentados contra de los derechos humanos de la población con un itinerario político que lo conduzca a ponerle su rúbrica a una nueva Carta Magna y ser reconocido, así, por la posteridad. Como tantos otros viles gobernantes de nuestra historia que fueron capaces de eludir sus crímenes y despropósitos con algunos aciertos (la Constitución de 1925, por ejemplo). Lo que se explica en los múltiples monumentos que los honran en todas nuestras ciudades y pueblos y que con muchísima más razón podrían haber terminado derrumbados por la insurrección popular que vivimos.

Sin duda que la recuperación de imagen que se propone Piñera ya tiene drásticos opositores en su propio sector, donde por mucho tiempo ha acumulado numerosos detractores. Porque hay demócratas consecuentes que lo conocieron como partidario y beneficiario de la Dictadura, como un empresario sumido constantemente en las malas prácticas y un descarado gobernante que, además, tuvo la pretensión de ser reconocido como un líder continental y mundial.

 Después de tal desenlace político cupular, creemos que sería muy apropiado que la Justicia aclare si la violencia que empañó muchos actos constituyó solo una explicable respuesta de una juventud burlada y agredida por la represión policial y militar, como de una población harta del saqueo propiciado por el sistema que consagró la Constitución de 1980 y que nos llevara a extremos nunca vistos en inequidad social. Si no tendrá explicación, además, en los agentes policiales encubiertos y las complicidades gubernamentales que, como en otros momentos de nuestra historia, ya saben que las manifestaciones vandálicas logran inhibir las justas demandas de la población, alentar sus temores y renunciar a sus legítimas aspiraciones.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

viernes, 8 de noviembre de 2019

UN RECLAMO CON DIGNIDAD: LOS CHILENOS NO SE RINDEN



Por Dr. Carlos Pérez Morales:

Si el presidente no entiende que el país cambió, y que va a tener que abrirse a muchos cambios
que yo sé que no le gustan,  va a tener asumir las consecuencias"

Las protestas en Chile no acaban. Son un reclamo a la dignidad frente a un capitalismo salvaje que crea una gran opresión sobre las masas trabajadoras. El costo de vida en Chile es extremadamente alto y en muchas ocasiones, el salario de los trabajadores no alcanza a cubrir el costo de la canasta básica. La sociedad chilena ha tenido una invisibilidad sobre la amplia desigualdad que sufre su población. Por años se creó un espejismo en el que se concebía a este país austral como uno de un gran progreso socioeconómico de los más grandes de América Latina. No se consideró que el capitalismo y el neoliberalismo económico que impera en esta sociedad, sería el responsable de la creación de una amplia desigualdad social. Ante las protestas, el gobierno de Sebastián Piñera restringió las garantías constitucionales y movilizó al ejército en la capital. También ha utilizado el cuerpo de carabineros para reprimir las mismas.


Los datos recientes de la pobreza en Chile, fijan la misma para 7 millones de personas. Esta grave condición significa que este país iguala a México en sus condiciones de desigualdad y pobreza extrema. El bajo crecimiento y el desempleo en alza durante los últimos años, ha creado una incertidumbre política y un movimiento social indignado. Los datos salariales, de inequidad y pobreza son el combustible de esta realidad. Esta es la razón principal para los reclamos del pueblo chileno.

Los niños en Chile conforman un gran número en la desigualdad social y pobreza. "Más de la mitad de los niños del país son parte del 40% más pobre de la población."  En muchos casos los niños presentan problemas de salud y desnutrición y en algunas regiones no tienen acceso a la educación. La encuesta CASEN, del Ministerio de Desarrollo Social, revela que más de un millón de niños viven en la pobreza. Según los datos de este estudio, es decir, de la encuesta CASEN, el 27,9 % de los niños pobres de Chile, viven en la región de La Araucanía. Junto a la pobreza infantil, su deserción escolar es otro factor desde el cual el círculo de la desigualdad se perpetuaría bajo este sistema económico. El trabajo infantil, la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes, así como la pobreza de esta capa de la población chilena, son unas problemáticas muy graves en la masa de trabajadores.

