miércoles, 15 de abril de 2020

Las inmunodeficiencias del capitalismo



Por Mariano Ciafardini:
Como se dice en ciencias sociales irónicamente, un hecho social es mucho más fácil de predecir cuando ya se ha producido. La pandemia del coronavirus es un hecho que en realidad se está produciendo y podríamos decir casi, teniendo en cuenta la potencialidad de esparcimiento del virus, que recién empieza a producirse. ¿Qué se puede predecir entonces al respecto?


En principio nos hallamos faltos de herramientas empíricas y conceptuales frente a un tipo de epidemia que tiene un baja dosis de mortandad en relación a la cantidad de infectados pero esa cantidad de infectados, si no se contiene la expansión a tiempo y correctamente, puede llegar en algunos casos al 90 por ciento de la población de un país,   con lo que  aunque la ratio  de mortandad sea baja, la cantidad de muertos,  en si  misma, puede llegar a ser muy alta y elevarse más aún por el colapso del sistema de salud de que se trate . Por ejemplo, en un país como la India, si no se tomaran medidas como las que adoptó China, los muertos podrán contarse en cientos de miles, y los infectados en decenas de millones o más, lo que, para los más de mil millones de habitantes de dicho país, será un bajo promedio, pero como impacto sanitario es brutal.

Se dice habitualmente, también en forma irónica, respecto de las estadísticas, que al que le toca sufrir el hecho poco le importa ser parte del cero coma x por ciento de probabilidad, ya que eso no impide que se muera igual

Pero si hay algún elemento “empírico” que en este caso ayuda bastante a hacer pronósticos, sino sanitarios, si económicos, sociales y políticos sobre la cuestión, son los “mercados”, es decir el comportamiento del capital financiero accionario, especulador, que es la forma paradigmática del capital en nuestros días.
Los famosos mercados están totalmente alterados, con un clara y sostenida tendencia a la baja ¿Y eso qué quiere decir?, ¿que el capital teme a una hecatombe sanitaria? ¿que está preocupado por la salud de la humanidad? ¿qué le preocupa el dolor y el sufrimiento humanos?  Los muertos por este o por cualquier otro virus no afectan en nada al capital, es más, hasta en lo que concierne al capital farmacéutico o cierta industria química, puede transformarse en una oportunidad de grandes ganancias. No, al capital no le importan los muertos ni el hecho en sí que haya muchos infectados. Al capital lo que le afectan son las propias medidas político sociales que imponen los protocolos sanitarios en estas ocasiones. Y que China cumplió al pie de la letra y ahora muchos otros países, aunque algunos algo tarde, parecen estar también cumpliendo.

Porque independientemente de que mueran más o menos personas, lo que por otra parte no influirá para nada en el hiper crecimiento de la población mundial en el que estamos inmersos, las estrategias necesarias para enfrentar el virus en cada país, lo que producen, entre otras cosas, es un descenso tremendo de la demanda de mercancías. Y ¿qué es un capitalismo sin demanda (particularmente sin demanda agregada) de mercancías?

El capitalismo realmente existente hoy necesita imprescindiblemente que la demanda irracional, artificial  e innecesaria de productos, de  lujo o de moda, o la demanda propagandísticamente  inducida a adquirir artículos (que sin esa inducción artificial nunca hubiéramos comprado) eso es lo que sostiene la ficción  monumental del capitalismo financiero (etapa de la decadencia del capitalismo como sistema que tenemos el privilegio de  padecer) cuya sustentabilidad se basa en el préstamo desmesura para la sobre-adquisición de bienes en “cómodas” cuotas. Este capitalismo de “ruleta” necesita como el oxígeno esa demanda consumista alocada, esos bingos y casinos donde los trabajadores vayan a dejar los últimos centavos de sus magros sueldos, cuando no sus sueldos enteros.

La realidad de una pandemia con las características de la del coronavirus le pega en la línea de flotación al capitalismo de ficción, que, como decimos, se sostiene sobre la ilusión crediticia y consumista imperante, fundamentalmente, en los países del capitalismo desarrollado como EEUU, Europa Occidental y Japón. Los aislamientos prescriptos en los protocolos para hacer frente al coronavirus tienen el efecto, entre otros, de racionalizar al máximo la demanda a los bienes imprescindibles para vivir y poco más. Y esto durante varios meses.
Un espanto para una economía capitalista con crisis de sobreproducción y entrando en recesión. Es cierto que pasada la pandemia  vuelven a regir las condiciones previas a su influjo  pero para entonces  la “explosión de la burbuja” ya se habrá producido, una burbuja enorme, mucho mayor a la del 2008, sin posibilidad ahora de ningún rescate bancario con “quantitative easing” (a riesgo de una debacle monetaria), es decir la quebradura del espinazo del capitalismo financiero mundial y, con él, la de todo capitalismo realmente posible, al menos en las formas en que lo conocemos.

