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miércoles, 31 de julio de 2019

¿Será AMLO el Hidalgo asesinado, el Juárez fallecido, el Madero fusilado, el héroe antineoliberal?



Por Pedro Echeverría V.:

 1. Aunque Lenin, Mao, o Fidel –los dirigentes de Rusia, China y Cuba- no hayan logrado poner las bases para garantizar la construcción del socialismo en sus países, la realidad es que, con luchar apasionadamente por ese objetivo igualitario, es laudable por ser adelantados a su tiempo. La realidad es que cualquier transformación socioeconómica resulta casi imposible cuando las condiciones no están maduras para su cambio radical. Por ello –aunque soy un radical crítico del lópez obradorismo- no dejaría de ser un tonto al no entender que no se puede encarcelar a todos los grandes delincuentes, a veces ni a los principales, porque “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Estoy de acuerdo con AMLO en que se desatarían gigantescas fuerzas contra él.


2. Sin embargo cuando el presidente Salinas (1988-94) encarceló en 1989 al líder petrolero “La Quina”, destituyó al líder del SNTE Jongitud Barrios (1989) y al dirigente de los músicos, lo hizo con la mano en la cintura, nadie protestó (al contrario, el aplauso fue unánime). Lo mismo sucedió cuando Peña encarceló a la profesora Gordillo. Lo que sucedió es que ambos presidentes estaban decididos a actuar. El presidente López Obrador, que puede llevar a la cárcel a los cinco expresidentes y a al menos a 100 cómplices, con el gran aplauso aprobador del pueblo, se niega a hacerlo. Por lo que se ve las otras autoridades de justicia y los legisladores están siguiendo la blandenguería del presidente. Aquellos estaban decididos, AMLO pierde la oportunidad.

3. Si los presidentes ultra corruptos encarcelaron y destituyeron a quienes consideraban más corruptos que ellos, AMLO –con toda la “aureola de santo”- ¿no puede mandar a prisión a los 100 corruptos, ladrones y asesinos muy señalados? Me decía mi amigo Adán: ¿Y qué tal si López Obrador para triunfar con sus votos hizo la gran promesa en su iglesia que “no mentirá, no robará, ni perjudicará a nadie”, a pesar del terrible daño que le hicieron gobernantes y empresarios a más de 130 millones de mexicanos? Pienso que a AMLO se le puede gastar el apoyo de sus seguidores y, si eso sucediera, habría perdido la oportunidad para profundizar las transformaciones necesarias, tan urgentes, para que el pueblo recupere algo que le corresponde.

4. Muchos piensan que si el presidente López Obrador cumple con mucho  de lo prometido, no existirá ninguna traba para que sea reelecto abrumadoramente para otros seis años de gobierno; otros plantean que no busca la reelección, sino el reconocimiento de haber sido el mejor gobierno de México, por lo menos desde el tiempo de Juárez (1857-72). Sin embargo, para otros como yo, lo importante, es que continúe tomando medidas contra el neoliberalismo, que es el capitalismo de nuestro tiempo, y que las masas tomen conciencia. Obvio, apoyamos con todos sus discursos antineoliberales, pero pensamos que de nada sirven si no se ponen en práctica medidas concretas para extirparlo. Esa es la relación teoría práctica que diferencia la demagogia con la honestidad.

5. Mucho se ha discutido acerca de Hidalgo de la primera transformación, que se acobardó cuando en la lucha tuvo la oportunidad de tomar la ciudad de México; otros han hablado de que Morelos fue un delator al acobardarse frente a sus torturadores. O que en la II Transformación, Juárez -a pesar de su heroísmo frene al clero y los invasores extranjeros- persiguió a las comunidades indígenas y que Madero en la Tercera Transformación, no se decidió a reprimir a terratenientes y explotadores que terminaron por asesinarlo mediante golpe de Estado de 1913. ¿Fracasaron los tres “Transformaciones” por no ser consecuentes o, a pesar de todo, ¿triunfaron por ser un jalón de la historia?  En lo social no hay nada definitivo; todo es reflexión.

