Mostrando entradas con la etiqueta enfermedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enfermedad. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de septiembre de 2020

Por fin una buena: entró proyecto de impuesto a súper ricos

Por Sergio Ortiz:


La situación económica-social y sanitaria sigue siendo muy preocupante. Como siempre, los mayores costos lo pagan los más humildes. El dato bueno fue que entró el proyecto de impuesto a los más ricos. ¡Que sea ley, urgente!

El viernes 28 se notaron las contradicciones entre la realidad y los anuncios del gobierno nacional y el gobierno macrista de la CABA. El informe daba cuenta de 222 muertos y 11.717 contagios de COVID-19 en las 24 horas anteriores. Ayer sábado, con el informe matinal, se había llegado a 392.009 contagios y 8.305 fallecidos.

Son datos muy empinados que superan largamente los anteriores. Encima se confirma que las vacunas – un auspicioso anuncio de semanas previas-, recién estarán disponibles en abril en el mejor de los casos. Así lo declaró Hugo Sigman, el dueño de Insud, que fabricará la vacuna de AstraZeneca-Oxford junto a un laboratorio mexicano.

Irónicamente se podría decir a los políticos de varios signos políticos, que habían tratado de tranquilizar a la población con la imagen de “la meseta”: esta meseta es cada vez más alta. Parece una montaña y no una meseta…
La combinación explosiva de enfermedad y muerte, por un lado, y profundización del parte económico por el otro, causa cada vez más sufrimientos y malestar de la población.

En lo sanitario, aquellas alzas de contagios y fallecimientos aconsejaban endurecer las medidas de aislamiento y volver, con excepciones bien fundamentadas, a la primera cuarentena inaugurada el 20 de marzo. Para eso había que tener determinación y valor, y espaldas para aguantarse las reacciones adversas de quienes quieren liberalizar todo, aun cuando “se mueran todos los que tengan que morirse”, según Alberto Fernández le imputó a Macri.
No fue eso lo que ocurrió el viernes 28. El presidente informó que hasta el 20 de septiembre seguiría la seudo cuarentena que no es tal, con más autorizaciones, por ejemplo, reuniones sociales de 10 personas al aire libre.

Al socaire de esa permisibilidad, Horacio Rodríguez Larreta autorizó en Capital que bares y restaurantes sacaran mesas con sillas a la calle. No le importó que, en su distrito, y como parte del Área Metropolitana de Buenos Aires, la llamada meseta haya crecido casi como el Obelisco. Sus intereses políticos directos, y sus conexiones empresariales, le aconsejan esta apertura “onda Europa”. Cree que así podrá avanzar en su candidatura presidencial del espectro derechoso del PRO-Juntos por el Cambio para 2023.

Del terceto reunido el viernes el más sensato sigue siendo Axel Kicillof: reacio a las aperturas y preocupado por el cuidado de la vida en la principal provincia. En todo caso se le podrá criticar que recién esta semana se dio tiempo para recibir a la mamá del desaparecido Facundo Astudillo Castro. Es un caso gravísimo de desaparición de persona y donde luce como implicada la maldita policía bonaerense de modo que el gobernador debió dar ese paso mucho antes y desprenderse de Sergio Berni. De todos modos, en lo que hace a la cuarentena, que hoy es necesaria, es el único de los tres que busca mantenerla.

Muchas necesidades
No es un cuestionamiento en particular a Fernández y su gobierno del Frente de Todos, porque las necesidades de sectores populares vienen de antes; en especial fueron afectados por la administración del ladre MM.

En la vida se mezclan los tantos y hay responsabilidades compartidas. Resulta difícil trazar una línea precisa y decir, “esto es culpa de Macri” y “esto es del actual gobierno”. Por ejemplo, según datos oficiales, desde mediados de 2019 hasta misma fecha de 2020 se perdió un millón de empleos. Las dos etapas están salpicadas en este caso; en lo que respecta a los Fernández, pueden alegar que recibieron una “pesada herencia” y además sobrevino la pandemia.

En lo tocante a los destrozos causados por el coronavirus, que acá comenzó en marzo, el macrismo no puede lavarse las manos pues dejó al país sin ministerio de Salud, un ajuste generalizado y tremendo endeudamiento. No es exagerado decir que el ingeniero fue aliado y pionero del virus.
El problema es que aquél descansa en Suiza, por ahora impune, y los destrozos los paga la gente con su salud, trabajo, salario y jubilaciones.

Dejando por un momento el tema de las responsabilidades pasadas y presentes, hay que tomar nota de las reacciones sociales. Obvio, el cronista no se refiere a los grupos desquiciados que enlodaron a la bandera argentina defendiendo a Vicentín, Clarín e Inodoro Py. Importan las masas populares y sus derechos elementales.

