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miércoles, 23 de enero de 2019

Roedores y termitas en el Congreso Nacional



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Inquietante la noticia de que el edificio de Congreso Nacional estaría afectado por una plaga de termitas, insecto que si no es combatido a tiempo hace polvo las construcciones de madera, los muebles, las bibliotecas y pueden poner en peligro hasta a las más sólidas construcciones. Para determinar cuán extendidas están estas depredadoras, una empresa externa ha sido contratada para aplicarle escáner a un edificio institucional tan importante como el encargado de hacer las leyes de nuestra República. Sin embargo, pensamos que, en realidad, los que más corroen dicha sede institucional son los roedores instalados cómodamente en los curules de nuestras cámaras legislativas, recibiendo abultadas dietas por hacer leyes que, muchas veces, son concebidas fuera de sus dos hemiciclos, ya sea por empresarios u otros grupos fácticos que financian y digitan a los supuestos representantes del pueblo chileno.

Como está quedando plenamente demostrado, la ley de Pesca vigente carece completamente de legitimidad una vez que se comprobara la forma en que fue aprobada hace un par de años. Es decir, cuando resultara impuesta por las más poderosas empresas del ramo, mediante un intenso y planificado lobby y el dócil concurso de parlamentarios sobornados por estas patronales. Un cuerpo legal que ahora el gobierno de Piñera se propone retocar con indicaciones convenidas por el oficialismo con el concurso de demócrata cristianos y radicales supuestamente de oposición. En otro escandaloso episodio político que ha sacado de sus casillas al Frente Amplio y que podría costarle el puesto al próximo presidente de la Cámara de Diputados, si es que esta bancada desistiera, como ya lo ha advertido, de apoyar al falangista designado a dedo ya hace varios meses para suceder a la actual titular del Partido Socialista.  Renuencia que pudiera, consecuentemente, derribar el andamiaje de “equilibrios políticos” negociados al inicio de la actual legislatura por los que se consideran opositores al actual gobierno.

Según las malas prácticas de nuestra política, en este tipo de cargos se imponen los ungidos por aquellas cavilaciones cupulares, mediante el ejercicio del cuoteo partidario que rara vez tiene en cuenta la “meritocracia” que tanto se proclama por los medios de comunicación. Como es simple observar, los que se imponen en las testeras y en las presidencias de las comisiones legislativas suelen ser los más diestros o siniestros roedores de la política, con los incisivos más afilados, y no las figuras más lúcidas del llamado “servicio público”. Muy contrariamente a lo que acontecía antes, cuando los Allende, los Frei y también las más destacadas figuras de la derecha eran reconocidas por sus colegas diputados y senadores al encomendarles las funciones directivas y de representación del segundo poder del Estado.

Lo más increíble es que el conciliábulo Gobierno, PDC y radicales a propósito de la pesca de la jibia y otras materias afines, está provocando una nueva y profunda ruptura en los opositores, cuestión que lleva a los diputados más iracundos a desahuciar todo acuerdo político con quienes ya se reiteran en darle el apoyo a las iniciativas del Ejecutivo. Defección o traición (como es calificada) que para La Moneda resulta crucial al no contar con mayoría parlamentaria. Aunque ya sabemos que de la bravata a los hechos hay un considerable trecho en esta pragmática disposición de los partidos de aliarse con Dios o con el Diablo a la hora de encarar las elecciones.

Es un hecho que la vastedad de nuestros políticos no se mueve por convicciones sino por cálculos y ventajas muchas veces deleznables, como lacayas. Por esto, es que nos parece muy poco probable que ante la discusión de una ley de pesca puedan existir convicciones o diferencias ideológicas sustantivas entre los parlamentarios, como para que se constaten órdenes de partido, votaciones a fardo cerrado y, luego, se sucedan encendidas y airadas descalificaciones. Ciertamente, no estamos frente a una iniciativa “valórica”, ontológica ni ética sino ante un tema en que solo existen intereses contrapuestos encima del Océano Pacífico entre pescadores industriales y artesanales. Interesados, unos, en conservar sus privilegios, así como los otros recuperar los derechos que les fueron arrebatados durante el régimen castrense y la posdictadura. Particularmente cuando de aprobara en el Parlamento una normativa que, de verdad, a quienes más favoreció fue a aquellos políticos empeñados en asegurarse una buena “caja electoral” en la práctica del cohecho.

