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viernes, 23 de octubre de 2020

Visión apocalíptica ante las crisis sociales

Por Mariano Sierra:

Revivamos el gran mingaco de nuestros ancestros, como hilo conductor para exigir un nuevo liderazgo socio político para nuestros pueblos.

Cuando asoma a nuestro conocimiento el término apocalipsis surge de inmediato una connotación religiosa.  Pero al margen de este referente también  la connotación que nos conduce el estilo apocalíptico es el misterio, enigmas, devastación.  Revelación, pero en esencia es esperanza. En este recorrido aparece en la palestra un nuevo renacer que implica el colapso del planeta, que trae sus raíces, sus realidades enfrentadas a una sociedad que acuña esperanzas. Es propio del apocalipsis, el campo social y sus distintos rasgos políticos y religiosos al unísono de una hermenéutica convulsionada para emerger en tantos avatares, la capacidad renovadora que posee una dimensión que hace parte de la historia.

Nuestro pensar apocalíptico se analiza bajo la óptica de los hechos que actualmente mueven al mundo que son de tal magnitud que nos abre caminos de entendimiento, de cooperación, de discernimiento para la convivencia ciudadana afectada por esos desordenes anotados y más aún por nuestro desacople interior. Todo colapso atrae en sus remolinos, esperanzas para un nuevo posible mundo. En la política ya no se debate, se enfrentan fuerzas con violencia generando una politiquería que infunde a la sociedad dosis de cizaña donde vibran toda sarta de aporías, odios y demás vituperios que hacen resaltar la falta de gobernanza con falsas palabras seductoras.

En medio de cualquier heterodoxia social, política o religiosa debemos dar rienda suelta a entender las circunstancias y nuevos episodios de liberarnos interiormente que enaltezcan la figura de nuevos límites que nos reten contra las encrucijadas apocalípticas y en ese medio del laberinto social que cruza los infiernos de Dante se levanta el apocalipsis de la esperanza y la resistencia pacífica. O sea, el apocalipsis del nuevo mundo donde surge la cultura de la subversión que descorre el velo de las máscaras de los atávicos anodinos, para descubrir los mesiánicos de la verdad y el orden que legitiman la identidad que proclama la reconstrucción social.

Apocalipsis se traduce como esperanza que nace en cualquier tiempo, pero esencialmente en tiempos de tormentas de conciencia, de corrupción y de todo atropello a la condición humana. 

Este apocalipsis transmite orientación, cambio, nuevos ordenes de vida y de una nueva organización del hombre con su entorno, con su mundo alternativo golpeado

por la mal aplicada globalización, con su naturaleza, con sus luchas y deseos de modificar y revolucionar aspectos sociales, ideológicos y religiosos que al decir de Eric Fromm vamos hacia una tecnología humanista sin perder la esencia de lo que es el hombre, recuperar la sociedad deshumanizada.

Los interlocutores del apocalipsis de la modernidad son todos los hombres, pero en esencia es aquella discriminación dada por la sociedad salvaje, son aquellos acosados por el poder de los opresores que se disfrazan atrozmente. El apocalipsis de la esperanza cumple una misión ética, de denuncia ante los despóticos actos que van en detrimento de la dignidad humana y del llamado universal al cambio de ideas, de pensamientos, de acciones y de toda conducta tendiente a ejercer dominio contra los poderes terrenales.

En este estadio del renacer del cambio, de la reflexión, se busca la maduración en el hombre que le va a permitir el uso adecuado de su razón teórica y práctica integrando dinamismo, prudencia, virtudes, ámbito de vida con valores, regulación de placeres, fortaleza para regular los desórdenes, justicia para regular las acciones hacia la convivencia pacífica.  El apocalipsis del cambio busca también que la persona humana se identifique con el bien común reconstruyendo la conciencia del tejido social, reconstruyendo el pensar libre para hallar alternativas donde cada ser perfeccione su condición de vida en consenso social, en unidad de hermandad social.

El renacer de la esperanza impone compromiso para denunciar las arbitrariedades y para anunciar los procesos de cambio, las transformaciones y las enseñanzas para descifrar certezas históricas y llevarlas al cambio de la acción donde todo lo que sea odio, opresión se vuelva conciencia transparente. La praxis apocalíptica de la esperanza y el cambio es la fuerza del espíritu combativo para el bien social que enfrenta toda una pedagogía renovadora en un concierto de tiempos donde se comparte con un género humano, donde unos discurren dentro del racionalismo y otros dentro de lo irracional, y esos son los títeres del estado que profesan servilismo.

