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viernes, 11 de diciembre de 2020

Médicos nunca sobran ni los cubanos hacen sombra

 Por Rolando Prudencio Biriancon:  

Tal vez esa debiera ser la forma de entender lo que quiso decir con toda diplomacia el diplomático cubano Danilo Sánchez, encargado de negocios de Cuba en Bolivia, quien parafraseando al comandante histórico Fidel Castro, señaló que: "Los médicos nunca sobran". Es más, ha aclarado: "nunca vamos a ningún lugar a quitar el puesto de trabajo. Vamos a colaborar de manera humilde y amistosa en todos los sitios donde hemos estado y seguimos estando”. 

Esta aclaración hecha por el diplomático cubano, no hace más que sintetizar la concepción respetuosa que tiene cada uno de los galenos cubanos que es poner en práctica su formación no sólo profesional, sino internacionalista y solidaria que trasciende fronteras, allá donde se los requiera. Pero además respetando el derecho al trabajo que tienen los médicos en sus países. 

Y es que los valores del ejercicio de esta noble profesión se fundan; no sólo en el juramento hipocrático, sino en el ejemplo del Che Guevara, que como es de conocimiento público la ejerció más allá de las fronteras de su país de origen, como fue su presencia como médico en leprosario de San Pablo en Perú cerca de Iquitos en plena selva amazónica, entre la frontera entre el país del Rímac, Brasil y Colombia; qué quisiera saber si algún médico boliviano, que se desgarra las vestiduras por el anuncio de su retorno haría lo que hizo el Che. 

Este sólo antecedente en la formación de los médicos cubanos, dan la pauta que no sólo que los médicos nunca sobran, sino que es una prueba del desprendimiento y entrega que deben tener para ejercer esta profesión, que por cientos de miles la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina), ha formado a lo largo de su historia.

Y ni qué decir del prestigio ganado por la medicina cubana en el mundo; no sólo por sus avances científicos sino por su vocación solidaria con países que requieran su concurso, como el caso de la lucha contra el ébola en el África tal como ha reconocido la OMS, más de una vez. 

Es entonces una pueblerina susceptibilidad de los médicos bolivianos -su dirigencia- que ante la sóla idea de un retorno ha echado el grito al cielo, acusando además que vienen hacer trabajo político de adoctrinamiento ideológico.

Pero han sido, y son los hechos, las obras las que desmienten estas declaraciones desesperadas, cuando han sido los galenos cubanos que ya han demostrado su desprendimiento con la misión solidaria de la Operación Milagro. 

Así que por más sombra que se le haya tratado, y se trate de hacer a la medicina cubana, siempre saldrá a la luz su vocación solidaria allá donde no sobran los médicos, y sin hacerle sombra al ejercicio de sus conocimientos. 

rolandoprudenciobriancon@gmail.com 

sábado, 18 de abril de 2020

Los que más sufren con la pandemia



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Los datos disponibles en todo el mundo son muy reveladores. El virus de la actual pandemia no discrimina entre pobres y ricos o entre los habitantes de los cinco continentes. La plaga se extiende inexorable por el mundo y probablemente no vaya a existir algún lugar de la tierra que se libre de ésta.

Sin embargo, como lo son todas las pestes, las guerras y los cataclismos de distinta índole, las soluciones siguen afectando a los pobres y excluidos más que a los más pudientes o poderosos. En el estado de Lousiana, en Estados Unidos, el 70 por ciento de los muertos son afroamericanos o latinos, cuando la población blanca es muy mayoritaria. También ocurre lo mismo en Nueva York y otros estados del país más afectado por la epidemia, pero que curiosamente tiene los mayores recursos del mundo para enfrentarla.


En Chile se asume que el mal fue importado por quienes volvieron del extranjero. Principalmente por quienes regresaron de vacaciones o trabajo desde Europa, Norteamérica y Asia. Así como se sabe que los barrios más infectados son los habitados por los más ricos, esto es los sectores más altos de la Capital donde las autoridades han debido imponer las más severas cuarentenas y acciones para mitigar los contagios. Pero en su arrogancia, no son pocas las personas de estos barrios las que justamente han evadido las medidas, al grado que varios de ellos vulneraron la disposición de mantenerse en sus casas, recurriendo a aviones o helicópteros para escapar a los balnearios y contaminar a los resistentes del litoral donde se encuentran los principales lugares de descanso y esparcimiento del país.

