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miércoles, 17 de abril de 2019

Es posible una solución política en Venezuela



Por Damián Alifa:

A partir del 10 de enero, la oposición junto a los EEUU, iniciaron una escalada política que le arrebató la agenda al gobierno y lo arrinconó durante 45 días. Evidentemente esta estrategia implicaba un rápido derrocamiento del gobierno de Maduro, suponiendo una sublevación de los rangos medios con mando y conducción de tropas (“COMACATES”) de las Fuerzas Armadas venezolanas.  En este sentido, la Comunidad Internacional, el chavismo y la oposición, pusieron sus miradas sobre los cuarteles, los militares tenían la última palabra.


La estrategia que permitiría un “quiebre” en las Fuerzas Armadas se basaba en: 1) la amenaza de entrar en una confrontación con los EEUU u alguna fuerza extranjera multilateral 2) la advertencia de sanciones personales a militares y sus familiares. 3) la existencia real de efectivos militares y policiales descontentos o ideológicamente asociados a la oposición 4) la negociación tras telones de la Embajada Americana con militares. No obstante, los rangos medios opositores no pudieron articularse debido a un esquema de labores de inteligencia militar interna en la institución armada.

Llegado a la mitad de los 45 días y habiendo alcanzado en “punto de máxima presión” –Trump dixit-, la desconcertante ausencia de respuesta efectiva por parte de los militares venezolanos, llevó a los EEUU a replantear su esquema. Elevan la presión internacional y centran su llamado en el Alto Mando Militar. La estrategia norteamericana quedaba en manos de la respuesta de Padrino López, Remigio Ceballos, Suárez Chourio, entre otros. Para promover esto, generan un incentivo y dos amenazas.

El incentivo consistía en la Ley de Amnistía que prometía el “perdón” por crímenes cometidos a los militares que se colocaran del lado del gobierno paralelo. Por otro lado, la primera amenaza suponía que si el Alto Mando Militar no dejaba pasar la “Ayuda Humanitaria” estarían cometiendo un crimen de lesa humanidad y serían juzgados en la CPI como violadores de Derechos Humanos. La segunda amenaza, insistía en una opción de fuerza por parte del aparato militar norteamericano.

El Alto Mando no responde como esperaban. La amnistía, lejos de un incentivo, implicaba condiciones inaceptables, incluso para un jefe guerrillero con dos mil hombres a su cargo, mucho menos, el Alto Mando Militar iba a entregar a un gobierno hecho a su medida bajo estos preceptos. En consecuencia, los militares detienen el ingreso de la “ayuda humanitaria” en claro desafío a los Estados Unidos. Después de semejante reto y de las constantes amenazas, el gobierno norteamericano tenía su turno en la jugada ¿cumpliría la amenaza de una intervención militar? Elliot Abrams contesta varias semanas después, ante el espaldarazo ruso al gobierno venezolano, que “es prematuro” hablar de eso.

Hasta este momento, a pesar de tener amplias movilizaciones, la oposición había jugado con las cartas de los EEUU, se había embarcado en la autoproclamación de Guaidó y dependía totalmente de las decisiones de los EEUU. Por su parte, el chavismo retoma la iniciativa, detiene a Marrero, inhabilita a Guaidó, convoca a movilizaciones, invita a gobiernos y partidos extranjeros, logra una posición un tanto más moderada de Europa, quien en un principio, se había sumado a la estrategia de los EEUU y la izquierda latinoamericana propone el mecanismo de Montevideo e ingresa públicamente tropas rusas en calidad de cooperación militar dentro territorio nacional.

Ahora la oposición se encuentra en la siguiente encrucijada de opciones inciertas: 1) la vía propuesta por María Corina Machado, Diego Arria y Ledezma, que implica la aprobación del artículo 187, lo cual le daría ciertas herramientas al Lobby de Florida para presionar hacia una intervención militar. 2) aceptar ir a una negociación política con el gobierno o 3) ganar tiempo y esperar a ver los efectos reales de las últimas sanciones económicas sobre el escenario político.