Siendo hipotético, el apocalipsis no le resta mirarlo dentro de un contexto renovador de expresión. Dentro de él se filtran en democracia personajes que se revisten de ideales benefactores, mientras que, por el lado oscuro, emergen seres violatorios de todo derecho. 

Esos agujeros negros no son otra cosa que disidentes áulicos, cizañas bazofias soterradas de un estado que le falta entereza y sentido de gobernabilidad para enfrentarse a su pueblo. Debe el estado tener en cuenta al pensador que nos enseña a romper mitos políticos e ínfulas de gran señor que por compartir un escenario va a perder imagen y autoridad. Todo lo contrario, le sobra mediocridad en todo su concepto de gobernante, desconociendo que esos campesinos, esos afros y esos indígenas encarnan en cuerpo ajeno a quienes nos dieron la libertad. Inaceptable la actitud del gobierno de no querer hablar con los indígenas. de política Entendemos que a un gobierno y al pueblo le atañen lo social y lo político, ambos eventos hacen parte del contrato social y como tal deben estar en cualquier agenda pública.  Como siempre, el estado siempre presume hechos para rehuir compromisos.

La avalancha apocalíptica es la reacción ante la angustia que se vive, generada por los despropósitos y los abusos de los manejos financieros, políticos, sociales, familiares, religiosos, de conciencia, por la carencia de unos principios éticos y políticos justos y por el irrespeto a la dignidad humana, a la naturaleza y al medio ambiente que claman con dolor la muerte recibida.

Una reflexión apocalíptica hacia el cambio se convierte en dar vida a la existencia y sentido de vida en un mundo donde persiste la miseria en todo su sentir y la injustica en toda su dimensión, donde persiste el yo, donde no me importa el otro, donde se quiere imponer el poder despótico en lo máximo y en lo mínimo. El poder naciente de un espíritu intransigente es el temor de manejo de la libertad personal que pone en juego la existencia sobre promesas de lo imposible e invisible.

La libertad no es el juego con que con ella se enajena todo de manera irresponsable y se vende la conciencia. La libertad responsable en el renacer de la esperanza no se tiene para hacer de ella un fortín de tiranías convenciendo sutilmente y moldeando o manipulando para que se cumpla la voluntad del que detecta el poder según sus propósitos con un despliegue de dadivas y retoricas palabras que concluye con el desconocimiento de las normas y de todo principio de valores humanos y derechos fundamentales.  El método refinado del poder y el mandato puro se mide con hechos concretos de justicia social, no con ilusiones ni con acomodadas expectativas. 

La libertad no es gratuita ni casual.  Ella es fruto del esfuerzo y la acción en el mundo social. La libertad es liberarnos de factores contaminantes, de los mensajes destructores que hoy ejercen irresponsablemente algunas redes sociales y medios de comunicación, de los esclavismos de los espejismos terrenales como el dinero, el sexo, la droga, la violencia, el maltrato, la castración de la conciencia y todo el devenir que genera el mundo de la corrupción democrática.

Reconstruir la esperanza es hacer que toda perversidad incubada en el tejido social e individual se sustituya por la recta aplicación de las reglas propias de la dignidad humana. La sociedad moderna está en los del hombre del silencio, del hombre que no razona, del hombre que está en función de los controladores de los poderes opresores, del hombre que ha perdido la capacidad de pensar y alzar sus voces de libertad ante la pérdida del empleo y sus derechos fundamentales.

  Pero el apocalipsis del renacer está en pos de la verdad, está en pos del anuncio de la unidad y la armonía, está en pos de la expresión y la opinión de quienes se quieren acallar. No más miedo a la libertad de emitir juicios fraternos y de llevar a cabo las denuncias contra los que oprimen ideas y pensamientos, no más miedo a confrontar con respeto, no más miedo a exigir el cumplimiento de la ley y los derechos de las personas, derechos inalienables que no se compran ni se venden por mísero plato de lentejas o por semántica retórica de quien se ufana gobernante siendo tan solo un producto de regímenes fascistas en mora de hacerle exigible la revocatoria.

La idea es proclamar la convocatoria para comenzar los procesos de cambio y la interpretación de los momentos actuales a la luz de la práctica que conlleve a la trascendencia hacia un nuevo hombre, hacia una sociedad renovada en todas las acciones humanas   en el trabajo, en la familia y en toda interrelación   espiritual. Subversión en el sentido apocalíptico es alterar el orden que ejercen las instituciones que apoyan las injusticias despreciando el sentir de los débiles. Para Spinoza, sociedad y estado violan todo derecho a que cada individuo se realice según el conato de la naturaleza humana. Y más aún cuando aquí se gobierna como le da la gana al presidente.

