Mostrando entradas con la etiqueta efecto invernadero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta efecto invernadero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de agosto de 2019

Arde el pulmón del planeta



Por Carlos Iaquinandi Castro:

La Amazonia brasileña desde sus fronteras con Perú, Bolivia y Venezuela registra más de 33.000 incendios forestales en lo que va del año. La cifra supera en un 84% a los incendios que se registraron el año pasado durante el mismo periodo. Pero desde comienzos de agosto los nuevos frentes de fuego avanzan rápidamente cubriendo miles de hectáreas.



Tragedia para Brasil y para la Humanidad

Esta catástrofe ambiental no solo afecta a Brasil y a su entorno territorial. Sus consecuencias se extienden a todo el planeta. El área amazónica abarca el 5% de la superficie terrestre, y corresponde a 8 países sudamericanos, de los cuales el 60% está en Brasil. Esa foresta absorbe millones de toneladas de bióxido de carbono con lo que reduce el efecto invernadero. Allí viven tres millones de indígenas en unas 600 reservas, y se hablan más de un centenar de lenguas y dialectos. El área alberga también una fauna y flora diversa, miles de especies de plantas, de insectos, de peces, aves, reptiles y mamíferos.

La región tiene casi el 20 % de las reservas de agua dulce del planeta.

Por su territorio cursan las aguas del Amazonas el río más caudaloso y largo del mundo, que nace en Perú y desemboca en el Atlántico en las costas brasileñas. Sus alteraciones inciden en las corrientes oceánicas. Se le supone que su cauce contiene una quinta parte del agua dulce en estado líquido del planeta.  Según la Unesco, si no cambia el modelo de consumo y preservación de esa riqueza, para el 2030 el déficit hídrico puede llegar al 40%.  Según las Naciones Unidas y expertos internacionales, el agua puede ser motivo de “guerras” en las próximas décadas. 

Cómplices activos y pasivos de la tragedia.

El desastre no solo debería preocupar a los brasileños y a sus vecinos, sino a todo el mundo.  Pero una vez más topamos con los neo-totalitarismos que predican el “no me importa”, se burlan de los más desprotegidos y mienten cada vez que hablan. El presidente Jair Bolsonaro, ganó las elecciones con diversos apoyos concretos. Uno de los principales fue el de los poderosos grupos del sector empresarial agrícola, que durante años han tratado de ensanchar sus territorios a costa de asentamientos indígenas o de comunidades de campesinos. Los terratenientes en muchos casos ejercieron la violencia: asesinatos, secuestros e incendios. Pero con la llegada de Bolsonaro al poder, sus acciones cuentan con mayor tolerancia judicial, y se promulgan normas y leyes que les favorecen.

Los afectados denuncian a Bolsonaro

Por ello diversas organizaciones ambientalistas, movimientos indígenas y campesinos y el Partido de los Trabajadores, responsabilizan al presidente Bolsonaro de  la tragedia ambiental.  El gobierno responde expresando dudas sobre las mediciones de las áreas afectadas que realiza un organismo oficial especializado. La comunidad científica brasileña y mundial, han respaldado los métodos del ente estatal que monitoriza la desforestación mediante satélites. Pero como Bolsonaro se maneja con parámetros similares a los de personajes como Trump o Salvini, ha intentado culpar de los múltiples incendios a las ONG, aunque admitió que no tiene pruebas.  Muy similar a lo que sucede con las tragedias en el Mediterráneo, donde en lugar de erradicar las causas de los éxodos de quienes huyen de guerras, ocupaciones militares, expolios de recursos o dictaduras, se intenta culpabilizar a los que recogen y salvan a los náufragos. Y para ello utilizan la mentira, las redes sociales y el control o influencia sobre los medios masivos de comunicación.  Pero los hechos ponen en evidencia quienes son los perjudicados por los incendios y a quienes potencialmente habrá de beneficiar.

Datos concretos

Por ejemplo, en áreas de protección ambiental, sólo en esta semana se han producido 68 incendios en territorios indígenas, donde se han quemado cosechas y viviendas precarias. En el estado de Matto Grosso, los incendios han aumentado más de un 200% con respecto al año pasado. “Bolsonaro cumple su compromiso con los hacendados y los grupos económicos” titulaba un diario del “Movimiento de los Sin Tierra” al pie de una gran foto de la ciudad de San Pablo oscurecida casi por completo en pleno día por nubes de humo denso que llegaban desde la zona amazónica. Parte de los estados de Matto Grosso y Paraná sufrieron el mismo fenómeno.  Los grupos agropecuarios y los consorcios mineros internacionales, son señalados como beneficiarios de la desforestación.