6. ¿Qué gobernante honesto o líder honrado de los trabajadores no ha sido calumniado por sus enemigos los explotadores? En México, a pesar de sus defensores y apoyadores, el presidente López Obrador sigue siendo víctima de los medios de información de derecha, que son la inmensa mayoría. A pesar de la presencia de las llamadas “redes sociales” de Internet, que hasta ahora lo han respaldado, la permanencia de los monopolios de Televisa y TV Azteca, así como de Milenio y TV Fórmula –acusados de tradicionalmente sobornados o “chayoteros”- siguen predominando en la teleaudiencia mexicana.  Si acaso el capitalismo universal ha impuesto globalmente la ideología, sin los medios de información, ésta no se difundiría con amplitud.

7. Yo, con mi pesimismo basado en muchas décadas de derrotas, veo diariamente a los enemigos del lópezobradorismo en acecho, buscando errores y pifias para hacerlos grandes, calumniarlo y desprestigiarlo. AMLO es exactamente lo contrario al declarar a diario que su gobierno va muy bien y que aunque sus enemigos busquen torpedearlo, no podrán. El pesimista avanza poco o se estanca a planear porque ve la fortaleza de sus contrarios. Por el contrario, los optimistas como AMLO por todos lados ven avances, aunque las historias estén llenas de derrotas. ¿Qué hacer si entre victorias y retrocesos camina el mundo; si las victorias nunca son definitivas y siempre hay que estar preparado estudiando la historia pendular? (25/VII/19)

alterar26@gmail.com


miércoles, 6 de marzo de 2019

México el rescate de la identidad por la educación.


Por Víctor Manuel Barceló R.:

La aprobación por unanimidad en la Cámara de Senadores, del proyecto de “Guardia Nacional” –que llevó a intensas negociaciones al interior del recinto camaral y a posiciones de la sociedad civil organizada, con críticas varias, marca un hito en los últimos años y en especial en las semanas que lleva de acción concreta el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.



La democracia mexicana tiene momentos de quiebre importantes. Por un lado, la pérdida del poder por el partido que gobernó más de ocho décadas –con variantes positivas, intensas –ya reseñadas- que mediante crecimientos del PIB superiores al 6%, crea en buena medida al México actual y, graves, negativas, entreguistas, en las postrimerías de esa época-, que tira el crecimiento del país a menos del 2%, entregando el control de la economía a grupos antinacionales y extranjeros.

Tal privación del poder político ocurre en la elección presidencial del año 2000. El país entró en un momento de gran expectación, por el triunfo de la oposición, que pronto se diluyó ante la incapacidad del gobierno de la alternancia –de derecha cantada- para dar respuestas a los múltiples requerimientos de la sociedad, en su conjunto y de los grupos mas vulnerables en lo particular.

Los avances del capital sobre los derechos de los trabajadores se fortalecen, la economía tiene crecimientos magros y la política internacional sufre reveses en la relación con varios países del Planeta, en particular con naciones latinoamericanas y caribeñas progresistas. Para muestra está documentado el sonado caso del trato abrupto al presidente de Cuba, Fidel Castro, paradigmática carencia de tacto político y cortesía debida hacia un dignatario extranjero. Para los anales de la diplomacia es un “crimen de lesa diplomacia”. Dicha actitud burda, renegaba la línea de “dignidad y decoro seguida por México en su trato hacia la Mayor de las Antillas”.

 Ver:http://www.escambray.cu/2017/por-meterse-con-fidel/

El fiasco popular fue mayor cuando en el proceso electoral del 2006, se juega con el voto ciudadano y se arrebata burdamente el triunfo a Andrés Manuel López Obrador. Quien toma el control de la nación –“ahiga sido como ahiga sido- es un hombre gris, sin grandes vuelos pero ansioso de pasar a la historia, aunque para ello tenga que inventar la más atroz y sanguinaria guerra contra el narcotráfico, que terminó su sexenio con más de 104,000 muertos, sumando los desaparecidos más de 14,000, de acuerdo a cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Ver:https://www.chicagotribune.com/hoy/ct-hoy-8766718-la-guerra-contra-el-narco-en-mexico-costosa-cara-y-mortal-story.html

Esta situación se repite con gran fuerza en el 2012, cuando llega al poder otro representante de la oligarquía –en esta ocasión priista, miembro del grupo Atlacomulco- que hunde al país aún más, en la más grave “guerra” inventada por su antecesor. El tema desaparece del discurso presidencial, pero los hechos marcan un rumbo: las operaciones militares se mantuvieron con la misma intensidad. En 2016, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) contabiliza 265,000 operaciones y la Marina 37,000; por su parte el gasto en seguridad llega a 248,000 millones de pesos en 2015 y 2016. La guerra contra el narco costó 1.8 billones de pesos al Estado mexicano, sin más resultados visibles que el incremento de personas desaparecidas y muertas.

