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miércoles, 18 de marzo de 2020

El socialismo chino marcha a la vanguardia en el mundo

Por Sergio Ortiz:
¿Cuál sistema social lucha mejor contra la pandemia? La pandemia de COVID-19 o coronavirus es un grave peligro mundial. Ya hay enfermos y muertos en 99 países y regiones. ¿Cuál es el sistema social que mejor lo combate?

El mundo no tiene un solo problema sino varios e importantes, como la pobreza, los países agredidos por Estados Unidos, la degradación del medio ambiente y un largo etcétera. También las enfermedades, que en el caso del coronavirus fue catalogada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una u otra enfermedad pueden ser más importantes, porque no es lo mismo la situación de China con el COVID-19 que la Argentina más azotada por el dengue.


Hasta el domingo 8 de marzo el coronavirus había contagiado a 109.032 personas de 99 países y regiones, provocando 3.792 muertos. A la cabeza de las naciones damnificadas marchaba China con 80.695 casos y 3.097 fallecidos, por la información de su gobierno y la OMS.

El mapa de regiones era así: Asia 89.725 contagios (3.163 fallecidos), Europa 11.887 (408), Medio Oriente 6.912 (200), Estados Unidos y Canadá 270 (16), Oceanía 83 (3), África 80 (1), América Latina y el Caribe 74 (1). Dos días más tarde la estadística global había aumentado a 118.101 contagios y 4.262 muertos.

En las últimas dos semanas el número de enfermos y muertos en China comenzó a declinar, en cambio en otros países siguió un proceso inverso. En Italia hubo 8.541 casos y los muertos ascendieron a 631, de los cuales 168 fallecieron el lunes 9 en Lombardía. Esta región tiene el récord italiano de 468 fallecidos según el jefe de la Protección Civil, Angelo Borrelli.

Así fue que el director general de la OMS, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, definió a la enfermedad como pandemia, muy grave a nivel global. Ya no era brote ni epidemia.
Las causas
Un debate gira en torno a la fuente del virus. Los especialistas chinos y de la OMS coincidieron en que fue originado por contagio de animales que pasaron al hombre, a partir del manejo, la compra y el consumo de esos bichos en ferias de Wuhan, capital de la provincia de Hubei. No fue una definición superficial ni caprichosa sino fundada en análisis científicos.

Para demonizar a China socialista, desde la vereda norteamericana se sembraron mentiras: el mal se habría originado en un laboratorio de Nivel 4 de Wuhan. Esto fue difundido por las agencias internacionales que sintonizan la onda del Departamento de Estado, incluyendo en Argentina la cloaca de Infobae. Hasta le pusieron nombre a la paciente cero: Huang Yanling.

El Instituto de Virología de Wuhan lo desmintió: “Huang fue una estudiante graduada en el instituto hasta 2015, cuando se fue de Hubei y no ha regresado desde entonces. Huang goza de buena salud y no ha sido diagnosticada con la enfermedad”.

Desde otro extremo del arco político hubo sospechas sobre EE UU. Podría haber plantado el virus en su competidor chino, para meterlo en graves problemas económicos y sociales. Esta hipó tesis tiene asidero porque el imperio usó muchas veces armas químicas y bacteriológicas, desde el agente naranja en Vietnam, y sembró el dengue hemorrágico en Cuba. Sin embargo, tampoco hay pruebas de que ese sea el origen de la epidemia actual en China y que golpea a buena parte del globo. Nadie puede decir que sale beneficiado. En cierto modo pierden todos.

Mejor el socialismo
Hoy hay más contagios y muertes en el resto del mundo que en China. En Wuhan se ha curado tanta gente que se pudieron cerrar 14 de los 16 hospitales temporales improvisados en centros deportivos a la par de otros hospitales, como dos nuevos hechos en tiempo récord.
Allí la lucha contra el coronavirus fue definida como prioridad por el gobierno de Xi Jinping. El Partido Comunista realizó siete reuniones nacionales especiales para trazar planes y controlar su cumplimiento.

También giró partidas presupuestarias urgentes y suficientes para atender la crisis.

