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martes, 7 de mayo de 2019

Vladimir a la 1 los trabajadores, el chavismo y el 1 de mayo


Por Iván Oliver Rugeles:
Vladimir ya no encuentra más que hacer para demostrarle a la oposición que él ya no es chavista, que esa “horrible” mancha que tenía de revolucionario, primero como comunista desde muy joven, ya se la quitó para siempre…, pero él, que estamos muy seguros sabe bastante bien lo que significa ser traidor por su formación marxista-leninista, sigue empeñado en continuar con su plan de no desperdiciar ninguna ocasión para seguir aportando más y más pruebas de que, efectivamente, jamás se le ocurriría volver a ser revolucionario y ese trabajo que tiene en la televisión le ofrece esa magnífica oportunidad, pues quiere cada día fortalecer más y más su cercanía con los factores que adversan al movimiento Bolivariano y Chavista, es decir, quiere ganarse de ellos su total confianza en este su nuevo rol “político”…


En el programa del lunes 29, antes de dar inicio a la entrevista con su invitado, el economista José Guerra, con el cual compartió sus “angustias” por el destrozado país en el que vivimos por culpa del “modelo chavista”, pero que antes  leyó su editorial, por cierto bien corto, pero muy sustancioso para el propósito que, como decimos, él busca, que no es otro, repetimos, deslastrase de su larga historia de comunista “come niños”…

Veamos lo que dijo Vladimir:
Próximos como estamos del 1ro de mayo, sentenció que los trabajadores es imposible que puedan celebrar nada cuando se encuentran en la peor situación de su historia «con un salario demolido ante la hiperinflación (..) en una situación económica terrible producto de una política que no estimuló a la producción, inversión y tampoco a un cambio en un modelo socioeconómico, que a su vez ha venido fracasando desde hace unos años, incluso desde la economía del campo chavista…

Agregó, además (palabras más, palabras menos), que el chavismo demolió el sindicalismo libre que heredamos del pasado, que hoy por hoy carecemos de un “movimiento (sindical) autónomo fuerte que juegue su rol «correctamente», para agregar, ya al final de su mensaje, que el país deberá encontrar un mejor camino…

Una vez concluyó de leer su acostumbrado editorial de los lunes, le preguntó al invitado su opinión sobre su contenido y si tenía que añadir algún comentario, a lo que Guerra fue bien enfático: No Vladimir, nada hay que agregarle a lo que acabas de leer, lo has dicho todo, ¡¡¡lo comparto íntegramente…!!!

Obvio que tenía que compartir Guerra lo dicho por Vladimir, pues ése sujeto hace parte de los grupos de la extrema derecha empeñados en destruir al chavismo y tanto ha estado en eso que en las guarimbas del 2014 y del 2017, las que, recordamos, dejaron en conjunto algo más de 150 personas asesinadas y daños a la propiedad pública en cifras mil millonarias, Guerra fue denunciado de haber sido uno de sus directos cabecillas, pero además, Vladimir en su nota editorial, tal y como lo hace la oposición extremista, para nada hace referencia a la atroz guerra económica que el imperialismo ha desatado contra nuestro país, por la vía de bloquear las cuentas de la República en el exterior y no solo eso sino de robarnos el dinero que allí teníamos depositado, de apropiarse de nuestra empresa Citgo; por otro lado el Banco de Inglaterra nos roba mil quinientos millones de dólares en oro, el gobierno yanqui sanciona a toda empresa gringa o de otra nacionalidad que se le .ocurra comerciar producto de bienes o servicios con nuestro país.

Se asaltan nuestras sedes diplomáticas en los EEUU, se nos amenaza todos los días con más y más sanciones y John Bolton y Mike Pompeo y Elliott Abrams y Narco Rubio, se ocupan de anunciarlas y de asegurar que cada vez serán más severas y eso lo publican profusamente los medios de comunicación, de manera que es imposible negar que esa es una realidad; pero, peor aún, al “camarada” Vladimir, se le olvidó por completo que el capitalismo depredador que le ha puesto la mano al mundo occidental y cristiano, es esa la política que viene aplicando, para no irnos muy atrás,, desde el término de la Segunda Guerra Mundial y más, -precisamente, desde que lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki…

