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viernes, 21 de agosto de 2020

Vieira de Mello y Bachelet: cara y cruz de lo que debe ser un funcionario de la ONU



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En días recientes pude ver en Netflix la película “Sergio”, que muestra los últimos años de vida del diplomático brasileño Sergio Vieira de Mello quien estuvo 34 años al servicio de la Organización de Naciones Unidas (ONU).  Hoy 19 de agosto, se cumplen diecisiete años de su muerte en Bagdad junto a otros 20 miembros del personal de la ONU tras el alevoso atentado terrorista perpetrado por Al Qaeda cuando representaba a la organización como Alto Comisionado para los Derechos Humanos y Representante Especial para Irak.


Vieira de Mello se incorporó a la ONU en 1969, en la oficina del Alto Comisionado  para los Refugiados (ACNUR) en Ginebra, cumpliendo misiones para esa agencia en Bangladés, Chipre, Mozambique y Perú, hasta que fue enviado a Líbano  entre 1981 y 1983. En los años finales del siglo pasado fue designado para cumplir misiones de limpieza de minas que habían dejado los conflictos de Camboya y posteriormente de Yugoslavia. Dando continuidad a su profusa labor humanitaria, participó como enviado de la ONU en el manejo de la crisis de los refugiados en África central como asistente del alto comisionado para los refugiados en 1996. Este extraordinario curriculum en favor de la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de la paz y la reconciliación entre países y pueblos en conflicto, lo llevó a ser designado vicesecretario general de Naciones Unidas.

En 1999 fue elegido por su organización como enviado especial a Kosovo, tras la secesión de esta provincia de Serbia. En 2002 fue nombrado Alto Comisionado de Naciones Unidas para los derechos humanos  al mismo tiempo que administraba de manera provisional la oficina de Naciones Unidas en Timor Oriental en momentos en que este pueblo daba los últimos pasos para expulsar la ocupación indonesia de su territorio.
En mayo de 2003, Viera de Mello fue designado como Representante Especial de Naciones Unidas en Irak, lugar donde encontró la muerte ese fatídico 19 de agosto después de la explosión causada y reivindicada por Al Qaeda en el hotel Canal donde funcionaba la oficina de la ONU.

¿En un artículo publicado el 3 de octubre de 2005 por el escritor y periodista angloestadounidense Christopher Hitchens en el portal Slate bajo el título de Why ask why? se señala que: “De Mello había sido el más devoto y humano de los funcionarios públicos del organismo mundial y se había ganado opiniones de oro en Camboya, Líbano, Sudán y los Balcanes. Pero fue su papel como supervisor de la ONU de la transición en Timor Oriental lo que lo marcó de muerte. Un comunicado de Al-Qaeda se regocijaba por el final del ´representante personal del esclavo criminal de Estados Unidos, Kofi Annan, el enfermo Sergio de Mello, amigo criminal de Bush`”. En el comunicado de Al Qaeda con el que pretende justificar su acción criminal se señala la presencia de Vieira de Mello en países de mayoría musulmana como Líbano, Kosovo, e Irak, pero sobre todo por su activa participación en la independencia de Timor Oriental que Al Qaeda consideró extraída de “la tierra islámica” al referirse a la ocupación indonesia.

La vida y la entrega plena de Sergio Vieira de Mello a la causa de la paz y los derechos humanos es un motivo de reflexión. Debo confesar mi repulsa hacia una gran cantidad de burócratas funcionarios de organismos internacionales en particular de la ONU que consumen más recursos que los que se destinan a las misiones que cumplen, generando una sangría financiera indetenible y un desprecio hacia su propia función, cuando la esencia de su trabajo es abandonada a favor de la obtención de logros propios, en términos de dinero, poder y subordinación a las grandes potencias.

Conocer la vida y el trabajo de Sergio Vieira de Mello es una muestra excepcional de lo que debería ser un trabajador a favor de los derechos humanos cuando se está convencido de la tarea que se cumple y cuando se está dispuesto a entregar la vida, como él lo hizo, para construir un mundo mejor.

No deja de ser grotesco recordar que el cargo que ostentaba Vieira de Mello, es el que hoy tiene Michelle Bachelet, quien llegó a éste –y al anterior en la ONU- no por una trayectoria de servicio público nacional o internacional en favor de los excluidos y desposeídos sino como dádiva por su ciega subordinación al Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En la película “Sergio” se puede percibir la sensibilidad del diplomático brasileño en su relación con las personas más humildes receptoras de los beneficios de su trabajo y su colosal esfuerzo por mantener la independencia de la ONU de las presiones de las potencias, en particular de Estados Unidos.