Otros gobiernos capitalistas del mundo tienen otras prioridades. La salud no figura en ese podio ni destinan la plata necesaria. A Bernie Sanders le hacen maccartismo en EE UU por proponer un seguro de salud gratuito para todos.
En China todo lo relacionado con la salud es atendido gratuitamente por el Estado. Y eso se verificó en la lucha contra el COVID-19: barbijos, medicamentos, internación, cuidados médicos, etc.

En cambio, desde Italia el médico Christian Salaroli declaró que por falta de recursos “elegimos a quién tratar y quién no, según la edad y las condiciones de salud. Como en todas las situaciones de guerra”. Los que no podían atender eran hombres muertos. Y la salud, se paga.

La OMS elogió desde el inicio el plan de Xi Jinping, de poner en cuarentena a Wuhan y la provincia, a 60 millones de personas, desde el 23/1. Los chinos lo aceptaron porque tienen conciencia social, disciplina y confianza en sus autoridades. En Europa y otras regiones de gobiernos capitalistas rige el sálvese quien pueda y cada uno hace lo que le canta. La cuarentena que aún dura de millones de chinos para contener el problema y también, dicho por la OMS, fue un bien para la humanidad. Es que, si los 1.400 millones de chinos hubieran hecho lo que cada uno quería, indisciplinadamente, el mundo estaría lamentando muchos más enfermos y muertos.

En Italia, con una población de 60 millones de personas, la enfermedad se propagó muchísimo por falta de cuarentena y cuidados que sí garantizó el socialismo chino.
El anticomunismo político y mediático no descansa. No pueden negar esos logros del gobierno chino, pero recalcan la supuesta violación de derechos humanos y control social que supone poner a la gente en cuarentena, leerle la temperatura con aparatos de inteligencia artificial o indicar por APP en los celulares si estuvo en un lugar peligroso (luz roja), o en otro seguro (luz verde).

El presidente chino fue esta semana en Wuhan. Un signo distintivo de los regímenes sociales es cómo actúan sus autoridades. Cuando cayeron las Torres Gemelas, el texano bruto fue llevado urgente a un búnker de seguridad. El COVID-19 enfermó a China y su presidente se puso al frente y hasta va a los hospitales a alentar a sus médicos. 74 millones de afiliados al Partido Comunista donaron 1.100 millones de dólares para aportar a la causa. Cuba, isla socialista bloqueada por su mal vecino, aporta el interferón Alpha como medicamento contra el coronavirus en Wuhan.

Que cada quien saque sus conclusiones. Mejor el socialismo para combatir endemias.


ortizserg@gmail.com

miércoles, 19 de febrero de 2020

La lucha contra el Coronavirus: el mayor reto para China en el siglo XXI.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Desde que estalló la epidemia de coronavirus (Covid-19) en la ciudad china de Wuhan a finales de diciembre de 2019, el gobierno de ese país ha tomado una serie de medidas para contener la propagación del virus mortal, especialmente una cuarentena completa en Wuhan, el epicentro del brote y fuertes medidas preventivas y de control en otras áreas metropolitanas

Estos esfuerzos han sido ampliamente divulgados, sin embargo los medios transnacionales de la información se han hecho eco de una serie de noticias falsas encaminadas a desinformar sobre el alcance de la epidemia y el esfuerzo del gobierno chino para enfrentar tan poderoso enemigo que amenaza con desplazarse por todo el planeta. Según lo constatado in situ por las autoridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el gobierno chino ha mostrado competencia en el reto de hacer frente y vencer al flagelo.


En primer lugar, al establecer la cuarentena en Wuhan, las autoridades chinas han recurrido a una tradicional medida que se ha adoptado en este tipo de situaciones a través de la historia, cuando se actúa frente a una perturbación sanitaria desconocida que necesita ser aislada, mientras se busca interrumpir las vías de transmisión, al mismo tiempo que se atiende la población afectada o susceptible de serlo.

En este sentido, el gobierno chino demostró alta capacidad de respuesta y gran responsabilidad al decidir la cuarentena total de Wuhan, donde surgió la enfermedad. Esto permitió que la misma no se expandiera a otras regiones y países con la velocidad que si lo hizo en su epicentro. Así, hasta el momento esta ciudad y la provincia de Hubei es la única que muestra una concentración de la epidemia, logrando que fuera de ellas, se manifestara de forma aislada. Esto cobra mayor valor si se considera que el brote se produjo casi en el mismo momento que daba inicio a las fiestas del año nuevo chino, circunstancia en la que se produce el mayor movimiento migratorio del país y del mundo en un corto plazo. 