Todo el mundo celebra la disciplina con que el pueblo chileno ha cumplido las estrictas medidas impuestas para evitar la propagación del Covid 19, pero son los alcaldes de las comunas más pudientes los que se quejan de la irresponsabilidad de sus vecinos, instando a que a los infractores se los multe, encarcele y, sobre todo, se den a conocer sus nombres a manera de escarnio público. En esos barrios viven, por lo general, todas las principales autoridades de Gobierno, así como los miembros del Parlamento Nacional incapaces en su amplia mayoría de comportarse como corresponde ante una emergencia tan grave. Pero ya sabemos que, a ellos, más temprano que tarde, el pueblo les pasará la cuenta en las elecciones, así como el descrédito del jefe del Estado ya se le ha hecho irreparable.

En la observación de quienes mueren en Estados Unidos y otras naciones ricas se concluye que el temor a ser deportado del país ha ocasionado los decesos de miles de inmigrantes ilegales. También se constata que son los indigentes los que se enferman y fallecen con mucha frecuencia sin perjuicio de que se trate de persona más jóvenes o niños. Quizás hasta se trate de un rasgo de justicia en toda esta situación el que, hasta este momento, el virus se ha hecho mucho más letal entre los hombres que en las mujeres, posiblemente por la mayor resistencia de todas ellas a superar el hambre, la miseria y otras enfermedades. Al ganar mayor inmunidad que los varones ante las injusticias de su cotidiana sobrevivencia.

Pero el número de contagiados crece exponencialmente, por lo que mucho se teme que en algunos meses ya no habrá hospitales, camas, medicinas y respiradores mecánicos suficientes para encarar la pandemia. Ello ha provocado la discusión mundial respecto de quién atender cuando haya que discriminar en los tratamientos para los infectados.

Médicos, sociólogos, filósofos y otros ya discurren qué hacer en tal caso. Si darles prioridad a los más jóvenes que a los más ancianos, a los trabajadores o a los desocupados, la las poblaciones nativas o a los que han venido a avecindarse del otros continentes o países. Toda una disquisición que quiere soslayar que la primera prioridad tendrá que dársele a los que tienen más recursos para financiar su recuperación, versus la suerte de aquellos que, para colmo del mal, perdieron sus empleos, tienen menos educación o aportan menos a la riqueza nacional.

La Universidad Católica de Chile ha colaborado en un manual de procedimiento ético para el momento que el personal de la salud se encuentre ante la disyuntiva de quién salvar de la muerte o dejar que fallezca. Vaya qué difícil disyuntiva, se nos dice, aunque ya sabemos cómo en nuestro país, al menos, hoteles y recintos de lujo ya están habilitados para los enfermos más ricos, así como la nación más rica del mundo y otras pobres como Ecuador se excavan fosas comunes o se construyen ataúdes de cartón para sepultar a los llamados NN o a quienes no pueden financiarse un funeral.

En su aflicción, el Pontífice Católico acaba de advertirnos en una interesante entrevista que él teme por el resurgimiento de la vieja teoría maltusiana que advertía la inconveniencia de que los pobres de multiplicaran mucho para afectar la economía, el inminente escás de alimentos y bienes para todos. Al mismo tiempo que nos ha recordado los discursos de Hitler y la necesidad de exterminar a los seres inferiores (judíos, discapacitados y otros). Fustigando, nuevamente, la hipocresía de ciertos políticos que hablan del hambre en el mundo mientras sigue fabricando armas…

Todo un enorme desafío no otorga la pandemia, la que sin duda está llamada a cambiar nuestras formas de vida, la hegemonía de los mercados y las relaciones internacionales. A hacernos recapacitar sobre las abusivas prácticas de consumo, la pavorosa desigualdad social y los constantes y suicidas atentados contra la naturaleza. Ahora que la ciudad de Nueva Delhi luce despejada de humo y varias especies animales han atrevido a acercarse a sus dominios ancestrales, mientras una enorme cantidad de pueblos se mantienen confinados.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 28 de marzo de 2020

Nada es más importante que la salud.



Por  Tony López R.:
Nada es más importante que la salud, es el principal concepto que deben respetar aquellos gobiernos que dirigen los destinos de sus pueblos y principio fundamental de respeto a los derechos humanos. Hoy asistimos a una terrible enfermedad que ya ha costado la vida a más de 21 mil personas y que mantiene a nivel global cerca de medio millón de habitantes de nuestro planeta infectadas y con amenazas para sus vidas, convirtiéndose, tal como lo ha declarado la OMS, en una pandemia.


