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martes, 4 de septiembre de 2018

Guatemala indignación selectiva

Por Ilka Oliva Corado:

Lo primero que uno se pregunta ante la situación crítica que vive el país, es: ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo el pueblo seguirá soportando (solapando)? La respuesta, tristemente es: hasta siempre. En Guatemala la cosa es de tal sociedad, tales gobernantes.  Hablar de la corrupción en Guatemala, del posicionamiento de la impunidad ante la justicia, del asalto de las clicas criminales al gobierno del país, es hablar del ADN de la sociedad en sí. En Guatemala estamos hechos de  mediocridad, de hipocresía, de tibieza y de descaro.


Jimmy Morales no dio ningún golpe de Estado como el de Temer  a Dilma en Brasil, ni engañó a las masas como el traidor Lenín Moreno en Ecuador, él fue puesto ahí por la mayoría de quienes fueron a manifestar por corrupción los sábados de ir a broncearse, cuando estaba la bullaranga de destituir al genocida Otto Pérez Molina. Es decir: los majeados por la oligarquía, el ejército y la embajada de Estados Unidos en el país. Fueron esas marionetas que son maniobrables para beneficio de quienes tienen el sartén por el mango en esa fincona que aún no llega a país, las que pusieron a ese truhán de presidente. 

Analicemos a profundidad a esa parte de la sociedad que se ha resistido a la corrupción de Jimmy Morales. Hablo de esos ciudadanos cultos, preparados, dignos, trabajadores y honestos que se manifiestan en redes sociales y salen a manifestar los sábados de ir a broncearse (o mojarse ahora que es invierno) frente a la plaza central: ¿por qué no salieron a manifestarse cuando el gobierno de Jimmy Morales violó y quemó vivas a 41 niñas del Hogar Seguro? ¿Acaso la vida de esas 41 niñas no importa  lo más mínimo  como les importa la corrupción? ¿Qué  es lo indignadle entonces para esta parte de la población? ¿El robo de dinero pero no los feminicidios ni las violaciones sexuales que vivieron estas niñas? ¿Por qué no fueron capaces de reaccionar como lo hacen por la corrupción? ¿Por clasistas, homofóbicos, machitas, misóginos e indolentes? ¿Qué temática, qué hechos son los que tienen la capacidad de despertar en esta parte de la sociedad la indignación colectiva? ¿Solo cuando se ven tocados en sus bolsillos?

¿Por qué a esta parte de la población no le indignan las muertes de familias completas en los deslaves de los basureros? Que se alimenten de la basura, que viven en la basura, que mueren en la basura. ¿Por qué no les indigna ver en cada esquina del país, bares y casas de citas y que ahí se golpee, se viole sexualmente y se asesine a niñas, niños, adolescentes y mujeres?

¿Por qué no los indigna la existencia de maquilas donde se explota hasta despellejar a miles de parias? ¿Por qué no les indigna la cantidad de niños picando piedra para sobrevivir? ¿Los miles de niños lustrando zapatos en las calles y parques del país? ¿Las limpiezas sociales en los arrabales? ¿Por qué solo les indigna cuando un monigote como Jimmy Morales llega a robar y a solapar el saqueo de las clicas criminales?

¿Por qué no les indigna la explotación que viven miles de indígenas a quienes se les niega todo, hasta el derecho a la vida? ¿A los miles que se pudren en las fincas cortando café, caña, algodón, frutas y verduras? ¿No les indignan esos miles durmiendo en galeras, sin agua, sin luz, sin servicio sanitario, sin un pago laboral justo? ¿Los miles que se ven obligados a migrar sin documentos? ¿El abuso, la exclusión y las muertes de personas de la comunidad LGBTI?

¿Por qué si les indigna la injusticia, en plenas manifestaciones se apartan de los parias y de los Pueblos Originarios porque ni siquiera en la búsqueda de justicia quieren verlos? ¿Por qué no se unen  a las manifestaciones entre semana que realizan los Pueblos Originarios?   ¿Por qué no les indigna con el mismo fervor que la corrupción  las cantidades de abusos sexuales,  embarazos y partos en niñas y adolescentes? ¿Por qué no les indigna con la misma ira las cantidades de feminicidios en el país?  ¿Por qué no les indigna que no exista una educación y un Estado laico en el país? ¿Por qué no les indigna el robo de mercadería, los golpes y el encarcelamiento de vendedores ambulantes por parte de la policía?