En un artículo publicado en el diario El País, Rosario Montes informa que "un reciente informe de la Universidad Católica, el valor de las propiedades, por ejemplo, ha subido hasta un 150% en el Gran Santiago, la capital y la zona metropolitana que la rodea, en la última década, mientras que los ingresos lo han hecho solo un 25%. En un país donde la salud y educación pública enfrentan serios problemas, un 70% de la población gana menos de 770 dólares al mes y 11 millones de chilenos, de los 18 que tiene el país, tienen deudas, según cálculos de la Fundación Sol.

"En Chile, la justicia no es igual para todos. La Igualdad ante la ley solo es percibida por el 30% de la población, un 70% que cree que no la hay. Los escándalos de corrupción por financiamiento ilícito de la política, corrupción en Carabineros, Fuerzas Armadas, etcétera, no han llevado a ningún miembro de la élite a cárcel efectiva, sino derivado en multas, mientras las cárceles están atiborradas de delincuentes que no pertenecen a ningún grupo social. La cárcel no puede ser para "algunos". La igualdad ante la ley es el componente político de la inclusión. (Lagos, La Nación 2019)
! La Justicia tiene que triunfar en Chile. ¡De lo contrario los reclamos y protestas continuarán!.

Historiador/Geógrafo
carlosperezmorales@hotmail.com

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Se desploma la imagen del auto titulado dictador Sebastián Piñera



Por Eduardo Andrade Bone:

Mientras en diversos lugares de Chile aún se siguen realizando manifestaciones, velatones conversatorios y cabildos abiertos con el objeto de buscar soluciones reales y efectivas a la crisis social, política y económica que vive el país, los chilenos se van posesionando de la idea clara, de que el país requiere de una nueva Constitución democrática y representativa de todo los chilenos, además de un nuevo modelo de desarrollo económico, que avente definitivamente al neoliberalismo económico, es que se produce la caída en las encuestas de forma estrepitosa de la popularidad del auto titulado nuevo dictador que tiene Chile.

La baja en las encuestas de Sebastián Piñera se produce además en víspera del arribo al país, de una comisión investigadoras de la violación de los derechos humanos de la ONU, con la existencia de un Estado de Excepción, con toque de queda y una brutal represión y con exigencias que puedan aclarar las cifras de personas muertas desde que se aplicó el estado de emergencia, el pasado viernes 18 de octubre.

Si bien el Gobierno de Piñera no ha entregado la cifra oficial de fallecidos, las informaciones indican la existencia de 20 las personas que han muerto en la última semana, también hay denuncias de personas que han desaparecidos en las protestas.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), estimo en 437 personas heridas por armas de fuegos en las protestas contra el gobierno de los empresarios. Además se informa la detención de 3163 detenidos, 70 querellas de las cuales 15 son por abusos y amenazas sexuales. Es en este contexto que se produce la caída de la popularidad de Sebastián Piñera.

Ahora en medio de la crisis social que se vive en el país, de la guerra desatada por Piñera contra las manifestaciones contra su gobierno y de los estados de excepción que se dictaron para acallarlas, de allí que la aprobación del presidente Piñera según la encuesta Cadem cayó a un 14 por ciento.

Lo cierto es que la caída ha sido estrepitosa con un subida de un 78% de desaprobación a la gestión gubernamental de Piñera y la derecha chilena, rompiendo un récord desde la aparición de los gobiernos post dictadura, en esta seudo democracia existente en Chile y que tiene al país en una especie de vacío de poder, con un mandatario secuestrado por su propia ineptitud e incompetencia para administrar el país, en donde y producto de la crisis, algunos piden su renuncia, otros optan por exigir un plebiscito y el pueblo en las calles exige que simplemente se vaya.