No puede el hombre dejarse doblegar por aquello y aquellos que conspiran contra él, por aquellas vanidades que lo deslumbran, que lo manipulan y despersonifican, que le dominan su razón de ser y lo detienen para no actuar, para negarle a exigir sus derechos. El hombre motivado por las superficialidades sociales se obnubila, se adormece   para objetar toda injusticia y anunciar la esperanza con base en principios claros de liberación-

La vida es innata tendencia hacia la felicidad y esa búsqueda es un caminar hacia una plena humanización, hacia la plena satisfacción de sueños, aunque ello implique derrotas. Solo la capacidad de amar le da a entender al hombre que el posee la potencialidad de su existencia. 

El apocalipsis evoca la existencia humana pues allí se fundan diversos aconteceres donde permea la esperanza en osmosis en la plenitud del cosmos en constante fluir de renovación.

En ese camino a la felicidad a la perfección, el hombre atendiendo sus creencias busca el apoyo del gran poder en la naturaleza, otros la buscan en el cielo de la fe, otros en lo material, pero dícese que el sabio busca a Dios en el interior de su ser. El mundo cual apocalipsis enseña a vivir tiempos reales. Compensar las flaquezas humanas nos lleva a una convivencia armónica, pues fuimos creados para enfrentar los retos que configuran los espacios y los tiempos.

El mundo vive momentos difíciles donde pareciera que la gestión del hombre por alcanzar la felicidad ha fracasado. Todas las cosas en las que el ser humano mira como puntos de referencia para la unidad han fallado.  La democracia se ha divorciado de la verdad política y social, la educación, la religión, la economía y otras tantas estructuras que se enfocan en hechos de muerte y de abandono engendrando grupos que buscan   racionalizar el mal y la destrucción humana y de la naturaleza, propio del capitalismo salvaje que hoy nos dice... Sálvese el que pueda con la pandemia a cuesta ante un gobierno que reta la democracia y viola toda norma.

 El itinerario del ser humano se ha convertido en meras teorías, en relativismos donde los beneficios que puedan imperar a favor del hombre se enfocan a devorar todo superávit humanista.  Sera que el hombre está perdiendo la batalla. Eso pareciera pues aquello en lo que ha confiado le ha fallado, pero no es así pues cada ídolo que la sociedad ha construido se ha derrumbado en su momento como aquellas estatuas de tantos perversos históricos.  La fe siempre regresa o mejor siempre está allí para el rescate desplazándose en misión salvadora.

La visión apocalíptica surge como un mítico canto inspirado bíblicamente que dice que la historia humana tiene propósitos en medios del asombro. Es el canto de una revolución cristológica y de una larga resistencia. La victoria será el levantamiento de los débiles, de los condenados de la tierra, de los siervos sin tierra, de los que llevan el cristo de espaldas que se transforman en justicia conquistada por la lucha del pueblo como supremo poder terrenal.

El canto apocalíptico habla de los pueblos que han sido subyugados por imperios que perduran, pero que la nueva visión comunitaria se fusiona con la visión social de la historia que se extiende entre confines de esperanza en espera de la revelación. 

Optar por el apocalipsis de la fe, sin temores nos anuncia al Dios de la historia, al Jesús del evangelio implicando asumir una vida firme ante la realidad de un pueblo que protesta cuya fenomenología reivindicara esa actitud que no cierra los ojos ante el sufrimiento, la miseria, el miedo y la desesperanza.

El apocalipsis desplegar replicas que colapsan haciendo revelación de lo que oculta. La vida es dignidad, el apocalipsis es símbolo que interpela la realidad. Primero es la vida frente a cualquier religión llena de mitos, como lo es el estado que cree que incumplir es un imaginario dando ejemplo al pueblo de su mezquindad y así se sustrae de su responsabilidad de gobernación. Gobierno y sociedad le mienten al país propiciando de esta manera la gran violencia que vivimos.

