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miércoles, 1 de abril de 2020

Pandemia y Amnesia



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Es probable que una de las consecuencias positivas de la pandemia del coronavirus sea que perpetuemos el buen hábito de lavarnos las manos. Pero ojalá con ello no corramos el riesgo de asumir esta costumbre en un sentido bíblico, al estilo de lo que hizo Poncio Pilatos para zafarse de sus responsabilidades políticas y sociales. En este sentido, el alcalde se Santiago ya ha declarado que después de esta crisis espera que a nadie se le ocurra reeditar el Estallido Social o retornar a la Plaza Baquedano a manifestar sus protestas. Asimismo, diversas figuras del oficialismo se soban las manos pensando que el virus epidémico le permitirá a Sebastián Piñera completar su gobierno y, de paso, darle una nueva oportunidad a la clase política de recuperar su imagen que al momento que se nos instaló el flagelo pasaba por su peor momento.


Esto es, políticos de derecha a izquierda sin credibilidad alguna, como con cero posibilidades de ser considerados por el pueblo para integrar la convención constituyente que nazca del plebiscito prometido.

La ejemplar conducta de los chilenos para encarar la emergencia sanitaria hace pensar a algunos que el Coronavirus puede haber adormecido de nuevo a ese Chile que había despertado y alzado contra las injusticias, los abusos y la vergonzosa inequidad que afectaba a nuestra población. Lo que sí es cierto es que la posibilidad de contraer el mal asusta mucho más a la población de las golpizas de los carabineros y las leyes represivas que el Gobierno y sus cómplices del Parlamento se apuraron a aprobar para hacer frente a la marea de descontento. De allí que abrigamos la esperanza de que lo ocurrido es simplemente una debida tregua en la lucha que se había iniciado para poner el jaque el sistema neoliberal y sacudirnos de quienes por treinta años prometieron más democracia, justicia social; más soberanía nacional y mejor distribución del ingreso.

Muy por el contrario, cuando los chilenos se pongan a reflexionar de nuevo en Chile y su futuro lo que va a dominar de nuevo son una serie de convicciones que vuelvan agitar social y políticamente al país. Desde luego todos tendrán que reconocer la importancia del Estado, como la completa incapacidad del mercado para hacer frente a una crisis como la vivida. Especialmente después de comprobar la calaña de la clase patronal mucho más preocupada de conservar sus fuentes de ingresos así sea poniendo en riesgo la vida o la salud de sus trabajadores. Apreciará, asimismo, la codicia irrefrenable de nuestro sistema financiero (incluido el Banco del “Estado”) al discurrir todo tipo de argucias para seguir lucrando del crédito o reclamar la asistencia del Fisco para hacer frente a la merma de sus utilidades.

Será También evidente después de esta crisis la inoperancia del sistema de salud del país para hacer frente a una epidemia, así como la completa inmoralidad e insensibilidad de las isapres que salieron a especular con los servicios de primera necesidad, cobrando el doble o el triple que la estatal Fonasa por realizar los mismos exámenes. Igualando la irresponsabilidad de las cadenas de farmacias y laboratorios que advirtieron en el Coronavirus la posibilidad der volver a coludirse y subir abusivamente los precios de productos tan esenciales como el Paracetamol.

Lo propio se confirmará con el lamentable desempeño de las AFP que administran nuestros fondos de pensiones, agigantándose la idea de que estas reservas de los trabajadores deben estar resguardadas también por el Estado, como administrados o supervisados por los propios imponentes. A los argumentos de NO+AFP se sumará la constatación palmaria de cuánto le ha arrebatado a los trabajadores del país este puñado de entidades para colmo ahora en manos extranjeras.

Caerá por su propio peso, además, lo inmoral que resulta que Chile y tantos otros países sigan gastando ingentes recursos destinados a la Defensa Nacional, para financiar a miles de efectivos ociosos o que pudieran ser útiles en otras funciones, tanto como adquirir multimillonarias armas para la mera entretención castrense. Las que caen en desuso rápidamente, salvo cuando se usan para bombardear nuestro Palacio der Gobierno, levantar campos de concentración y tortura, a fin de reprimir a nuestra propia población. El sentido común hará el cálculo de cuantos hospitales, camas, respiradores mecánicos podrían tener las ciudades y pueblos de Chile si se redestinaran a este objeto los absurdos y criminales presupuestos para comprar tanques, aviones de guerra y barcos.