Por supuesto Vladimir, desde nuestra óptica te equivocas una vez más. Nuestros trabajadores si tenemos que festejar este día, no solamente la infinidad de derechos sociales que hemos conquistado en estos casi 20 años de Revolución Bolivariana, como serían a título de ejemplo, la formidable Ley del Trabajo que la sueñan la mayoría  de los trabajadores del Continente y del mundo occidental y cristiano todo, el derecho al trabajo y a su estabilidad, el derecho a la asistencia médica y la educación gratuitos, la seguridad social de nuestro ancianos, el derecho a la vivienda,  etcétera, etcétera, sino la aplastante derrota que una vez más le propinó ayer 30 de abril el pueblo y su fuerza armada a una oposición cipayo que decidió  aliarse con el imperialismo yanqui y de los sectores más reaccionarios que vienen cercenando impunemente por décadas los derechos de la mayoría de los pueblos de estas tierras latinoamericanos y caribeños, para conquistar el poder…

Ya solo esa victoria de ayer, la que no sabemos si como periodista Vladimir había sido “informado” del plan golpista de la oposición, es más que suficiente para festejarla hoy…

rioliverr@gmail.com

sábado, 27 de abril de 2019

Raúl Sendic en su juventud



 Por Julio A. Louis:

El 28 de abril se cumplen treinta años del fallecimiento de Raúl Sendic. Tuve oportunidad de conocerlo a mis quince años (1954). Transcribo mi recuerdo escrito años después: “A mediados de la década pasada, un puñado de jóvenes -muchos aún adolescentes- se reunían en una fría e inhóspita pieza de Casa del Pueblo. Discutían “hasta por los codos”, empezaban a subir la cresta de la vida revolucionaria con dificultades, varias veces errando, incomprendidos por muchos, pero siempre alegres y optimistas. Eran “los de la Juventud”. Su número aún escaso, se olvidaba porque su fervor, su militancia y su palabra, apuntaban hacia un fortalecimiento del Partido Socialista, emanado de una generación que venía a vivificar la lucha proletaria, que estaba dispuesta a “transformar el mundo”, costase lo que costase. Como todo grupo que trae algo nuevo y que aún es inmaduro, solía ser pedante, molesto para muchos compañeros. Pero sus integrantes estaban dispuestos a aprender sin saciarse y a enseñar sin cansarse.  Y eso en definitiva, es lo que importa. Los defectos, en esas condiciones, se corrigen.


Entre ellos, uno de los “viejos” estaba siempre maquinando novedades, inquieto por introducir innovaciones. Se trataba de Raúl Sendic. Muchacho fuerte, desaliñado, vivaz. Simpático como pocos, bromeaba y reía de continuo.

Una vez, mientras se prorrogaba más de la cuenta una “conversada” reunión, entró sonriente a la pieza con una bomba: un texto que había inventado para un mural que exhortase a la unidad sindical: “¡Contra el capitalismo!” anunciaba; y le seguía un versículo de “Martín Fierro”:

Los hermanos sean unidos
que ésa es la ley primera
mientras ellos se pelean
los devoran los de afuera”

Una viva emoción sacudió a los presentes. Y como el revolucionario se nutre de acción, pronto quedó confeccionado el mural y a  los pocos días, se exhibía orgullosamente en las paredes de Montevideo.” (1)

El hombre y su época 

 Un fundamento medular del materialismo dialéctico enseña que se piensa como se vive, que el ser determina el pensar. La conciencia, función de un cerebro material, depende de condiciones materiales, de las condiciones de vida en las que se forja. También intervienen elementos genéticos, en una abigarrada conjunción de lo social y lo natural.

Oriundo de Flores, Raúl nace en una familia rural (1926). Sus padres son de orígenes vasco francés (Sendic) e italiano (Antonaccio), típica familia descendiente de inmigrantes. A él le influye el Profesor de Historia Atilio Grezzi, cuando terminaba el liceo (1946), al igual que al destacado periodista Carlos María Gutiérrez. Al llegar a Montevideo fue Secretario General de la Federación de Estudiantes del Interior por seis meses. Pronto se vinculó a la FEUU -como estudiante de Derecho- y a las Juventudes Socialistas (así se llamaba) y veinte añero ocupó cargos de dirección en ambas.     
   