En medio de esta verdadera desgracia para los pueblos de 171 naciones, entre ellas Italia, una de las naciones más afectadas con cerca de la lamentable perdida de un poco más de 6 mil fallecidos, está nación y su gobierno atendiendo a la alta profesionalidad y prestigio de la cual goza la medicina cubana, acudió a nuestro gobierno y le solicitó apoyo para que un equipo de médicos y profesionales de la salud cubana, acudieran en su apoyo,  petición  fue respondida positivamente y ya 130 profesionales cubanos se encuentran, en una de las zonas más afectadas, Lombardía enfrentando a este terrible mal.

El gesto cubano con Italia y con el gobierno del Reino Unido, de permitir el atraque del crucero ingles  MS Braermar,  para trasladar a cerca de 950 personas por vía aérea a Londres, de los cuales, tenían  medio  centenar de personas sospechosas  de estar  contagiadas con el virus Covid- 19 y cinco de ellas enfermas,  ello  provocó una lluvia de mensajes y artículos en medios de prensa, de agradecimientos desde Europa, América Latina y de muchas partes del mundo, y junto a ellas criticando a Estados Unidos, por negarse aceptar en sus puertos el atraque del  crucero inglés, sin tomar en cuenta que esas personas podían contagiarse y tener un alto número de muertes.

La campaña de solidaridad con Cuba y reconociendo la profesionalidad de la  medicina cubana, incluyendo el uso del interferón alfa-B2, que no cura, pero evita, que la enfermedad se desarrolle  y evadir complicaciones, por tanto salva las vidas de los pacientes,  como ha dado a conocer el gobierno de la hermana República Popular China, lo que  hizo trizas, la campaña del gobierno de Estados Unidos, contra  la medicina cubana y la alta profesionalidad de nuestros galenos, la cual  como tonto  papagayo,   venia repitiendo el  Secretario de Estado Mike Pompeo y el propio presidente Donald Trump.

Al quedar como unos reales mentirosos y usando los mezquinos, despreciables y maquiavélicos métodos, de hace 60 años contra Cuba,  hace apenas 72 horas el Departamento de Estado, volvió a cargar contra la Isla, pidiéndole a los gobiernos  que no soliciten el servicio de los médicos cubanos, repitiendo las mismas mentiras, que  nuestros profesionales son “esclavos de la dictadura”, y otras cantidad  de estupideces, que ni ellos mismos se creen y mucho menos los apátridas y anexionistas  que usando las redes sociales como Ciber Cuba  se hacen eco,  pues algunos de ellos son pagados por la embajada de Estados Unidos.

Mientras Trump y Pompeo se dedican atacar a Venezuela y a Cuba y recrudecer sus políticas de sanciones y bloqueo, hay también que dar a conocer a nuestros lectores lo que según políticos y científicos estadounidenses comentan sobre la política del gobierno de Trump relacionado con la salud en Estados Unidos y con el Covid-19.   

El político republicano estadounidense Peter Wehner expresó al diario Atlantic, el pasado 16 de marzo lo siguiente: “en enero de 2016, escribí que a pesar de ser un republicano de toda la vida y trabajé en las tres administraciones anteriores del Partido Republicano, que nunca votaría por Donald Trump.”  “Lo que expliqué entonces, y lo he dicho muchas veces desde entonces, es que Trump, es fundamentalmente no apto (intelectual, moral, temperamental y psicológicamente) para el cargo.

Para Wehner, “esa es la consideración primordial en la elección de un presidente, en parte porque en algún momento es razonable esperar que un presidente enfrente una crisis inesperada, y en ese punto, el juicio y el discernimiento del presidente, su carácter y capacidad de liderazgo, realmente importa”.

 “El señor Trump no desea familiarizarse con la mayoría de los problemas, y mucho menos dominarlos”, así lo expresé hace cuatro años. “Ningún candidato presidencial importante ha sido tan desdeñoso de conocimiento, tan indiferente a los hechos, tan despreocupado por su ignorancia”.

“Añade Wehner “La virulenta combinación de ignorancia, inestabilidad emocional, demagogia, solipsismo y venganza del señor Trump no hará más que resultar en una presidencia fallida; podría muy bien conducir a una catástrofe nacional. La perspectiva de Donald Trump como comandante en jefe debería provocar un escalofrío en la columna vertebral de cada estadounidense”.

 Si tomamos en cuenta esta opinión de quien fuera un importante funcionario de tres administraciones republicanas, debemos tener claro que cualquier loca acción puede tomar el inquilino de la Casa Blanca. Pero veamos, que señalan los científicos estadounidenses, sobre el fenómeno del Covid-19 y esta amenazadora pandemia para Estados Unidos que ya ha llegado a 84 mil contagiados y que su número lamentablemente puede crecer.