El ingenio Ledesma, del monopolio Blaquier, obliga a sus 7.000 empleados a concurrir al trabajo sin los recaudos de salud. Lleva 11 muertos y muchos contagios, dentro de una provincia como Jujuy desbordada por la pandemia. Ese gremio hizo 7 paros y el gobierno dictó conciliación obligatoria, en los hechos a favor de la patronal. En esa provincia habrá un paro del personal de salud el martes 1.

No es el único, pues el jueves 3 habrá un paro virtual de los investigadores y científicos del Conicet por aumento salarial. Paralizarán el teletrabajo y marcharán, guardando distancias. Antes hubo protestas y caravanas de médicos y enfermeros, que al 17 de agosto habían sufrido 70 muertes por contagios.
En Córdoba hubo tiempo atrás paros y marchas de los empleados municipales, por despidos, y de los choferes de UTA y de AOITA, por falta de pago de salarios. Ahora se vieron movilizaciones en la Capital, Carlos Paz y Villa Allende en protesta por los incendios de 40.000 hectáreas; muchos los suponen intencionales para achicar el bosque nativo ya reducido al 2 por ciento de lo que existía y favorecer el agrobusiness.

En el conurbano bonaerense centenares de familias ocuparon tierras. Son miles de personas que no tienen dónde vivir. Y en casos como Guernica hubo desalojo policial, con heridos y presos. Otras 140 familias ocuparon un predio forestal en El Bolsón, Río Negro. La lista sigue...

Un amigo del cronista le decía que, en Moreno, localidad bonaerense de 600.000 habitantes, hay 400 ollas populares. Mucha gente come algo, no las 4 comidas, gracias a los centros populares y la solidaridad.
La crisis es muy grave y puede ser aún más grave. Si no se actúa ahora puede terminar en conflictos violentos. Cuando falta la comida y no hay techo, no habrá aislamiento social preventivo ni obligatorio que valga. Que tomen nota las autoridades y actúen en consecuencia. De lo contrario habrá tenido razón el “Zabeca de Banfield” cuando dijo que hay “olor a sangre”. Como viejo y reaccionario tiburón es lo que sabe oler, además de otros perfumes y sustancias.

Una buena noticia y otra muy buena
La buena fue que el jueves el Senado votó la mini reforma judicial, por 40 votos afirmativos contra 26. Para que la derrota del macrismo fuera más dolorosa, presidió la reunión Cristina Fernández de Kirchner, quien supuestamente así zafaría de sus causas judiciales.
Esa acusación es falsa: hay un artículo que dispone que los jueces que hoy tienen las causas seguirán a cargo de las mismas.
Cualquiera hubiera sido la reforma judicial, igual la derecha la habría rechazado porque cree que las cosas, las suyas, están muy bien en el Poder Judicial.

Entonces, si se licua el poder de 12 grandes popes de Inodoro Py, se oponen porque sería una merma de su poder real, ese que articula con el poder económico y el de Clarín, La Nación y Desinfobae.

Si bien no significa un cambio de fondo para la orientación democrática que debería tener ese poder tribunalicio, la petit reforma es progresiva. Puede mejorar ese servicio público con los concursos, el sistema acusatorio y más juzgados, fiscalías y cámaras federales en el interior del país,

Cristina lo admitió: “el país todavía se debe una verdadera reforma judicial que no es la que vamos a debatir este jueves”. Ella debería impulsar un cambio profundo del Poder Judicial, mejorando sus proyectos democratizadores de 2013, paralizados por la Corte de monseñor Lorenzetti. Como la de míster Rosenkrantz es aún peor, se requerirá de una mayor voluntad política. Y no parece que AF y Marcela Losardo la tengan...

El otro hecho, aún más auspicioso, fue que el viernes ingresó el proyecto de aporte extraordinario o impuesto a los súper ricos. El texto, demorado cuatro meses, pues se lo conoció en abril, tiene el patrocinio de Carlos Heller y Máximo Kirchner.

Cobrará por única vez una tasa del 2 al 3,5 por ciento a 12.000 personas que tienen entre 200 y 300 millones de pesos. Así se recaudarán 300.000 millones de pesos, que se aplicarán a gastos del Estado en la emergencia. Es de elemental justicia: que los que más tienen aporten algo para atender necesidades de los menos pudientes.

Es un primer Paso de lo que debería ser una larga marcha contra los monopolios, pero no hay tal marcha en el programa gubernamental. Sólo un paso que, de todos modos, es positivo.