Los homicidios también crecen. Llevaban casi 70,000 hasta el 2016, para un acumulado de 174,000 en la década, según el SNSP. Otros análisis llevan esta cifra a más de 200,000. (INEGI entre 2007 y 2016). Desaparecidos superan 29,000. Observadores internacionales, afirman que durante el período, fueron práctica común: ejecuciones masivas, abusos de poder, tortura (provocada por criminales, pero también por agentes del Estado), desaparición forzada, ataques a defensores de derechos humanos y asesinato de periodistas.

El gobierno federal presume la detención de 33 de los 37 capos de la droga que, en 2009, la PGR ubicó como los más buscados. Pero investigadores especializados (Eduardo Guerrero (Lantia Consultores) y Luis Astorga (UNAM)) advierten que los cárteles siguen operando y proliferando. Un elemento que muestra tal situación es el del mercado de la droga, aumentando y ensanchando el consumo doméstico en general, máxime entre los más jóvenes. Entre 2008 y 2011, se pasó de 3.9 millones a 5.7 millones de consumidores de drogas ilegales en México (según versión de la Encuesta Nacional de Adicciones) y, en 2014, 1.7 millones de jóvenes de secundaria y bachillerato, consumieron alguna droga.

En esos casi 30 años de acciones alocadas, los partidos políticos pierden identidad. Muchos abandonamos filas en aquellos que ahora se rigen por la búsqueda del dinero fácil, sin importarles la perdida de confianza de sus seguidores, poniendo en la representación de muchos de ellos a personajes ligados con la brutal corrupción galopante que atosiga a la nación, incluso en contubernio con grupos delincuenciales de toda índole. Al no haber precisiones ideológicas -en casi todos los partidos- estos abandonan la sana práctica de capacitar a sus miembros y a los ciudadanos en general.

Los ciudadanos –por su lado- se organizan en grupos, intentando dar valor a su participación en la política, desde apreciaciones sociales que en muchas ocasiones pretenden rescatar tesis que los partidos abandonaron al enfrascarse en el reparto de la riqueza producida, entre ellos y sus socios –por lo general empresas transnacionales-. Un gran desafío para el país y su organización electoral es darle auténtica representación a los ciudadanos en la política nacional. Las normas que se dictan tienen un claro objetivo: evitar al máximo la participación de esas agrupaciones en procesos de elección, poniendo taxativas muy elevadas, que hacen por lo general, muy compleja y costosa económicamente la participación. El privilegio se mantiene para los partidos, en especial los que poseen nichos de poder local, estatal y federal.

Solo una agrupación social –primero-, partidaria –después- logra cruzar el umbral y brincar la vara tan alta impuesta para nuevas organizaciones políticas: el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Su líder se constituye en la lucha social de larga data –por más de cuarenta años encabeza movimientos reivindicatorios por todo el territorio nacional-, organiza todo un andamiaje de voluntad y acción política, que va conformando una ideología en que los grupos sociales más vulnerables –campesinos (comuneros, ejidatarios, pequeños propietarios), obreros cuyas organizaciones requieren renovación o respeto a sus normas de acción gremial por el poder público  y empresarios de toda índole, con decisión para apuntalar una nueva nación que escape de la corrupción, la impunidad y avance a la aplicación correcta de la Ley.

Ese líder –Andrés Manuel López Obrador- es finalmente el presidente de la república mexicana, quien llega a esa posición con el porcentaje de votación más alto de todos los tiempos. La democracia participativa es su meta, llegar a la 4ª Transformación pacífica del país, su ruta, lograr la coparticipación para las decisiones fundamentales del país, de pueblos y comunidades su actuación diaria, que cubre en conferencias mañaneras dentro de Palacio Nacional y en sus recorridos por el territorio nacional, presentando programas sociales, en avance a lo que vendrá señalado en el Plan Nacional de Desarrollo.
 
Su pensamiento se va dibujando en 17 libros escritos a lo largo de su vida activa en la investigación y la política. Señala en el último publicado: “En este libro reafirmo mi postura de que la corrupción es el principal problema de México…convoco a todos los mexicanos, mujeres y hombres, pobres y ricos, pobladores del campo y de la ciudad, religiosos o librepensadores, a construir un acuerdo nacional y a hacer de la honestidad una forma de vida y de gobierno…y con un recto proceder, no hará falta aumentar impuestos ni seguir incrementando la deuda pública, y…mejorarán las condiciones de vida y de trabajo”.

