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martes, 13 de diciembre de 2016

Se renueva un compromiso

Nils Castro

Reconocer la enorme obra moral, intelectual y política de Fidel es al propio tiempo asumir un proyecto encaminado a rebasar los siguientes horizontes. No es aceptar una muerte sino asumir la vigencia y desarrollar las conquistas que ese proyecto ya ha logrado, sus experiencias, sus enseñanzas y la proyección de sus ideas para vencer los próximos retos. Como dijo Juan Miguel González   el papá de Elián   lo que hoy el pueblo cubano emprende es la renovación de un compromiso. Eso también vale para los demás latinoamericanos y caribeños.



Fidel sigue en la sabiduría, el coraje y la creatividad que él, durante más de medio siglo, sembró en el corazón y en la inteligencia de cada patriota, y en su capacidad para trazar y construir el futuro al que su pueblo aspira y merece. Suena poético y consolador decirse que tras el deceso físico él surcó el viaje del Granma a la inmortalidad, pero esto  no es así.

Aunque él  no vivió para obtenerla, hace mucho que alcanzó la inmortalidad, y no por ello se ha marchado. No hemos participado en una despedida porque Fidel no se ha ido. Como bien sabemos, él está aquí, en cada cubano y cada latinoamericano.

Hace un tiempo alguien dijo: “Hay personas que, para uno, no murieron; poseen una presencia tan fuerte, tan poderosa, tan intensa, que no se consigue concebir su muerte, su desaparición. Principalmente por su continua presencia en los sentimientos y en los recuerdos. Nosotros, no solo yo, sino el pueblo cubano, sufrimos de manera extraordinaria con la noticia de su muerte, aunque no fue inesperada”. Esas palabras las dijo Fidel respecto al Che. 

Hemos presenciado la despedida física de otros gigantes de la cultura política latinoamericana, pero nunca cabrá pensar que el torrijismo dejó de vivir o que el chavismo deje de luchar. El fidelismo no es solo un sentimiento del alma: es conocimiento, método y brújula, como también es versatilidad realista, creativa y obstinada para seguir avanzando entre los obstáculos, los riesgos y las oportunidades de un mundo cambiante. Es guía para la acción, y mientras sus discípulos y compañeros sigan sobre su ruta, su creador está vivo.

Todavía falta mucho por hacer, muchos problemas por resolver, mucho futuro por construir   en Cuba, en Latinoamérica y en el mundo   y con él unos y otros seguiremos haciéndolo. Mientras prosigamos este esfuerzo, Fidel vive.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fidel, su tiempo y el actual

 Por Julio A. Louis 

Tres reflexiones sobre la praxis de Fidel

Es un creador. En América Latina, las fuerzas socialistas no se apartaban en su teoría y acción de los límites de la democracia liberal. Pero, cuando ésta era rota por fuerzas retrógradas en defensa de sus intereses de clase, parecían inviables otras formas de resistencia, las que una y otra vez habían sido vencidas, como la gesta sandinista (1927-1934) o la “república socialista” de Chile (1932). Fidel, con audacia visionaria, acaudilla acciones como el asalto del Cuartel Moncada (1953) o la expedición del Granma (1956) que ubica a doce combatientes en la Sierra Maestra, actos tipificados de “aventurerismo pequeño burgués” por los teóricos estalinistas. Con Fidel y su guerra de guerrillas se abre una nueva etapa de resistencia anti imperialista, de construcción socialista. Que se hayan intentado reproducir en escenarios que no ofrecían condiciones similares, no es responsabilidad de los cubanos.



El derrocamiento de una tiranía pro imperialista –la de Batista- se realiza por la única vía posible: la violencia revolucionaria, presente como partera de la nueva sociedad a lo largo de los siglos, en revoluciones de signo liberal, la de la independencia de Estados Unidos o la Revolución Francesa, por ejemplo, o de signo socialista como la Revolución Rusa, o la China. Una vez obtenido el poder, la acción contrarrevolucionaria, obliga a mantener la violencia revolucionaria. La cubana no es excepción a todas esas otras revoluciones y pretender la democracia liberal cuando la contrarrevolución aplicaba su violencia, significaba la restauración pro imperialista. El ejercicio del poder revolucionario y la obtención de la hegemonía ideológica no están exentos de errores y pretender que la cubana –como cualquier otra- esté exenta de ellos es desconocer el abc de lo que son las revoluciones.

La creatividad de los revolucionarios cubanos incita a la creatividad de los socialistas del siglo XXI para derrotar al sistema capitalista. Fidel atisba el futuro: “¿Qué tipo de globalización tenemos hoy? Una globalización neoliberal […] ¿es sostenible? No.¿Podría subsistir mucho tiempo? Absolutamente no. ¿Cuestión de siglos? Categóricamente no. ¿Durará décadas? Sí, sólo décadas. Pero más temprano que tarde tendrá que dejar de existir […] ¿cómo se va a producir la transición? No lo sabemos. ¿Mediante amplias revoluciones violentas o grandes guerras? Parece improbable, irracional y suicida. ¿Mediante profundas y catastróficas crisis? Desgraciadamente es lo más probable, casi casi inevitable, y transcurrirá por muy diversas vías y formas de lucha. ¿Qué tipo de globalización será? No podrá ser otra que solidaria, socialista, comunista, o como ustedes quieran llamarla.”      

   Corresponde a las nuevas generaciones dar respuestas a estas interrogantes. Para eso hay que ser consciente que, si el capitalismo no extingue a la humanidad, el modo de producción comunista –tras la transición socialista- ha de triunfar pese a las derrotas habidas y los proto-socialismos degenerados en regímenes opresores, teniendo presente que el modo capitalista se impuso después de siglos de experiencias frustradas, y en un escenario muy diferente de aquel donde surgiera inicialmente en el siglo XVI.
       
 jlui@vera.com.uy