Las tres opciones poseen grandes contratiempos y en todos se ve gravemente afectado el liderazgo de Guaidó. La primera (intervención) resulta poco probable que el stablishment de los EEUU reaccione favorablemente a la “presión” de la oposición venezolana o a las gestiones que pueda hacer Rubio y su gente, si los EEUU vuelven a quedarse sin respuesta, el liderazgo de Guaidó se desmoronaría. La segunda opción, es complicada: 1) la negociación es mal vista por un sector de la oposición 2) la oposición estaría aceptando una negociación, no en el punto de “máxima presión” y escalada de sus fuerzas, sino, en el marco de un reflujo y perdida de la iniciativa política, por tanto, tendría que rebajar considerablemente sus expectativas de lo que pudiera ceder el gobierno y es importante recordar que la oposición se puso la vara muy alta “cese de la usurpación” como única negociación posible. 3) si la oposición acepta un acuerdo de ir a unas elecciones que no sean generales, corre el riesgo de que el desmoronamiento interno sea tan grande que la pierdan 4) la autoproclamación como presidente de la República saca a Guaidó de las condiciones de negociación, pues no será reconocido como tal por el gobierno, diferente, si pudiese acudir como presidente de la Asamblea Nacional, ya es algo tarde para eso.

Por último, el ganar tiempo y esperar a ver el resultado de las sanciones, coloca en tela de juicio la efectividad del liderazgo de Guaidó, aviva las pugnas internas y termina por postergar la misma disyuntiva actual: Negociación o Salida Militar.

El gobierno va al diálogo buscando hacer control de daños, especialmente después del informe de Bachelet, intentando bajar las tensiones con Europa y lavar un tanto su imagen ante el mundo. Ya cedió ante el ingreso de la ayuda humanitaria por la Cruz Roja Internacional y podría estar dispuesto a ceder en liberar algunos presos políticos. No obstante, no está aún planteada una presión suficiente como para permitir un cambio de CNE. Ante esto, el gobierno preparará unas elecciones parlamentarias, autorizará toda la participación internacional posible, pero no accederá a cambiar al árbitro. Si la oposición va a esas elecciones, se fraccionará y no garantizará la mayoría. Si la oposición no va a las elecciones, corre el riesgo de perder la Asamblea Nacional y continuar la senda de su desmoronamiento.

Es claro que por ahora no están las condiciones para un acuerdo político en Venezuela. Los términos del gobierno prevalecen en el corto plazo y no se sabe si la oposición pueda mantenerse unida para el cambio de las condiciones en el mediano plazo (efecto de las sanciones). Continua lo que llaman algunos el “empate catastrófico”, con variaciones en la escala e intensidad en las próximas semanas. Aunque nos embargue el deseo de entendimiento entre las partes, paz y solución política concertada para el país, está tendrá que esperar. Elliot Abrams será el encargado de replantear la estrategia de los EEUU, tiene el turno en la jugada de ajedrez, ¿habrá un cisne negro que no estaremos viendo?
daalifa@gmail.com

miércoles, 16 de enero de 2019

El imperio está tratando de aplicar en Venezuela el escenario “Libia-2011”


Por Carlos E. Lippo:

“Los ataques contra nosotros son constantes, despiadados y de toda índole. Y non son sólo económicos.
Por ejemplo, ahora, con las fiestas de fin de año, han llegado desde afuera, cruzando la frontera, decenas de comandos terroristas especializados en los sabotajes eléctricos”
Nicolás Maduro Moros, enero de 2019

Es un hecho conocido que la invasión a Libia ocurrida entre marzo y octubre del año 2011 fue una intervención militar encabezada por mercenarios extranjeros y fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comandadas por los Estados Unidos, en contra del Gobierno legítimo del Coronel  Muamar Gadafi, quien después de haber derrocado el corrupto gobierno monárquico del rey Idris cuarenta y un años antes, había unificado la nación, declarando en 1977 la Yamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista, que logró generar significativos avances en materia política, económica y social, que hicieron de Libia el país con la menor desigualdad y con el mayor ingreso per cápita  de todo el continente africano.


Oportuno es señalar que una parte importante de los mercenarios a los que hemos hecho referencia en el párrafo anterior eran de origen colombiano, tal como fue puesto en evidencia por las voces en idioma español con marcado e inconfundible acento colombiano, registradas en algunos videos del atroz linchamiento de Gadafi ocurrido a mediados de octubre de 2011, que fueron profusamente difundidos en aquellos días.