A lo anterior, se sumará la evidencia de que los mejores especialistas y técnicos del país se encuentran en las más prestigiosas universidades y no en las planillas de los operadores políticos y los esbirros de las autoridades de turno, como esa cáfila de economistas que se turnaron durante los treinta años de la postdictadura por los ministerios de Hacienda, Economía, Educación y, en general, por todas las carteras y reparticiones públicas,  dándole constantes portazos a las demandas populares para concentrar la riqueza en manos de un 0.5 por ciento de la población y cederles nuestras riquezas básicas a los inversionistas extranjeros. Arrodillados como los vimos ante el FMI y otras catedrales del neoliberalismo, o el capitalismo salvaje que, por fin, ya hace agua en todo el mundo.

Pero, por, sobre todo, el país comprobará las mentiras del actual gobierno como de sus predecesores. Millones de chilenos concluirán que este país es mucho más rico de lo que se decía, que las reservas depositadas en el extranjero podrían ser más que suficientes para financiar la lucha contra las epidemias, los terremotos y otros desastres propios de nuestra geografía. Para dotarnos, además, de establecimientos educacionales gratuitos y modernos, financiar viviendas populares dignas y un sistema cultural que promueva a nuestros talentos artísticos, suprima los bochornosos impuestos a la lectura y desarrolle una promisoria actividad deportiva y recreacional.

Ya nada justificará los salarios y pensiones de hambre si se distribuyen mejor los recursos aportados por el trabajo y se suprimen los ingresos dispendiosos que se llevan los uniformados, los parlamentarios y los miembros de la casta empresarial y bancaria que en Chile pueden ostentar utilidades muy por encima de las de los países europeos y los Estados Unidos. Países que, por supuesto, les imponen tributos razonables y les impiden o limitan comprar leyes, ejercer el tráfico de influencias, sobornar a los legisladores y municipios. Además de sus consabidas prácticas de cohecho electoral, concentración informativa e impunidad judicial.

El coronavirus es sin duda una desdicha nacional y universal, pero también un magnífico acicate para que tengamos más democracia, paz y seguridad social. Retomando con más ímpetu, todavía, los valores del 18 de octubre y proscribiendo la amnesia, como también la impunidad.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 18 de marzo de 2020

El Programa


Por Jorge Aniceto Molinari:
El desafío: esto es lo que entre otras cosas dice Oscar Botinelli analizando la derrota del Frente Amplio de Uruguay en las últimas elecciones:

 "Entonces ¿Cómo perdió? La derrota de Mauricio Macri (Argentina) se explica en 30 segundos, sin embargo ¿cómo explica el FA su derrota? Esta derrota obliga a reflexionar y a muchos estudios, porque son muchos años los que hay que explorar.


 No hemos visto al FA analizar esto, contestarse a sí mismo esta pregunta ¿Cómo es que se perdió? La explicación de “no supimos comunicar los logros” es considerar que la población es “idiota”, recibe beneficios y no los ve. Si recibe beneficios, los ve y no vota, por algo es. Hay que respetar a la gente y considerar que la gente sabe lo que hace.

Hay cuestiones que explican que gente que recibió beneficios, que vive mejor, sin embargo, no votó al FA. Lo más preocupante en el FA, es que deje sin análisis la derrota y espere que la recuperación se produzca solo por errores del que está enfrente. En países donde hay partidos de derecha o de izquierda, donde esto sucedió, les va bien, vuelven a ganar, pero ganan sin saber para qué y esto lleva a la desilusión de la sociedad. Si se gana y no se sabe para qué, no se le responde a la sociedad. Lo primero es un análisis de lo que se hizo y por qué pasó lo que pasó, y no reducirlo a quién puede ganar una Intendencia".

Mi comentario:

Uds. saben lo que pienso lo he desarrollado ya en cientos de notas y columnas. El programa del Frente se agotó, es necesario entender el mundo de hoy y hacia dónde va, y para ello se necesita avanzar en un programa, que tiene dos herramientas centrales: la moneda y los impuestos, y ante la pregunta:

¿Con qué medidas se avanzaría?
Creo que esta es la pregunta. Si volvemos a escuchar el discurso de Mujica en la ONU (setiembre 2013), habla de la moneda y de los impuestos, pero a la vez no avanza sobre el camino para aplicarlos, lo de él es una exhortación. He escuchado la crítica: “Mujica dice una cosa en la ONU y hace otra en el país”. Cada punto de programa tiene que definirse como aplicarlo.

Lo que ha hecho el Frente en materia programática es lo que podía hacer; podía haber sido más prolijo y no cometer errores y horrores en la gestión sí. Los que critican lo realizado no definen como hacer para lo que proponen y las mayorías son planteos estatistas, que hoy no se pueden aplicar. Se pudo abrir la investigación sobre los negocios con Venezuela que poco o nada beneficiaron al Frente y si a algunos que no tienen nada de frentistas. Se pudo abrir la negociación con UPM, pero es un tema complejo y el país necesitaba la inversión, como muchas de las que se han hecho en el campo, muchas de las cuales contaminan más que la papelera.