En la consulta de Cadem del 18 de octubre, solo el 29 por ciento de los que han contestado la encuesta aprueba la gestión de Piñera, mientras que un 58 por ciento se ha manifestado en contra de la gestión gubernamental del gobierno de los empresarios y Chile Vamos. También llama la atención de la consulta, es la caída de las personas que se sienten identificados con la derecha pinochetista, que en un 40 por cierto se sienten identificados con la coalición Chile Vamos, pero que a raíz de las protestas podría ser aún menor.

Otras de las figuras que ha sido condenada por el veredicto ciudadano vía encuestas, es el actual ministro del Interior y primo del mandatario, Andrés Chadwick Piñera, que es el responsable directo de la represión y la violación de los derechos humanos, acontecido bajo el estado de excepción. De allí que dicho siniestro personaje cuenta con la aprobación de apenas un 12 por ciento, y la desaprobación del 80 por ciento. Cabe destacar además y que producto de la visita de la comisión de DDHH de la ONU todos los fuegos están dirigidos contra esta figura política que está en el gabinete presidencial producto del nepotismo existente en una buena parte de la elite política chilena.

Ahora las principales razones de la caída en las encuestas del gobierno de Piñera están asociadas a un "mal manejo de las protestas" y una "mala gestión en general", además que se suele decir que Piñera "no escucha a la gente", "no cumple sus promesas" y "que solo protege los intereses de los grandes empresarios y de la élite (3%) más rica del país".

La encuesta también apunta al gran descontento existente por las "bajas pensiones"; "las grandes desigualdades sociales y abusos"; la pésima "gestión en materias como educación y salud"; "bajos salarios"; "elevado costo de los servicios básicos"; "pésimo gabinete y asesores" y "falta de seguridad ciudadana", como los principales motivos de la protesta.

El sondeo indica además la fuerte condena de los consultados, un 86 por ciento, a las expresiones presidenciales de que el país está en guerra contra un enemigo muy poderoso, solo un 11 por cierto apoya dichas expresiones. Ahora la respuesta de la gente en la mas grande de las manifestaciones de estos últimos treinta años, que exhibía carteles que decían que Chile no esta en guerra, simbolizada con una inmensa bandera central con la misma inscripción.

La consulta también refleja que un 49 por ciento manifestó estar de acuerdo con el “estado de excepción” y la presencia militar en las calles para salvaguardar la situación en las calles, mientras que un 45 por ciento rechaza la medida.  Un 55 por ciento manifiesta estar de acuerdo en que se dictara el toque de queda, mientras que un 43 por ciento se ha manifestado en contra. Sin embargo, algunos juristas del ámbito de lo Constitucional, las medidas tomadas por Piñera han sido ampliamente cuestionadas, las cuales serían una seria trasgresión a la actual Constitución del país.

Ahora el paquete de medidas desesperadas del mandatario chileno para aplacar las protestas, han sido evaluadas como “mal o muy mal” por el 53 por ciento, que estiman que los anuncios son cambios cosméticos, más de lo mismo y sin soluciones reales y efectivas. En este sentido un 80 por ciento no cree que cumplan con lo que han prometido Piñera. Con respecto a las diversas medidas tomadas por el gobierno de la derecha, se refleja que hay una gran excépticidad, manifestada por diversos medios de prensa nacionales, lo que augura una gran incertidumbre al desarrollo de los acontecimientos y las demandas sociales.

En este sentido y en relación a las demandas más sentidas del pueblo chileno, cabe destacar que dichas propuestas reivindicativas han estado todas expresadas en las más diversas manifestaciones y protestas, de la cual el gobierno y la elite política tiene que atender y dar respuestas claras y precisas, de los contrarios el camino se puede precipitar hacia un abismo difícil de controlar.