A pesar de que el imperio y sus aliados repitieron hasta la saciedad en todos los escenarios posibles, incluyendo el Consejo de Seguridad de la ONU, que el objetivo de tan vasta y desigual operación militar era el establecimiento de la “democracia” y la preservación de los derechos humanos de unos supuestos rebeldes libios que ellos mismos armaron e introdujeron al territorio libio a través de la frontera con Egipto, resulta evidente que el objetivo real era tomar posesión de las reservas de petróleo, y privatizar la industria petrolera del país, transfiriendo el control y la propiedad de la riqueza petrolera de Libia a manos extranjeras.

Se ha sabido posteriormente que el intento de Gadafi de promover una nueva moneda, el dinar libio respaldado por oro (1), como divisa convertible en toda la Unión Africana, así como el plan de dejar de vender el petróleo en dólares y empezar a comercializarlo por medio del dinar de oro, fue lo que motivó su atroz asesinato, a causa de los devastadores efectos que la aplicación de tales medidas hubiese causado sobre la economía estadounidense.

Una serie de hechos ocurridos entre febrero y octubre de 2011 habrán de servir para caracterizar apropiadamente la naturaleza y alcance de esta extremadamente artera operación injerencista ejecutada por el imperio y sus aliados; a continuación, presentamos una breve reseña de tales hechos:

             Durante el mes de febrero, una serie de funcionarios de alto rango del gobierno de Libia decidieron desconocer la autoridad de Gadafi y sumarse a la “insurrección”, creando un presunto gobierno paralelo que llamaron Consejo Nacional de Transición (CNT), dirigido desde el exterior por Mustafá Abul Jalil, quien hasta el 21 de febrero se desempeñaba como Ministro de Justicia de Gadafi. Esta instancia espuria es la que solicita impúdicamente la intervención militar de su país, siendo reconocida por la Asamblea General de la ONU como autoridad legítima de Libia, sin haber formado gobierno alguno a mediados de septiembre, y por la Liga Árabe, organización creada a instancias de Gadafi en el 2001, pocos días más tarde.

             A comienzos de marzo, la Corte Penal Internacional (CPI) pidió investigar a Gadafi por supuestos crímenes de lesa humanidad por las acciones militares emprendidas en las manifestaciones antigubernamentales y a estas acusaciones se le sumó una de la Interpol, que consideraba que el líder libio había ordenado bombardeos aéreos contra civiles indefensos. El 19 del mismo mes, cuando el gobierno de Gadafi se encontraba a punto de derrotar a los “rebeldes”, retomando las zonas transitoriamente ocupadas al este del país, a la vez que estaba intentando una solución política del conflicto con la intermediación de la Unión Africana, las fuerzas militares de los Estados Unidos y Francia iniciaron una brutal e injustificada serie de bombardeos sobre las fuerzas gubernamentales, con la falsa excusa del establecimiento de la zona de exclusión aérea que “ingenuamente” había sido autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU.

             El 13 de junio, la secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton “exigió” a los países miembros de la Unión Africana que abandonaran al gobierno libio, cerraran sus embajadas en Trípoli y reconocieran al Consejo Nacional de Transición como gobierno legítimo, siendo oportuno señalar que en aquella oportunidad esa instancia sostuvo que no era posible alcanzar una solución a la crisis en Libia, sin que Gadafi formase parte de ella.


Sostengo responsablemente que el imperio está tratando de aplicar en Venezuela un escenario bélico de similares características al que instrumentó en el 2011 en Libia, con la sola substitución de la OTAN por una fuerza multilateral regional que llevan años tratando de conformar, porque es totalmente imposible que sean meramente casuales las coincidencias y similitudes de hechos como los anteriormente reseñados, con algunas de las acciones injerencistas que ha venido desarrollando el imperio en los últimos días, con el propósito de defenestrar a la Revolución Bolivariana; en este sentido podemos señalar, entre otras, las siguientes acciones:

             El desarrollo del plan denunciado por el Presidente Maduro el pasado 12 de diciembre (2), encomendado al secretario de seguridad nacional, John Bolton, con el propósito de “llenar de violencia a Venezuela y para buscar una intervención militar extranjera, un golpe de estado, asesinar al Presidente e imponer lo que llaman ellos un consejo de gobierno transitorio”, evidenciado por los siguientes hechos: el entrenamiento de mercenarios colombianos y venezolanos en territorio colombiano y estadounidense, en complicidad con el gobierno de Iván Duque, que en una cantidad aproximada  de 734 efectivos, se estarían aprestando para ejecutar acciones de falsa bandera (falsos positivos), portando uniformes e insignias del ejército venezolano, del lado colombiano de la frontera; el entrenamiento de fuerzas de comando, en la Base Aérea Englin, al sur de la Florida (EE UU), con el propósito de intentar una "agresión quirúrgica" contra bases aéreas y navales venezolanas; siendo objetivos prioritarios: la Base Aérea Libertador de Palo Negro (estado Aragua); la Base Naval Agustín Armario, de Puerto Cabello (estado Carabobo) y la Base Aérea de Barcelona (estado Anzoátegui); y el entrenamiento de agrupaciones paramilitares destinadas a atacar a Venezuela, en la Base Aérea de Tolemaida, ubicada en el municipio de Melgar, en el departamento de Tolima,  una de las siete bases estadounidenses instaladas en Colombia desde hace varios años.
             El ingreso al país través de la frontera occidental, aprovechando las pasadas fiestas decembrinas, de decenas de comandos terroristas especializados en sabotajes a los sistemas eléctricos, de tratamiento y distribución de aguas y de transporte público, así como en acopiar ingentes cantidades de papel moneda para llevarlo a Colombia con fines de desestabilización económica, tal como lo denunciase el propio Presidente Maduro en una entrevista difundida el pasado 01 de enero (3); siendo oportuno señalar que infortunadamente algunos de estos comandos ya han actuado exitosamente sobre el sistema eléctrico en el estado Zulia, como lo ha venido señalando el ministro de energía eléctrica, Luis Motta Domínguez (4), mientras que otros se han visto frustrados en sus intentos, como un grupo que intentó sabotear la planta de llenado de gasolinas de Yagua, hace pocos días.
             La anunciada retirada de Siria de las tropas estadounidenses, que habrá de dejar cesante a una cantidad importante de mercenarios que habían venido actuando en combinación con ellas; teniendo en cuenta que muchos de estos mercenarios son de origen latinoamericano, especialmente colombianos, resulta más que probable que sean incorporados a la “aventura” bélica en Venezuela.
             Un sinnúmero de intentos fallidos para instaurar un gobierno paralelo de naturaleza espuria, apoyándose en decisiones inconstitucionales de la Asamblea Nacional en desacato o del Tribunal Supremo de Justicia, también espurio, al haber sido designado por esa asamblea estando en estado de desacato, que impúdicamente viene sesionando en la sede del congreso de Colombia. Dicho gobierno no ha podido ser constituido a pesar de que llevan años intentándolo, debido a la profunda fragmentación por la que vienen atravesando las fuerzas de la contrarrevolución, así como por su imposibilidad de ser reconocido hasta ahora por la maltrecha OEA de Luis Almagro; siendo evidente que, al igual que en la Libia del 2011, su primera ejecutoria sería el solicitar la intervención militar del país.
             La solicitud de investigación de supuestos crímenes de lesa humanidad y abusos a los derechos humanos ocurridos en Venezuela desde el 12 de abril de 2014 bajo el gobierno de Nicolás Maduro, introducida ante la Corte Penal Internacional (CPI) a finales del mes de septiembre del pasado año por los gobiernos cipayos de Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Paraguay y Perú (5); siendo oportuno y necesario apuntar que hace pocos días, después de reunirse con el secretario de estado Pompeo, el presidente Duque, en lacayuno gesto que le retrata de cuerpo entero como el servidor incondicional del imperio que es, exhortó a  otros países de la región a que se sumasen a dicha vergonzosa solicitud (6).