Fue un líder: estudioso, creíble, confiable, valiente, estimulador. Valiente no solo por el arrojo físico, expuesto frente a los militares con su célebre frase: “Soy Rufo y no me entrego”, prefiriendo morir baleado, sino por su calidad político moral de encarar y romper cuando se necesita.  Estimulador de compañeros, y en tal sentido recojo ejemplos directos. El mayor elogio recibido en mi vida provino de él, cuando llegaron por primera vez los cañeros de UTAA a Montevideo. Se me apersonó y pidió; “habláles vos, que a vos te entienden”. Y, cuando en 1965 tomamos caminos diferentes, me habló en términos firmes pero fraternos. 

Raúl fue un pensador sólido en sus principios y combinó el pensamiento y la acción, pues solía ser el más agudo, el más consecuente, y cuando había que jugarse estaba en primera fila.

 El fin del Uruguay batllista    

A mediados del siglo pasado Uruguay vivió la declinación del batllismo. Su reformismo ubicó al país como el más avanzado de la región. Pero pasada su época de esplendor, cada vez transó más con los latifundistas, con el imperialismo, y se desflecó sin tocar las estructuras de poder.

El batllismo devino en el terrismo, y tras el “golpe bueno” de Baldomir, llegó el auge de la “Suiza de América” enancado en los buenos precios de la Segunda Guerra y pos guerra, tiempos llamados de “las vacas gordas” y de orgullo nacional como testimoniaba “El Día”, diario batllista, enseguida del Maracanazo: “los campeones del mundo son hijos del país más libre del mundo”; de la solidez de la democracia liberal, y aún de la industrialización limitada de Batlle Berres (1945-1955). Por entonces, Uruguay actuó como peón de Estados Unidos, pilar de la OEA.  Declaró la guerra a Alemania y Japón (1945), lo que le permitió ser cofundador de la ONU, firmó el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) y el Convenio Militar de 1952 con EE.UU., y secundó todas las agresiones (a México, Guatemala, Cuba, etc.)

Mientras el mundo asistía a la lucha entre dos bloques liderados por Estados Unidos y la URSS, en tanto crecía la izquierda (socialista, comunista) y luego, con la Guerra Fría, la afirmación de esa izquierda en posiciones disímiles. El Partido Comunista (PC), identificado acríticamente con la URSS, el Partido Socialista (PS), socialdemócrata, crítico de esa experiencia, liderado por Emilio Frugoni, y por los años 40 y sobre todo 50, en un proceso de luchas entre esa tendencia y otra marxista, identificada con Aneurin Bevan (británico), liderados en Uruguay, por Vivian Trías y Raúl Sendic. De esos años 50, un folleto de las Juventudes Socialistas, titulado “Paz sin imperialismo ni dictaduras”  afirma: “Es incuestionable que el actual panorama internacional presenta dos grandes focos de poder, dos poderosas fuerzas imperialistas, explotadoras, agresivas, que se disputan  el dominio total del mundo:  el imperialismo capitalista occidental bajo la égida norteamericana y el imperialismo ruso (…) A esos dos focos de poder imperialista, oponemos la tercera fuerza del socialismo internacional, anticapitalista y democrática, que expresa los intereses y anhelos de liberación de todos los pueblos que sufren la explotación imperialista.”   
    
También se asiste a una áspera lucha en el movimiento obrero-popular entre la Unión
General de Trabajadores (UGT) de orientación comunista, la Confederación Sindical del Uruguay (CSU) con peso socialdemócrata y vinculada al sindicalismo norteamericano, y los sindicatos autónomos. Después, hubo acuerdos de la CGT y los autónomos y con la virtual desaparición de la CSU, emergen la Central Única de Trabajadores (CUT) en 1961 y luego, la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) en 1964.  En esa lucha ideológica, Raúl Sendic es el que hace funcionar la Comisión Gremial del Partido Socialista, en un tiempo en que nunca hubo tantas agrupaciones obreras socialistas. 