Contrasta con la actitud miserable y servil de Bachelet quien incluso en una conversación privada en Santiago de Chile sostuvo que respecto de Venezuela no podía hacer nada que molestara a Estados Unidos por el riesgo de que dejara de financiar a la ONU.

De la misma manera, quien fuera brutal represora del pueblo mapuche durante sus dos períodos presenciales mostró su verdadera faceta autoritaria cuando fue increpada por una humilde mujer, mientras caminaba por las calles de Ginebra, en Suiza donde vive, amenazando incluso con llamar a las fuerzas de seguridad para impedir que la mujer la siguiera emplazando.

Cuando la señora le consultó su opinión sobre la situación de los comuneros mapuche en huelga de hambre en su país, Bachelet argumentó que desconocía esa situación lo cual resulta extraño cuando fue ella quien ordenó la ejecución de la  Operación Huracán  operativo represivo realizado por la policía chilena  bajo el amparo de la Ley de Inteligencia, que en septiembre de 2017 condujo a la detención de ocho comuneros mapuche supuestamente involucrados en una asociación ilícita terrorista en el sur de Chile.

Bachelet adujo que ella hoy está encargada de velar por temas de todo el mundo y que desde la ONU le han pedido no involucrarse en profundidad en Chile. Dijo textualmente que: “Naciones Unidas te dice ‘usted ya no es un funcionario chileno [sic, ella no es funcionaria sino funcionario], usted es un funcionario del mundo, o sea usted no se puede meter mucho en los temas de su país, porque si no está perdiendo su objetivo`”

Como si Chile fuera un país de otro planeta y no de este mundo sobre el que ella tiene jurisdicción. En cualquier caso, esta es una deleznable explicación que asume que los ciudadanos somos imbéciles a los que se puede engañar fácilmente. 

Ante la insistencia de la valerosa mujer, en relación a si conocía lo que estaba sucediendo en Chile, Bachelet le respondió: “Te juro que no sabía. Yo cuando puedo, me meto a ver El Mercurio y no aparece nada de eso, y otros diarios chilenos, porque no tengo otra fuente de información”. O sea que la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos se informa por El Mercurio, y si este pasquín no lo dice -como es habitual en este tipo de noticias- entonces acepta sumisamente que tal o cual hecho no ha ocurrido.
Me preguntó entonces ¿por qué en el acuerdo entre el Machi Celestino Córdova y el Estado chileno aparece entre los garantes la oficina regional para América Latina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos? ¿Sabía o no sabía lo que estaba pasando? O habrá que concluir que encima de toda su despreciable actuación, además es mentirosa. ¿Qué pensaría Vieira de Mello al ver esta actuación de su sucesora?  

Por suerte Bachelet es un etcétera en Chile y en su familia. Su padre y su madre fueron ciudadanos de honorable e impecable actuación pública, reverenciados por varias generaciones de chilenos y chilenas, y su hija fue recientemente detenida en Santiago cuando protestaba por la brutal represión del gobierno chileno contra los mapuches, en una situación que su madre desconocía. Hay que decirle entonces, a la alta Comisionada que, si desearía estar informada, bastaría con un simple whatsapp a su hija para que le explicara lo que está ocurriendo.
sergioro07@hotmail.com

viernes, 5 de octubre de 2018

Claves del discurso del presidente Maduro en la Asamblea General de la ONU


Por Ana Cristina Bracho:
Nicolás Maduro llegó a la ONU para recordarnos varias cosas. La primera es que fue durante muchos años el canciller de Chávez y se sentaba en esa sala a escuchar discursos. Por eso, sabe quién habla y a quien le habla, también que los Presidentes intervienen y luego salen por una puertecita misteriosa. Sabía que los discursos históricos no duran los veinte minutos reglamentarios sino que toman, arañan, minutos extras porque sabe que ese podio sirve para dejar la huella ante la historia.

Esa mañana, Maduro sorprendió al país y sin duda a muchos de sus detractores en otras partes. En las redes se coló un intento desesperado e improvisado de hacer un acto de repudio porque, centrados en pelear con el cocinero turco, los venezolanos y asociados quedaron sorprendidos cuando el mismísimo Maduro desembarcó en Estados Unidos. Además no llegó en medio de una tregua sino el día inmediato después de haber sido nuevamente sancionado y cuando se ha intensificado el debate sobre intervenir Venezuela.
Cierto, después uno sentía un poco de vergüenza porque descubría que uno mismo ha sido víctima de algunas matrices que desdicen de un hombre que no se ha rajado y lo presentan débil, inseguro o  desconectado.

Todos los adjetivos anteriores son los antónimos de lo que ocurrió. Si nos  referimos a lo que proyectó veremos a un Presidente que lucía calmado y sonriente, que escuchó las intervenciones que lo antecedieron y que aprovechó para hacer reuniones bilaterales.