             Un sinnúmero de reuniones del secretario de estado norteamericano, Mike Pompeo, con cancilleres y jefes de gobierno de los países cipayos de la región, todas ellas celebradas con el propósito de intentar la conformación de una fuerza multilateral regional para intervenir militarmente en Venezuela, así como para transmitirles de manera directa las órdenes de su gobierno sobre la postura a asumir en ocasión del inicio del segundo período constitucional del Presidente Maduro, el próximo 10 de enero; siendo las más recientes: la celebrada en Brasilia con el canciller del Perú, el pasado 1° de enero; la celebrada en Cartagena de Colombia con Iván Duque, el día 2 de enero; y la celebrada vía videoconferencia con los cancilleres del “Grupo de Lima”, durante la reunión de ese esperpento diplomático celebrada el día 4, en la cual, con la sola excepción de México, los gobiernos de 12 países de la región y el del Canadá, han anticipado su desconocimiento al próximo gobierno legítimo de Maduro a la vez que le instan a entregar el ejecutivo en manos de la Asamblea Nacional en desacato (7).

             Unas más que infelices declaraciones en las que a título personal pero comportándose vergonzantemente como el “ministro de colonias” del imperio, el inefable Luis Almagro llega mucho más lejos que el autodenominado “Grupo de Lima”, al decir sin el apoyo de la organización que en mala hora preside, que la OEA reconocería a un eventual gobierno provisorio de Venezuela, al decir textualmente: “Apoyamos que la Asamblea Nacional asuma el poder de manera provisoria el 10 de enero como ha sido debidamente estipulado por el Tribunal Supremo de Justicia legítimo, ambos poderes legítimos y constitucionales” (8).

             Un solapado llamamiento al golpe militar proferido por el nuevo presidente de la Asamblea Nacional en desacato en la sesión inaugural del día de hoy, en la que se pronunció por la instalación de un gobierno de transición el próximo día 10, sólo que descargando en la FANB la principal responsabilidad de crearlo (9). La coincidencia del discurso de este pichón de neofascista con la posición del imperio es tal, que me atrevería a decir que el mismo le fue redactado en la embajada norteamericana.

Es ante tal cúmulo de evidencias que he formulado la hipótesis de la aplicación del escenario “Libia-2011” en Venezuela. La única variante previsible sobre este escenario consiste en que no habiendo logrado conformar la pretendida fuerza multilateral regional, según se desprende de los acuerdos alcanzados en la última reunión del “Grupo de Lima”, y habiendo sido destituido recientemente el belicoso presidente de Guyana, David Granger, los gringos tendrán que jugársela sólo con el apoyo de las fuerzas armadas de Brasil, Canadá y Colombia, a menos que otros gobiernos de la OTAN decidan sumarse en apoyo de sus socios americanos.

Finalmente, quiero decir que tengo el firme convencimiento de que Venezuela no es la Libia del Coronel Gadafi, quien bastante antes de la invasión había materializado su decisión de destruir todo su arsenal de armas estratégicas confiando ingenuamente en las falsas promesas del imperio.

Y es que si estúpidamente deciden venir por nosotros tendrán que enfrentarse a un pueblo armado, que: entre soldados regulares, milicianos y voluntarios sumaría más de 3 millones de combatientes que representan la mitad de la población total de Libia en aquellos días; cuenta con modernísimos sistemas de armas, tales como los mísiles S-300, conocidos como el terror de la aviación sionista israelí; y que sin duda alguna habrá de recibir la solidaridad ofrecida por todos los países del ALBA-TCP, así como de las potencias amigas de escala planetaria: Rusia, China, Irán y Turquía.
¡Hasta la Victoria, Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

(1)    https://mundo.sputniknews.com/firmas/201709201072511465-venezuela-eeuu-moneda-dolar/
(2)    http://celippor.blogspot.com/2018/12/alerta-el-imperio-persiste-en-inducirun.html
(3)    http://www.minci.gob.ve/entrevista-completa-del-periodista-ignacio-ramonet-al-presidente-nicolas-maduro-video/
(4)    http://www.bancaynegocios.com/motta-dominguez-acusa-a-colombia-de-sabotaje-electrico-en-zulia/
(5)    https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45661909
(6)    https://www.laiguana.tv/articulos/405464-cercar-diplomaticamente-maduro-duque/
(7)    https://www.aporrea.org/tiburon/n336453.html
(8)    https://www.diariolasamericas.com/america-latina/almagro-llama-desconocer-el-regimen-maduro-n4169450
(9)    https://www.aporrea.org/oposicion/n336482.html

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