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miércoles, 19 de febrero de 2020

Coronavirus, otra acción de terrorismo biológico



Por Orfilio Peláez:
¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?

Un artículo publicado en su blog personal por el periodista español Patricio Montesinos maneja la teoría de que el coronavirus pueda ser un germen creado en laboratorios de Estados Unidos, como arma bacteriológica de la guerra comercial desatada por Washington contra China.

Según reseña el texto reproducido en Rebelión, varias declaraciones recientes de altos cargos de la Casa Blanca y una cada vez más intensa campaña mediática internacional anti china, alimentan la hipó tesis de que la administración del presidente Donald Trump pudiera ser la responsable de la epidemia aparecida a finales de diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan.

Montesinos hace alusión a lo manifestado el 31 de enero por el Secretario de Comercio Wilbur Ross, quien afirmó: «el brote de coronavirus que ha contagiado a miles de personas podría impulsar la economía estadounidense». Pero el alto funcionario fue más allá al aseverar que «ayudará a acelerar el regreso de empleos a Norteamérica».
Tales afirmaciones de Ross siguieron a otras del secretario de Estado Mike Pompeo, quien en medio de la emergencia que vive el mundo por la referida enfermedad identificó a China como una amenaza a los principios democráticos internacionales.

A lo anterior se suma el silencio cómplice de los grandes medios de información que omiten mencionar los ingentes esfuerzos desplegados por las autoridades del país asiático para controlar la expansión de la epidemia, entre los cuales resalta la construcción en tiempo récord de dos grandes hospitales destinados a brindar asistencia médica de máxima calidad a los enfermos y la búsqueda de efectivos fármacos que puedan curar la dolencia.

Plantea el periodista en su escrito que, aunque se haya tratado de esconder, el mundo conoce bien cómo sucesivas administraciones de Estados Unidos acudieron a la guerra biológica para derrocar gobiernos considerados adversos, desatar conflictos entre naciones y exterminar poblaciones.

Fidel, uno de los primeros objetivos Una mirada a lo sucedido en el orbe durante los últimos 60 años permite afirmar que pocas naciones han sufrido tan variadas formas de ataques biológicos como Cuba.
Quizá una de las pretendidas primeras víctimas de esa tenebrosa manera de agresión lo fue el Comandante en Jefe Fidel Castro a comienzos de la Revolución, cuando la Agencia Central de Inteligencia (CIA por su sigla en inglés) diseñó un plan para contaminar un traje de buceo que supuestamente sería utilizado por el líder cubano.

Cuidadosamente infectado con bacilos de la tuberculosis, la CIA quiso utilizar la hospitalidad de Fidel con James Donovan, un abogado que negociaba con el Gobierno cubano la liberación de los mercenarios capturados en la invasión de Playa Girón, para hacerle llegar a través de él al jefe de la Revolución el referido traje.

El macabro regalo no fue entregado por Donovan a su anfitrión y las versiones llegadas hasta nuestros días sugieren que este rehusó o buscó un pretexto para evitar involucrarse en el infame acto.
Tampoco faltaron los intentos por inocular microorganismos en tabacos que fumaría Fidel, a fin de propiciar la caída de su emblemática barba.

Luego del fracaso de la invasión por Playa Girón, en 1962 la CIA, con el beneplácito del Gobierno estadounidense, puso en ejecución la llamada Operación Mangosta, que incluía entre sus acciones el uso de agentes biológicos y químicos capaces de destruir las cosechas cubanas e incapacitar a los trabajadores agrícolas.

No fue casual entonces que poco tiempo después apareciera en los campos de la mayor de las Antillas el virus patógeno New castle y provocara severos estragos en la masa avícola nacional al tener que sacrificar decenas de miles de ejemplares.

De acuerdo con lo planteado por William Turner, ex agente del fbi, y el periodista Warren Hinckle, en el libro Secretos letales: la guerra de la CIA y la mafia estadounidense contra Fidel Castro y el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, Estados Unidos utilizó la guerra bacteriológica en Cuba durante la administración de Richard Nixon (1969-1974) y la CIA comprometió al gobierno norteño en una guerra secreta no declarada e ilegal contra Cuba. Muestra de ello fue el súbito surgimiento y rápida propagación en 1971 de la primera epidemia de fiebre porcina africana, cuyo control y erradicación conllevó a la eliminación de más de medio millón de cerdos.