El problema son los tiempos. Ya se demoraron 4 meses y Sergio Massa no tiene apuro: no fijó fecha para tratar la reforma judicial ni el impuesto a la riqueza. Eso sí, el 1 de septiembre reunirá la cámara para votar una ley sobre turismo y otra sobre pesca ilegal. Si el hombre de la embajada pisa el freno, ¿cómo aprobar pronto aquellas normas tan importantes? El tiempo es oro. En este caso, es vida.
ortizserg@gmail.com


sábado, 4 de julio de 2020

Quédate en casa (si puedes) …



Por Carolina Vásquez Araya:

La clase trabajadora, la más castigada en estos meses de pandemia.

Te exigen quedarte en casa y no puedes evitar echar una mirada a tu alrededor con una creciente sensación de inseguridad; estás consciente de que ese mandato tiene muchas aristas y abandonar tus actividades no es una posibilidad real. Para empezar, si tu familia tiene la inveterada costumbre de comer todos los días, para abastecerse de alimentos es preciso salir de casa. Si tu jefe (o tú mismo) está ansioso y angustiado por sostener su negocio a pesar de las restricciones, es preciso salir de casa. También debes hacerlo cuando laboras en una institución fundamental, como los servicios de salud, en donde tu trabajo es vital. Salir de casa, cuando no hay otra opción, es lo que al final del día permite a otros mantener su reclusión sin mayores problemas.



Esto, porque existe un intrincado engranaje de actividades esenciales de las cuales dependemos todos y sin cuya dinámica enfrentaríamos serios obstáculos para sobrevivir. Es un hecho indiscutible nuestra dependencia del trabajo de los demás, sobre todo si ese trabajo nos provee de alimentos, de energía para procesarlos, de una rutina para eliminar los desechos producidos a diario en los hogares, de la entrega a domicilio cuando podemos gozar de esos servicios, de todos y cada uno de los aspectos que garantizan una cierta estabilidad en el orden de la vida cotidiana.

Por eso el mandato de quedarte en casa tiene sus bemoles, dado que no cualquiera puede atender a tan sabia precaución. Sin embargo, ese confinamiento semi voluntario ha comprobado ser el único mecanismo posible para alcanzar los objetivos -tan abstractos como incomprendidos- de “aplanar la curva”, reducir los contagios y así romper la secuencia ascendente que se cierne sobre la población como una amenaza ubicua y perversa. La pandemia ha demostrado en estos meses su inmenso poder sobre todo lo que hemos considerado más o menos inamovible: ha destrozado nuestra capacidad de confiar y nos obliga a evaluar hasta qué punto somos capaces de sobreponernos a una realidad diferente, a un cambio de rutinas, a un encierro forzoso, a una transformación sutil y progresiva en nuestra manera de ver el mundo.

Durante el transcurso de este fenómeno, no solo nuevo sino también difícil de comprender, hemos sido dirigidos por mandatos no siempre basados en el sentido común, muchas veces contradictorios, en numerosas ocasiones orientados a favorecer a ciertos sectores en desmedro de la salud de la población y con un manejo muy deficiente de la información. Esto ha provocado un ambiente de rebeldía, especialmente entre los segmentos más jóvenes y otros cuyos intereses específicos –políticos o económicos- terminan por desembocar en una abierta actitud de rechazo hacia las normas de contención de la epidemia.

Aun cuando las consecuencias no han tardado en manifestarse en repuntes de contagios y pérdida de vidas humanas, la restricción contra libertades personales empieza a verse como un sacrificio que sobrepasa la capacidad de tolerancia. En este proceso, la falta de confianza en las autoridades ha jugado un papel fundamental; sobre todo, en desmedro de un tejido social que empieza a mostrar sus debilidades y de sistemas de gobierno poco acostumbrados a enfrentar la realidad de sus profundas fallas. Aquello que nos golpea hoy es, más que un virus, una enfermedad social endémica evidenciada en la pérdida de sentido de nación y de todo lo que eso implica. Quedarse en casa no es más que un recurso de protección eventual. Lo más importante vendrá cuando salgamos de ella.

Difícil contener los deseos de salir, de regresar a la normalidad.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 25 de marzo de 2020

Reflexiones en tiempos de cuarentena



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
¿Se puede escribir de algo que no sea del coronavirus? ¿No se estará produciendo un hostigamiento mediático sobre el tema? En lo personal, teniendo claro lo que mi familia y yo debemos hacer para cumplir con las normas que ha dictado la Organización Mundial de la Salud para evitar el contagio y la expansión, he decidido no seguir leyendo miles y miles de recomendaciones de todo tipo que llegan, incluso algunas bastante contradictorias.