El mundo es una dialéctica de dificultades que obstruye el ejercicio de la revolución. Pero todo lo nefasto del ayer y de hoy se descubrirá en el proceso de la Genesis de la investigación, donde el hombre se alzará con nuevas voces, nuevas miradas, nuevas acciones, nuevas reflexiones. Todo hacia la verdad histórica y social que elimine lo que nos está azotando...  El régimen

Hermanos todos... Es la nueva visión del mundo que nos entrega el Papa en su nueva encíclica invitándonos a cambiar por el camino de la revolución de la esperanza terrenal.

marsblawyer@gmail.com

sábado, 28 de marzo de 2020

COMUNICADO:


El Consejo Nacional e Internacional de Comunicación Popular “Comandante Supremo”(Conaicop), se pronuncia ante la opinión pública internacional para denunciar la irresponsabilidad del “Anticristo” de los EEUU, Donald Trump, que no solo es responsable de la guerra bacteriológica en su locura por instaurar un “Nuevo Orden Mundial” para desestabilizar económicamente a los gobiernos que les son adversos sacrificando a miles de hombres y mujeres en el planeta.


Esta guerra bacteriológica trae consigo, la posibilidad de tumbar gobiernos como en el caso de Venezuela, que denunció un cargamento de armas sofisticadas, fabricadas, producidas y distribuidas por el imperio norteamericano, a través del gobierno colombiano, para atentar contra la vida del Presidente Nicolás Maduro, el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente Diosdado Cabello Rondón y otros dirigentes de la Revolución Bolivariana.

O sea, el Cobid19, en este caso, está siendo utilizado por el gobierno colombiano y la oposición venezolana como arma de guerra importando y regando el virus en todo el territorio nacional para entretener al gobierno Bolivariano en su decisión de preservarle la vida al pueblo de Bolívar y Chávez y como han fracasado porque no se han dado las muertes por el Coronavirus que ellos estimaban en Venezuela, optaron por la vía armada pero también fracasaron porque fueron descubiertos y neutralizados en el propio territorio colombiano.

Hoy, el amo del mal del planeta Donald Trump, señalado por los que conocen de la biblia como el demonio de las siete cabezas que señala en libro del Apocalipsis y del Anticristo, en su desesperación porque en Venezuela, que es uno de sus principales objetivos tanto por sus riquezas petroleras como por el ejemplo que está dando a los pueblos del mundo que hoy se mantienen en resistencia por su autodeterminación e independencia, acusa al Presidente Maduro de “Narcoterrorismo”.

Ante la presencia de una situación de violencia que se pueda generar contra el pueblo Bolivariano por parte del imperio norteamericano y sus arrastrados colaboradores del Cartel de Chile, y muy particularmente por los gobiernos de Colombia y Brasil, el Consejo Nacional e Internacional de Comunicación Popular “Comandante Supremo”(Conaicop), denunciamos esta nueva amenaza por parte del Presidente de los EEUU Donald Trump y alertamos a los pueblos del mundo para prepararnos y enfrentar de una vez por todas estas fuerzas del mal que solo buscan la destrucción y el saqueo de los recursos naturales existentes en el Continente Latinoamericano.

Trump, desbloquea a Venezuela, estas quedando como el peor estadista en la historia política y económica de los EEUU por tu empeño y locura de querer resolver todo por la vía de la injerencia, los bloqueos y sanciones a través de la guerra en sus diferentes modalidades incluyendo la bacteriológica. El daño que hoy le haces al mundo, el mundo te lo cobrará tarde o temprano.
POR  CONAICOP

Secretariado Ejecutivo
Ruben Suarez Secretaria Internacional (Uruguay)Mf
Alcides Martinez Secretaria General (Venezuela)Mf
Geraldina Colotti Secretaria Europa (Italia)(MF)
Gustavo Pessetta Secretaria Mercosur (Argentina)Mf
Raquel Bonzi Secretaria Parlasur (Paraguay)Mf
Patricia Barba Secretaria Caribe (Mexico)Mf
Alberto Ramírez Secretaria Centro America (Mexico)Mf
Valeria Rodriguez Secretariado Asuntos islamicos y musulmanes (Argentina)
Nino Pagliaccia Secretaria Norteamerica (Canada)
Soledad Errandonea Secretrariado de la mujer Suiza
Micaela Sagaseta Secretaria DDHH España
Raquel Pina Secretaria Cultura (Argentina eeuu)
Marcos Caballero Secretaria Pueblos Originarios (Bolivia)
Percy Katary (Perú) Secretaria andina
Guillermo Orrego(Perú) Secretaria movimientos sociales
Cristine Camargo Secretaria medios alternativos Brasil
Carolina Villanueva Secretaria Twitteros Venezuela

Ousmane Diakite Secretaria Africa

miércoles, 25 de marzo de 2020

Coronavirus la excusa perfecta

Por Jesús Sotillo Bolívar:
La falsedad es tan antigua como el árbol del Edén. Orson Welles

Las pandemias son tan viejas como la misma humanidad. En diferentes épocas de la historia pueden apreciarse estos brotes de enfermedades que generan pánico y que ponen en evidencia la crisis existencial de los seres humanos que frente al temor de la muerte buscan explicaciones fantasiosas y generalmente, como ha sucedió tiene sesgos raciales y crasa ignorancia.