Según Wehner “el presidente y su administración son responsables de errores graves y costosos, especialmente los fallos épicos de fabricación en las pruebas de diagnóstico, la decisión de evaluar a muy pocas personas, la demora en ampliar las pruebas a los laboratorios fuera de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, y problemas en la cadena de suministro. Estos errores nos han dejado ciegos y muy rezagados, y, durante algunas semanas cruciales, crearon una falsa sensación de seguridad.

 “Lo que ahora sabemos, añade, es que el coronavirus se propagó en silencio durante varias semanas, sin que nos demos cuenta y mientras no hacíamos nada para detenerlo. Los esfuerzos de contención y mitigación podrían haber disminuido significativamente su propagación en un punto crítico temprano, pero desperdiciamos esa oportunidad”.

“Simplemente han perdido tiempo que no pueden compensar. No se puede recuperar seis semanas de ceguera”, dijo a The Washington Post Jeremy Konyndyk, quien ayudó a supervisar la respuesta internacional al Ébola durante la administración de Obama y es un miembro principal de políticas en el Centro para el Desarrollo Global.” En la medida en que haya alguien a quien culpar aquí, la culpa está en la gestión pobre y caótica de la Casa Blanca y la falta de reconocimiento del panorama general".

A principios de esta semana, Anthony Fauci, el respetado director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, admitió en un testimonio ante el Congreso que Estados Unidos todavía no está proporcionando pruebas adecuadas para el coronavirus. “Está fallando. Admitámoslo". Él añadió, “La idea de que nadie conseguir [pruebas] fácilmente, la manera en que la gente de otros países lo están haciendo, no estamos preparado para eso. Creo que debería ser, pero no lo somos ".

“Es conocido que la Organización Mundial de la Salud tenía exámenes de trabajo que Estados Unidos rechazó, y los investigadores de un proyecto en Seattle intentaron realizar pruebas tempranas para el coronavirus, pero los funcionarios federales se lo impidieron. (Los médicos del proyecto de investigación finalmente decidieron realizar pruebas de coronavirus sin aprobación federal”).

“Pero eso no es todo. Según los informes, el presidente ignoró las advertencias tempranas sobre la gravedad del virus y se enojó con un funcionario de los CDC que en febrero advirtió que un brote era inevitable”.
La administración Trump desmanteló la oficina de salud global del Consejo de Seguridad Nacional, cuyo propósito era abordar las pandemias mundiales; ahora estamos pagando el precio por eso. "Trabajamos muy bien con esa oficina", dijo Fauci al Congreso. "Sería bueno si la oficina todavía estuviera allí". Podemos enfrentar una escasez de ventiladores y suministros médicos, y los hospitales pronto pueden verse abrumados, si el número de casos de coronavirus aumenta a un ritmo similar en países como Italia. (Esto causaría no solo muertes innecesarias relacionadas con el coronavirus, sino también muertes de aquellos que padecen otras dolencias que no tendrán acceso inmediato a la atención hospitalaria).

Esta es la lamentable y crítica situación,  de cómo importantes  expertos y científicos estadounidenses, están evaluando la situación interna que  tiene su país del sistema de salud,  no solo respecto a esta pandemia, también las muertes  de aquellos que padecen otras dolencias, que padecen ciudadanos estadounidenses,  por el abandono federal del gobierno de Donald Trump y  este señor y su Secretario de Estado,  se abroga   el derecho de usando falsedades, criticar y armar una campaña contra el  el modelo de salud cubano.

Como era de esperar nuestra cancillería dio una contundente respuesta a tanta maldad, mentiras y cobardía del gobierno de Donald Trump y recordó que, en mayo del 2003, el histórico discurso del comandante Fidel Castro en Buenos Aires, Argentina, cuando expresó “nuestro país no lanza bombas contra otros pueblos, ni manda miles de aviones a bombardear ciudades, nuestro país no posee ni armas nucleares, ni biológicas”. Nuestro país envía médicos y no bombas, precisaba Fidel en aquel discurso.

Médicos para salvar vidas, y ejemplos hay muchos, como se hizo, incluso en la década del 60 cuando el terremoto azotó a Nicaragua y existía la cruel dictadura de Somoza, que por cierto apoyaba Estados Unidos. Fueron nuestros médicos a Perú, Pakistán, Chile, Ecuador, entre otros lugares y sin que mediara ningún tipo de interés, ni político ni económico, solamente la solidaridad humana, que, para Busch, eran oscuros rincones del mundo.