La Revolución Cubana y consecuencias en Uruguay

Durante la primera mitad del siglo veinte y principios de la segunda, Estados Unidos pasó de la política del “gran garrote” de Theodoro Roosevelt (1900-1933)  a la del “Buen Vecino” de Franklin Delano Roosevelt (1933-1953), intervino en Nuestra América, gestó la OEA, enfrentó a los nacionalismos del ABC (Argentina, Brasil, Chile), agredió a Guatemala (1954) y se endureció con la Revolución Cubana (1959).  

 Esta y, en menor grado, la argelina, impactaron a la generación “sesentista”, en realidad de la década de los 50. Demostró que no alcanzaba con ser el “partido picana” -según definiera Frugoni- o legalista, cuando el imperialismo norteamericano arrasaba con la legalidad, y los revolucionarios cubanos demostraron que era posible derrotarlo en el terreno armado. También lo comprendieron las derechas del continente, lo que motivó el surgimiento de organizaciones fascistas, como la JUP (Juventud Uruguaya de Pie), el MEDL (Movimiento Estudiantil por la Democracia y la Libertad), etc. La división de la izquierda se acentuó cuando el PC bajo la dirección de Rodney Arismendi -después de expulsar al fundador del Partido, Eugenio Gómez, acusándolo de “culto a la personalidad”- sigue la orientación del XX Congreso del PCUS (PC de la Unión Soviética) en 1956, que fundamentó los “tres pacíficos”: coexistencia entre sistemas opuestos, emulación económica y tránsito al socialismo, legal y democrático. Desde entonces, el PC negó la lucha armada, se opuso a métodos de radicalización, aunque luego gestara su aparato armado. Se opuso, por ejemplo, a la consigna de los cañeros: “Por la tierra y con Sendic”.

jlui@adinet.com.uy

NOTA
(1) José E. Díaz- Julio Louis. “¡Tierra ahora! La rebelión de los peludos”. Publicación Oficial del Partido Socialista. 1963

miércoles, 18 de octubre de 2017

Chile país maniatado

Por Pablo Salvat Bologna:

Así lo parece estimado lector y lectora. Lo hemos venido experimentando hace ya tiempo y los eventos del cambio climático y su rebote en la vida cotidiana de todos nosotros, lo dejan ver. Me refiero por ejemplo, a la conducta de empresas transnacionales como Enel, o a la de Aguas Andinas, y otras más que, como ellas, tienen un control muy importante de ciertos bienes, fundamentales para la vida, como lo son la energía y el agua. Estar maniatado, es, como se sabe, estar “atado de manos”. Algunos lo dicen, exagerando: estar atado de pies y manos. Pero quienes están atados de pies y manos no tienen,  en principio, casi ninguna posibilidad de reaccionar y actuar frente a su situación.



No creo sea lo que sucede con nosotros. Tenemos siempre un margen para  ejercitar nuestra autonomía crítica; la libertad de acción, reflexión y creación comunitario-colectiva de lo nuevo –en medio de lo viejo-, a pesar de lo que indica la así llamada “evidencia empírica”.  Pero esto es posible en el marco de una idea de  política  que la define como praxis, y no como ingeniería social basada en un supuesto conocimiento científico-técnico al que acceden solo algunos privilegiados. Si la política es praxis, entonces tenemos como sujetos y miembros de comunidades, la posibilidad de hacer aparecer algo que antes era inexistente; podemos deliberar sobre el quehacer de cada uno y de las instituciones, e interrogarlo desde nuestras demandas y nuevas finalidades normativas. Ahora, quiénes estamos atados de  manos?.

Pues los chilenos y aquellos que no siendo de origen nacional, son parte ya del país.  Atados de manos respecto a la posibilidad de ejercer nuestra soberanía política; nuestra cualidad  de ciudadanos, de último garante de legitimidad de instituciones y sistemas. Por cierto, eso tiene que ver con las posibilidades de ejercer y asumir una libertad real, y no meramente formalista, escriturada, pero impotente a final de cuentas. Este estar “atado de manos” no afecta obviamente solo a la ciudadanía, sino también a sus mediaciones institucionales, partiendo por una de las más importantes, el propio Estado.