El 7 de enero de 1977 un cable de la agencia norteamericana UPI, fechado en Washington, informó que una fuente no identificada de la cia reveló haber recibido a principios de 1971 un recipiente que contenía virus, en Fuerte Guglick, base del ejército estadounidense en la zona del Canal de Panamá. El mismo sería trasladado en un pesquero a agentes encargados de operar clandestinamente en Cuba.

A lo largo de las investigaciones hechas por un grupo de científicos del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa), dirigidos por la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, se llegó a la conclusión de que ese germen específico de los cerdos había sido adaptado artificialmente para vehiculizarlo por medio de aves. Los especialistas alertaron que eso solo podía lograrse de forma intencional y con técnicas depuradas de ingeniería genética y biotecnología.

Era la primera vez que la agresiva enfermedad se propagaba en el hemisferio occidental.

La fiebre porcina africana reapareció nuevamente en Cuba en el año 1979. En esa ocasión pudo conocerse que la reinfección tuvo su origen en los alrededores del poblado de Caimanera, muy cerca de la Base Naval, que ocupa ilegalmente territorio en Guantánamo.

Otras acciones de guerra bacteriológica sufridas por el pueblo cubano entre la década de los 70 y los años 90 del pasado siglo fueron la introducción deliberada del Moho Azul del tabaco (1971), que afectó severamente la producción de tan importante renglón exportable, la Roya de la Caña (1978), cuyo devastador efecto obligó a desmantelar la casi totalidad de los campos sembrados con la variedad de caña Barbados 4326, de elevados rendimientos agrícolas e industriales; la dolorosa epidemia de dengue hemorrágico (1981), causante de 158 fallecidos, de ellos 101 niños, y la plaga de insectos Thrips palmer que asoló diversos cultivos.

Durante el juicio realizado en la ciudad de Nueva York en 1984 al agente de la CIA de origen cubano Eduardo Arocena, este declaró sin tapujos que la misión del grupo bajo su mando tenía la encomienda de obtener ciertos gérmenes patógenos e introducirlos en Cuba.
La confesión consta en el acta asentada en la página 2189, expediente 2-fbi-ny 185-1009, pero el fiscal del proceso jamás ordenó investigarla.

No existen evidencias en este momento de que el coronavirus forme parte de una acción terrorista biológica de Estados Unidos, pero la práctica de ese país y las declaraciones de algunos de sus más altos funcionarios lleva al periodista Patricio Montesinos en su enjundioso artículo a preguntarse: «¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?».
 En contexto
             Más de 31 400 casos de infectados con el coronavirus existen en el mundo, de acuerdo con un reporte ayer de la Organización Mundial de la Salud (oms), y de ellos más de 31 200 en China.
             El brote se encuentra ya en 25 países y han fallecido 638 personas, de las cuales solo una se registró fuera del gigante asiático.
             Ningún país de América Latina figura aún en el mapa de distribución del coronavirus elaborado por la OMS, aunque se comprobó el contagio de un ciudadano argentino que viajaba en un crucero retenido en Japón.
             Hasta el momento los médicos chinos han salvado 1 540 personas, de acuerdo con un reporte del Diario del Pueblo.
             El Diario del Pueblo divulgó que el presidente de China, Xi Jinping, dialogó telefónicamente este viernes con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, pidiendo cordura en la atmósfera internacional mediática, donde deliberadamente se exponen cifras y datos sin contrastar, que transmiten una imagen de que la nación asiática no hace lo suficiente para contrarrestar la epidemia.
             Durante la 146 sesión del Consejo Ejecutivo de la oms, celebrada el 4 de febrero, el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, elogió a China por las fuertes medidas y la celeridad en el enfrentamiento.
orfilio@granma.cu

miércoles, 28 de junio de 2017

Trump ordenó reforzar bloqueo a Cuba

Por Emilio Marín
A contramano del mundo

El presidente norteamericano firmó nueva orden para endurecer el bloqueo contra Cuba. Lo hizo en compañía de la ultra-derecha republicana y las mafias de Miami. No sólo Cuba sino el mundo, y una buena parte de los norteamericanos, en contra.



Se lo veía venir porque en campaña el magnate neoyorquino había estado en La Florida pidiendo el voto de lo más reaccionario de la comunidad cubano-americana, especialmente la Asociación de Veteranos Brigada 2506, la derrotada en Playa Girón en abril de 1961. También había sido una luz de alarma sus declaraciones cuando murió Fidel Castro, el 25 de noviembre del año pasado, cuando aún no había asumido en la Casa Blanca, y ofendió al fallecido y a su gente llamándolo “brutal dictador que dejó un legado de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos”.