Respecto de China  precisamente no se podría decir lo mismo ya que las autoridades de tal país  es decir el Partido Comunista  y el gobierno chino  han privilegiado la contención inmediata de la epidemia  al costo que fuere necesario en términos económicos,  porque tienen resto económico para hacerlo pero, principalmente, porque  el gobierno chino no está dominado por ningún sector económico social,  llámese burguesía  o aristocracia  propietaria u oligarquía financiera capitalista, o grupos financieros internacionales, sino que es ( y lo ha demostrado claramente precisamente con la reacción a la pandemia del coronavirus) una burocracia estatal y partidaria que tiene como objetivo principal  la defensa de la soberanía de China,  el crecimiento de su economía y , ( lo que la diferencia particularmente del resto de países con economías desarrolladas) el mejoramiento del nivel de vida de los chinos sin exclusiones ( ha sacado de la pobreza a 800 millones de personas en los últimos 30 años) algo que  en el mundo verdaderamente capitalista desarrollado no sólo no  existe sino que no puede existir, ya que sería  una contradicción a sus lógicas de desarrollo. Obviamente hay países capitalistas neoliberales que son una excepción a esta regla y tiene buenos niveles de vida para casi todos y buenos sistemas de salud también para casi todos, pero son países de menores dimensiones geográficas, demográficas y económicas, y son pocos. Las necesarias excepciones que confirman la regla (y que han sido y son las muestras que usa el sistema en la lucha ideológica)
China logrará pasar esta epidemia, como ya parece estar haciéndolo, de forma rotunda eficaz y sobre todo sin sacrificios de ningún sector particular de la población a expensas de otro.

El coronavirus no es un problema precisamente para China, aunque haya sido el lugar donde el virus “apareció”, sino para los países dominados por los grupos financieros del capitalismo actual. Es decir, la casi totalidad del mundo salvo países como Cuba, Vietnam, Corea del Norte o, tal vez, Venezuela y Nicaragua que también tienen gobiernos con un gran consenso popular precisamente porque son gobiernos que no gobiernan para un sector de la población sino para todos, más allá de los aciertos o errores que cometan en sus gestiones y de los logros reales que alcancen en medio de un mundo capitalista que a varios de ellos los rechaza, los aísla y los boicotea.

Habrá que ver qué pasa en Rusia que, si bien no es un país que se declame socialista o en vías de construir el socialismo, viene de una profunda cultura socialista que en no pocas oportunidades se hizo sentir tanto en su política externa como interna, con apoyos prácticamente totales de su población a determinadas políticas del gobierno de Putin. Estos consensos que se dan en los países socialistas o en pos de construcción del socialismo (como se autodefinen los chinos) son en gran parte producto del hecho de que las burocracias integrantes del gobierno y del estado se someten, siempre, sin importar la crisis de que se trate, a las mismas vicisitudes que padece el resto de la población, al menos en términos generales.

Es decir, no se articulan como un grupo privilegiados de gestores de las grandes burguesías comerciales o financieras nacionales e internacionales que buscan salvarse a sí mismos y aquellos a quienes representan, sin importarles el resto. No será esto así en el total de los casos individuales de estos países socialistas, pero lo es en la mayoría, casi absoluta, de sus dirigentes incluso de los más encumbrados. Si esto no fuera así sería inexplicable que se hayan podido mantener con sistema de partido único tanto tiempo, y a lo largo de crisis tan tremendas, como el “período especial” cubano, las grandes hambrunas chinas o la terrible guerra de liberación de Vietnam y sus secuelas, hechos que hubieran barrido de un plumazo a cualquier gobierno de las llamadas “democracias” liberales capitalistas.

Por eso las bolsas accionarias se caen, porque saben esto.  Saben que esta epidemia es una prueba de fuego que va a dejar cada vez más en claro que el capitalismo como sistema ya no sirve más, está agotado, en crisis y en decadencia profunda, que todo el sistema está, como reza un dicho campestre argentino, “atado con alambre” y que va apareciendo una alternativa desde el seno mismo de la economía capitalista que está tomando otro camino, que finalmente aparece como el camino del futuro. La elección de ese camino es lo que enfurece tanto al poder mundial capitalista en los casos de Venezuela y Nicaragua, no por supuesto la aludida (con desenfadada hipocresía) “falta de democracia”, que no les preocupó un ápice en el caso de los golpes de estado en Brasil y Bolivia en los que, es más, ellos fueron los propulsores.

La historia parece jugar con el género humano. Justo cuando los medios de comunicación masiva de los grandes grupos financieros del mundo festejaban el triunfo del capitalismo, el fin de la historia, el último hombre y la muerte de las ideologías, el capitalismo empieza a caer de la manera que menos se lo esperaba. Paradójicamente (o no tanto)  el sistema capitalista que tuvo, en sus inicios, que soportar una de las epidemias más grandes que sufrió la especie humana, como  fue la peste negra del 1300,  la que superó con un costo enorme de vidas,  viene a quebrarse  ahora  con otra pandemia que, al menos en términos de infectados mundialmente, promete no quedar a la saga de aquella y sobre todo augura un “párate” económico fulminante  del sistema, nunca antes visto y en términos de semanas.
Esta es en cierta forma una predicción sin que el hecho se haya producido del todo todavía.  Pero en el terreno de los dichos y refranes “a buen entendedor (observador) pocas palabras”.

Doctor en Ciencia Políticas
Miembro del Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG)
jorgecantor867@hotmail.com

0 comentarios:

Publicar un comentario