Bolsonaro, en la ruta de Trump y de Salvini.

Brasil ha pasado a formar parte de los países que practican una política que favorece a sus sectores más poderosos, desmonta lo público, y fortalece a los grupos económico-financieros. Otras características comunes son el desprecio por la división de poderes, y por los acuerdos internacionales, comenzando por la Declaración de los Derechos Humanos de la post-guerra. La soberbia y la prepotencia suelen acompañar sus discursos y proclamas. Ellos tienen sus propios parámetros de lo que está bien y lo que está mal. Intentan manejar el país como si fuera una finca particular. La demagogia, condimentada con burlas y amenazas, es su herramienta favorita para buscar el consentimiento de los ciudadanos.

El plan para privatizar todo lo público.

El humo de los incendios amazónicos, oculta mientras tanto, un plan sistemático de entregar gran parte del andamiaje estatal del pueblo brasileño. Paulo Güedes, ministro de economía formado en la escuela neoliberal de Chicago que formó parte del equipo de asesores del dictador Pinochet en Chile, está ejecutando un plan de privatización que abarcará a las principales empresas brasileñas. Entre ellas, la Casa de la Moneda, fundada en 1694; Datapreva que gestiona el pago de 34 millones de jubilaciones; el Centro de Tecnología Avanzada creada por el gobierno de Lula para tener autonomía nacional en microelectrónica; Telebras, la más importante empresa de comunicaciones o El Correo, que funciona como estatal desde 1663 y tiene una estructura gigantesca que llega a 5.550 municipios.  Bolsonaro prácticamente entregará los resortes vitales del estado brasileño a la empresa privada. Si sus planes se concretan, la desigualdad social, las carencias de millones de brasileños ya no podrán ser mitigadas por el estado. Y Brasil es uno de los países más importantes del continente americano.

No solo se queman los bosques

No solamente está ardiendo la Amazonia, está ardiendo el futuro del pueblo brasileño y nuestro propio futuro, el de la Humanidad.  Lo que allí ocurre incidirá en todos nosotros, vivamos donde vivamos.

Una vez más podemos recurrir a Bertolt Bretch cuando escribió “No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar”.

Redacción de SERPAL.

sábado, 6 de octubre de 2018

¿Vendrá un paro nacional universitario o una muerte anunciada?


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

La Universidad Nacional de Colombia, con más de 50.000 estudiantes, 3000 profesores y similar número de funcionarios y trabajadores, necesita 60.000 millones de pesos (20 millones de dólares) para culminar el año académico de 2018, según anuncio su rectora. La historia es la misma para las 32 universidades públicas que requieren 1.8 billones de pesos para funcionar y recuperar parcialmente la capacidad perdida a consecuencia de haber cumplido la tarea exigida de crecer sin garantías, hasta duplicar el número de programas y obligaciones con la misma base presupuestal y demás garantías.


La realidad del riesgo puso al descubierto, que detrás de los innumerables éxitos presentados con indicadores de eficiencia hay un enorme hueco presupuestal que anuncia una tragedia, que en un símil al efecto invernadero, si no se detiene a tiempo hará colapsar el sistema e inclusive provocar la desaparición misma del concepto universidad pública para las mayorías de población víctima de la desigualdad, que ha creado daños estructurales. Las universidades aumentaron todas sus cifras pero el estado las abandono a mitad del camino provocando una des financiación que las tiene el borde del abismo sin retorno.

En la última década los estudiantes pasaron de ser 1.360.000 en 2007 a 2.390.000 en 2016 (portafolio.co, abril 2018) con apenas pequeñas adiciones presupuestales. Las directivas aprendieron a solucionar remendando las carencias (dividieron salones, los parqueaderos desplazaron parques, los profesores a contrato se quedaron sin despachos, los laboratorios sin instrumentos, las tecnologías rezagadas y las aulas con goteras). El presupuesto pasó de 20.8 billones a 37. 4 billones, según el gobierno un incremento del 78% en la década, lo que es cierto matemáticamente, pero políticamente incorrecto, ya que la cifra incorporó en un amplio porcentaje la financiación de otras instituciones de educación superior (IES) y las estratégicas transferencias al sector privado por vía de programas como ser pilo paga. En paralelo el presupuesto de ciencia, tecnología e innovación, decreció en un 46% siendo uno de los más bajos de América con un 0.27% del PIB, (IMD, índice mundial de competitividad 2018, imagenpoblana.com) y bajo nivel de incidencia para fortalecer la ciencia y el desarrollo no solo económico sino también de la mentalidad y la manera de convivir.
      