Bombas y metralla, las que utilizó Estados Unidos contra el inerme pueblo panameño, cuando el 20 de diciembre de 1989, de manera cobarde y usando su brutal poderío, invadieron Panamá, con el pretexto de detener al general Manuel Antonio Noriega, acusado, según ellos, de estar vinculados al narcotráfico, otra gigantesca mentira que, nunca lo pudieron probar y asesinaron a miles de panameños  cifra aún desconocidas, algunos la ubican en mas de 5 mil y otros en 10 mil muertos, asesinados por esas bombas y metrallas. 

Cuando terminaba este artículo recibí la denuncia del canciller Jorge Arriaza,  trasmitida por Telesur, dando a conocer que el Departamento de Estado, había presentado ante el  Fiscal General de Estado Unidos,  una acusación contra el presidente Nicolás Maduro por narcoterrorismo y a otros dirigentes venezolanos,  estar asociados con los comandantes guerrilleros Iván Márquez y Jesús Santrich , quien ante la traición del gobierno  colombiano que presidente Iván  Duque,  retomaron las armas y continúan su lucha contra  ese autoritario y desprestigiado gobierno.

Este paso del gobierno de Donald Trump, debe ser tomado muy en cuenta por nuestros pueblos, y ojalá esté equivocado, pero en mi modesta opinión, estamos en presencia del preludio de una agresión militar contra Venezuela, usando los mismos y mentirosos argumentos que usaron contra Panamá, Afganistán e Irak.

Pero esta noticia, será objeto de un próximo artículo, porque considero firmemente en una inminente acción militar, usando diversas modalidades y utilizando la actual coyuntura provocada por la pandemia, contra Venezuela y los pueblos deben estar atento a esta seria amenaza.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com

miércoles, 25 de marzo de 2020

Quítale la corona al virus


Por Juan Martorano:
En este escrito, me permitiré escribir en la primera persona del singular, porque escribiré desde mi subjetividad. Por razones obvias, he estado alejado de la escritura de estos aportes, en una primera etapa por compromisos laborales, y en una segunda instancia, debido a la declaratoria de estado de excepción de alarma instruida por el Presidente Constitucional y Legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, en el marco de la cuarentena social y colectiva decretada por la llegada de la pandemia COVID 19 al país.

Por laborar en uno de los sectores exceptuados en el decreto de estado de excepción de alarma, no he cumplido al cien por ciento la cuarentena social y colectiva ordenada por el Primer Mandatario Nacional, porque al igual que cientos de miles de hombres y mujeres de la Patria, efectivos policiales, militares, médicos, productores y distribuidores de alimentos, entre otros, estamos haciendo nuestra contribución para cuidar a no menos de 30 millones de habitantes de esta tierra de gracia que se llama República Bolivariana de Venezuela. En algún momento, luego de superado este difícil trance, no habrá condecoración donde se reconozca la labor de tantos héroes anónimos y heroínas anónimas que contribuyeron a preservar la salud, la vida, pero sobre todo la paz del país.

Sin embargo, tampoco es que he estado realengo en las calles y paseando. Me ha tocado trasladarme hacia mi sitio de trabajo, el cual queda muy cerca de donde resido (a unos 20 minutos o menos caminando) cumpliendo las medidas sanitarias correspondientes (el uso de la mascarilla, el lavado de manos con jabón y gel antimaterial, el saludo sin besar o abrazar, etc.) desde mi oficina, en un espacio donde soy el único el que se encuentra en dicho espacio, casi que en completo aislamiento. Y una vez que terminó mis labores, me voy inmediatamente a la residencia. Es decir, he cumplido la cuarentena, pero bajo esta modalidad.

De hecho, para poder acceder a mi espacio laboral donde me encuentro, constantemente soy sometido a los test del COVID 19, los cuales de los más de 20 que me han hecho, he salido negativo en todos ellos.
De ahí que agradezco todas las preocupaciones de mis seres queridos, amigos, familiares, que sé que están muy pendientes de mí. Les señaló que estoy bien, sano, sereno y muy firme.

De hecho, he dejado de asistir, de manera voluntaria, a espacios radiales con los que comparto con algunos buenos camaradas y amigos en emisoras como Al Son del 23 94.7 FM y Radio Arsenal 98.1 FM, ambas ubicadas en la combativa e histórica parroquia 23 de enero de Caracas. Pero, si el alto mando político y militar de la Revolución decide mi reactivación junto a mis compañeros, de los referidos espacios para llevar información al pueblo para afrontar y enfrentar la actual coyuntura, no dudaría en hacerlo, al igual que mis compañeros y camaradas de camino.

Tengo en el tintero un tema a desarrollar, que tiene que ver con el recuento de votos en los comicios parlamentarios y presidenciales en Guyana. Pero, debido a la actual situación del país producto de la cuarentena social y colectiva decretada en el marco del estado constitucional de excepción por alarma. Quiero llevar más bien en esta oportunidad un mensaje de reflexión, pero a la vez de optimismo y resiliencia al pueblo venezolano.