Lo cierto es que la actual situación de crisis política social y con un Piñera que se hunde en el fango, junto a su camarilla que lo acompaña en su nefasto gobierno de los empresarios, también tiene en una gran incertidumbre al conjunto de la elite política, que se encuentra descolocada y sin propuestas claras para salir de la crisis. 

Finalmente cabe destacar, que lo más relevante de la encuesta Cadem, ante la crisis que vive el país, es que dicha consultora se encuentra alineada ideológicamente con Piñera y la derecha chilena y que dicha empresa, es financiada con recursos públicos y de forma encubierta por el propio mandatario, de allí que lo que marcan sus tendencias debe ser digerida, teniendo en cuenta el origen de quienes las realizan.
aindoamericanap@gmail.com

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Neoliberalismo y quiebra de empresas en Chile



Por Eduardo Andrade Bone:

En Chile a partir del segundo gobierno derechista del empresario pinochetista, Sebastián Piñera y que en su campaña electoral cual populista y dmagogeo, prometió “tiempos mejores”, hasta el momento solo se ha demostrado un retroceso en la gestión económica, ofreciendo inestabilidad e incertidumbre económica en el ámbito empresarial y en el propio crecimiento económico, que se encuentra más bien a la baja.

En el buen entendido además, que uno de los principios básicos del neoliberalismo económico, es el saqueo desenfrenado de empresas y servicios públicos a través de la privatización de estas, además de la competencia y el estímulo desenfrenado e irracional del consumismo, a través de créditos diversos, es lo que lleva aparejado una serie de secuelas que se manifiestan de diversas formas y que no significan el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores sociales con menor poder adquisitivo.


Ahora el argumento del gobierno de los empresarios y la derecha chilena es que toda esta situación desconcertante de la economía chilena se debe a factores externos y no a la ineptitud e incompetencia que ha demostrado hasta ahora el gobierno de Sebastián Piñera y que se manifiesta en el cierre o quiebra de empresas.

Un ejemplo elocuente de lo anterior, ha sido la caída de diversas industrias, entre ellas las del rubro del calzado: Shoes&Shoes, Guante, Gacel, Albano y las tiendas Calzados Beba son algunas de las firmas que han cerrado o han debido reestructurarse adoptando la importación y afectando la producción local, lo que refleja que el capital neoliberal se encuentra en un proceso de decadencia cada vez mayor.

También ha ocurrido el cierre de industrias como IANSA en la ciudad de Linares, de la empresa danesa de transporte marítimo Maersk en San Antonio, de Pastas Suazo en Curicó, como el cierre de la fábrica de refrigeradores Fensa y Mademsa, de la sueca Electrolux, todo lo cual refleja que el proceso de desindustrialización en Chile continúa profundizándose.

Ya bajo el gobierno de Piñera en 2018, asistimos a la caída de Grifería Nibsa por nombrar algunas, se vieron en la obligación de realizar despidos masivos y reajustar sus procesos productivos. Hoy el sueño de los falsos tiempos mejores está llegando a su fin”. De esta manera también Peppermint Chile, reconocida empresa de venta de anteojos de sol en stands de centros comerciales, comunicó el cierre de los módulos establecidos en distintos puntos de la geografía chilena.

Bajo el imperio del modelo capitalista neoliberal, a agosto del presente año, 1.132 empresas en Chile han comenzado a realizar gestiones ante el síndico de quiebra, lo que se traduce en un aumento de un 30% si se compara con igual período de 2018. Las cifras han sido dadas a conocer por la Superintendencia de Insolvencias y Reemprendimiento (Superir), y difundida por la prensa nacional.

En lo que va corrido del año, empresas ubicadas en la ciudad capital (Santiago), además de la región de Bío Bío y Maule han sido las más afectadas: 558, 101 y 68 han solicitado la quiebra, en esos respectivos lugares; a lo que se suman 28 -también de esas regiones- que se han sometido a procesos de negociación de deudas. Al respecto, las empresas más afectadas están ligadas a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) que bajo el neoliberalismo económico son las más vulnerables.  Además, hay actualmente 66.755 empresas que figuran como “morosas”, el 86% está catalogada como Pyme, las cuales corren el riesgo de tener que cerrar a corto plazo en el paraíso neoliberal.