Es difícil pensar que las grandes empresas pesqueras estén otra vez en el pasilleo para asegurarse el apoyo personal de algunos parlamentarios, especialmente ahora de los que apoyaron la iniciativa gubernamental desde la Oposición, así como el cuestionado veto presidencial que, dicho sea de paso, ha frustrado las expectativas de ambos sectores de pescadores. Enardecidos, amenazantes y violentos, como se les ve, en sus respectivas movilizaciones. Protestas que, obviamente, prometen mantener “contra viento y marea” su rechazo a una Ley. Lo que en lenguaje náutico significa “hasta las últimas consecuencias”.

Lo más probable es que estas enmiendas a la Ley de Pesca se estén concordando o más bien se terminen de afinar en los propios gabinetes ministeriales, en algunos selectos clubes o en la “cocina” de algunos políticos con intereses creados en esta actividad. Como ha ocurrido tantas veces, es plausible que el dinero otra vez este metiendo su cola en la política. Mal que mal se trata de una actividad muy lucrativa y que, más temprano que tarde, tendrá que ser reguladas universalmente por restricciones medioambientales. Pero es muy posible que con esta Ley el Gobierno quiera poner a prueba la “unidad opositora”, o más bien siga empeñado en atraer a aquellos sectores con nostalgia de poder y que harto incómodos se sienten al lado de sectores “ultristas, deslenguados o pendejos”, como tildan a las bancadas más jóvenes del Parlamento. Es claro, además, que la irrupción de la extrema derecha favorece el encuentro entre el piñerismo y los sectores socialcristianos o laicos. Como que muchos se acuerdan en estos días que Frei Montalva justamente ganó la presidencia en 1964 por el apoyo de que la DC obtuvo de los conservadores. Lo que llevara a Radomiro Tomic a advertir, entonces, que “cuando se gana con la derecha es la derecha la que gana”. Algo que en la época causara mucho escozor, aunque ahora muy poco cuando en la política están predominando los roedores, para los cuales lo más importante es saber ganar y mantenerse bajo las ubres del poder.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 3 de octubre de 2018

Los ganadores y perdedores del Triunfo del NO


 Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Análisis político

Al celebrar a treinta años el Triunfo del No en el plebiscito que convocó Pinochet para continuar en el poder, es justo y necesario destacar a quienes hicieron posible este logro. Desde luego, lo primero que habría que reconocer es que el mérito lo tienen fundamentalmente los chilenos que se atrevieron a concurrir a las urnas y desafiar un proceso eleccionario sin las suficientes garantías republicanas, al mismo tiempo que sacudirse aunque fuera un día de los temores de la población después de diecisiete años de dictadura.


No debemos olvidarnos que la consulta popular fue iniciativa de los gobernantes exigidos por las presiones de Estados Unidos, algunos partidos políticos y otras instancias nacionales y extranjeras que temían la posibilidad de que creciera la convulsión social y la salida chilena emulara lo ya acontecido en Cuba y Nicaragua. Que se impusiera una vía insurreccional que finalmente le diera el triunfo a un gobierno de corte radical, por cierto contrario a los intereses de quienes habían propiciado el Golpe Militar y consolidado un régimen favorable a las compañías extranjeras que miraban con inmensa codicia nuestros recursos naturales. No podemos borrarnos de la memoria la cantidad de recursos, invitaciones y otros que se le asignaron a los mandamases de la Democracia Cristiana, a los socialistas “renovados” y otros para que separaran aguas con el Partido Comunista, el MIR y las organizaciones de derechos humanos.