Decidí titular este artículo como lo hice, debido a una incipiente campaña que se impulsa desde el Ejecutivo Nacional, denominada: “Quítale la corona al virus”. Todos los venezolanos y todas las venezolanas, independientemente de nuestras simpatías políticas o ideológicas, debemos apostar por el éxito rotundo de esta campaña, cumpliendo las instrucciones y medidas que ordenadas el Primer Mandatario Nacional y Jefe de Estado.

Ha sido sorprendente no sólo el acatamiento de la orden emanada por parte del Ejecutivo Nacional por parte de los habitantes en el territorio nacional en más de un 90%. Chavistas y opositores nos hemos unido como un solo pueblo, y nos hemos respetado. Pero además me ha llamado la atención no sólo el despliegue de la FANB y cuerpos policiales en las calles, garantizando la paz y la seguridad, sino que es interesante ver como en algunas residencias y edificios donde moramos algunos, en las carteleras del condominio, se han colocado folletos e informaciones para las medidas sanitarias y preventivas para evitar la propagación del coronavirus COVID 19.

De hecho, en lo personal, no me cabe la menor duda que el COVID 19 es no sólo un arma de guerra bacteriológica, sino económica. Pero estas consideraciones las haremos en próximos artículos que escribiremos, en la medida de lo posible y mientras la cuarentena social y colectiva y obligaciones nos lo permitan.

Este no será como lo expresé un artículo más de un frío análisis o meras informaciones. En esta oportunidad, quiero permitirme transmitir un mensaje de acompañamiento y de amor, que pueda llegar al alma nacional. Y que pueda llegar desde el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, hasta el ciudadano y la ciudadana más humilde que habita la República Bolivariana de Venezuela.

Este mensaje, en realidad no es mío, sino que fue escrito por mi amado tío Francisco Martorano, hombre de casi ochenta años de edad, con una discapacidad motora, a quien quiero y amo como a mi padre, su hermano, quien cambio de paisaje hace 7 años y tres meses. Y que, pese a todos sus dolores y achaques de su edad, sin embargo, su mensaje me dio una lección que quiero compartir con todas y con todos a quienes pueda llegar este mensaje.

No puedo negar que algunas lágrimas se asomaron en mis ojos al leerlo, pero a la vez me llenaron de fuerza y mucho optimismo.
He aquí el mensaje de mi tío Francisco que comparto al heroico pueblo venezolano, digno heredero de las glorias de los libertadores de América:

“Estoy en aislamiento total por disposición gubernamental, familiar y personal; como preocupan y asustan las probabilidades de muerte en situaciones como estas. Sin embargo, hay que señalar como también se fortalecen actitudes revolucionarias, como las de la solidaridad, el acompañamiento fraterno, humano, la disposición de lucha en el combate antiimperialista, y el firme empeño de construir EL SOCIALISMO.
Como las de algunos países como la heroica Cuba revolucionaria.
Enfrentamos la pandemia del coronavirus y la derrotaremos, este pueblo invencible impondrá su decisión de luchar hasta vencer…

Nada ni nadie detendrá este combativo accionar y denlo por seguro…
¡Venceremos!”
Gracias tío por este mensaje tan hermoso.
Y al final, este pueblo será la vanguardia para quitarle la corona a tan terrible virus…
¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com

sábado, 25 de agosto de 2018

USNS Comfort, instrumento de guerra de la armada de Estados Unidos.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
La guerra es un fenómeno sumamente complejo en el que en sus aspectos estratégicos, tiene estrecha vinculación con la política y la economía, es a partir de estas que se puede explicar el origen, desarrollo y las consecuencias que se derivan de los resultados obtenidos. Pero, las complicaciones que la misma entraña, también vienen dadas por sus aspectos operativos y tácticos, que se revelan en el mismo proceso del combate, o dicho de otra manera en la manifestación bélica del conflicto armado.

Se suele suponer que las tropas que participan directamente en las hostilidades, juegan el papel principal en el desarrollo de las mismas, y tal vez esa aseveración sea indiscutible, pero no es menos cierto que sin los aseguramientos que permiten la realización exitosa de los combates, la victoria difícilmente será conseguida.