Y finalmente todas esas señales se cumplieron el 16 de junio, cuando el presidente yanqui acudió con su vice, Mike Pence, al teatro Manuel Artime, de Miami, para firmar una orden ejecutiva anulando cierta flexibilización que regía desde diciembre de 2014, cuando Barack Obama y Raúl Castro habían comenzado a dar pasos hacia la normalización de relaciones, comenzando por las diplomáticas.

El lugar elegido no fue casual. Artime fue uno de los jefes políticos de la Brigada 2506 que con adiestramiento, pago, logística y planes políticos del Departamento de Estado y la CIA, invadieron la patria de José Martí en 1961. Eso fue un descalabro porque, aunque asesinaron a 156 cubanos e hirieron a más de 300, terminaron rindiéndose al cabo de 66 horas de combates. Al fragor de esa lucha, el 16 de abril de aquel año, Fidel Castro proclamaba el carácter socialista de la revolución cubana.

Como Trump maneja oscuros negocios inmobiliarios pero conoce muy poco de historia, no debe saber que una nueva agresión a Cuba puede terminar fortaleciendo el proceso revolucionario, en una suerte de Girón II. Otra vez “lo que no mata, fortalece”.

Junto al presidente y vice estaban el gobernador de La Florida, Rick Scott, y dos legisladores de la extrema derecha republicana: el senador Marco Rubio y el representante Mario Díaz-Balart. El memorando presidencial prohíbe las transacciones financieras con las empresas cubanas controladas por los militares, pertenecientes al Grupo de Administración Empresarial S.A., GAESA. El objetivo es reforzar el bloqueo económico, comercial y financiero, para dañar a la economía isleña y causar más sufrimientos a su población. No es que con Obama el bloqueo hubiera desaparecido, pero aquella prohibición no estaba y se reconocía al gobierno cubano como un interlocutor válido. Ahora se pega más duro en el flanco de la economía estatal, con la idea de alentar sólo él cuenta propismo, empresas privadas y mixtas, para debilitar al socialismo.

¿Quién viola los derechos?

Hasta diarios reaccionarios como el Nuevo Herald y el Miami Herald debieron admitir que el memorando de Trump “también elimina los viajes individuales de los estadounidenses que viajan para hacer contactos 'pueblo a pueblo' o por proyectos educativos”. Hasta ahora, con la flexibilización del expresidente demócrata, podían ir a Cuba individualmente o en grupo, aduciendo una de las 12 categorías de viajes autorizados. Y ellos mismos justificaban el motivo del periplo. Ahora sólo tendrán vía libre los viajes de grupos, controlados, donde un responsable deberá hacer la justificación y cada viajero conservar por cinco años la documentación de lo que hizo y gastó en la isla.

En cambio, las visitas de los cubano-americanos siguen igual y se mantienen los vuelos aéreos regulares y los cruceros. Negocios son negocios.  Tampoco hubo cambios en la decisión postrera de Obama, positiva, de derogar la política de “pies secos, pies mojados”, que alentaba la inmigración ilegal y muchas veces terminaba en muertes en alta mar.

El justificativo del magnate anticastrista fue que al endurecer la política hacia el gobierno cubano, éste tendrá que recapacitar y ablandar su conducta de supuesta persecución de disidentes. “Por casi 60 años el pueblo cubano ha sufrido por la dominación comunista, está gobernado por los mismos que mataron a miles de sus propios ciudadanos. El régimen de Castro ha enviado armas a Corea del Norte y apoyado la represión en Venezuela”, acusó el platinado en el teatro Artime.

Esa manera de presentar la contradicción no corresponde en absoluto a la realidad. Obvio que en Cuba hay algunos presos políticos, con todas las garantías legales para defenderse de los cargos de servir a la potencia que bloquea a su país, razón por la cual no los llaman “disidentes” sino mercenarios. Pero esos detenidos no sufren secuestros ni torturas, como sí ha ocurrido con los centenares de presos que EE UU mantuvo en la cárcel ilegal de Guantánamo y en otras de territorio norteamericano. En la isla socialista no se condena a muerte a periodistas como Mumia Abu Jamal (en ese corredor desde 1982) ni a indigenistas como Leonard Peltier ni a independentistas como Oscar López Rivera, encarcelado por 36 años. Tampoco hay militantes desaparecidos, como los 30.000 de la dictadura militar-cívica de Argentina. Ni casos de “gatillo fácil” policial, que sí son muy comunes en EE UU y tienen como víctimas preferidas a gente afroamericana.

La respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba fue inmediata. Refutó punto por punto las acusaciones del mandatario republicano y sus pésimos asesores. Y pasó a la ofensiva, citando que Cuba es signatario de 44 tratados sobre DD HH en tanto su mal vecino sólo ratificó 18. Aludiendo a esos derechos en sentido global, el Minrex contrastó su sistema de salud gratuito y masivo, con la reforma de Trump contra el Obamacare, que dejará sin cobertura de salud y medicamentos a 23 millones de personas.

A la ridícula acusación de que la isla “disemina violencia” a nivel mundial, se le replicó que por el contrario, Cuba fue escenario de negociación de la paz en Colombia. Ha diseminado maestros, médicos y enfermeros donde más se los necesitaba, caso del terremoto de Haití en 2010 y la epidemia de Ébola en África Occidental en 2014 y 2015

Contra el mundo

En la embestida contra la isla, la administración Trump corre el serio riesgo de malquistarse con la región latinoamericana y caribeña, donde aquélla tiene socios y amigos. El órgano político regional por excelencia, la CELAC, tiene muchas resoluciones relativas a Cuba y a su apoyo contra el bloqueo, así como contra los intentos de agresión a ese país y a cualquier otro de la región, al definir al definir en su II Cumbre a América Latina y el Caribe como “zona de paz”.

Incluso presidentes muy volcados a la derecha, como Michel Temer, Mauricio Macri, Juan M. Santos y Enrique Peña Nieto, se las verán en figurillas para secundar esos planes anticubanos. En sus fueros íntimos pueden tener afinidad con el dueño del Salón Oval, pero en sus países hay fuertes corrientes de opinión en contra de las intromisiones estadounidenses. En esas latitudes hay fuerte simpatía por Cuba; en algunas por los logros educativos, culturales, científicos, sanitarios y deportivos de su sistema socialista y en todas por su derecho a la soberanía, a vivir en paz y no ser objeto de un bloqueo que califica como acto de guerra.

Uno de los mandatarios más afines a Trump es Macri, empresario del mismo palo de la opacidad de negocios. Pero tampoco Mauricio está exento de aquellas dificultades de la relación con Donald por Cuba, pero también por la retirada de Washington de los acuerdos del Cambio Climático, las barreras al ingreso de carne y limones argentinos, el apoyo a Londres por Malvinas, etc.

El apoyo a Cuba es de su propia población y la región latinoamericana, pero también del Tercer Mundo y los 130 miembros de los No Alineados, de gobiernos importantes como Rusia y China, y de Europa, que no comparte la línea del bloqueo.

Esa falta de correspondencia con el guerrerismo de Trump no les viene a Angela Merkel y colegas de una sensibilidad humana sino de ver lesionados algunos negocios. La ley Helms-Burton, de 1996, que profundizó el bloqueo contra Cuba, también pena a empresas de terceros países. La primera multa de esta administración fue contra la sucursal de Honda en Canadá, por 87.255 dólares, por haber arrendado transporte a la embajada de Cuba en ese país.

El bloqueo afecta a Cuba y otros países, pero también a productores de EE UU, que se pierden negocios con un mercado a 90 millas de distancia, a manos de la competencia europea, japonesa o china.

Eso explica que la votación número 25 de la Asamblea General de la ONU sobre el bloqueo, en octubre pasado, la ganara Cuba por 191 votos contra 2 abstenciones. La de este año podría tener 191 votos a favor y a lo sumo las 2 abstenciones, de EE UU y su obediente Israel, volver a ser negativos.

El conflictuado presidente, con graves problemas en sus frentes interno e internacional, se subió al ring del Artime, alentado por la platea VIP anticubana. Los cubanos le tendieron su mano, pero él se las mordió y los escupió, como un fanfarrón. Ya le retiraron el banquito, y como dijo Ringo Bonavena, es cuando el boxeador se queda solo y recibe las piñas. A veces pierde por puntos y otras se va a la lona. ¿Cómo y cuándo el platinado perderá algún diente y el jopo?

ortizserg@gmail.com 

martes, 20 de septiembre de 2016

Obama estuvo en Cuba y reiteró palabras contrarias al mismo

EE UU impone a Cuba un Bloqueo desde febrero de 1962

Por Emilio Marín
Por ahora son sólo palabras y cambios cosméticos. El bloqueo sigue y Cuba va a la Asamblea General de la ONU por su victoria n° 25.