Hace mucho tiempo en mis inicios de estudios universitarios, el Profesor Pablo Troncone, metodólogo, profesor de la Escuela de Trabajo Social de la UCV (qepd), gran amigo y asesor, me dijo, te traje un libro, quiero que lo leas. Hoy no recuerdo el autor, pero si el nombre del texto, que me impresionó: La Historia del Microbio.

El autor relataba como a través de la historia de la humanidad los microbios generaban un sin número de enfermedades, mortales muchas de ellas, que al no tener curas oportunas por la ciencia a la sazón, se les buscaba todo tipo de explicaciones y causales que vista retrospectivamente, rayaban en lo absurdo.

Es así como al Vomito Negro, a la denominada gripe española, la Viruela (Llevada por los españoles que ocasionado la muerte de miles de indígenas en regiones conquistadas),  la Tuberculosis, la peste negra (referida por Giovanni Boccaccio en El Decamerón y la mortandad que ocasionó en Florencia Italia) Todas produjeron miles de muertes en diferentes partes del mundo, se creía que su origen era sobre natural e incluso lo más grave, se buscaban culpables en razas y en motivaciones religiosas.

 En ese libro, se señala que muchas de estas pandemias se le achacaban a los judíos, negros, amarillos y otros grupos étnicos y religiosos, porque la humanidad no encontraba explicaciones racionales para esos fenómenos.

En el marco del pánico que se genera con situaciones tan calamitosas como esas, surgen los profetas de siempre, los que ven señales de que el Apocalipsis se aproxima, el mismísimo diablo en persona dirige las acciones de mortandad y otros hablan de maldiciones bíblicas. Algunos incluso, hablan de Sodoma y Gomorra las ciudades que, sumidas en la perdición, recibieron el castigo divino.

Esta civilización, ya no es tal, dicen algunos, el mundo está perdido, nadie respeta a nadie, la pederastia, los abusos sexuales, la matanza de ciudadanos inocentes, las drogas y sus estragos; todas estas aberraciones, son señales de que el fin del mundo se acerca y mutatis mutandi, regresan como un fantasma del pasado las supersticiones medievales.
Lo cierto es que esta nueva cepa denominada Cornavirus en un principio y luego por la OMS, CONAVID-19. Mientras la ciencia investiga y busca el antídoto correspondiente, está sirviendo como excusa para darle PARA darle matices políticos,

Ud. Ve, por ejemplo, algún presidente, que, por la muerte de alguien por el Virus, toman la televisión para reivindicarse y aunque en sus países hay muerte por ejemplo de líderes sociales y luchadores por los derechos humanos, por centenares, ni siquiera se investiga. Pero ellos, se colocan un tapabocas para no hablar de esos casos y disfrazarse, poner rostro de preocupación ante las cámaras, cuando la realidad es que poco les importa ser promotores de la violencia que genera millones de muertos y migrantes de sus propios países.

En Europa, por ejemplo, se han creado murallas, para negar el acceso a millones inmigrantes, que muriéndose de hambre en sus países buscan tener una vida más digna. Mueren familias completas en las llamadas pateras, pero no se hace un plan mundial para mitigar estos problemas, que muchos de esos países han generado precisamente por la acción colonialista e imperialista de los que proponen murallas para contenerlos.

Mientras el mundo entra en pánico por esta Pandemia, gobiernos que pretenden ser gendarmes mundiales para usufrutuar la riqueza natural de otros, someten a otras naciones, a regímenes sancionatorios, que le impide a los habitantes de esos pueblos adquirí las medicinas más elementales para mitigar enfermedades crónicas u ocasionales. Mientras Ud. Los ve por televisión o Tuitiando mostrando sus condolencias y presentando caras de preocupación, que más bien son muecas hipócritas, porque ellos y sus ejércitos matan a millones de ciudadanos, más que cualquier virus.

Por ejemplo, podríamos preguntarnos, ¿El Coronavirus ha matado más gente que las bombas sobre Nagasaki e Hiroshima? ¿Cuántos muertos han producido las dos guerras mundiales generadas en Europa? ¿Acaso los entendidos no hablan de 50 millones de muertos? ¿Cuántos mató Hitler, con el argumento de la raza aria superior? ¿Cuántos muertos producen el Dengue y la Fiebre Amarilla? ¿Cuantos se mueren de hambre en diversas regiones del orbe? No creo que haya virus más letal en este mundo que la política perversa de algunos países, que, para el confort de sus propias sociedades, no les importa invadir, colonizar a otros pueblos y apoderarse de sus recursos naturales.