Esa decisión del gobierno chino impidió que en un mundo globalizado como el que vivimos se desencadenara una propagación exponencial de la epidemia que podría haber alcanzado a regiones muy lejanas del planeta, algunas de difícil acceso en las que tomar medidas de control o combate a la enfermedad hubiera sido extremadamente difícil. En estas circunstancias, cuando se analiza la cantidad de países y personas afectadas a dos meses del inicio de la infección, hay que concluir que el mismo es ínfimo en comparación con lo que hubiera podido suceder si el contagio hubiera comenzado en un país de frágiles estructuras de gobierno y disminuidas capacidades de atención en materia de salud.

En este sentido, el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló en una conferencia de prensa el 30 de enero que: "…el gobierno chino debe ser felicitado por las medidas extraordinarias que ha tomado para contener el brote, a pesar del grave impacto social y económico que esas medidas están teniendo sobre el pueblo chino”.

Vale destacar que en tiempo récord se construyeron tres nuevos hospitales en Hubei, incluido el Centro Médico Regional Dabieshan de 1.000 camas, que entró en funcionamiento el 28 de enero, así como el Hospital Huoshenshan (con 1.000 camas y 34.000 metros cuadrados) y el Hospital Leishenshan (con 1.500 camas y 75.000 metros cuadrados) en Wuhan, que estuvieron listos durante la primera semana de febrero.
Además de eso, China ha dado una respuesta múltiple al combate contra el virus en el que se ha involucrado no solo el gobierno, también millones de ciudadanos, empresas y organizaciones sociales hicieron donaciones hasta superar los 7 mil millones de yuanes (alrededor de mil millones de dólares) lo cual se sumó a los diez mil millones de dólares que ha autorizado el Estado para enfrentar la crisis. Así mismo se recibieron 5.29 millones donaciones materiales para finales de enero

Igualmente, desde diciembre cuando se detectó la infección, se activaron los mecanismos de respuesta en el nivel local, provincial y nacional ante la situación creada. El 25 de enero, el primer ministro Li Keqiang fue designado presidente de un grupo pequeño central establecido para luchar contra la epidemia Covid-19 visitando Wuhan dos días después para inspeccionar los últimos avances y transmitir al pueblo la responsabilidad que el gobierno central asumía en el enfrentamiento del virus. De la misma manera, e crearon más de 50 grupos de alrededor de 6.000 médicos y especialistas para atender a los afectados.

El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información instó a los proveedores médicos de toda China a restablecer su capacidad productiva plena para garantizar el abastecimiento sostenido de todos los artículos necesarios. Se creó un mecanismo espacial de suministros para enviar verduras, alimentos y otros insumos vitales desde otros lugares a Wuhan para los nueve millones de residentes que viven en la ciudad. Los sistemas de control de precios y supervisión de calidad también han sido también puestos a prueba ya que las demandas de mascarillas y jabón líquido se han disparado. Grandes empresas como Alibaba y Fosun International Limited han realizado compras en el extranjero para suministrar equipos médicos de urgencia a Wuhan.

Por su parte, las empresas tecnológicas chinas han utilizado internet para establecer un mecanismo especial de comunicación social del pueblo. Por ejemplo, Tencent ha establecido once plataformas que brindan servicios en línea, como divulgación de información y asesoramiento médico. Se creó una plataforma que ofrece servicios clínicos médicos en línea destinados a reducir la exposición de los pacientes con fiebre al virus en el hospital y otra, ayuda a calmar al público al desacreditar rumores y teorías de conspiración. Didi, una empresa de servicios de transporte de automóviles ha establecido un convoy dedicado a transportar al personal médico en medio del cierre del tráfico de Wuhan. Otra empresa ha ideado una aplicación de búsqueda mediante la cual los usuarios pueden verificar si han sido compañeros de viaje de una víctima infectada.