Mucha gente desinformada cree que el bloqueo estadounidense contra Cuba es un asunto del pasado. Es que hubo tantas declaraciones de Barack Obama admitiendo el fracaso de más de 50 años del bloqueo y diciendo que no se pueden obtener resultados diferentes aplicando las mismas políticas obsoletas, que se puede llegar a esa errónea apreciación de que ya fue la agresión contra la Mayor de las Antillas.


Esa falsa creencia no es inocente ni espontánea. El aparato comunicacional estadounidense la alimenta, para zafar de las acusaciones han caído sobre Washington por ese crimen de guerra y hasta delito de genocidio. Desde Dwight Eisenhower hasta Obama han pasado once administraciones en la Casa Blanca y con matices eso se mantuvo como política de Estado. Su objetivo fue someter a privaciones inauditas al pueblo afectado para instarlo a levantarse contra su gobierno revolucionario. Recién allí, sin la mínima sombra de ese sistema social igualitario y sin los Castro en el poder, admitía el Departamento de Estado, se flexibilizaría lo que beatíficamente denominan “embargo”.

En ese aspecto político, social y diplomático, el camino agresivo trazado por el imperio le devino en derrota monumental. La patria de José Martí no claudicó de sus principios con bloqueo, Playa Girón, avión de Barbados, atentados terroristas, terrorismo mediático, infiltración, expulsión de la OEA, planes de agresión militar y un largo etcétera.

Un rubro donde se pueden contabilizar perfectamente las victorias cubanas son las votaciones en la Asamblea General de la ONU. La isla llevó allí por primera vez en 1992 su proyecto de resolución “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”. Y logró la victoria número 1. El año pasado, en la 70 Asamblea General, la votación fue favorable a la isla por un marcador abrumador pues 191 naciones la apoyaron, contra 2 que votaron en contra: EE UU e Israel.

En años anteriores solían abstenerse tres pequeñas islas del Pacífico muy dependientes del presupuesto norteamericano, Micronesia, Palau y Marshall, pero en 2015 votaron por Cuba. Así se forjó la goleada número 24. Y el próximo 26 de octubre, en la 71 Asamblea General, La Habana tendrá su victoria número 25 por un amplísimo marcador. Esas votaciones lamentablemente no se concretan porque no llegan al Consejo de Seguridad y allí el bloqueador podría bloquear -valga la redundancia- una resolución adversa por su poder de veto.
De todos modos, aquellas votaciones en la Asamblea General son un termómetro para saber qué opina el mundo. Y el planeta levanta alta temperatura, indignado por el bloqueo.

Mentiras verdaderas.
La idea errónea de que el bloqueo casi no existe más es alimentada por quien bloquea, para sacarse responsabilidad y achacar los problemas a su víctima. Pero también se basa en retazos de verdad, recónditos, como suelen tener las mentiras.

Es cierto que a partir de diciembre de 2014 la comparecencia televisiva por separado de Obama y de Raúl Castro, informando de su determinación en común de avanzar hacia relaciones diplomáticas y anunciando la libertad de los tres héroes cubanos presos en EE UU desde 1998 y del espía norteamericano Alan Gross, abrió una nueva etapa.
Es verdad también que se reabrieron las embajadas: en julio de 2015 la de Cuba en Washington y en agosto la del imperio en El Malecón.

También es cierto que en esa atmósfera enviciada por el bloqueo pero donde empezaba a colarse algo de aire fresco, llegó el 2 de mayo a la capital cubana el primer barco norteamericano, el Adonia, de la compañía de cruceros Carnival Corp., que arribó con 704 pasajeros.
La aerolínea estadounidense Jet Blue posó su primer avión en Santa Clara, el 31 de agosto, con turistas. Ahora otras firmas como American Airlines tienen proyectos para reanudar vuelos comerciales a la isla.
Esos elementos nuevos fueron positivos. Su límite es cuantitativo y sobre todo cualitativo: son pocos y no cambian la esencia del bloqueo, como lo expuso el 9 de setiembre el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla al dar a conocer la ponencia que llevará a Nueva York ante la ONU y que se votará el 26 de octubre próximo.

Daño millonario.
Ese reporte del Minrex demuestra que aún con los cambios cosméticos de Obama, incluso su gesto amistoso de visitar Cuba el 22 y 23 de marzo pasado, el bloqueo siguió rigiendo, imperturbable. De marzo de 2015 a marzo de 2016 se ha provocado en la economía isleña daños económicos directos por otros 4.680 millones de dólares, lo que sumado a los daños de años anteriores asciende a 125.873 millones de esa moneda. Para cualquier país es una suma que mete miedo; a la isla no le provoca ese sentimiento de pavor, pero sí un daño profundo a su economía, que se traduce en perjuicios a su gente.