Se adelanta AMLO y afirma: “Si triunfamos en el 2018 y llevamos a cabo los cambios que proponemos, a finales del sexenio… (2024) …habrá un nivel de bienestar y un estado de ánimo completamente distinto al actual. Tendremos una sociedad mejor…por lo que vamos a construir entre todos y desde abajo en el plano de lo material…y haber creado una nueva corriente de pensamiento…consumado una revolución de las conciencias que ayudará a impedir, en el futuro, el predominio del dinero, del engaño y de la corrupción, y la imposición del afán de lucro sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo.
Ver:https://www.gandhi.com.mx/2018-la-salida-decadencia-y-renacimiento-de-mexico

Pero no todo es “miel sobre hojuelas”. La oposición actúa desde la sombra. Múltiples expresiones en las “benditas redes sociales” señalan descontento por cualesquiera programa o expresión del presidente, utilizando fake news, cuentas falsas, robots y otros elementos, que no solo no afectan la popularidad del presidente –el llamado bono democrático- sino que lo elevan hasta cifras muy cercanas al 90 % de aceptación a sus programas. Pero también hay gente pensante que expresa dudas y preocupaciones.

Sin duda, mucho habrá de precisarse en el Plan Nacional de Desarrollo, respecto a diversos planes sectoriales, programas y estrategias que se vienen aplicando. Del presidente para abajo, en la jerarquía gubernamental hay conciencia de que las cosas van muy veloces y el afán de terminar pronto con la corrupción, puede dejar de lado algunas normas para controlar acciones y evitar caer nuevamente en lo mismo. Los equipos trabajan arduamente para vencer las inercias y definir las formas de control, modernas, ágiles, convenientes para que no retornen las lacras que empobrecieron a las mayorías a costa del enriquecimiento de unos cuantos.

Uno de los pasos más sólidos y con consenso nacional es la conformación de la Guardia Nacional, oferta de López Obrador desde la campaña, misma que se concretó hace unos días. El Secretario de Seguridad Pública -Alfonso Durazo- precisó que dicha guardia contará con 80,000 elementos a fin de año. Señalamiento fundamental que cubrirá la primera etapa de su puesta en marcha, tras una tarea camaral de cien días, en que los debates fueron notorios, presentándose y aprobándose diversas modificaciones a la propuesta original.

El artículo

Conviene recordar que la Guardia Nacional fue creada en 1846 por el general José Mariano Salas, presidente de México durante 4 meses (agosto-diciembre de 1846), pensando que era necesario defender al país de la invasión de E.U. Otro de los presidentes que ocupó la Guardia Nacional fue Benito Juárez, en 1858, para combatir a fuerzas externas y contra los conservadores en la Guerra de Reforma, cuyo resultado fue la instauración de la República. en 1853, Antonio López de Santa Anna intentó erradicar la Guardia Nacional por medio del Ministerio de la Guerra. A través de un decreto comunicó que disolvería a este grupo, inutilizándolo por dos años. El presidente Ignacio Comonfort, volvió al Reglamento de dicho grupo para contrarrestar el desorden que existía al interior del Ejército, buscando que el Ejército se depurara, pero la solución salió mal, los gobernadores aprovecharon el momento y utilizaron a la Guardia Nacional para sus propios intereses. Tras su utilización por Benito Juárez, Porfirio Díaz la elimina de facto.

la Guardia Nacional se contempla en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917; en la Ley del Servicio Militar y en la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, pero no existe una ley orgánica que la sustente por lo que hay un vacío legal. Por otra parte, hay contradicciones entre las leyes señaladas respecto a la Guardia Nacional. En una apreciación somera podemos colegir que en el pasado la guardia nacional tuvo motivos militares para enfrentar ejércitos extranjeros y nacionales creados por los conservadores. Hoy constituirá un grupo policial que se irá alejando del Ejército y la Marina, a la velocidad que logre formar sus cuadros fundamentales para la lucha contra el crimen. Ver: Jesús Solano García en su publicación La Guardia Nacional que se encuentra en la Biblioteca Jurídica Virtual de la UNAM.https://www.nacion321.com/elecciones/la-guardia-nacional-que-quiere-amlo-ya-se-uso-en-el-pasado