La pésima gestión económica de la derecha política (Chile Vamos), rebota y perjudica además, sectores como los de la “construcción” y “comercio”, de allí que las noticias sobre el cierre de empresas se han tomado las portadas de los medios.
Otro aspecto que destaca la prensa nacional es la caída del comercio minorista que según cifras de agosto, el sector registró una caída de 0,9% en ventas, cerrando así su peor semestre en los últimos 10 años, con un avance de sólo 0,5% en 12 meses.

Lo cierto es que, a la luz de un gobierno empresarial de derecha, los sectores económicos del país no logran despegar. Pues de acuerdo con informaciones procedentes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la producción industrial de junio del presente año se contrajo 2,9% en doce meses. Los sectores manufactureros más afectados han sido los ligados a la producción de electricidad, gas y agua.

Como "una muy mala cifra" calificó el líder del gran empresariado, Alfonso Swett, el 1,3% que se expandió la economía chilena en el mes de junio, revelado por el Banco Central. Frente a las débiles cifras, que habrían llevado al primer semestre a cerrar con una expansión en torno al 1,7%.

He incluso entidades bancarias como Scotiabank han insinuado la posibilidad de un “colapso” de la economía del país del cono sur latinoamericano. JP Morgan opina que Chile a duras penas lograra alcanzar un crecimiento económico del 2% anual (+-). Un alto ejecutivo del banco Itaú expresa que el crecimiento económico para lo que queda del año, estará determinado más por factores internos que externos.

Esto no hace más que confirmar los malos resultados de la economía nacional que crecerá muy por debajo de las expectativas del gobierno de los empresarios. Lo cierto, es que todo esto ocurre más que por razones externas, a factores de mala política de la gestión gubernamental, de allí que la economía chilena tiende a debilitarse aún más, en un país donde gradualmente se ha ido exterminando la industria manufacturera nacional, para depender cada vez más de las importaciones procedentes del sudeste asiático y de los Estados Unidos.

Cabe destacar además que la OCDE es un tanto escéptica con respecto a las previsiones de la economía chilena para lo que queda del año, que, desde el punto de vista de su crecimiento, se encuentra un tanto debilitada y se prevé incluso que es difícil que pueda alcanzar un 3% anual de crecimiento. Sosteniendo además que la económica del país sudamericano se manifiesta frágil y desconcertante, parecido al actual momento económico que vive la Unión Europea, más expuestas a los reflujos, que los boyantes flujos.

Lo cierto es que el mediocre mundo empresarial chileno, observa con incertidumbre los pasos dados en materia económica por su propio gobierno, mientras que otros empresarios, los menos, ven con cierto optimismo el crecimiento económico para el 2020, el cual estiman sería del 3% anual, sin tener en cuenta los factores externos, ante una de las economías más dependiente de lo que ocurre en materia económica y comercial a escala global.

En este sentido cabe destacar, además, que todas las secuelas del modelo capitalista y su expresión ultra neoliberal en boga, se expresa en el crecimiento del desempleo que según cifras oficiales alcanza al 8%, mientras que informaciones procedentes de instituciones que siguen el comportamiento económico del país estiman en alrededor de un 15% la cesantía real. Además, actualmente en el país de “los tiempos mejores”, el trabajo informal e inseguro, alcanza al 40%. Todo esto marcado además por la reducción del poder adquisitivo de la clase trabajadora, el aumento gradual de las desigualdades sociales, el no mejoramiento de las ya desastrosas pensiones que perciben los chilenos y las consecuencias nefastas para la gran mayoría de la clase trabajadora chilena.