A la hora de hablar, no leyó. No utilizó técnicas propias de la oratoria del Comandante Chávez a quien le dedicó un pasaje al final de su intervención sino presentarse, como lo dijo, como un hombre sencillo, un obrero que actúa convencido de un camino político e histórico que no es negociable.
Su postura no fue desafiante sino que apostó por explicar la situación venezolana. Dimensionó el bloqueo en una sola frase: Venezuela no puede comprar bienes en dólares y esta es la moneda de intercambio  mundial.
Se refirió a Trump diciendo que aceptaba todas las invitaciones que este hiciera si realmente lo motiva, como declaró, la solución del conflicto en Venezuela además consideró que este debate debía darse si es verdad que el Presidente norteamericano no estar involucrado, como también ha afirmado Washington, en los planes del magnicidio.

Allí, tenemos una propuesta muy interesante en la solicitud de una investigación a la ONU. Venezuela no suele ser amiga de estas fórmulas y esta vez, la propone. En su condición de jefe de Estado, indica que el sistema de justicia estará dispuesto para colaborar con la ONU y pide a todos los países que quieran formar parte del dialogo nacional e internacional, que participen.

Esta línea es muy interesante para los efectos de los juegos internacionales de la oposición porque ellos han constituido una autoridad judicial paralela. Maduro pone a la orden la única institución de justicia que existe en Venezuela y es la que depende del Tribunal Supremo de Justicia que se desenvuelve con normalidad en la ciudad de Caracas.

También tenemos que cuidar que el tema de la reunión con Donald Trump –se dé o no- no nos eclipse la alocución ante la ONU, lo cual ya intentó en Twitter Eva Gollinger quien afirma que el Presidente Maduro se encuentra en los Estados Unidos tan solo por la disposición para reunirse que ante la prensa dijo tener Donald Trump.

Nicolás Maduro Moros, viaja a Nueva York para cumplir con su presentación ante la ONU. La probabilidad de que esto ocurriera ya había sido manifestada por el Canciller Jorge Arreaza antes que Donald Trump se refiriera a que podría reunirse con el gobierno venezolano y además, en el impecable desempeño presidencial existe una demostración clara que el viaje del Presidente fue confidencial mas no improvisado.

Al pensar el conflicto con Estados Unidos, el Presidente plantea una clave histórica. Si la génesis está en la doctrina Monroe, la gravedad está en la operación Cóndor y la región sabe que el juego de robarnos la soberanía es un asunto que ha de reunirnos en un solo rechazo.
Maduro, el hombre, toma la matriz de opinión que le es incesantemente dirigida y la voltea. Plantea que él es un obrero, un chofer y que hablaría con Trump que es un magnate. Es un punto de diferencia que los une porque ninguno de los dos es un político clásico ni tiene una de las carreras tradicionales que soportan a los presidentes.

Si quisiéramos ver cuál fue el corazón de su Claves del discurso del presidente Maduro en la Asamblea General de la ONU planteamiento, este estuvo en la denuncia de las sanciones, las que consideró motivadas por nuestra perseverancia política y nuestra importancia económica.
Recordó que las mismas son consideradas ilegales por la ONU pero abrió el pensamiento cuestionando como si su imposición es compatible con el derecho al desarrollo de los pueblos.
Pero en su discurso Venezuela no se victimiza y recuerda la amistad del pueblo estadounidense con los venezolanos; también la importancia de Venezuela, dejando ver que en mejorar las relaciones con nosotros tienen intereses otros países que quizás, añoran los convenios que les daban mejores precios petroleros porque somos, una pieza fundamental de la OPEP y una voz de los cientos de países que se niegan a que el mundo sea un espacio uniformado en lo político, lo económico y lo cultural.

Cierra asegurando que cree en las instituciones diplomáticas y en el pueblo de Venezuela. Ampliando su declaración hasta decir que tiene fe en la humanidad.  De modo que cierra tomando lo ocurrido como un tiempo para volver a las raíces y a los principios.

La presencia de Venezuela en ese foro, con su única autoridad legítima, en el marco de las amenazas y sanciones que pesan sobre Nicolás Maduro Moros debe tomarse en su justa dimensión. Insisto que no debemos dejar que se eclipse con la posible bilateral con los Estados Unidos. La ONU es el único espacio donde se juega a que todos los humanos nos reunimos y viene de ser un territorio muy difícil para Venezuela.
Recordemos que desde ese mismo escenario, se conjuga una investigación penal, las declaraciones estadounidenses en el Consejo de Seguridad con los informes del antiguo Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Es decir, que Nicolás Maduro pisó uno de los círculos desd los cuales se trabaja para destruir la Revolución bolivariana y lo  hizo con la frente en alto.