En el mundo se ha comenzado a generar inquietud respecto de las repercusiones que esta epidemia pueda tener en la economía china, sobre todo si condice tras ella a una crisis global. En este aspecto, las autoridades han asegurado que “la epidemia tendrá un efecto limitado y controlable en la economía de China, y que el desempeño económico de China de todo el año no se verá muy influenciado a pesar de una disminución de la tasa de crecimiento en la primera temporada”. Vale decir que China ha adquirido notable experiencia en el enfrentamiento de estas epidemias, ya se ha visto en situaciones similares en 2003 y 2009, de la misma manera que supo encarar con éxito las consecuencias del terremoto de Wenchuan en 2008 e incluso la crisis económica y financiera global de 2008.

No obstante, el gobierno chino se ha mostrado cauto al analizar las probables repercusiones de esta crisis en su economía. Ha dicho que en este momento se encuentra en una fase de transición del crecimiento de alta velocidad propio de los últimas cuatro décadas a uno de alta calidad. En esa medida, ha asumido la protección de su economía contra riesgos financieros externos, la lucha frontal para controlar la contaminación ambiental y la erradicación de la pobreza para el año 2021 como sus tareas básicas del momento.
Así mismo, desde hace dos años se ha visto involucrada en una guerra económica desatada desde Estados Unidos que tuvo en el apoyo de Washington a las revueltas de Hong Kong del año pasado, su punto más álgido. Todo esto significará repercusiones aún no medibles en materia económica, sobre todo en lo relacionado a la estabilidad de las pequeñas y medianas empresas, el empleo y la estabilidad del valor de la moneda.

El estudio de los probables impactos de la epidemia ha señalado que los principales daños pueden ser ocasionados en tres sectores primordiales: los servicios, especialmente industrias de consumo como turismo, restauración, entretenimiento y logística (en particular para pequeñas y medianas empresas);  el manufacturero, vinculado a industrias de telefonía móvil, automóvil y electrónica debido al tiempo indefinido en la la interrupción de labores antes del retorno normal de las operaciones;  y el comercial, debido a posibles recortes o incluso el cierre de líneas aéreas, rutas marítimas y fronteras por parte de algunos países como resultado del pánico prevaleciente o de decisiones de carácter político que se han tomado en algunos países para afectar a China y sacar provecho de la crisis.

En cualquier caso, este evento está poniendo a prueba la capacidad de la economía de China para enfrentar grandes desafíos. Paradójicamente, a corto plazo, la epidemia no causa un efecto negativo en la economía, sino que por el contrario, ha beneficiado a industrias como el comercio electrónico, el juego y el entretenimiento en línea de millones de personas que han debido permanecer en sus hogares. Al mismo tiempo, el gobierno chino ha dado rápida respuesta financiera a la crisis dando cuenta de la capacidad y solidez de su hacienda.

Por otra parte, en Estados Unidos, ciertos sectores han puesto en duda la capacidad de China para enfrentar los compromisos de la Fase I del acuerdo para dar una tregua conveniente a ambos países en su guerra comercial de dos años. Al respecto, todo indica que China podrá cumplir sus compromisos, sobre todo en materia de compra de productos agrícolas, desvaneciendo agoreros análisis que apuntaban a crear más y mayor incertidumbre. Al contrario, los estudios previos conducen a pensar que la crisis pudiera conducir a un aumento de las importaciones chinas desde Estados Unidos sobre todo de equipamiento e insumos médicos.

Para China este desgraciado suceso significará la necesidad de adoptar nuevas medidas para estimular la economía, fortaleciendo su capacidad de consumo, construcción de viviendas y el avance aún más acelerado del desarrollo de nuevas tecnologías sobre todo en aquellas áreas que comienza a mostrar un liderazgo mundial como la 5G y la inteligencia artificial.

En otro ámbito, desde el primer momento el gobierno chino comenzó a trabajar junto a la OMS para coordinar acciones en el combate de la epidemia, de manera primordial a fin de evitar su propagación global, después que el director general de la institución declarara este mal como "emergencia de salud pública de interés internacional (PHEIC)",

China ha estado informando a sus ciudadanos y al mundo de todos los avatares de la epidemia lo cual ha generado confianza en la comunidad internacional y en el propio pueblo chino respecto de las medidas para enfrentar el flagelo. En este sentido, China ha comprendido y aceptado las medidas que otros gobiernos han tomado para aislar la propagación de la enfermedad, tomando decisiones propias en ese sentido y esperando la solidaridad y el apoyo de la comunidad internacional sobre todo en dar posibilidades de adquirir los insumos necesarios para combatir el virus, agradeciendo además, los aportes que en este ámbito puedan hacer otros países.
 sergioro07@hotmail.com


Coronavirus, otra acción de terrorismo biológico



Por Orfilio Peláez:
¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?