Si hay algo por lo que luchar en la actualidad es contra la hipocresía
Profesor de la UCV

jesussotillo45@gmail.com

viernes, 3 de agosto de 2018

Trump el presbiteriano manifiesto


Por Msc. Félix Roque Rivero:

Donald Trump, el 45° presidente de los Estados Unidos de Norteamérica ha señalado que su país es “una nación nacida bajo el mandato divino”. Resume en esa frase la excepcionalidad de los estadounidenses. El Destino Manifiesto es una filosofía nacional que explica la manera en que este país entiende su lugar en el mundo y se relaciona con otros pueblos. A lo largo de la historia estadounidense, desde las trece colonias hasta nuestros días, el Destino Manifiesto ha mantenido la convicción nacional de que Dios eligió a los Estados Unidos para ser una potencia política y económica, una nación superior. (Mkt, 2016, Portal Se Piensa).


La frase “Destino Manifiesto” apareció por primera vez, la historia es harto conocida, en un artículo que escribió el periodista John L. O’Sullivan, en 1845, en la revista Democratic Review de Nueva York. En su artículo, O’Sullivan explicaba las razones de la necesaria expansión territorial de los Estados Unidos y apoyaba la anexión de Texas. Decía: “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”. Como lo sostiene el profesor Vladimir Acosta en su extraordinario libro “El monstruo y sus entrañas”, “Estados unidos es una sociedad religiosa y fundamentalista”. (Acosta, Vladimir, 2017, p 26).

Esa sociedad que se cree predestinada por Dios para dominar el mundo, es hoy la sociedad que lideriza Donald Trump, un tipo que ha declarado ser presbiteriano practicante y seguidor de las enseñanzas del pastor Norman Vincent Peale, que predica el poder del pensamiento positivo y que fue el padrino en su primera boda. Como lo explica el profesor Vladimir Acosta, el fundamentalismo cristiano “es un producto de los EEUU y es una de sus expresiones culturales que cuenta con un peso descomunal”.

Dada la significación del elemento religioso entre los estadounidenses, importa realizar una brevísima cauterización de este elemento para así entender el porte presbiteriano de Trump y, sobre todo, sus arremetidas contra los pueblos, amparadas en esa “religiosidad” que como cartilla le imponen a los presidentes estadounidenses a la hora de tomar el juramento de ley. En esa sociedad que se jacta de ser libertaria, por un largo tiempo se usaba el The Bible Belt, una especie de cinturón adherido al cuerpo, que hacía referencia a los capítulos del Antiguo Testamento. Con ello se tenía la falsa creencia de que los mensajes de los profetas servían de escudos protectores de las personas. Ese cinturón, era en realidad un tremendo negocio ya que se vendía por un precio que superaba los quince dólares. En esa sociedad nació la organización del Ku Klux Klan, responsable de miles de muertes, sobre todo de negros en la zona de Carolina del sur.

En 1787 los EEUU nacen como Nación, con una profunda vinculación a la iglesia, a la religión. Ese Estado naciente, nunca se ha desvinculado de la Iglesia, aunque una de las Enmiendas a la Constitución así lo establezca. Las llamadas trece colonias respondían a los planteamientos religiosos de las más de 2.150 sectas que existían, como lo reseña Peter Scowen en el “Libro negro de América”. El catolicismo papista, los anglicanos, los puritanos calvinistas, los luteranos, los cuáqueros que fundaron a Filadelfia con el pastor William Penn que fue asesinado y los mormones, la “religión más original”, fundada por el profeta Joseph Smith.

De todas esas religiones, tal vez la más comprensiva de los derechos de los indígenas y de los negros lo fue la de los cuáqueros y que por practicar la poligamia, fueron perseguidos, asesinados muchos de sus líderes. Estas religiones fueron las sostenedoras del destino manifiesto que justificaba las más abyectas tropelías cometidas, siempre a nombre de la libertad y de un Dios Supremo. Cuando los EEUU invadieron a México y se apoderaron de más de la mitad de su territorio, lo que “legalizaron” con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo en 1848, en el periódico Whig Intelligencer escribieron un editorial que finalizaba diciendo “No tomamos nada por conquista…gracias a Dios”. (Zinn, Howard, La Otra Historia de los Estados Unidos, p. 159).