Por ejemplo, el canciller denunció que FARMACUBA solicitó a 4 proveedores estadounidenses medios de protección, y productos químicos y biotecnológicos para la elaboración de medicamentos. Entre ellos a la empresa multinacional SIGMA-ALDRICH, quien se negó a responder a la solicitud cubana debido a las complicaciones derivadas de la aplicación del bloqueo.

Así se afecta la salud de los cubanos. También la alimentación, pues la prohibición de comerciar con quien está ubicado a sólo 90 millas, que obliga a hacerlo con otros mercados lejanos, supone un encarecimiento de las semillas, fertilizantes, repuestos para la maquinaria agrícola, etcétera. Y eso en el período señalado de marzo de 2015 igual mes del año actual provocó daño por 605.706.289 dólares.
Es una verdad de Perogrullo que se vive en un mundo interrelacionado.

Y esa circunstancia lo es doblemente para una isla, rodeada de mar, que necesita comerciar con el mundo para relacionarse, aprovisionarse, aprender y enseñar, sobre todo Cuba, que tiene tanto para enseñar en materias sensibles a la humanidad. Y esas vinculaciones se ven coartadas por el bloqueo, pues no le permiten el uso del dólar ni abrir cuentas bancarias en EE UU, pese a que en marzo de 2016 el gobierno de Obama informó que esas limitaciones quedaban eliminadas.  Al 9 de setiembre en que el canciller cubano presentó su informe, su país seguía sin poder comprar ni pagar ni recibir pagos en la moneda estadounidense, ni sus empresas abrir cuentas bancarias en el mal vecino.

El renglón financiero es una soga especialmente asfixiante del bloqueo, porque pretende cortar las venas de Cuba. Que no venda. Que no compre. Que no pueda pagar. Que sus embajadas y consulados del mundo no puedan recibir ni hacer transferencias en dólares, ni para sus empleados ni para los turistas. Y no es que la isla de la dignidad ahora adore al billete con la cara de George Washington; simplemente es el medio de pago internacional y a él debe acudir. Seguro que le gustaría pagar con billetes con la efigie del Che Guevara, pero el resto del mundo utiliza el dólar, aunque también hay otras monedas convertibles.

Y allí la denuncia de Cuba contra la administración demócrata actual tiene la contundencia del nockout. Es que Obama prometió ablandar el bloqueo y solicitar su levantamiento al Capitolio, pero durante su gobierno multó por 14.000 millones de dólares a entidades financieras internacionales por el “delito” de transacciones con la isla.

La más grave fue adoptada contra el banco alemán Commerzbank, que decidió finalizar sus operaciones con Cuba, luego que EE UU le impusiera una multa de 1.710 millones de dólares en marzo de 2015 por transacciones legales con La Habana.

En Argentina también.
No vaya a creerse que se bloquea a Cuba sólo desde EEUU. Las leyes del imperio, como la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996) extienden en forma extraterritorial esa medida ilegal, hacia otras empresas y países. Lamentablemente Argentina es parte del problema, no de la solución.
En 2014 la empresa de catering Sky Chef cesó de pronto la provisión a Cubana de Aviación en Ezeiza porque la firma, alemana, había sido adquirida por otra norteamericana.

Es parte de ese bloqueo la decisión de Mauricio Macri, anunciada en abril pasado, de que Aerolíneas Argentinas (AA) suspenda los dos vuelos directos semanales Buenos Aires-La Habana, que iban llenos de pasajeros. En cambio mantuvo las salidas a Cancún y Punta Cana.
Días atrás el embajador cubano en Buenos Aires, Orestes Pérez, denunció que el Citibank de Argentina se había negado a tramitar pagos de clientes de Habana tur.

El informe del canciller cubano denunció las limitaciones que tienen los cubanos para interactuar en Internet, entre ellas vedadas las aplicaciones de Google. Esa firma norteamericana tiene una sucursal en Puerto Madero que atiende a toda Hispanoamérica. Su CEO, Adriana Noreña, participó del reciente Mini Davos o Foro de Inversión en Buenos Aires. Reporteada por Clarín, declaró que ella y su empresa “defienden la diversidad de ideologías pues se genera más valor agregado cuando hay diversidad de ideas”.

La pregunta a la ejecutiva de Google es ¿es diversidad de ideologías prohibir bajar sus programas y aplicaciones a las IP de Cuba?
ortizserg@gmail.com