El atosigamiento de los que escribimos para tratar de explicar el fenómeno en el marco de las ciencias sociales y políticas no deja de ser menor. Paradójicamente el encierro obligatorio ha hecho que las personas tengan más tiempo para leer, eso se ha notado. Tal vez esa sea una de las pocas cosas buenas que nos deja esta pandemia.


Es loable el afán de informar acerca de la expansión de la enfermedad, los avances en términos científicos para enfrentarla y las probables repercusiones que este acontecimiento tendrá a futuro para toda la humanidad.

He tratado de imaginarme el alcance de lo que esta situación pueda significar para la humanidad y me resulta imposible llegar hasta el final. Por supuesto, lo hago desde la perspectiva de lo que siempre he sido y lo que soy, de lo que siempre he pensado y que pienso. Ya lo escribí la semana pasada, pero lo quiero repetir: esta es una guerra del capitalismo contra la humanidad. Es expresión de su declive, de su incapacidad de ofrecer soluciones a los problemas de los ciudadanos y del afán de una minoría de incrementar la riqueza y el lucro a costa del aplastante conjunto de ciudadanos excluidos de los beneficios mínimos necesarios para vivir dignamente durante los 60, 70 u 80 años en que –casi milagrosamente- transitamos por la faz del planeta.

No sé si esta pandemia es peor o no que otras que han ocurrido, lo que si sé es que ésta tiene relevancia porque no escatima: afecta a los príncipes a pesar de su reinado, los millonarios a pesar de su riqueza infinita, los grandes estadistas a pesar de su poder, a célebres artistas y deportistas a pesar de su fama. Espero que todos estén reflexionando acerca de que nada de esto les sirve para escapar de la furia desenfrenada de la pandemia. Finalmente son tan frágiles como cualquiera y la muerte les va a llegar como a todos.

Se ha sabido por ejemplo que el empresario mexicano Carlos Slim, dueño de la cuarta mayor fortuna del planeta donó 40 millones de dólares para la lucha contra el coronavirus, plausible actitud que es expresión de las grandes posibilidades que tienen estos señores de ayudar a solucionar los problemas que encara el planeta. El tema es que si el señor Slim donara esa misma cantidad diariamente durante 3 años, todavía le quedarían alrededor de 20 mil millones de dólares, lo cual le permitiría gastar un millón de dólares diarios durante los próximos 55 años. No creo que el señor Slim viva tanto, tampoco que ese dinero le permita comprar la felicidad ni la vida eterna. Lo sabe él cuya familia vivió una horrible desgracia producto de la guerra y los afanes de exterminio. Este es uno de los tantos ejemplos que grafican el absurdo del capitalismo: no se puede explicar el afán de acumular dinero para vivir varias vidas, como si eso fuera posible.

En 2015 el banco suizo UBS informó que: “la fortuna media de los ultra-ricos alcanza los 3 mil 700 millones de dólares (se refiere a las 1.400 personas en el mundo que tienen patrimonios superiores a los mil millones de dólares), cuando 800 millones de personas viven en distintos continentes, según el Banco Mundial, con 1.90 dólares diarios.

Por eso, el virus de la pobreza y la marginación que aqueja al planeta no tiene solución en el capitalismo. Sólo me pongo a pensar que va a ocurrir en las cárceles, en los campamentos de migrantes, en las fuerzas armadas, donde la gente está obligada a vivir hacinada o concentrada. ¿Cómo va a enfrentar Estados Unidos esta crisis si sigue empecinado en continuar las guerras? ¿Qué va a pasar en sus portaviones, o en sus submarinos nucleares?.

Si nos atenemos a que, a pesar de la crisis, Estados Unidos dio continuidad a sus ejercicios militares “Vita” con el ejército colombiano en las cercanías de la frontera con Venezuela, “Native Fury 20” en conjunto con las fuerzas armadas de los Emiratos Árabes Unidos en Abu Dhabi, en una clara provocación a Irán, o los que se vio obligado a postergar en Europa cuando ya habían sido desplegados 20 mil soldados llevados desde su territorio, 10 mil de los que tiene en sus bases en el Viejo Continente, además de 7 mil de sus socios europeos de la OTAN para desarrollar los “Europa defender 20”, todo eso mientras el coronavirus marcha raudo en Italia, España, Francia y Alemania, miembros de la OTAN.