Ahora todo esto hay que verlo en el contexto de que el 2020 presuntamente se desencadenará una nueva crisis financiera, que dará paso a una recesión de la economía global, según diversos expertos económicos internacionales. La próxima crisis y recesión podría ser aún más severa y prolongada que la anterior", refiriéndose a la crisis de 1929 y la del 2008, hay otras proyecciones que apuntan a una caída de la actividad dentro del lapso de dos años más. Si la primera economía del mundo (EE. UU) entra en recesión, la posibilidad de que otras naciones desarrolladas corran la misma suerte al año siguiente es de casi el 70%, según diversas fuentes económicas occidentales.

Se observa como si estuviéramos en un período de transición donde la nefasta guerra comercial de Trump genera irritación, desconcierto, afectando cada vez a los llamados países emergentes y en particular a la economía latinoamericana y por ende a Chile. Todo esto en el marco de los cambios geopolíticos inciertos que se están produciendo a escala global.
Comunicador Social
Analista Político

aindoamericanap@gmail.com

sábado, 25 de mayo de 2019

EE UU sanciona a Fiscal de la CPI por “atreverse” a investigar guerra de Afganistán…




Por Iván Oliver Rugeles:
Y la Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU hace silencio absoluto…   

Según informan las agencias de noticias, las autoridades estadounidenses le revocaron el visado de entrada al territorio de los Estados Unidos a la Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), Fatou Bensouda, por “atreverse” a investigar los crímenes de guerra que cometió ese país en Afganistán.

Esta decisión estaba precedida, es bueno recordarlo, del anuncio que el pasado 15 de marzo hizo en la Casa Blanca el Secretario de Estado, Mike Pompeo, que su gobierno restringiría “la emisión de visados” a los funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI) que hicieran parte de cualquier proceso que pretendiera adelantar esa Corte de Justicia contra integrantes militares del ejército estadounidense, en especial sobre sus actuaciones durante la guerra de Afganistán.


Se agrega en los reportes noticiosos que los “expertos en derechos humanos” han considerado la medida estadounidense como una “interferencia impropia” y nosotros añadimos que es demasiado expresivo que la señora Michelet Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos no se haya pronunciado condenando esa decisión del Gobierno norteamericano, lo cual en absoluto vemos en su conducta algo como para sorprenderse, pues es necesario recordar que ella fue electa en dos oportunidades Presidenta de Chile, como candidata por agrupaciones políticas que se dicen de izquierda y en ambos gobiernos los ejerció en el marco de la Constitución del Pinochetismo, no obstante que para acceder a los mismos le había prometido a su pueblo que cambiaría por referéndum esa constitución, la cual fue impuesta por uno de los más sanguinarios dictadores que ha tenido el Continente.

Vale resaltar y con ello se aprecia la vocación que tiene esa dama para mentir y engañar, que cinco días antes de hacer entrega de la Presidencia de Chile al derechista Sebastián Piñera, consignó ante el Congreso chileno un  proyecto de reforma que muy pocos conocen y que, lo damos por seguro, no será –precisamente- la derecha la que impulse su discusión, pues para esa derecha fascista en el poder, no habrá mejor Constitución que la vigente, nada menos que la huella muy viva y patente de quien ha sido para ellos -quizás- el más “grande” gobernante que ha tenido el país, Augusto Pinochet y si no lo quieren creer vean este vídeo que nos muestra a Piñera en vivo reclamando al mundo la libertad de Pinochet, durante el episodio de su detención en Londres (1998/2000), durante el intento de la justicia española, bajo la batuta del Juez Baltazar Garzón, por llevarlo a la cárcel por crímenes de lesa humanidad: https://radio.uchile.cl/2017/09/05/ y como complemento, nos pareció interesante agregar este otro enlace que contiene las frases más controvertidas del ex dictador Pinochet durante su largo mandato de 17 años: https://www.20minutos.es/noticia/180543/0/pinochet/frases/polemicas/"

rioliverr@gmail.com