¿Qué significa ser presbiteriano?
Para Jonathan Muñoz Vásquez, pastor de la Iglesia presbiteriana de Chile, cuando se produce el movimiento conocido como La Reforma con Calvino a la cabeza, la iglesia ya reformada, una vez que se instala y difunde su predicación del evangelio en Escocia bajo el liderazgo de John Knox —alumno y colaborador de Juan Calvino—, tomó en el siglo XVI el nombre de iglesia presbiteriana. Ello fue así por la forma como se diseñó el gobierno, liderizado por estructuras integradas “por varones con sabiduría, experiencia y dones para ejercer el gobierno y la enseñanza en la iglesia”. A estos varones también se les llama en la Biblia de “presbíteros”, que significa literalmente “ancianos”. Al ser una iglesia gobernada por consejos de presbíteros, las iglesias reformadas de Escocia se popularizan más con el nombre de presbiterianas. (Muñoz Vásquez, Jonathan, portal TGC´, 30 de abril, 2015).

Ser presbiteriano es creer profundamente en Dios, en Cristo, no necesariamente en el Papa. Esto permite entender los enfrentamientos de Trump con su Santidad Francisco en materias como las relacionadas con la construcción del muro en México. Sobre esto Francisco llamó la atención de Donald Trump y le dijo textualmente que “quien esté pensando en construir un muro (para separar a los pueblos) no es cristiano”. Ser presbiteriano es asumir con fe las reformas de la confesión, es entender que existe un pacto renovado entre Dios y sus criaturas en una iglesia “eclesiológicamente reformada”.

Pero ¿qué religión han tenido los presidentes estadounidenses?; tres presidentes fueron abiertamente no religiosos:   Thomas Jefferson, Andrew Johnson y Abraham Lincoln y uno, Kennedy, católico. Los demás han sido cristianos sobre todo presbiterianos, bautistas y episcopales. Uno fue cuáquero: Richard Nixon.  De los   535 miembros del Congreso de los EEUU ninguno se identifica como ateo, y sólo uno declara no tener una afiliación religiosa concreta. Y ello pese a que en la sociedad americana existe un 20% que se declaran no afiliados a ninguna religión. (Antonio Gómez Movellán, ¿Qué religión tiene Donald Trump? 20 OCTUBRE, 2016). Con Donald Trump continua la saga de presidentes presbiterianos.

Las creencias religiosas de la familia Trump.
Los Trump, religiosamente hablando no son una unidad. Mientras Donald es presbiteriano declarado y confeso, su madre Mary Trump, influyó en su formación religiosa y lo encaminó desde niño en la fe a los presbíteros; su esposa Melania es católica de comunión y oración, así quedó demostrado en la visita al Vaticano cuando el Papa le regaló un rosario bendecido por él. Ivanka, la hija predilecta de Trump es judía, debió convertirse a esta religión para poder casarse con Jared Kushner, yerno y asesor principal del presidente. Ellos fueron los que impusieron a Trump el cambio de la embajada a Jerusalén e Ivanka se sintió “transfigurada” cuando oró ante el Muro de los Lamentos pidiendo por la salvación de Israel, el pueblo elegido por Dios para velar por la Tierra Prometida y por el regreso del Mesías.

Trump, con todo y ser el “jefe” de la familia, no es el conductor espiritual de ella y debe asumir las contradicciones en su seno, que no son pocas. Ivanka y su esposo son dos verdaderos halcones que asesoran al presidente en sus políticas para el Oriente Medio. Son los que atizan un eventual conflicto entre Israel e Irán, tienen conexiones muy poderosas con el sistema financiero-militar para la fabricación y ventas de armas y parten de su fundamentalismo religioso, aliados con el sionismo más recalcitrante que propugna por intervenir en Siria, que subsidia al ISIS y que aspira el control energético de toda la zona. Trump los apoya mientras Melania dirige sus oraciones al cielo.