Al mismo tiempo que las fuerzas armadas españolas piden ayuda desesperada a la OTAN para enfrentar el coronavirus, esta organización preparaba ejercicios militares amenazadores contra Rusia, país que ha desarrollada un impresionante puente aéreo para ayudar a luchar contra el coronavirus en Italia, país miembro de la OTAN. ¿No les parece un contrasentido? ¿No es esto expresión máxima de la irracionalidad capitalista? ¿Cree alguien que con estos líderes se puedan solucionar los problemas de la humanidad? Es algo digno de reflexión en estos días de encierro obligado.

En otra cara de la crisis, es realmente patético ver a las derechas de Venezuela y Nicaragua y a la gusanera cubana de Miami, clamando por más sanciones y deseando mayor cantidad de víctimas para culpar a los gobiernos de esos países que en cada caso, cumpliendo las indicaciones de la OMS están haciendo la tarea mucho mejor que los sancionadores. No he escuchado a ningún gobernante de las naciones afectadas por penalidades, desear malos augurios a Estados Unidos a pesar que, contrario al más mínimo sentido de humanidad que aconseja eliminar las sanciones, lo que se ha hecho es incrementarlas. No es así, el odio puede más, llevando incluso al gobernante estadounidense a idear nuevas formas de agresión para beneplácito de pequeñas fracciones de las oligarquías locales sedientas de sangre para satisfacer demandas personales y de la élite.

Finalmente, hablando de desatinos, no puedo dejar de referirme a la elección del secretario general de la OEA. En ella se concentra parte importante de la carencia de ética de las instituciones de la égida capitalista.  En primera instancia fue una competencia entre traidores que en algún momento fueron ministros de gobiernos de izquierda para ahora, hacer esfuerzos, uno por continuar, y otra por comenzar a servir a Estados Unidos.

No hay peor característica humana que la traición, hasta el enemigo abierto es más respetable que un traidor, pero cuando el afán de protagonismo y el ego lleva a algunos a “vender su alma al diablo” el repudio y el rechazo de la humanidad decente será su maldición de por vida. Hay que saber que “para cederle un lugar en su parnaso” como dijo Silvio Rodríguez, los traidores tiene que dar muestra suprema de deferencia y humillación, cosa que Almagro ha encarnado con orgullo y pasión.

En la continuidad de la traición, Ecuador, el país de María Fernanda Espinosa le dio el voto a Almagro. Como premio, el embajador ecuatoriano ante la OEA Carlos Játiva, fue elegido como secretario general asistente de la organización.

Fue una votación carente de transparencia como denunció la embajadora de México Luz Elena Baños quien le dijo a Almagro que: "Su elección es una patética expresión de lo que cualquier MOE (Misión de Observación Electoral) observaría como 'malas prácticas'". Así mismo, denunció que Almagro utilizó dinero de la OEA para su campaña…y pensar que esta es la institución que avala las elecciones presidenciales en América Latina. ¡Sálvese quien pueda!

Cuando una buena parte de los países habían pedido que los comicios se pospusieran por la pandemia del coronavirus, el acto tuvo efecto ridículamente en una sala en la que los embajadores se pusieron guantes, pero no tapabocas.

A Espinosa le pagaron con su misma moneda. Su comando de campaña tenía el día anterior a la votación 16 “votos seguros” y probablemente 17 con lo cual se sentía indudable ganadora, pero a última hora (literalmente) el dinero y la presión de Estados Unidos dieron vuelta a Bahamas y a Belice. Por su parte, los primeros ministros de Santa Lucía Allen Chastanet y de Jamaica Andrew Holness a quienes nadie toma en serio, no resistieron una llamada telefónica amenazadora de un funcionario de tercera categoría del departamento de Estado para cambiar el voto que habían comprometido.  Con el mismo propósito, Guyana y República Dominicana fueron chantajeados con no avalar sus resultados electorales y… todo listo: los 16 votos se transformaron en 10 y la “democracia” de la OEA made in Washington volvió a funcionar. Si esa es la tónica de la “máxima instancia política regional”, ¿Qué se puede esperar de sus acciones?

Mientras observamos con pavor que el coronavirus avanza en Occidente, vemos con alegría como China y otros países asiáticos merced a su organización social, el respeto y confianza en sus autoridades y una gran disciplina ciudadana va saliendo adelante y venciendo al virus. Al final, sería deseable una reflexión para que cada persona de buena voluntad saque sus propias conclusiones de lo que somos, y lo que podemos ser, de cómo vivimos y de cómo podríamos vivir, pero necesariamente, al observar el entorno tendríamos que concluir que “otro mundo es posible”. Nos lo dicen los cielos limpios del planeta y los canales de Venecia nuevamente llenos de aves y peces que nos muestran la belleza de un mundo que debemos salvar para nosotros y para nuestros hijos.
sergioro07@hotmail.com