Existen aseguramientos de dos tipos: por una parte los de carácter combativo, que van a facilitar la toma de la decisión del jefe y la ejecución del mando durante las operaciones, aunque son varios, los más importantes son la información y la inteligencia además de las comunicaciones y la ingeniería. En el otro plano, a veces muy subestimadas, porque en muchas ocasiones se realizan alejadas del borde delantero del combate, se encuentran los aseguramientos logísticos: médicos, víveres, vestuarios, combustibles, armamento y otros, sin los cuales tampoco se podría garantizar el éxito en la batalla.

Toda esta reflexión, surge después de conocer la noticia de que el barco hospital de la armada de Estados Unidos USNS Comfort se va a trasladar a Colombia a fines de desarrollar “labores humanitarias” a favor de los emigrantes venezolanos. Hay que ser demasiado inocente o demasiado imbécil para creer eso. Visto lo anterior expresado, el Comfort como cualquier barco de la armada de Estados Unidos, cumple misiones en la lógica bélica de garantizar los aseguramientos médicos para las operaciones ofensivas de la Armada de Estados Unidos, cuya función -según sus reglamentos- es: “Mantener, entrenar y equipar para el combate a las fuerzas navales, capaces de conseguir la victoria de la guerra, disuadir agresiones y mantener la libertad en los mares”. Podríamos aceptar las dos primeras, pero la última es una auto atribución que Estados Unidos se ha dado y que debe entenderse como la posibilidad de intervenir militarmente en cualquier rincón del planeta donde el gobierno de Estados Unidos por decisión propia, decida que debe hacerlo.

Se habla de “operaciones ofensivas” porque la última vez que la armada de Estados Unidos realizó operaciones defensivas fue en diciembre de 1941, en Pearl Harbor, de manera bastante desastrosa, toda vez que su flota del pacífico fue neutralizada tras el ataque japonés sin poder dar respuesta, salvo en las películas de Hollywood.

Así, el Comfort es un instrumento de agresión de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, toda vez que su subordinación al Pentágono, -no a la Secretaría de Transporte ni a la de Salud de ese país- ubica su misión en términos militares, siendo su objetivo dar soporte a las acciones bélicas que ese país en su carácter imperialista desata en múltiples latitudes y longitudes del planeta de forma permanente y como parte de su política exterior. En este contexto, es evidente que la decisión tomada por el secretario de Guerra de Estados Unidos James Mattis, acatada con la sumisión tradicional de los gobiernos colombianos, no puede entenderse sino como otro eslabón en la preparación de acciones militares ofensivas contra Venezuela.

En el contexto actual, en que el ex presidente Uribe -quien siente una repulsión enfermiza hacia Venezuela-  ha regresado a la supremacía del Estado en Colombia, colocando a su pupilo Duque en el palacio de Nariño, pero controlando a distancia los hilos del poder, existen sobradas razones para temer cualquier acción desde territorio colombiano.

Es sabido que la visita de este barco a otros lugares, aparte de la atención médica que además podría ser provista por cualquier organización civil, hace manifiesto el acoso a la población civil, el incremento de la prostitución y una ostensible presencia de los marinos en los bares de los puertos que visitan, como se atestiguó en Puerto Rico donde el citado barco hizo presencia en octubre del año pasado.

En el trasfondo, estas operaciones se insertan en la necesidad del entrenamiento regular que deben realizar las fuerzas armadas de cualquier país para la realización de la guerra, los aseguramientos y los servicios médicos como parte de ellos, no están ajenos a este proceso de preparación combativa.
Ya en diciembre de 1999, tras el desastre natural producido por las enormes inundaciones que se suscitaron en el estado Vargas, las fuerzas armadas de Estados Unidos ofrecieron su “generosa” ayuda a Venezuela. El presidente Chávez no titubeó en rechazar tal propuesta. En ese caso no ocurría la “crisis de refugiados más grande la historia”, sino “el desastre natural más grande de la historia”, así mismo fue la “intervención cubana más grande de la historia” en Granada en 1983 y la búsqueda del “mayor narcotraficante de la historia” en Panamá en 1989. Como buitres necesitados de carne muerte para saciar su apetito intervencionista, Estados Unidos siempre anda indagando formas que justifiquen su despreciable presencia, el resultado siempre es el mismo: muerte y destrucción.

En 1999, se demostró que las Fuerzas Armadas de Venezuela, el pueblo y el gobierno bastaron para derramar apoyo y solidaridad a fin de salir de la terrible situación por la que pasó el país, sin necesidad de la intervención militar “humanitaria” de las fuerzas armadas imperiales.