¿Por qué no les indigna que el Congreso busque criminalizar a las mujeres que abortan espontáneamente? ¿Por qué si odian la injustica no apoyan el derecho al aborto? ¿Acaso por cachurecos, machistas y misóginos? ¿Por qué es tan importante revolcarse y sacar espuma por la boca para llamar la atención  frente a la cámara de un medio de comunicación en las manifestaciones? ¿Acaso para fingir decencia e indignación?  ¿Por qué no se revuelcan de dolor y sacan espuma por la boca con la cantidad de niñas abusadas y embarazadas por familiares y desconocidos?

En Guatemala todo es oportunismo, hasta la indignación selectiva. Una llamarada de tuza que dura lo de un flash de fotografía. En donde todo seguirá tal y como está, porque la explotación del paria y mantener el sistema intacto beneficia a todo aquel que descansa placentero sobre los lomos curtidos de quienes aunque griten jamás serán escuchados.  Pero llegará el día que esos  miles de parias despertarán en rebelión y no habrá plaza de sábado de ir a broncearse ni indignaciones selectivas que puedan detenerlos: será la insurrección de la alcantarilla.

ilka@cronicasdeunainquilina.com

viernes, 10 de noviembre de 2017

Oasis de la incoherencia y el oportunismo

Por Ilka Oliva Corado:

Sociedades de doble moral, sociedades incoherentes y chambonas que forman vergeles de tierra fértil para la impunidad de los oportunistas. Sociedades racistas, misóginas, clasistas donde proliferan los peleles. Los cómodos y los insensibles: peor aún, los solapados. Guatemala es una sociedad de esas.



En Guatemala los absurdos en materia de Derechos Humanos se cuentan hasta el infinito, uno tras otro, ya es costumbre que poblaciones enteras de indígenas sean despojadas de sus tierras, les quemen sus casas y asesinen desde el brazo armado de las clicas criminales que pululan en el gobierno y que defienden intereses oligárquicos. 

Es común y normalizado el nivel de violencia hacia la mujer que alcanza niveles de feminicidios y embarazos en niñas y adolescentes a causa de violaciones sexuales, muchos realizados desde el mismo gobierno: ahí están las niñas que fueron abusadas sexualmente y posteriormente quemadas vivas por orden del Estado. Un crimen atroz que no hizo despertar en cólera y dignidad a la sociedad y exigir la renuncia inmediata del presidente y el encarcelamiento de los culpables. Guatemala es un eterno absurdo. Una tierra fértil para los abusadores, oportunistas y descarados.

Si la violación sexual de niñas que estaban a cargo de un refugio del Gobierno y su posterior feminicidio al quemarlas vivas, no hace reaccionar a una sociedad, esa sociedad merece el sistema impune que la gobierna, porque ese gobierno es solamente un reflejo del andamiaje que la conforma.

Se permite que a   los indígenas se les insulte, explote, torture, desaparezca y asesine solo por existir sobre su propia tierra, que no es de nadie más que de ellos, milenariamente.

No es posible que en Guatemala además de seguir negando el genocidio, el gobierno envíe turbas de policías a quemar casas y cultivos para sacar a comunidades indígenas de sus hogares, y que la sociedad no se indigne y por el contrario voltee para otro lugar.

No es posible que siga siendo presidente un hombre deshonesto que aceptó sobornos por trabajar para las clicas criminales que crean leyes a su conveniencia y hacen de la impunidad la simplicidad del día a día. ¡No es posible!

En Guatemala la justicia es un otrora de algún sueño que se tuvo cuando pintaba para una revolución que como timón llevara la Reforma Agraria. ¡Pero, ay, malaya! No nos queda ni la Memoria Histórica de la Revolución de Octubre, mucho menos damos para aceptar que en Guatemala sí hubo genocidio, con esto dándole cabida a propuestas de ley que amenazan con dar una amnistía a los militares culpables de crímenes de lesa humanidad. ¿Qué podemos esperar de una sociedad canalla?