Un artículo publicado en su blog personal por el periodista español Patricio Montesinos maneja la teoría de que el coronavirus pueda ser un germen creado en laboratorios de Estados Unidos, como arma bacteriológica de la guerra comercial desatada por Washington contra China.

Según reseña el texto reproducido en Rebelión, varias declaraciones recientes de altos cargos de la Casa Blanca y una cada vez más intensa campaña mediática internacional anti china, alimentan la hipó tesis de que la administración del presidente Donald Trump pudiera ser la responsable de la epidemia aparecida a finales de diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan.

Montesinos hace alusión a lo manifestado el 31 de enero por el Secretario de Comercio Wilbur Ross, quien afirmó: «el brote de coronavirus que ha contagiado a miles de personas podría impulsar la economía estadounidense». Pero el alto funcionario fue más allá al aseverar que «ayudará a acelerar el regreso de empleos a Norteamérica».
Tales afirmaciones de Ross siguieron a otras del secretario de Estado Mike Pompeo, quien en medio de la emergencia que vive el mundo por la referida enfermedad identificó a China como una amenaza a los principios democráticos internacionales.

A lo anterior se suma el silencio cómplice de los grandes medios de información que omiten mencionar los ingentes esfuerzos desplegados por las autoridades del país asiático para controlar la expansión de la epidemia, entre los cuales resalta la construcción en tiempo récord de dos grandes hospitales destinados a brindar asistencia médica de máxima calidad a los enfermos y la búsqueda de efectivos fármacos que puedan curar la dolencia.

Plantea el periodista en su escrito que, aunque se haya tratado de esconder, el mundo conoce bien cómo sucesivas administraciones de Estados Unidos acudieron a la guerra biológica para derrocar gobiernos considerados adversos, desatar conflictos entre naciones y exterminar poblaciones.

Fidel, uno de los primeros objetivos Una mirada a lo sucedido en el orbe durante los últimos 60 años permite afirmar que pocas naciones han sufrido tan variadas formas de ataques biológicos como Cuba.
Quizá una de las pretendidas primeras víctimas de esa tenebrosa manera de agresión lo fue el Comandante en Jefe Fidel Castro a comienzos de la Revolución, cuando la Agencia Central de Inteligencia (CIA por su sigla en inglés) diseñó un plan para contaminar un traje de buceo que supuestamente sería utilizado por el líder cubano.

Cuidadosamente infectado con bacilos de la tuberculosis, la CIA quiso utilizar la hospitalidad de Fidel con James Donovan, un abogado que negociaba con el Gobierno cubano la liberación de los mercenarios capturados en la invasión de Playa Girón, para hacerle llegar a través de él al jefe de la Revolución el referido traje.

El macabro regalo no fue entregado por Donovan a su anfitrión y las versiones llegadas hasta nuestros días sugieren que este rehusó o buscó un pretexto para evitar involucrarse en el infame acto.
Tampoco faltaron los intentos por inocular microorganismos en tabacos que fumaría Fidel, a fin de propiciar la caída de su emblemática barba.

Luego del fracaso de la invasión por Playa Girón, en 1962 la CIA, con el beneplácito del Gobierno estadounidense, puso en ejecución la llamada Operación Mangosta, que incluía entre sus acciones el uso de agentes biológicos y químicos capaces de destruir las cosechas cubanas e incapacitar a los trabajadores agrícolas.

No fue casual entonces que poco tiempo después apareciera en los campos de la mayor de las Antillas el virus patógeno New castle y provocara severos estragos en la masa avícola nacional al tener que sacrificar decenas de miles de ejemplares.