 Esto ha sido muchas veces presentado por los medios y las elites de poder como fruto de un proceso cuasi-natural, por lo cual no cabe ni crítica ni tampoco pretender su superación o cambio. Pero todos sabemos que los productos históricos tienen como protagonistas de un modo u otro a los propios humanos, a sus fuerzas unidas tras intereses, y a  las luchas por el poder terrenal. Por eso podemos decir que, nuestra  situación como sociedad, se relaciona con la imposición de un proceso de modernizaciones neoliberal, esto es, con una fase nueva de desarrollo capitalista, a la cual corresponderá un nuevo tipo de Estado.

Si el capitalismo liberal pre segunda guerra mundial se sostuvo sobre el librecambismo, el patrón de intercambio basado en el oro, el colonialismo y la primacía inglesa; post Segunda Guerra Mundial, el modelo de desarrollo se sostuvo en un keynesianismo social, las instituciones de Bretton Woods, el bipolarismo de la llamada Guerra fría y los procesos de integración regional.

En cambio, con la imposición del neoliberalismo, se rompen los límites nacionales, se logra maniatar a los Estados, liberar de cortapisas el accionar de los mercados y el capital, establecer controles internacionales de lo que hace cada país (léase, Banco Mundial, FMI, OMC, OECD, entre otras) y establecer que los Estados Unidos quedarán como gendarme en solitario de la marcha del mundo. Se trata entonces de una modernización neoliberalita globalizada, de la mano del capital y las nuevas tecnologías.
   
Claro, en la crisis de los 70, la salida para el modelo fue orientarse a recuperar la tasa de ganancia. Cómo hacerlo? Pues, lo hemos visto y padecido: reduciendo los costos de producción, entre ellos, principalmente los salarios, desintegrando el sindicalismo, deslocalizando las empresas, pagando bajos impuestos, aumentando la explotación (del trabajo y de la naturaleza), endeudando a ciudadanos y países, reduciendo el gasto público, privatizando bienes públicos y sociales.

Al mismo tiempo, nunca  antes las finanzas han tenido el poder e influencia, abierta o soterrada, que ejercen hoy. Y, sin embargo, puede constatarse, antes y después de la crisis del 2008, el aumento escalofriante de las desigualdades, la creciente crisis del medioambiente y el desgobierno de la cosa pública. Todo ello pareciera demandar cambios importantes, tanto a nivel mundial como en nuestro propio país.

Sin embargo, la soberanía ciudadana y popular se haya – al igual que los Estados-, en este cuadro, maniatada. Y ese estar maniatada por estos poderes globalizados, es en buena medida responsable de la crisis de legitimidad que atraviesa todo el campo del quehacer político (de nuevo, dentro y fuera del Estado).  En buena medida de ahí viene la sensación de impotencia, desencanto, y abstencionismo  que por ahora recorre el accionar ciudadano. Una panelista de televisión hablaba, a propósito del despropósito estatal en el  Sename,   que somos ciudadanos huérfanos. 

  Uno de los logros de la modernización neoliberal de todos estos años, ha sido la liquidación del vínculo social, para ser reemplazado por la lógica de mercado. Pero eso no es todo. Este proceso se acompaña de una anexión y modificación de la orientación del Estado de parte de las elites de poder.

Éste ya no puede tener grados mayores de autonomía propia. No puede ponerse al servicio de las mayorías, o de alguna idea fuerte de justicia social  o bien común. Para sobrevivir en la jungla globalizadora,  tiene que servir  los intereses del gran capital, de sus negociantes, empresarios, bancarios, sean nacionales o transnacionales. Es decir, estar al servicio del 1% de la población.  Ese 1% es el único que tiene poder para decidir con grados de libertad y de esa manera, coaccionar y delimitar lo que pueden las opciones políticas electorales.

Por eso afirma alguien como J.C. Monedero, que una de las principales tareas pendientes que tenemos, tiene que apuntar a  la  refundación del Estado. En particular, en todos nuestros países, los que más han sufrido lo que llama la “noche neoliberal” desde  Río Grande hasta Tierra del Fuego, y los que tienen por tanto muchas dificultades para crear nueva institucionalidad, para empoderar al pueblo, generar corresponsabilidad popular,  imaginar  un modelo que supere al capitalismo y el estatismo, y se oriente hacia una “sociedad donde la emancipación deje de ser un deseo para ser una realidad cotidiana y siempre en construcción”. Será esto alguna vez posible entre nosotros?
psalvat@uahurtado.cl