En Guatemala el tema de la corrupción en el gobierno ha encendido chispas de vez en cuando y han ido a manifestar a las plazas, más para la foto que como denuncia. Fotos que circulan en las redes sociales, mundo paralelo donde abundan los revolucionarios de poses y “postees” pero en acción reculan. Digo el tema de la corrupción, porque jamás por el genocidio, jamás por los feminicidios y jamás por el despojo de tierras a los Pueblos Originarios, es un ejemplo de lo que es prioridad para algunos en el país.

Y tampoco lo harán por los niños que son forzados a trabajar, ni por las familias que viven en los basureros y mucho menos por los niños que viven en la calle. En Guatemala la prioridad es el oportunismo de la fotografía para aparentar una dignidad que no existe.

Es pues, un oasis de la incoherencia y el oportunismo.

ilka@cronicasdeunainquilina.com 

lunes, 2 de enero de 2017

Poco nos queda de humanidad

Por Ilka Oliva Corado

Poco nos queda de humanidad, si es que en algún  momento la tuvimos. Un planeta insalvable nos grita pidiendo auxilio, nos hacemos los desentendidos y nos acostamos panza arriba a dormir la mona, mientras todo a nuestro alrededor se va  extinguiendo ante nuestra indiferencia de mediocres egocéntricos.

Somos el deterioro de una especie destructiva, egoísta, oportunista y jactanciosa. Somos el peor de los males. Cada día amanecemos con más especies en peligro de extinción, con la fauna y la flora en agonía, con las selvas tropicales a punto de ser desiertos. Con las calles de nuestro barrio cundidas de basura. Nosotros con nuestro cuero  más duro. Más insensibles que el día anterior.



Cada días más niños en las calles, en los basureros, cada día más feminicidios; más niñas, adolescentes y mujeres violadas. Cada vez más embarazos producto de una violación. Y el derecho al borto que nunca llega porque cuestiona a nuestra doble moral.

Cada día más desapariciones forzadas, más tráfico de personas para fines de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos.  Más migrantes lanzándose a las fronteras de la muerte. Nosotros cada día más corruptos como los grandes capos  y nos acomodamos diciendo, ¿si ellos lo hacen por qué yo no? Más mezquinos que un año atrás. Sumisos cuando nos conviene y excelentes para vivir de apariencias.

Nuestra especie es la ponzoña de todas las criaturas que habitan en el universo. Corrompidos en cada una de nuestras acciones.  Esclavos del consumismo y del chisme. Somos la mera leche para humillar al desamparado, para pisotearlo, para restregarle en la cara nuestra opulencia de bandoleros de doble moral. Esos residuos que nos permite el sistema, porque somos tibios y acomodados.

Nosotros que desconocemos de hermandad y solidaridad. Que la dignidad nos escalda, que la lealtad nos ofende y que la conciencia nos hace los mandados. A nosotros que la palabra humanidad nos crea úlceras. Que el respeto por el otro nos incomoda y nos enfurece.

Somos una especie putrefacta que ni la aves de rapiña quieren comer. Nos devoramos entre nosotros mismos, ansiosos, urgentes, con la avaricia a flor de piel; con la maldad en los labios y la mirada. Con los dardos envenenados en las manos. Y  nos   los lanzamos entre familia, amigos, conocidos y, todos al unísono contra el más explotado del sistema.

¿Cuándo tendremos respeto por todas  y cada una de las especies del planeta? ¿Cuándo vamos a luchar por salvar los ríos, los lagos y los mares? ¿Por la fauna y la flora? ¿Por la sonrisa de los niños marginados? ¿Por la esperanza destrozada de los abuelos que mueren en el olvido de la sociedad? ¿Cuándo dejaremos la avaricia por la conciencia? ¿El oportunismo por el compartir? ¿La indiferencia por la solidaridad?  ¿La exclusión por la inclusión? ¿Los derechos para todos, sin distinción?  ¿Cuándo vamos a luchar por la libertad de los pueblos? ¿Cuándo, cuándo seremos humanos? Urge, era para ayer.

contacto@cronicasdeunainquilina.com