¿En qué cree Mr. Trump?
Como lo afirma Umberto Eco, los laicos “viven obsesionados por un nuevo Apocalipsis”. (Eco, Umberto. En qué creen los que no creen. Ediciones Temas de Hoy, 1997). Donald Trump es uno de esos laicos que afirmando creer (en un Dios), sus acciones permiten concluir que ese Dios es la creación que nace de sus propias convicciones, lo que significa que ese Ser Supremo no es necesariamente el Dios de los demás sino su propio Dios, el cual le complace, le cuida, lo llena de fortuna, lo hace exitoso en el mundo de los negocios, orienta y guía su Gobierno, le dice qué hacer y cómo hacerlo. Como dice el filósofo italiano Gianni Vattino, Trump quiere hacernos creer que él cree en lo que cree. Para el periodista Daniel Burke, “Aunque Donald Trump dice ser presbiteriano practicante, sus comentarios sobre Dios y religión han sido confusos”. (Burke, Daniel. Editor de Asuntos Religiosos de CNN, octubre, 2016). Donald Trump vive de pecado en pecado pero afirma “que con la gracia de Dios y con el apoyo de su familia espera tener una segunda oportunidad”. Trump ganó las elecciones en los Colegios Electorales, prometiéndoles a sus electores, fundamentalmente a los representantes más recalcitrantes de la derecha racista, volver a los principios originarios de la Nación, regresar a la identidad de ser estadounidenses, a sus postulados religiosos ancestrales, vinculando los negocios capitalistas con la religión que les dio origen como país. En esto, Trump seguramente bien asesorado retomó parte de las tesis de Weber quien en su Ética Protestante señaló “Es más pronto que los protestantes, tanto en calidad de oprimidos u opresores, como en mayoría o minoría, han revelado siempre una singular inclinación hacia el racionalismo económico, inclinación que no se manifestaba entonces, como tampoco ahora, entre los católicos en ninguna de las circunstancias”. (Weber, Max. La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo).

¿Qué puede esperar el mundo de este presbiteriano?
Como reza la paremia bíblica atribuida a San Mateo “Por sus hechos lo conoceréis”, sin duda es este un buen indicador para desenmarañar la conducta religiosa de este hombre que a nombre de su Dios ordena realizar bombardeos, intervenir y derribar gobiernos, asesinar dirigentes, masacrar poblaciones enteras incluyendo a los niños. Este hombre que hizo de su vida una práctica común para abusar de las mujeres a quienes considera objetos de venta e intercambio. Un tipo que a nombre de sus dogmas religiosos ha sacralizado el pensamiento cristiano, poniendo al mundo a depender de un hilo ante las amenazas de una hecatombe nuclear. Con Trump, la geopolítica ha de contar con el elemento religioso para su cabal comprensión.

La mudanza de la embajada de los EE.UU a Jerusalén, cosa que no se le ocurrió jamás a ningún presidente, más que verse como un acto de provocación al mundo musulmán, bien pudiera tratarse de la convicción de Trump, fundamentada en el Destino Manifiesto, que la llamada “Ciudad de Dios” es en realidad una ciudad terrenal y esa ciudad lo es Jerusalén, la capital de Palestina. Que el texto del Apocalipsis de San Juan no es ya, como lo asienta Umberto Eco, el sonar de las siete trompetas, ni la caída de las estrellas, no los mares con sus aguas ensangrentadas, ni las langostas que surgen del pozo del abismo ni la bestia que emerge del mar, no, ese nuevo Apocalipsis tal vez lo vislumbra Trump en el fortalecimiento de los arsenales nucleares, en la continua destrucción del medio ambiente, en las llamadas lluvias ácidas. Sus intentos por “desnuclearizar” la Península Coreana no desecha la presencia militar gringa en la zona para contrarrestar la presencia de China y de Rusia. Sus intentos por doblegar a la Revolución Bolivariana y poner fin al gobierno revolucionario de Cuba, no tiene otro significado que recuperar la totalidad de lo que otrora llamaron su patio trasero, fundados en la Doctrina Monroe de la “América para los americanos”. Para Trump, “Dios es lo máximo, no hay nadie como Dios”. Mientras tanto, en las monedas norteamericanas y en los billetes, continuará apareciendo la frase In God We Trust. La verdadera creencia religiosa de Donald Trump son los negocios y si debe echar mano al fantasma del Apocalipsis, no dudará en hacerlo, para ello es menester, como lo escribe San Juan, que Satanás sea liberado, que las fuerzas del mal y del bien se destrocen en fiero combate y que se imponga el Juicio Universal. Sin embargo, no olvidemos que San Juan también dice que Dios es amor y por amor entiéndase, como dice Ernesto Cardenal, “la causa del pobre y del indigente”. En el capítulo final de la novela “Anima Mundi” de la escritora Susanna Tamaro se lee “Sin respeto, sin amor, el hombre sólo es un mono que corre por el mundo con las manos sucias de sangre”. Que no olvide esto, el presidente presbiteriano, si en verdad desea ganarse un puesto en el paraíso.

roque.felix@gmail.com