La des financiación crece, la autonomía se debilita, pero la unidad de las universidades avanza, a pesar de que cada una pasa su agonía atendiendo con mayor o menor escala la tensión de sus problemas internos de desgobierno, injerencias externas y gasto de energía respondiendo a los obesos e intocables sistemas de gestión privada que ahogan la inteligencia con indicadores, convertidos en costosos obstáculos para el pensamiento y que aunque no impacten suman. De conjunto el sistema de universidades públicas tiene afectadas a fondo todas sus estructuras y está en alto riesgo de ser vaciadas totalmente de su contenido, que las llevaría a dejar de ser el escenario de conocimiento y de la cultura para ser empresas privadas que compiten por recursos, sin ética, política ni democracia.
     
El sistema universitario estatal esta desfinanciado por el incumplimiento del estado que tiene una deuda adicional contraída de 15 billones de pesos para infraestructura y un compromiso para detener el desmonte de garantías al derecho al trabajo (70% del profesorado labora con contratos precarios), la pérdida paulatina de garantías salariales y la amenaza de modificación de estatutos internos con los que se les pretende acomodar a políticas de disciplinamiento, control, reducción de tiempos de estudio, tratamiento de la protesta como asunto de guerra y libre arbitrio para sus equipos directivos.

 Para evitar el fin de la universidad que quedo del S.XX, los múltiples comunicados de estudiantes, profesores, trabajadores, sindicatos, y las relatorías y conclusiones de asambleas y foros se anuncia que hay suficientes razones para reiniciar nuevas luchas, mezcladas, transversales e incluyentes de otros sectores sociales, con lugar común en la defensa de la dignidad, que podrá traducirse en un paro nacional, que ponga en evidencia las técnicas del poder hegemónico responsable de la crisis y repercuta en la gobernabilidad y estabilidad del gobierno y logre que las universidades garanticen su existencia. La situación se tensa porque mientras en las universidades buscan salidas para impedir su tragedia, el gobierno ofrece desprecio, motiva el ánimo de guerra y anuncia inclusive billonarias adiciones de presupuesto para material de guerra y atención a las migraciones alentadas políticamente.

El momento despeja el camino para arreciar la lucha frontal por la defensa de la existencia misma de la universidad pública. Las motivaciones parecen indicar el retorno social protagónico de las universidades, que recuperan la memoria de su decisiva incidencia para ponerle fin a la hegemonía conservadora de los años 20 del S XX, la caída del General Rojas Pinilla y el Paro Universitario Nacional de 1971, cuyo programa mínimo nacional proclamó (como ahora) la abolición de los consejos superiores universitarios (considerados una expresión neocolonial y semifeudal); la defensa de la asignación de un presupuesto suficiente para el pleno funcionamiento de la universidad y la congelación de matrículas (notasobreras.net, feb de 2011).

En el siglo XXI anunciaron su capacidad para influir en la vida del país con movilizaciones de confrontación a los tratados de libre comercio, al plan de desarrollo y al recorte de transferencias departamentales, abriendo el camino a los encuentros nacionales estudiantiles universitarios (ene) y su posterior salto a las mesas amplias que articularon la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, MANE, que en 2011, logró la atención del país con imaginativas y contundentes movilizaciones en defensa de la educación pública frenando el impulso del gobierno saquear el carácter histórico y convertir de manera definitiva a las universidades en empresas con ánimo de lucro, que liberaran recursos públicos para la corrupción y la muerte.

En la nueva movilización en marcha, confluyen todos los estamentos universitarios (inclusive directivas) y centran su agenda común en la exigencia de financiación adecuada, ante la des financiación que amenaza su existencia; la defensa de la autonomía para trazar por cuenta propia su destino libre de injerencias y clientelismos y; la recuperación de su papel relevante para construir democracia. Aunque el gobierno demuestra su menosprecio por la ciencia, la educación, la cultura y en general los valores de la vida y los derechos, la movilización ya comenzó y el 10 de octubre se hará visible para el mundo con la toma universitaria de Bogotá, que puede dar inicio a un paro nacional de hondas repercusiones, y que en todo caso se irá después a las regiones, para que en los territorios cada universidad decida su destino y haga valer su poder y su saber para transformar la vida, liberarla de la guerra y con imaginación e inteligencia recupere su potencia creadora y supere las debilidades y ataduras que la tienen a merced de quienes usan el poder para destruir y no para construir la vida buena, civilizada, sin barbarie. La cita es el 10 de octubre, a 526 años de la invasión.

mrestrepo33@hotmail.com