Quienes estábamos a la cabeza de los medios de comunicación disidentes fuimos testigos de la millonaria oferta que nos hizo personalmente en embajador norteamericano en Chile para que le cerráramos nuestras páginas al Movimiento Democrático Popular y a quienes propiciaban por entonces “todas las formas de lucha” en contra de la tiranía. Oferta que a muchos con complace haber rechazado y persistido en nuestra voluntad de propiciar la más amplia unidad del pueblo y sus instituciones democráticas. Lo que explica que, después, con Patricio Aylwin en el poder,  se acometiera la persecución a estos medios, hasta ahogarlos para que no siguieran propiciando juicio y condena a los opresores, relaciones con todos los países del mundo, así como el fin de un modelo económico y social que hasta hoy  los ricos más ricos y mantiene altíosimos índices de pobreza, desempleo y discriminación. Lo que da origen a la “mano de obra barata” que es uno de nuestros grandes incentivos al capital foráneo.

Ciertamente se impuso el camino del “dialogo” y del plebiscito, después de haber fracasado el atentado al Dictador, pero no puede caber duda que éste es la reacción desesperada de los militares, del gran empresariado y otros al comprobar las acciones del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y toda esa red de organizaciones sociales que fueron capaces de consolidar unidad y organizar protestas callejeras que efectivamente  tenían la posibilidad, más temprano que tarde, de derrocar a Pinochet o lograr que sus mismos efectivos se encargaran de ello. Sobre todo después de comprobar que éste, además de asesino, se enriquecía en el poder y lo animaba por sobre todas las cosas perpetuarse en él al precio que fuera.

Si bien muchas protestas sociales fueron  “pacíficas”, no hay duda que con ellas también las hubo más extremas, como las que se prodigaban en las noches con los provocados cortes de luz, las barricadas y tantas otras manifestaciones incluso armadas que, a la hora del balance de estas jornadas, eran apreciadas por los partidos y agrupaciones no violentas. Como personalmente pude apreciar en la satisfacción de un Gabriel Valdés, el líder demócrata cristiano, cuando se enteró de que Santiago estaba prácticamente a oscuras, mientras un frenético Pinochet sobrevolaba la Capital, profiriendo amenazas de todo orden.

Debiéramos asentir que fue la combinación de “todas las formas de lucha”, justamente,  la que resultó victoriosa después de esos instructivos que nos llamaban a paralizar las actividades, bloquear puentes y caminos, tomarse las poblaciones y ejecutar una enorme e imaginativa cantidad de acciones conforme a las posibilidad de cada cual. Después de comprobarse que el Paro Nacional no podía resultar por si mismo exitoso con el enorme temor que provocaba en los trabajadores quedar desempleado o ser reprimido. En poco tiempo, los chilenos descubrieron rápidamente la impostura de muchos de los dirigentes políticos pacifistas, cuando todavía se recordaba que varios de éstos habían justificado la asonada militar de 1973, el bombardeo a La Moneda y la instalación de campos de concentración, exterminio y tortura a lo largo de todo el país.

De allí que después de treinta años resulte tan sorprendente que haya columnistas y otros ex militantes de la izquierda que, ahora desde El Mercurio, sus bien financiados centros intelectuales y curules del Congreso le resten mérito a quienes efectivamente combatieron en vez de “negociar” una salida política que hasta ahora ha consolidado la Constitución de 1980, su modelo económico y toda la posdictadura. Muy extraño resulta que cuando se celebran las gestas de la Emancipación y la victoria contra el fascismo en Europa, personajes como Washington, Bolivar, San Martín, Sucre y O´Higgins sean reconocidos como héroes, cuando se sabe que realizaron acciones de indisimulada violencia para combatir a los conquistadores. Con seguridad, mucho más extremas que las que conocimos en las luchas contra los régimenes militares de América Latina. O que el Viejo Continente, se ufane de sus partisanos y la de aquellos luchadores que con su acción les brindaron genuina democracia a tantos países. Y no un régimen híbrido como el que en nuestro país se mantiene.

No podemos olvidarlos de esa noche de ese 5 de octubre cuando  la alegría se hizo tan manifiesta y extendida en el centro mismo de la Capital, donde el pueblo victorioso hasta quiso avanzar hasta La Moneda. Con un fervor en que muchos políticos se desgañitaron en impedir a sabiendas que ello podría dejarlos literalmente en la vereda de un desenlace democrático más nítido y de raigambre popular. Donde ciertamente las llamadas “cúpulas políticas” quedarían superadas.