Vencer el secretismo empresarial en el capitalismo no es un objetivo lograble en el marco nacional, es parte de la transformación en la dirección de los organismos financieros internacionales que la humanidad necesita, si la transparencia y el control sobre la gestión gubernamental, que en el Uruguay han existido, con altibajos, pero han existido y existen.
El mundo necesita que se encare el problema monetario y el impositivo. Hay dos responsables principales: el FMI y el Banco Mundial.

El programa que hoy se necesita tiene un escenario global. El Frente con lo que aplicado sobre la moneda y los impuestos, no hizo menos ricos a los ricos y ni redistribuyó riquezas, fue más justo en lo tremendamente injusto que es el sistema impositivo que se aplicó en el país y no digo que se pueda aplicar otro sin atacar con aliados a los centros que son el FMI y el BM., quedaríamos fuera del circuito financiero internacional y eso en economía es una pena casi que de muerte, por ahora y hasta que los pueblos tengan fuerzas para cambiarlo.

Porque Mujica se calló, ¿lo amedrentaron con que el país iba a quedar aislado como hicieron por ejemplo con Venezuela? No lo sé, pero ese es el camino que deben transitar las organizaciones políticas del Frente Amplio y las organizaciones sindicales con sus hermanas en el mundo.
Mujica talenteó bien en la ONU, pero no tiene cultura de Partido como la tenía Rodney Arismendi, por ejemplo, y luego se llamó a silencio.

La crisis de la predominancia del modo de producción capitalista es irreversible y necesita de una respuesta programática que tiene dos herramientas centrales: la moneda y los impuestos.

Son las herramientas que no menciona en sus análisis la izquierda hoy mayoritaria en el mundo de formación stalinista que aboga por las estatizaciones, que siempre fueron una solución coyuntural para aliviar la explotación social y donde mejor se aplicaron y se aplican es en la enseñanza y en la salud. La necesaria socialización de la economía no pasa por las estatizaciones.

Es por lo tanto lógico que surja la pregunta: ¿y entonces como hacer?
En nuestro país un ejemplo ha sido la obra política, económica y social de José Batlle y Ordoñez, que correspondió a la etapa de pleno desarrollo del capitalismo en el Uruguay y en el mundo, hoy es ya otra la situación y son imperiosas las medidas a nivel ecuménico.
Como por ejemplo la toma del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que reorganice y democratice la economía mundial.

Insistimos esto no es el fin del capitalismo si el fin de su predominancia como ha ocurrido por ejemplo con el modo de producción anterior en la historia.
La idea de la confrontación de modos de producción por la predominancia es ajena a lo que desarrollaron Marx, Engels, Lenin, los más destacados y con aportes en una infinidad de textos, que hoy es necesario leer y estudiar, no como una expresión de fe sino para entender en qué mundo vivimos y cuáles son las herramientas para transformarlo.

Se me podría decir: estás proponiendo una utopía. No, si se conjuntan las voluntades como ayer -8 de marzo- por ejemplo, se conjuntaron en las expresiones masivas por el día internacional de la mujer, que expresan avances en la consciencia colectiva y abren el camino para avances programáticos.

La dificultad radica en que la izquierda en el mundo piensa en la propiedad productiva como centro de la explotación capitalista y su sustitución por el Estado, sin comprender que la gobernanza de la economía mundial ya no radica en los Estados. Y se plantea, esto si un imposible: que vuelva a los Estados.

Es partir de la democratización de la gobernanza global hoy existente, dando muerte a los paraísos fiscales, que se podrá organizar la producción de tal manera en beneficio de la humanidad que unidades más pequeñas de producción y las propias cooperativas podrán formar parte de un plan global incentivando la rentabilidad y la eficiencia.

Sin embargo, la propiedad de los medios de producción y cambio, merecerá notas posteriores, particularmente por la complejidad actual en que se mueven el mundo de la tecnología y de los accesoramientos, que ya comienza a llamarse con reglas propias: “accesocracia”.

(*) Mientras redactábamos esta columna han comenzado a llegar noticias del desplome de monedas nacionales y de las más importantes bolsas de valores. Se habla como detonante el coronavirus, pero acá más que detonante convendría escribir sobre cómo está armada la bomba, y en esto nadie puede quitar responsabilidad a los organismos rectores de la economía mundial y a su errática política.

sipagola@adinet.com.uy