Las obras humanas, por más empeño que se haga en su perfección, son complejas y como tales adolecen de fallas que requieren irse ajustando en el tiempo. Legisladores del partido MORENA están conscientes de ello por lo que preparan criterios para realizar la evaluación del desempeño de quienes integrarán la Guardia Nacional, así como la regulación en el uso de armas de fuego. Pronto se sabrán las normas, que serán consensuadas con los otros agrupamientos existentes al interior del Congreso Federal. (Continuará)

v_barcelo@hotmail.com

miércoles, 27 de febrero de 2019

Ningún título garantiza conocimientos y menos honestidad prefiero a honestos sin título



Por Pedro Echeverría V.:
1. Aunque es común en el sistema capitalista o “moderno” el “triunfo” de los títulos, de los privilegios académicos, sobre la población sin estudios escolares, el ejemplo de ayer de cómo la joven Edith Arrieta, usada en un cargo en Conacyt, fue expulsada del trabajo por no tener un título universitario y sólo poseer un título de “diseñadora de modas”, me causó mucha indignación. La colaboración de Arrieta “se dio en el contexto de la elaboración de un diagnóstico preliminar sobre el estado de la agricultura campesina y su agrobiodiversidad en el área de conservación agrícola de Ciudad de México”. Subrayo que nunca nadie podrá asegurar que los títulos académicos sean garantía de conocimientos y mucho menos de honestidad.

2. Ya mis maestros Iván Ilich, Paolo Freire, A.S.Neill,  Everett Reimer y muchos más, me han enseñado en los últimos 60 años el papel de la escuela en la sociedad capitalista. Luego de los grandes movimientos estudiantiles de 1968 la educación escolarizada comenzó a desplomarse al convertirse en simple requisito para lograr un empleo o para ascender en la pirámide política y económica. Pienso que si no leemos a los autores antes señalados jamás nos daremos cuenta que la escuela es una de las formas más efectivas de manipulación de la conciencia. Y no es culpa de los profesores, sino de un sistema social capitalista que crea y fortalece las escuelas para inducir a los estudiantes a asimilar lo que el mercado manda.

3. En el sistema capitalista los trabajadores (sean obreros, campesinos, maestros) siempre luchan por un salario y condiciones menos jodidas de empleo; jamás luchan contra el sistema capitalista que los explota y oprime con el fin de derrotarlo o desaparecerlo. En el caso de los maestros el asunto es más grave porque educan la mente, el pensamiento de sus alumnos. Si sólo lucharan por mejores salarios y prestaciones estarían pidiendo mejores condiciones por ayudar al sistema capitalista para seguir manipulando con las mismas ideas. Por ello los maestros, sino luchan por una escuela liberadora, crítica, participante, continuarían siendo los trabajadores que sólo están en busca de más dinero para seguir haciendo lo que les ordenan.

4. Para comprender que ser funcionario para servir al pueblo no es una cuestión de títulos escolares y que lo más valioso es la honestidad y los deseos de servir, en “Un mundo sin escuelas” señala Illich que “en todo el mundo las escuelas son empresas organizadas y concebidas de modo que copian el orden establecido, ya sea revolucionario, conservador o evolucionista”. Ni los profesores ni los estudiantes deciden nada, todos los planes, programas, asignaturas los dicta el poder en función de la necesidad de la empresa. Freire en su “Pedagogía del Oprimido”, Reimer en “La escuela ha muerto”, Neill en “Sumerhill” y los jóvenes del 68 francés, alemán y de EEUU, en “La rebelión estudiantil y la sociedad contemporánea”, caminan justos en su crítica demoledora.

5. Cuando he escuchado críticas a funcionarios ladrones y asesinos, recuerdo que todos tienen títulos académicos que lucen en la sala de su casa. Recuerdo que en México más del 80 por ciento de la población no posee título alguno buscando adornarse con la honestidad y la solidaridad. El pueblo que votó por López Obrador no tiene títulos académicos, aunque las “modistas”, “diseñadoras” y “costureras” son trabajos artesanales muy comunes en las amas de casa proletaria. Espero que en el nuevo mundo dejemos de rendirle pleitesía a la “ciencia” y la “tecnología” como nuevos dioses que producen muchos privilegios. La gente sencilla es mejor porque no posee privilegios que defender y es gente de servicio. (14/II/19)

alterar26@gmail.com