Más bien lo que habría que preguntarse a partir de aquel Plebiscito es quienes realmente ganaron aquel día, cuando el propio Pinochet se encargara después de entregarle la Banda Presidencial a su sucesor, se constituyera en senador vitalicio y, posteriormente, fuera rescatado por sus sucesores de un justo y ejemplar juicio en el Tribunal Internacional de Justicia. Después de estar detenido en Londres.

Preguntarnos a treinta años de este plebiscito, por qué el país no ha podido darse una nueva Carta Fundamental; por qué la impunidad de los crímenes de la Dictadura favoreció a los principales ejecutores de la Dictadura; por qué, en vez de recuperar nuestras yacimientos y riquezas, las transnacionales, más que antes, se enseñorean ahora en nuestro territorio. Cómo pudo ser que se consolidaran el régimen previsional y tantos otros despropósitos en la salud y la educación de los chilenos. Y por qué, finalmente, Chile se abrió a la lacra de la corrupción que hoy cruza el espectro de la política representativa, las camarillas empresariales y hasta las propias organizaciones laborales.

Todo esto y más podríamos preguntarnos cuando la derecha se ha instalado de nuevo a La Moneda y un Sebastián Piñera agrede la dignidad nacional reuniéndose con Trump para mostrarle cómo nuestra Bandera está en el centro, en el corazón mismo, como le señaló, del pendón estadounidense, en un acto deleznable que ni el propio gobernante norteamericano pudo entender o darle crédito.

Todo lo cual, sin duda, sería devastador sin el consuelo de saber que todavía Salvador Allende es ante el pueblo un verdadero héroe, el que mantiene más prestigio y admiración como lo reflejan las encuestas. Aunque todavía no “se abran las grandes alamedas para que pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”, como lo propició en sus últimas palabras.

martes, 2 de octubre de 2018

La patética posdictadura político militar


Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Una de las más bochornosas características de la Posdictadura es la condescendencia que la política ha tenido con las Fuerzas Armadas, favoreciendo la impunidad de tantos crímenes cometidos por el Régimen Militar, cuanto por los privilegios que nuestra legislación le ha extendido a las distintas ramas castrenses. En una flagrante demostración de que en Chile no existe la igualdad ante la Ley, cuando basta con ser uniformado para superar con creces las condiciones de vida de la población civil. Dentro de un Estado busca reducirse y restringir sus gastos, pero mantiene una febril y descarada carrera armamentista. Sin duda la más onerosa y ostentosa del Continente en relación a sus habitantes y Producto Interno Bruto.

Cada efeméride de nuestras Fiestas Patrias nos dejó de nuevo en evidencia el dispendio que significa la adquisición de millonarias y letales armas, la mantención de los  altos sueldos de la oficialidad, como el  sistema previsional del personal activo y en retiro que el Ejército, las Marina y la Fuerza Aérea comparten, también, con Carabineros de Chile. Los que, además de sus conocidas  granjerías, han logrado materializar toda suerte de desfalcos en desmedro del erario nacional  que ni siquiera la Contraloría General de la República se atrevió a denunciar y atajar a tiempo.

El Presidente Piñera anuncia, a diferencia de sus antecesores, que se propone terminar con la Ley Reservada del Cobre que obliga a Codelco incrementar los fondos castrenses con el 10 por ciento de la comercialización del cobre que produce. Aunque sabemos que la hipotética derogación de esta Ley supondrá, en todo caso, incrementarles a los militares los fondos que le asigna el Presupuesto General de la Nación. Es decir se recurre, como en tantas cosas, a una hipócrita maniobra,  a fin de no irritar a la oficialidad siempre tan atenta e irascible a la posibilidad de que se les rebajen sus gastos operacionales y emolumentos personales. Cualquiera sean las condiciones de nuestra economía y las demandas sociales crónicamente postergadas.

A esta altura, se hace evidente que la férrea renuencia de nuestros gobiernos a emprender un camino de diálogo y de paz con Bolivia (y antes con Perú) tiene como principal propósito justificar el gasto militar, ante la eventualidad de un conflicto armado. Con lo que se renuncia a redestinar  los ingentes recursos destinados al armamentismo para cimentar la paz definitiva en nuestras fronteras. Emprender inversiones conjuntas con nuestros países vecinos, en una de las zonas mejor provistas de recursos naturales del mundo.