De acuerdo con lo planteado por William Turner, ex agente del fbi, y el periodista Warren Hinckle, en el libro Secretos letales: la guerra de la CIA y la mafia estadounidense contra Fidel Castro y el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, Estados Unidos utilizó la guerra bacteriológica en Cuba durante la administración de Richard Nixon (1969-1974) y la CIA comprometió al gobierno norteño en una guerra secreta no declarada e ilegal contra Cuba. Muestra de ello fue el súbito surgimiento y rápida propagación en 1971 de la primera epidemia de fiebre porcina africana, cuyo control y erradicación conllevó a la eliminación de más de medio millón de cerdos.

El 7 de enero de 1977 un cable de la agencia norteamericana UPI, fechado en Washington, informó que una fuente no identificada de la cia reveló haber recibido a principios de 1971 un recipiente que contenía virus, en Fuerte Guglick, base del ejército estadounidense en la zona del Canal de Panamá. El mismo sería trasladado en un pesquero a agentes encargados de operar clandestinamente en Cuba.

A lo largo de las investigaciones hechas por un grupo de científicos del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa), dirigidos por la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, se llegó a la conclusión de que ese germen específico de los cerdos había sido adaptado artificialmente para vehiculizarlo por medio de aves. Los especialistas alertaron que eso solo podía lograrse de forma intencional y con técnicas depuradas de ingeniería genética y biotecnología.

Era la primera vez que la agresiva enfermedad se propagaba en el hemisferio occidental.

La fiebre porcina africana reapareció nuevamente en Cuba en el año 1979. En esa ocasión pudo conocerse que la reinfección tuvo su origen en los alrededores del poblado de Caimanera, muy cerca de la Base Naval, que ocupa ilegalmente territorio en Guantánamo.

Otras acciones de guerra bacteriológica sufridas por el pueblo cubano entre la década de los 70 y los años 90 del pasado siglo fueron la introducción deliberada del Moho Azul del tabaco (1971), que afectó severamente la producción de tan importante renglón exportable, la Roya de la Caña (1978), cuyo devastador efecto obligó a desmantelar la casi totalidad de los campos sembrados con la variedad de caña Barbados 4326, de elevados rendimientos agrícolas e industriales; la dolorosa epidemia de dengue hemorrágico (1981), causante de 158 fallecidos, de ellos 101 niños, y la plaga de insectos Thrips palmer que asoló diversos cultivos.

Durante el juicio realizado en la ciudad de Nueva York en 1984 al agente de la CIA de origen cubano Eduardo Arocena, este declaró sin tapujos que la misión del grupo bajo su mando tenía la encomienda de obtener ciertos gérmenes patógenos e introducirlos en Cuba.
La confesión consta en el acta asentada en la página 2189, expediente 2-fbi-ny 185-1009, pero el fiscal del proceso jamás ordenó investigarla.

No existen evidencias en este momento de que el coronavirus forme parte de una acción terrorista biológica de Estados Unidos, pero la práctica de ese país y las declaraciones de algunos de sus más altos funcionarios lleva al periodista Patricio Montesinos en su enjundioso artículo a preguntarse: «¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?».
 En contexto
             Más de 31 400 casos de infectados con el coronavirus existen en el mundo, de acuerdo con un reporte ayer de la Organización Mundial de la Salud (oms), y de ellos más de 31 200 en China.
             El brote se encuentra ya en 25 países y han fallecido 638 personas, de las cuales solo una se registró fuera del gigante asiático.
             Ningún país de América Latina figura aún en el mapa de distribución del coronavirus elaborado por la OMS, aunque se comprobó el contagio de un ciudadano argentino que viajaba en un crucero retenido en Japón.
             Hasta el momento los médicos chinos han salvado 1 540 personas, de acuerdo con un reporte del Diario del Pueblo.
             El Diario del Pueblo divulgó que el presidente de China, Xi Jinping, dialogó telefónicamente este viernes con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, pidiendo cordura en la atmósfera internacional mediática, donde deliberadamente se exponen cifras y datos sin contrastar, que transmiten una imagen de que la nación asiática no hace lo suficiente para contrarrestar la epidemia.
             Durante la 146 sesión del Consejo Ejecutivo de la oms, celebrada el 4 de febrero, el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, elogió a China por las fuertes medidas y la celeridad en el enfrentamiento.
orfilio@granma.cu