Si Estados Unidos tuviera el más mínimo sentimiento humanitario no habría intervenido militarmente al menos 48 veces en América Latina y el Caribe en los dos últimos siglos; ni hubiera apoyado a Stroessner, Pinochet, Videla, Banzer, Trujillo, Batista, Somoza y cuánto sátrapa se haya encumbrado en el poder en los países de nuestra región; no le hubiera robado a México un tercio de territorio; tampoco hubiera financiado al mercenario William Walker para intentar apoderarse de Centroamérica; no se hubiera apoderado de Puerto Rico ni de Guantánamo en Cuba, ni le hubiera impuesto la Enmienda Platt a este país; tampoco hubiera estimulado la segregación de Panamá de Colombia para apoderarse por casi un siglo de un territorio de ese hermano país reprimiendo a sangre y fuego a los valientes panameños que se opusieron a ello; no hubiera intervenido militarmente en República Dominicana en 1904, 1916 y 1965, en Cuba en 1906, en Panamá en 1908, 1918, 1925 y 1989, en Nicaragua en 1910, 1912 y 1927, en México en 1911 y 1914, en Haití en 1915, en Honduras  en 1924, en Guatemala, en 1954 y 1966 ni en Granada en 1983 provocando miles de muertos, no precisamente de forma humanitaria en esos países; no hubiera financiado los escuadrones de la muerte que asesinaron a Monseñor Romero, a los seis sacerdotes jesuitas en la Universidad Centroamericana y a las cuatro monjas maryknoll en El Salvador en 1980, por un partido político al que siguen apoyando hasta hoy; no hubieran apoyado militar, logística y financieramente la guerra de los contras en Nicaragua ni hubiera minado los puertos de ese país a partir de 1981; no hubiera ordenado el asesinato del general Torrijos en Panamá en 1981; tampoco hubiera lanzado el Plan Colombia para asegurar los envíos de cocaína a Estados Unidos mediante vías controladas por la DEA, a fin de hacerse de los multimillonarios ingreso que produce la droga en ese país y que van a parar a su sistema financiero y que sirve como base importante del funcionamiento de su economía, sin importarle para nada la vida y el futuro de los jóvenes de su propio país; no hubieran organizado los golpes de Estado contra Chávez en 2002 y Correa en 2010 ni la secesión de Bolivia en 2008; tampoco hubieran secuestrado al presidente Jean Bertrand Aristide en Haití en 2004, para posteriormente invadir ese país y permitir que Bill Clinton y su esposa hicieran multimillonarios negocios a costa del sufrimiento de ese pueblo; no hubieran apoyado los golpes de Estado en Honduras, 2009, Paraguay, 2012 y Brasil, 2016; ni los descarados fraudes electorales en Honduras 2017 y Paraguay, 2018. No parece, en definitiva, que estados Unidos tenga un expediente humanitario que mostrar, sin hablar de los desmanes que ha cometido a través de la historia por todo el mundo, incluyendo las “humanitarias” bombas atómicas que lanzó en Hiroshima y Nagasaki contra la inerme población civil de esas ciudades.

Muchas de estas acciones fueron realizadas por la marina de Estados Unidos y han contado con apoyo logístico de barcos como el Comfort u otros similares, varias de ellas se han disfrazado de operaciones humanitarias, no hay que ser demasiado inteligente para entender que esta orden emanada de forma directa del ministro de la guerra de Trump y emitida desde Colombia se inscribe en los preparativos de invasión a Venezuela para lo cual han visitado la región -solo durante este año- el vicepresidente Mike Pence dos veces, el ex secretario de Estado Rex Tillerson, le embajadora ante la ONU, Nikki Haley, el actual secretario de Estado Mike Pompeo y el jefe del Comando Sur almirante Kurt Tidd, además del ministro de guerra James Mattis. Entonces, resulta válido o no preguntarse, ¿Cuándo antes en la historia había ocurrido este despliegue?  y ¿Para qué lo realizan? Todos, absolutamente todos, han manifestado en las declaraciones públicas que sus viajes persiguen el derrocamiento del presidente de Venezuela, por tanto, no hay nada oculto.

El despliegue del USNS Comfort en las costas cercanas a Venezuela solo se puede interpretar como una medida logística que se inscribe en los preparativos de invasión a Venezuela de un ejército paramilitar colombiano con el apoyo de su gobierno. Al pueblo venezolano, le queda estar preparado y movilizado y organizarse para que si Estados Unidos, utilizando a Colombia desata tan insensata medida, repeler la agresión y hacer morder el polvo de la derrota a los invasores. Recordar que Sun Tzu, el filósofo y teórico chino de la guerra decía que “En el ámbito castrense existe la premisa de no suponer que el adversario no atacará, sino contar con la propia presteza en presentar batalla; de no confiar en que no atacará, sino hacerse uno mismo inderrotable”
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