Da pena ver cómo ahora las vociferantes enemistades propiciadas hasta hace poco por un parlamentario, felizmente no reelecto, son retomadas por un ex embajador socialista, cuyos rasgos físicos curiosamente lo caracterizan como el diplomático con el talante más amerindio que recuerde nuestro empolvado servicio exterior. Manifestando un odio hacia Evo Morales y a las pretensiones bolivianas que mejor  podrían atribuírsele al racismo de los empresarios norteamericanos y europeos que prefieren hacer negocios en tierra chilena que en la de nuestros pueblos contiguos del norte. Seguramente por la docilidad de nuestra legislación y esa falsa idea de que los chilenos constituimos una raza distinta. Que podríamos haber sido una nación más de las llamadas mediterráneas, como lo escribiera un ex candidato presidencial.

Con ocasión de la última Parada Militar volvimos a contemplar una exposición patética del ridículo y la futilidad  de nuestros efectivos militares. Que destinan meses de preparación para lucir sus coloridos trajes, cascos, tricornios, inmaculados guantes y de un cuanto hay, sumado a ese derroche de medallas y escarapelas por victorias que nada tienen que ver con ellos. Cuando a lo que realmente se han dedicado durante toda nuestra historia republicana, además de marchar y aventar guaripolas, es a derrocar cruentamente a nuestros gobiernos democráticos, asesinar a miles y miles de trabajadores, imponer el terror en nuestras poblaciones y organizar campos de concentración y exterminio. Siempre rendidos al capital foráneo, a nuestra más rancia oligarquía, a fin de garantizarle a las transnacionales  la soberanía real sobre nuestro largo territorio, de cordillera a mar. 

Cómo no apreciar el brutal contraste entre los actuales mandamases militares con el arrojo universalmente reconocido de nuestros padres de la Patria que, como Simón Bolívar, San Martín, Sucre, O´Higgins, Carrera y tantos otros destinaron su peculio familiar, entregaron la vida y conquistaron la gloria hasta hoy por la gran proeza de combatir contra el dominio español. Además de propiciar el establecimiento de una sola y fraternal nación.

Qué tienen que ver los soldados civiles descalzos que cruzaron cordilleras y combatieron cruzando las más altas montañas, desiertos y torrentosos ríos, con hambre y con frío, con estos garbosos uniformados de hoy montados en caballares finos, empaquetados con finos uniformes y cargando charreteras por años de “servicio” y no realmente por sus proezas. Bien apertrechados, como sabemos, con las armas que financian los trabajadores chilenos, así como nuestra abusada clase media y funcionarios públicos. Uniformados con acceso a hospitales de lujo, casinos y balnearios, como a una seguridad social que les garantiza, con mucha frecuencia, llegar a vivir más tiempo jubilados que en ejercicio.

¡Qué vergüenza que nuestra Escuela Militar lleve en nombre de nuestro Libertador y que la Marina y la Esmeralda rindan hasta hoy homenaje a un golpista y asesino como José Toribio Merino! Escupiendo con ello, la memoria del valeroso abogado Arturo Prat Chacón que efectivamente ofrendara voluntariamente su vida en 1879; sin sospechar que su nombre bautizaría después a la Armada Nacional. Poseedora de un buque insignia que les sirvió para detener y torturar a muchos prisioneros políticos chilenos, en su permanente guerra contra el orden republicano y el pueblo.

Como nos alegraría ver en las jóvenes figuras parlamentarias y las organizaciones dignas de nuestra civilidad se propusieran hacer justicia al respecto. Emprendiendo acciones legales y políticas para desagraviar a nuestros verdaderos héroes, para liberarlos del pesado fardo del pinochetismo, consagrada como la ideología oficial de nuestras Fuerzas Armadas. Por más que cada uno de nuestros mandatarios asuman una abyecta actitud frente a la casta uniformada. Y alienten una fratricida política exterior que, además, tiene el desparpajo de designar a los ministros de relaciones exteriores con la anuencia (o agreement) de la Casa Blanca, como de los más poderosos empresarios nacionales y extranjeros.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com